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¿Con quién pasamos cuentas y a quién exigimos responsabilidades?

No siempre se muestra todo. Siempre se esconde algo.

Las administraciones están completamente ahogadas económicamente, el país al borde de la quiebra, millones de personas en paro, decenas de miles de familias no tienen ya ayudas, los bancos siguen siendo ricos, más ricos, y los valores más sencillos, caso de la solidaridad y la cooperación, han vuelto impuestos a la fuerza en nuestro día a día ante la reacción que nos provocan ciertas imágenes que ya no llegan a través de la televisión pues las vemos a nuestro lado.

Es una cruda radiografía de este enfermo llamado España que, lejos de necesitar únicamente una transfusión, agoniza ante la urgencia de un cambio de cerebro y esqueleto. Pero lejos de salvarle la vida se golpea al paciente de manera individual y egoísta. Cada autonomía actúa autónomamente, cada ayuntamiento mira por lo suyo, las diputaciones aguantan pese al debate sobre su utilidad y otros órganos creados a medida de los gobiernos de turno se mantienen para ejercer su función de cementerio de elefantes.

A cada cambio de gobierno se rechazan los acuerdos del que antes gobernaba desestabilizando el progreso del país. Unos aprueban unas inversiones que otros hacen tambalear para crear otras de nuevas en aquellas zonas que les dan más rendimiento político. Las balanzas fiscales se mantienen con parcialidad pidiendo más unas zonas un dinero que se entregará a otras zonas a las que no se les exige de igual manera. Y es ese equilibrio mal aplicado en este ámbito el que genera debates que son estériles para algunos y devastadores para otros.

Pongo cómo ejemplo la zona donde hábito, el área de Tarragona, al tratarse de un ejemplo claro de esas decisiones cambiantes en función de quien gobierna. El proyecto del Corredor del Mediterráneo, infraestructura necesaria para la industria química o la autoridad portuaria, se ha vuelto a modificar y aquello que aprobó el PSOE y que agradó a los agentes empresariales tarraconenses es pasado tras la decisión del PP de cambiar el trazado de esta obra. Es un único caso al que podríamos sumar otros.

Otras preguntas generales para cualquier punto del estado son estas: ¿Por qué se han vuelto a parar ciertas obras que estaban paralizadas antes de las elecciones generales y en las que se trabajó mientras duró la campaña? ¿Por qué las administraciones hacen caso omiso de las reivindicaciones de ciertos colectivos que reclaman obras importantes desde hace meses o años? ¿Qué criterio siguen los técnicos que programan los calendarios de obras y las prioridades de inversión sin conocerse los territorios afectados o beneficiados? ¿Por qué las grandes inversiones van siempre a parar a las capitales de las comunidades y los otros municipios se tienen que conformar con las migajas?

La respuesta a todas ellas tiene un denominador en común y no es otro que los perjuicios que supone al ciudadano la gestión de sus propios recursos en manos de otros que son aquellos que manejan de forma interesada y conceden en función de unos criterios no compartidos por la mayoría.

Indefensos y asustados. Así pasamos los días viendo cómo los medios nos dibujan el negro panorama que acecha el país donde la gente pierde sus viviendas pero mantienen las deudas hipotecarias,  donde los empresarios ya no tiene líneas de descuento ni créditos para afrontar sus pagos, donde las colas de personas que acuden a buscar alimentos aumentan sin parar y los jóvenes emancipados que ya eran minoría tienen que regresar con sus padres. ¿A quién le pedimos cuentas? ¿Quién nos justificará el malbaratamiento de nuestro dinero? ¿Quién asumirá que nos están vilipendiando situándonos en cotas mínimas de lo que uno entiende cómo dignidad humana?

Algo hay que concluir y no tengo dudas. En política los vicios les vienen como pasajeros, les visitan como huéspedes y se quedan en su carrera como amos.

Los dueños del grifo

Hace pocos días que la Fundacion Caixa Tarragona anunciaba la suspensión de unos de sus principales servicios de colaboración social con el tejido asociativo de esta zona, el programa “Tu Ajudes” que destina anualmente, en forma de subvención, partidas a aquellos colectivos que trabajan en pro de los más necesitados o que luchan contra algunas enfermedades.

