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Los dueños del grifo

Hace pocos días que la Fundacion Caixa Tarragona anunciaba la suspensión de unos de sus principales servicios de colaboración social con el tejido asociativo de esta zona, el programa “Tu Ajudes” que destina anualmente, en forma de subvención, partidas a aquellos colectivos que trabajan en pro de los más necesitados o que luchan contra algunas enfermedades.

Argumentaban que la crisis era el motivo principal y que las cambiantes estrategias de la entidad financiera, integrante del grupo CatalunyaCaixa conjuntamente con Caixa Catalunya y Caixa Manresa que se constituyó como nueva entidad en julio del 2010. Muchos nos percatamos de una incoherencia demasiado visible: la crisis no era y está siendo igual para todos. Un mes antes que se diese a conocer la desaparición del programa social de Caixa Tarragona se publicaba en todos los medios locales una información muy importante. Nos decía que los sueldos de los directivos de CatalunyaCaixa habían crecido un 93 por ciento durante los últimos seis años mientras los beneficios habían bajado más del 50 por ciento.

Ante tal situación uno se formula decenas de preguntas sin respuesta y con un efecto de indignación pocas veces sentido en propia piel. Caben preguntas para poner en su sitio a los dueños de esta especie de grifo que abren y cierran a placer alimentando a unos y dejando sin beber al resto. ¿Cómo es posible que se aumenten los sueldos cuando caen los beneficios y que eliminen ayudas sociales sin más? ¿Quién demonios ha permitido este desequilibrio que perjudica a aquellos más necesitados en detrimento de los que deberían bajarse el sueldo para dar ejemplo? ¿Qué sucede con el dinero que el estado inyecta a bancos y cajas para que abran el grifo que cerraron al inicio de la crisis?

Hay todavía una pregunta más directa. Se llega a ella analizando el tema a fondo. ¿Quién ha colocado a los consejeros de las cajas en su poltrona? En Catalunya diversas cajas de ahorros dependen de las diputaciones y la de Tarragona es una de ellas como también lo es la de Barcelona. Son pues estas administraciones las que deciden quien les representará pero las que después silencian su papel y lo dejan todo en manos de sus elegidos.

Y es ahí donde radica parte del fallo y donde debemos meter baza. ¿Por qué se callan las diputaciones ante el escándalo de la subida de sueldos? ¿Por qué no piden explicaciones ante la pérdida de beneficios? Y sobretodo… ¿Por qué permiten que se acaben las ayudas sociales como las del plan “Tu ajudes” en lugar de obligar a las entidades financieras que controlan a reducir sueldos antes de suprimir ayudas a los más necesitados? ¿Ante que conceptos y vicisitudes se abre el grifo y se cierra? ¿A quién amamanta su líquido vital y a quien se le niega el fruto?

Hecho el silencio nadie critica y así pasan los días y los años en los que unos se forran tras ser colocados por esa administración que debería ser cercana y trabajar para el territorio y sus gentes. Otros pierden lo poco que tenían y tras años dedicando tiempo a los demás sin tener que pagar ni pedirla ven como los proyectos se van al traste sin poderlo remediar. Y vamos dando vueltas en esta bola que llamamos planeta donde el hombre se ha convertido en el depredador de las otras especies y está empezando a devorar a la suya propia en nombre del poderoso caballero.

La suciedad de la sociedad política.

Hartos del sistema y sus constantes errores, de unos políticos que no saben afrontar con eficacia los problemas, que viven de espaldas a la sociedad y que se dedican a destruirse entre ellos en lugar de reconstruir un país, el nuestro, que se despedaza y hunde a un ritmo voraginoso. Así estamos.

Gracias a los insultos que se regalan y a los silencios con los que nos deleitan cuando deseamos oír soluciones, han convertido lo que llamamos sociedad en una autentica suciedad social donde nos envuelve un vertedero de mentiras y despropósitos. Los bancos se han adueñado de nuestras vidas, nos han quitado las casas y negado los créditos que antes regalaban sin más. Muestran su cara más amarga, y la más real, con el consentimiento y la ayuda de una clase política que deberíamos poner, íntegramente, en la oposición salvando únicamente a unos pocos.

Mejor estaríamos sin capitán que con cualquiera de los que deberemos escoger el próximo año si antes de que llegue la fecha no ha caducado el mapa de ruta del capitán ZP. Los jóvenes están obligados a envejecer en las casas de sus padres, los recién licenciados a hacer cola en el paro y las familias, ya sin recursos, subsidios ni ayudas, a acudir a estamentos sociales o religiosos donde se reparte comida para subsistir.

