Reflexiones… por Ángel Juárez

Entradas de Noviembre 2008

¡Viviendas para todos!

18 Noviembre 2008 · Dejar un comentario

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‘El Pocero de Fuenlabrada’, ‘El Pocero Bueno’, o el ‘Robin Hood de la construcción’, varios sobrenombres para un único hombre, José Moreno, ese personaje entrañable, con cara de bonachón y oronda figura que últimamente se ha convertido en ídolo de masas y el más codiciado invitado de programas como el de Ana Rosa y derivados.  La cosa no es para menos, este líder vecinal, que confiesa que nunca ha sido constructor y mucho menos promotor inmobiliario, ha tenido un par a la hora de plantar cara a especuladores, concejales urbanísticos y fauna variada del solar patrio y hacer algo que es casi una osadía en nuestros días: construir viviendas a precio razonable.

Tal ha sido su gesta que su cara empapela estos días los bocatas de muchos currantes que suspiran por hacerse con uno de sus pisos a precio de coste. Después de diversas promociones en el sur de Madrid, tanto ha crecido la fama de Moreno que su último anuncio de viviendas ha traído cola para apuntarse. Una auténtica revolución para centenares de jóvenes que ven en este particular Robin Hood de nuestros tiempos su única oportunidad para conseguir un pisito en propiedad a un precio asumible, y también, por qué no decirlo, un espectáculo deplorable que debía poner la cara roja a tanto Ministerio de Vivienda y tanto político de turno.

Pero, no por quitarle mérito a José Moreno, me da la impresión que no hemos caído en la cuenta que con empeño y ganas pueden haber muchos más ‘Poceros Buenos’. De hecho, el barrio de l’Albada de Tarragona fue concebido en unas circunstancias muy similares y como decimos aquí sin tanto “rebombori”. Eran otros tiempos, es verdad, pero es cuestión de implicación, de creer en el proyecto de uno y sobre todo de invertir muchas y muchas horas sin perder la convicción.

De hecho, el barrio de l’Albada nació como proyecto de la Asociación de Vecinos de Riu Clar, de la que fui muchos años presidente. La promoción urbanística se hizo en régimen de cooperativa bajo el paraguas de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Viviendas Sociales de Cataluña (Favic). Una práctica muy común, ya en el año 97, en todo el cinturón de Barcelona pero que en Tarragona fue verdaderamente novedosa. En una primera fase se levantaron 83 viviendas sociales y 36 casas unifamiliares, pero hasta llegar a este punto no estuvimos exentos de presiones, luchas y algún que otro disgusto, ya que conseguimos sacar las viviendas a precios más económicos que las promociones oficiales.

Recuerdo con emoción como la oficina de la promotora la instalamos en el local de  vecinos de Riu Clar, y, lo ilusionados que estábamos todos los que creímos en aquella cooperativa, a pesar que por el camino muchos abandonaron su sueño por los miedos que algunos intentaron infundir.  Pero al final de toda esta lucha titánica ahí está l’Albada, de la que tan orgulloso me siento como artífice que fui de su nacimiento.

De todos modos, y ahora me pongo en plan egoísta, a mis ‘taitantos’ ya tengo casa pero animo a los jóvenes a formar cooperativas y convertirse en dueños de su destino, sin esperar a que José Moreno se pase un día de estos por su ciudad. Los pasos del ‘Pocero bueno’ no son fáciles, pero tampoco imposibles, y en algunas ciudades como Zaragoza, gracias a la predisposición del ayuntamiento, ya se han creado muchas de estas cooperativas. Aunque parezca mentira, las hipotecas a veinte años pueden volver a existir.

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La factura de la crisis

4 Noviembre 2008 · Dejar un comentario

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La CRISIS es el tema de moda. Últimamente, referenciamos cualquier cosa a la consabida crisis.  “He ido al centro comercial y han cerrado dos tiendas. Debe ser la crisis”. “Han despedido al vecino de su trabajo. Debe ser la crisis”. “Este sábado no iremos a cenar con los amigos, es final de mes y no llego, ¿será la crisis?”. En nuestro entorno primermundista vivimos esta incertidumbre económica, yo diría que casi provocada por un exceso de información o de retransmisión en vivo y en directo de quiebras bancarias y desplomes bursátiles, como una especie de microchip que se ha instalado en nuestro cerebro a base de tanto repetir la palabra: crisis, crisis, HAY CRISIS!!!

Pero me pregunto, ¿de verdad hemos notado tanto la dichosa recesión económica? Y no me refiero a aquellos que han perdido su empleo, ni a los jubilados y pensionistas con pensiones míseras, u a otros colectivos desfavorecidos, queda bastante claro que la factura de la crisis la pagan los más débiles. Me refiero a la que podríamos llamar “clase media”. Puede que el consumo haya bajado y que la subida de la hipoteca nos quite de algún capricho como ir al cine una vez a la semana, a cenar con los amiguetes de vez en cuando o a cambiar el viaje al Caribe por uno a Mallorca… Pero, ¿no estaremos todos en una especie de locura colectiva?

Ahora bien, me preocupa otro tipo de crisis a la que denominaré crisis de tipo A. La de tipo B es la que sufrimos la mayoría de los españolitos, la de la histeria colectiva infundada, por el momento… La crisis de tipo A, es decir, los problemas reales, los tienen en aquellos países en los que la precariedad económica y social de viene arrastrando desde no se sabe cuándo… esos países que siguen pagando los platos rotos de un capitalismo voraz e inhumano, que condena al hambre a unas naciones para que otras, las menos, se llenen bien el plato.

Me refiero a mi gente de Centroamérica, por poner un ejemplo de una región azotada por terribles contrastes que conozco bien y con la que tengo contacto constante. En Cuba, a la ya de por sí precaria situación se ha unido el embate de un huracán que ha arrasado las cosechas de la isla. Es la crisis de mi amiga Ana, residente en la Habana, que ha gastado todos sus ahorros en comprar un carnero para congelarlo y asegurarle las proteínas a su hijito de tres años una temporadita.

O la desesperación de los hondureños. Una vez más, los desastres naturales colmaron el vaso, condenando a la gente al hambre y la miseria y empujándolos  a toda costa a buscar la salida del país.

Esa es la verdadera, cruel y despiadada cara de la crisis. Una crisis endémica para Centroamérica, África y tantos otros lugares de la Tierra.  La verdadera crisis de la humanidad.

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