Argumentaban que la crisis era el motivo principal y que las cambiantes estrategias de la entidad financiera, integrante del grupo CatalunyaCaixa conjuntamente con Caixa Catalunya y Caixa Manresa que se constituyó como nueva entidad en julio del 2010. Muchos nos percatamos de una incoherencia demasiado visible: la crisis no era y está siendo igual para todos. Un mes antes que se diese a conocer la desaparición del programa social de Caixa Tarragona se publicaba en todos los medios locales una información muy importante. Nos decía que los sueldos de los directivos de CatalunyaCaixa habían crecido un 93 por ciento durante los últimos seis años mientras los beneficios habían bajado más del 50 por ciento.

Ante tal situación uno se formula decenas de preguntas sin respuesta y con un efecto de indignación pocas veces sentido en propia piel. Caben preguntas para poner en su sitio a los dueños de esta especie de grifo que abren y cierran a placer alimentando a unos y dejando sin beber al resto. ¿Cómo es posible que se aumenten los sueldos cuando caen los beneficios y que eliminen ayudas sociales sin más? ¿Quién demonios ha permitido este desequilibrio que perjudica a aquellos más necesitados en detrimento de los que deberían bajarse el sueldo para dar ejemplo? ¿Qué sucede con el dinero que el estado inyecta a bancos y cajas para que abran el grifo que cerraron al inicio de la crisis?

Hay todavía una pregunta más directa. Se llega a ella analizando el tema a fondo. ¿Quién ha colocado a los consejeros de las cajas en su poltrona? En Catalunya diversas cajas de ahorros dependen de las diputaciones y la de Tarragona es una de ellas como también lo es la de Barcelona. Son pues estas administraciones las que deciden quien les representará pero las que después silencian su papel y lo dejan todo en manos de sus elegidos.

Y es ahí donde radica parte del fallo y donde debemos meter baza. ¿Por qué se callan las diputaciones ante el escándalo de la subida de sueldos? ¿Por qué no piden explicaciones ante la pérdida de beneficios? Y sobretodo… ¿Por qué permiten que se acaben las ayudas sociales como las del plan “Tu ajudes” en lugar de obligar a las entidades financieras que controlan a reducir sueldos antes de suprimir ayudas a los más necesitados? ¿Ante que conceptos y vicisitudes se abre el grifo y se cierra? ¿A quién amamanta su líquido vital y a quien se le niega el fruto?

Hecho el silencio nadie critica y así pasan los días y los años en los que unos se forran tras ser colocados por esa administración que debería ser cercana y trabajar para el territorio y sus gentes. Otros pierden lo poco que tenían y tras años dedicando tiempo a los demás sin tener que pagar ni pedirla ven como los proyectos se van al traste sin poderlo remediar. Y vamos dando vueltas en esta bola que llamamos planeta donde el hombre se ha convertido en el depredador de las otras especies y está empezando a devorar a la suya propia en nombre del poderoso caballero.

A grandes cambios, pequeños pasos pero firmes.

La pobreza ya no está solo en las calles, ya ha entrado en muchos hogares

Estamos sometidos a cambios constantes, a situaciones que nos obligan a reflexionar y que nos trastocan, enriquecen o simplemente nos obligan a avanzar con miedos o firmeza. Desde que inicié mi colaboración en esta revista, cabecera histórica en nuestro país y referente en muchos aspectos, han sido muchos los cambios producidos a mí alrededor más inmediato, a nuestro entorno global.

En tan solo un par de años, tiempo corto para un mundo tan longevo como el nuestro, hemos comprobado los crueles efectos de una crisis que primero se negó y posteriormente ha ido destruyendo nuestro estado del bienestar más básico. He hablado en ocasiones en mis artículos de los efectos negativos de la desaceleración  económica que ha venido ligada por la pérdida de valores esenciales pero que también ha recuperado o potenciado otros aspectos como la solidaridad, la ayuda sin compromiso y la capacidad de comprender situaciones cercanas que antes nos eran ajenas y ahora viven todas las familias.

El paro, la pobreza, la necesidad de subsistir y la de ayudar son hoy en día elementos de convivencia de la gran mayoría que, como siempre, deja fuera del circulo a los más ricos que siguen siéndolo y que no notan, o la notan pero sin afectación, nuestra compañera crisis.

Los altos sueldos que cobran algunos, los que antes nos pasaban desapercibidos, ahora nos parecen insultantes. Situaciones que antes de la crisis permitíamos sin concesiones son ahora elementos de crítica y debate. Hemos estrechado el nivel de confianza, el listón de permisividad que dábamos a acciones de los que si tienen influencia, por cargo o poder económico, y hemos pasado a liderar un lobby de presión particular.