Hace meses que la Coordinadora de Entidades de Tarragona, organismo que presido, empezó una campaña pidiendo un cambio de sistema. Es la misma reclamación y exigencia de los llamados ahora, con toda la razón del mundo, “indignados”. Los que duermen en las plazas de nuestras ciudades ponen en evidencia las necesidades sociales fomentadas por la clase política incapaz de ver más allá de sus narices, acobardada ante la marabunta humana que les presiona desde el diálogo y a la que responden con la ignorancia o, como sucedió estos días pasados en Catalunya, a golpes de las cargas policiales que han traído de nuevo a escena a los fantasmas de décadas pasadas que ya recordábamos en blanco y negro.

Indignados y apaleados, vejados y abandonados. Así nos sentimos todos aquellos que, desde la plaza más cercana o con la suerte de tener medios donde escribir, decimos NO a esta insensatez llamada gobierno. Facta non verba. Hechos y no palabras. Queremos acciones y no discursos vacios de contenido que nadie se cree, queremos dimisiones y no excusas que acaban siendo ataques entre los que nos gobiernan y los que nos gobernaran. Exigimos que, simbólicamente, rueden cabezas, que se vayan para casa aquellos que no saben cómo sacarnos de este agujero.

Podrán disolver los campamentos de las plazas con más violencia y golpes, con actuaciones “proporcionadas e inteligentes” según Rubalcaba, pero no conseguirán acabar con el movimiento del 15-M porque con su nacimiento se ha demostrado que la sociedad puede moverse aunada para parar los pies a un gobierno maniqueísta que anda dando bandazos a ciegas.

Por las libertades y el derecho a ser escuchados, por lo ganado con el paso de los años democráticos oscureciendo los tiempos de silencios obligados, por una generación que no se deja amedrentar ni con los golpes. Por todo ello vale la pena seguir y mantener vivo ese 15-M. La vida es lucha.

Obesidad mental

crisis

El otro día, comiendo con mi gran amigo Jordi Frisach, pensaba en lo que os dije en mi último post, cuando hablaba del concepto que tengo de la amistad. Jordi es de aquellas personas fieles a sus ideales y, sobretodo, entregadas a aquellas personas con las que comparte sus ratos de ocio, de amistad. Por eso, porque a mí me pasa igual, somos tan amigos. Volviendo a la comida del otro día, tuvimos la ocasión de compartir muchos temas de conversación normales, sin tapujos. Hablamos de la sociedad actual, de la crisis, de los valores que se pierden y los que se conservan.

Jordi Frisach es un gran profesor, economista, y lleva toda la vida ejerciendo de consejero asesor, como auditor de grandes empresas. Jordi es un pozo de ciencia y por eso aprovecho nuestros encuentros para intentar disipar algunas de mis dudas o hacerle preguntas de temas que él conoce más en profundidad como aquellos relacionados con la economía. Le pregunte cuando cree que va a durar este momento de crisis que estamos viviendo. Lo hice en parte porque, como responsable de una ONG como Mediterrània, la hemos notado con el descenso de ayudas y patrocinios de la misma manera que las grandes empresas lo notan cuando ven que no se les renuevan sus pólizas de crédito y no pueden afrontar sus pagos con la tranquilidad que lo hacían antes.

Por eso le pregunte a Jordi, con la humildad de un alumno que quiere escuchar al profesor, hasta cuando aguantaremos esta situación. La respuesta fue de cátedra. Según Jordi, cuando un problema lo tienen 30 millones de españoles deja de ser un problema. Cuando ves que los bancos bloquean las pólizas a todos, que los juzgados están colapsados de casos de morosidad o impagos (unas causas que se juzgaran en muchos casos y por la lentitud de la propia justicia cuando la crisis ya este superada) te das cuenta que no estamos viviendo realmente un problema. En esta crisis no se verá la luz al final del túnel porque esa luz solo se ve, dicen, cuando te mueres. En esta crisis se demuestra que estamos entrando en una nueva sociedad donde los más cautos aguantaran la embestida, los que más gastan tendrán muchos problemas y todos aquellos que hemos actuado siempre con sencillez y rigor económico no tendremos demasiados problemas.

No se trata de apretarse el cinturón ahora que el toro se nos ha echado encima. Se trataba de tener contención y cabeza antes que la crisis llegase. Cuando compras cosas que ya tienes, cuando apuestas por el vicio consumista, ejerces lo que el amigo Jordi llama obesidad mental. Lo que está claro es que hay que aprovechar esta nueva sociedad para cambiar y ajustarnos a nuestras posibilidades para evitar que también la desvirtuemos hasta el punto de tener que empezar el ciclo y meternos dentro de otra nueva sociedad dentro de pocos años.

 Jordi, una vez más gracias por tus consejos. Te aseguro que nos aplicaremos la lección, maestro!.