También hemos sido capaces de crear alternativas propias para ayudar a los demás, para unir esfuerzos en pro del conjunto perjudicado por las decisiones gubernamentales. Los Bancos del Tiempo, la plataforma de Indignados del 15M o el crecimiento que está logrando la Coordinadora de Entidades de las Comarcas de Tarragona, plataforma que se formó hace ahora tres años que tengo el honor de presidir, son ejemplos de elementos de participación donde unos trabajan para los otros sin ánimo de lucro y con la percepción que es el mejor sistema de ayuda posible, el más eficaz ante un sistema caduco donde el pueblo ha perdido la confianza en la clase política y en los gobiernos sean del color que sean.

La rebelión de las masas, nuevo concepto ante la cacudidad del sistema.

De ahí mismo se deriva la caída de las autocracias y las dictaduras de los países árabes que este ultimo año se han ido desplomando, siempre con violencia, ante la atenta mirada de una Europa que también se desmorona económicamente. Grecia en la ruina y España e Italia en el punto  de mira de una Alemania fortalecida y una Francia que va aguantando el temporal tras haber aplicado políticos de racionalización con la previsión suficiente.

Oriente cae ante la atenta mirada de una Europa que también se desmorona.

 Como siempre los bancos y las cajas son los supervivientes de unos tiempos difíciles, y con un horizonte negro aún a medio plazo, que han reubicado a las sociedades, formas de vida y subsistencia a las cotas más bajas del progreso. Creceremos si cambiamos de mentalidad, saldremos de este caos si aceptamos la realidad actual, levantaremos el vuelo únicamente con la capacidad de inventar, cada mañana al levantarnos, una nueva vida que se reinventará al dia siguiente. A grandes cambios, pequeños pasos pero firmes.

Mudando la piel

Estamos sometidos a cambios constantes. El mundo gira y nosotros con él. Se trata de cambios personales, vitales, previsibles o esperados, corregibles o símbolo del fracaso. Uno debe ser consciente de esos cambios y amoldarse a la sociedad en la que convive como se adaptan las especies animales a sus medios.

Atrincherarse en una posición cómoda para ver cómo pasan los días y son los otros los que se derrumban ante nosotros, se antoja ahora mismo como un error que nos condenará para siempre. Porque es ahora cuando debemos entender el momento que nos toca vivir y caminar con la consciencia necesaria para evitar hundirnos.

La crisis nos ha marcado de por vida y nos ha enseñado muchas cosas y traído muchos valores adormecidos en nuestro interior. Si sabemos entender la lección que nos ha dado, y nos da aun hoy, tenemos posibilidades de no naufragar. Si no somos capaces de ver esto, estamos condenados al fracaso.

Hace tres años pasamos de la bonanza al caos económico, se rompió la burbuja y con ella caímos todos pasando del mundo de fantasía donde habíamos sido felices hasta la más pura realidad. El siguiente año fue el de asimilación de la situación, el de los lamentos y las tristezas. Y ahora estamos en el tercero, el que nos obliga a la auto superación, a renovarse en todos los sentidos o morir.

Los bancos son ahora las principales inmobiliarias del país, miles de personas se han quedado sin hogar, sin empleo y sin un futuro esperanzador. Nos creíamos Dioses intocables y la crisis nos ha demostrado que somos, y ya lo éramos en aquel entonces, simples mortales. En España hay ahora más indigentes que nunca y las listas de personas que acuden a comedores sociales y a las entidades y colectivos que reparten comida no paran de crecer.

Hemos tenido que frenar de golpe y dar un giro a nuestras vidas como si fuésemos el Doctor Jekyll y Mister Hyde. Lo hemos hecho algunos porque hemos visto a tiempo que nuestro entorno cambiaba y debíamos cambiar a su lado, porque hemos sabido que los buenos tiempos de bonanza ya no volverán y, sobretodo, porque hemos entendido que sembrando se recoge y más en épocas malas donde las recompensas, como los castigos, son mayores.

Los ricos son menos ricos pero los pobres se mueren y dejan de serlo. También hemos entendido esta nueva escala sociojerárquica que nos ha recordado que somos mortales, que podemos estar enfermos, que podemos caer en la más absoluta pobreza, que podríamos depender de las ayudas de otros, que igual un día, sin quererlo, nos encontramos completamente solos.

Dice un amigo mío en una de sus poesías, que vamos tejiendo día a día nuestro propio tapiz de felicidad pero que este es tan débil que, con el mínimo roce, se deshilacha y es en ese momento cuando no sabemos cómo coser los años con los daños.

Quizás si supiésemos vivir mejor y con menos lujos, dando más sentido a la vida presente que a lo que nos tocará vivir, seriamos menos débiles cuando la marea crece para intentar ahogarnos a todos salvo a aquellos que ya nos habíamos puesto a resguardo a tiempo. Como diría el gran Plutarco, El cerebro no es un vaso por llenar, sino una lámpara por encender.

Les “leyes” de la vida

A la Ministra Sinde le han tumbado su ley con la que pretendía prohibir las descargas de la red y sancionarlas. La guionista de la película “mentiras y gordas” ha visto como sus falacias y engaños, aún más grandes, le volvían en forma de boomerang y sus intentos de alimentar aún más a los que viven de la SGAE fracasaban.

A Paco, el del bar de enfrente de mi oficina, le quieren hacer pagar 50 euros trimestrales por tener televisión. Absurdo y vergonzoso. Cómo cobrar las músicas que se ponen en una boda o los himnos de los clubes deportivos, otra vergüenza que sirve únicamente para dar de comer a unos artistas que creen serlo, y quizás lo fueron, pero que ahora están acabados.

Gracias a la derrota de la ley Sinde podremos seguir descargando películas de la red, escuchando la música que queremos y realizando otras acciones que, en caso que sea necesario pagarlas, las pagaremos siempre y cuando las ganancias vayan destinadas realmente a los artistas y no a los que hacen su hipotética gestión. A mí, personalmente, no me importaría pagar un canon para bajar cine y música siempre y cuando se me garantizara que los de la SGAE no ven ni un céntimo y que el dinero se le entrega al que se lo gana en los escenarios.

Parece que al gobierno Zapatero le ponga eso de imponer y sancionar pero en estos tiempos de ruinas y bofetadas económicas, donde toca ser tolerante, apretar aun mas al personal es provocar las iras y perder apoyos y la confianza de la mayoría.

La crisis se está cebando con las capas sociales que hasta ahora aguantaban el golpe y ya ha hecho mella en los que tenían pocas posibilidades de superar este tsunami de incapacidades. Por eso aun no he encontrado un calificativo apropiado y que no sea insultante ante la propuesta del Partido Popular en el Ayuntamiento de Alicante que pasa por crear una ordenanza contra la mendicidad y la prostitución.

Las intenciones de los populares alicantinos pasan por multar, de 750 a 3.000 euros, a las personas que mendigan por las calles y a las prostitutas que vendan sus cuerpos en la vía pública. Muy mezquino se tiene que ser para pensar que los que piden por las calles lo hacen por placer y deben ser castigados. ¿Dónde hemos llegado?

Se criminaliza a los colectivos vulnerables para ocultar un problema existente y en aumento como la mendicidad. Porque al paso que vamos habrá más gente pidiendo en la calle que políticos aprobando leyes absurdas mientras están bien calentitos en sus despachos de donde saldrán para subirse a su coche oficial y llegar a sus casas de lujo pagadas por todo el pueblo.

Si la vida fuese realmente justa, podríamos hacer real el guión de aquella película donde se cambian los papeles del rico y el pobre y los dos aprenden formas de subsistir y pasar los días que desconocían. Denles un buen sueldo a los mendigos de Alicante y dejemos que los populares de este municipio salgan unos días a la calle a pedir para comer, para subsistir y llegar al final de un día para renacer al siguiente. Porque Dios da pan a quien no tiene dientes. Por eso debemos hacer ver a los insolidarios, que van a golpe de sanción y ley, que hay otro mundo que desconocen donde la ley es vivir ese día y la mayor sanción, la muerte por congelación, hambre o apatía de vivir.

Ministra Sinde y populares de Alicante, hagan ustedes un Carpe Diem y, sobretodo, vivan pero dejen vivir aunque se trate de malvivir, que ya es mucho.  

Crisis social: el futuro en nuestras manos

Se ha demostrado, nuestra sociedad está caducada. Con casi cinco millones de parados, decenas de miles de familias obligadas a pedir ayudas para comer, jubilados con pensiones mínimas insultantes y congeladas, hipotecas que no se pueden pagar, los precios del alquiler por las nubes y una juventud que no puede irse de casa porque no hay empleo ni vivienda asequible a sus bolsillos. El sistema ha fracasado y el tercer mundo que nos parecía tan lejano hace pocos años, nos es cada vez más cercano y cotidiano. Los gobernantes viven de espaldas a los problemas que han ayudado a generar insistiendo en mantener el mismo sistema que ha caducado en sus manos y que nos ha enfermado a todos.

La actitud de nuestros jóvenes y su implicación en según qué temas que les parecen banales y son muy importantes es un síntoma del desencanto generalizado que sufrimos. Se confirma viendo los resultados del estudio elaborado por la Fundación Everis que ha contado con la colaboración de un centenar de empresarios que, como primera acción, han decidido pedir al Rey de España reformas económicas y del modelo de Estado actual.

Con la bonanza vivida antes de la actual crisis como referente, el documento alerta de la necesidad de mantener una buena confianza en la capacidad colectiva que se debe mantener, sobretodo, cuando llegan tiempos de adversidad. Si somos solidarios y sabemos trabajar en grupo cuando hay buenos tiempos, podremos afrontar las malas épocas con más perspectivas y optimismo. Para conseguir este objetivo es necesario el esfuerzo de todos y sobretodo pensar en las generaciones que tenemos detrás y no pueden mirar hacia adelante para ver un paisaje optimista.

El Mayo del 68 es una pura página de la historia que nos motivó a los que hoy deberíamos haber garantizado un futuro a las generaciones venideras y vemos cómo todo les es imposible. Se preparan al máximo para aprender y cuando acaban sus estudios no encuentran trabajo. Al no trabajar no cobran y al no ganar dinero tienen imposible el reto de emanciparse alquilando o comprando una vivienda. El gobierno no entiende la necesidad de cumplir un ciclo vital que debería estar garantizado y que nosotros, los que vivimos ese Mayo del 68, si hemos podido gozar, con nuestros propios esfuerzos.

Hay miles de pisos vacios que seguirán inhabitados por la falta de trabajo y liquidez de unas personas, nuestra juventud, que en el mejor de los casos puede marcharse a trabajar al extranjero donde se le pagará mejor por un trabajo que en nuestro país no existe y en caso de existir tiene unas compensaciones económicas irrisorias. Los que hoy son de la llamada tercera edad tienen garantizadas sus pensiones aunque muchos de ellos cobren miserias y todos hayan visto como el gobierno les congelaba su paga. Pero los nacidos hace ahora 40 años y los que vayan llegando a partir de ahora no saben si podrán tener su pensión. Con el actual sistema establecido en nuestra sociedad tenemos asegurado el pan para hoy y, de paso, también el hambre para mañana.

Hay que hacer un giro de 180 grados empezando por la reforma del sistema educativo actual para lograr, en poco más de una década, ese cambio que también debe incluir a la sociedad como elemento participativo y dibujar un futuro esperanzador. Lo piden a gritos los cien expertos que firman el documento de la Fundación que han entregado al Rey antes que dárselo al gobierno por la desconfianza que este les genera. Un cambio de rumbo para incrementar los recursos, salir de la crisis, generar confianza y puestos de trabajo, alimentar las esperanzas de nuestros jóvenes, conseguir que los mayores gocen de un mayor bienestar y que el caos social actual se transforme en un futuro con garantías. Nos tenemos que mover todos, empezando por los que gobiernan. Estamos obligados, por respeto a los que vendrán, a luchar por un futuro que nosotros tuvimos en su momento.

Camino a la perdición

En un mar de críticas, a Zapatero se le hunde su proyecto.

Dijo Zapatero el pasado 12 de octubre que los abucheos que le brindaron parte de los asistentes al acto principal del Dia de la Hispanidad forman parte del guión. Pronunció esas palabras una persona que no ha sabido interpretar su papel principal en esta función llamada mandato que ha acabado siendo un drama, un vodevil donde los equívocos y las situaciones cómicas han tomado un protagonismo demasiado importante evidenciando la baja calidad del actor.

Los constantes cambios de decisión, anunciando una medida anti-popular que se justificaba, que después rechazaba la mayoría y que acababa siendo rectificada sin lamentaciones ni disculpas, han dado a este gobierno del PSOE un tinte marino, con pasos hacia atrás como los cangrejos y golpes de remo de un timonel desorientado que ha llevado al país a la deriva.

Curiosa es la vida cuando se anuncia que el PP saca ahora más puntos al PSOE que los que le sacó el ganador de Eurovisión de 1983 a la representante española con una canción que se preguntaba, como hacemos ahora todos los españoles, quien maneja esta barca que a la deriva nos lleva.

El patrón no sabe dónde va ni tiene claro que esta cruzada llamada proyecto llega a su final sin haber conquistado al pueblo. En el PSOE empiezan las caducidades, finalizan los ciclos de algunos que han querido aguantar en el poder por puro egoísmo personal y poniendo en peligro el futuro de la mayoría de un colectivo que debe reorientarse.

Las voces de renovación que aparecen de vez en cuando, la última se llama Tomás Gómez, asustan a los capitostes apoltronados en la calle Ferraz o en fincas del sur. Siempre las han conseguido callar pero esta vez el control se les ha ido de las manos y ha sido la propia militancia la que ha dado el toque de atención necesario imponiendo al candidato que menos deseaba Zapatero.

Porque Gómez no se postula como alguien que pueda ser dirigido a golpe de teléfono, que siga las directrices marcadas sin creer en ellas. Tomás no es más de lo mismo, es el principio de oxigenación de un partido que sabe que tiene las elecciones perdidas por no haber sido sincero con los españoles admitiendo crisis donde la había en el momento en que esta se generaba y empezaba a devorarnos.

Ni tan solo los electores más fieles de un partido que preconiza su estatus de defensor de los trabajadores e impulsor de las políticas sociales han entendido el porqué de un engaño que escondía una verdad tan evidente como la desaceleración de una economía que ya había tocado techo cuando la burbuja inmobiliaria llego a él y se reventó. 

Como tampoco han entendido porque el gobierno de Zapatero se ha dedicado a alimentar a bancos a cajas dando ayudas e incentivos que han servido para incrementar su poder y seguir cerrando el grifo a los millones de ciudadanos que han perdido la posibilidad de obtener créditos, prestamos, líneas de descuento, subvenciones y otras muchas aportaciones económicas que les resultaban vitales mientras, entre fusión y fusión, los altos cargos se doblaban o triplicaban los sueldos asegurándose su propio futuro y dejarnos a todos sin el nuestro.

Una vez más, los señores de la banca nos prestaron el paraguas cuando hacia sol y nos lo quitaron cuando empezó la tormenta ante la mirada pasiva de un gobierno que la capeó dando la espalda al pueblo.

Y de este manera, de desastre en desastre, de derrota en derrota y sumando ridículos, todos los que hemos hecho en Europa y en otras partes del planeta, el PSOE y ZP nos dejan un legado que jamás podríamos imaginar: personas mayores con las pensiones congeladas, cientos de miles de matrimonios sin ingresos familiares, casi cinco millones de parados y un país entero decepcionado y agonizando sin saber que será de nosotros por culpa de una función que no ha tenido guión y ha sido un auténtico desastre.

¿Hay vida después de la Roja?

Estos no son tiempos de definirse políticamente, de críticas gratuitas o de falsos discursos. Toca sensibilizarnos con los más débiles de nuestra sociedad y al mismo tiempo recordar que se han debilitado, en muchas ocasiones, por pésimas políticas de los gobernantes de turno. Esta maldita crisis que estamos sufriendo la amplia mayoría, formada por trabajadores, desempleados y personas sin prestación, nos ha dibujado un perfil de ciudadano que asusta. Los jubilados viven peor que nunca con una pensión congelada, los parados tienen cada vez menos oportunidades de conseguir nuevos empleos y aquellos que ya no tienen ni el derecho a paro, deben vivir del aire porque no se pueden acoger a ninguna prestación social.

Todo ello gracias a un gobierno de izquierdas que, en teoría, lucha por las políticas sociales. Y como dije al principio del artículo que no hay que definirse políticamente, golpeo también a las derechas recordándoles que, en caso de gobernar, no conseguirían mejorar mucho una situación agravada durante de años por culpa de todos los partidos. Ellos han hablado alto y claro de épocas de bonanza para comentar, en voz baja y con la boca pequeña, que había crisis. Nos han hecho inflado el globo de la felicidad y después nos lo han pinchado dejándonos, como si fuésemos niños, llorando en una esquina sin saber el porqué.

Gracias a Dios que existe la Roja, nuestra selección española, que permite acabar con la crisis. Fijaos bien. Mientras España esté viva en el Mundial de Suráfrica no habrá problemas económicos para llegar a final de mes o para pagar la hipoteca. Todo será perfecto. Zapatero tiene suerte hasta en esto, en el hecho que si hay futbol la gente no piensa y la roja le está echando un buen cable al presidente.

Los mileuristas, los que no llegan a esa cifra o aquellos que la multiplican por cuatro, seis o diez, han hecho una pausa en sus vidas gracias a los jugadores de la selección que, en caso de ganar el Mundial, serán premiados con una cifra vergonzosa, 14 millones de euros, que no se destinaran, por ejemplo, a los parados sin subsidio. No hay dinero para lo que no se quiere y sobra para algunas causas más banales. 

Es preocupante ver como las parejas se separan a diario, cada día en mayor numero, porque se acaba la felicidad cuando realmente lo que causa las roturas sentimentales es la propia crisis que pone contra las cuerdas a aquellos que sabían vivir gastando y no saben sobrevivir sin el poderoso caballero, don dinero. El amor y la pobreza están reñidos.

Algunos también seguimos preocupados por el recorte que el Tribunal Constitucional ha hecho al Estatut de Catalunya pero mientras se pide que la gente cuelgue en los balcones la Senyera en señal de protesta, los vemos todos repletos de banderas españolas apoyando a la selección. No estoy mezclando temas, ni confundiendo churras con merinas. Hablo de sentimientos que se notan y son normales para aquellos, como es mi caso, que aun habiendo nacido fuera de Catalunya nos consideramos catalanes y no entendemos ni el sentimiento radical de independencia de algunos ni la radicalidad anti catalanista de otros, los miembros del Constitucional que han desmenuzado el documento votado en su día en el Parlament para instaurar, aun mas en todo el estado, el miedo hacia Catalalunya.

Para algunos somos el monstruo a combatir. Somos aquellos que no quieren rendir las actuales cuentas al estado porque somos conscientes que lo que damos, en concepto solidario hacia otras autonomías, no se corresponde con los que recibimos. Y esta evidencia tan real la califican como “insolidaridad” masacrándonos sin tregua. Hace falta aplicar mucho más el sentido común y la tolerancia para conseguir que la Justicia Social impere y triunfe pero nos será muy difícil extender este discurso de momento. Tendremos que esperar al final del Mundial para despertarnos de este falso sueño que nos devolverá a las catacumbas económicas en las que estamos inmersos. Si, señores, después de la Roja hay vida aunque esa vida sea triste y complicada en muchos aspectos.

Tiempos de reencuentros

Los valores perdidos se pueden recuperar. Hay tiempo.

Hace semanas que me planteo este articulo con la esperanza de hacer recapacitar a una parte de nuestra población que, habiéndolo leído, se sentirá identificado o reflejado en el. Des de que empezó la crisis económica que ha provocado el aumento del paro y la pérdida del poder adquisitivo, ha acuciado, aun más, ciertas situaciones familiares complicadas, destruyendo el trabajo en el núcleo de convivencia entero y está produciendo graves desequilibrios matrimoniales, nuestra vida ha cambiado radicalmente.
De hecho creo, lo digo con la más absoluta sinceridad, que en lugar de cambiar esas situaciones, las ha devuelto a su lugar de origen aunque, tras tantos años de bonanza económica alimentados por la permisividad de las mismas entidades financieras que ahora nos ahogan, no las recordemos o las veamos muy lejanas en el tiempo.
Estamos volviendo, fruto de esta crisis, a situaciones anómalas hace unos meses aun sabiendo que esas mismas situaciones son, o deberían ser, habituales. Como tenemos familiares, algunos de ellos tan cercanos como nuestra pareja, que se han sumado a la mayor empresa del país, llamada INEM, hemos recobrado la consciencia en muchos sentidos.
La reducción de nuestros ingresos familiares y la obligación de rehacer nuestras vidas conlleva más proximidad con los nuestros, nos hace replantear el número de salidas para comer o cenar fuera, nos reduce la lejanía o duración de nuestras vacaciones, nos replantea un territorio, el de nuestras casas, que antes era lugar de reposo para dormir y ahora es paisaje cotidiano para compartir muchas más cosas.
Gracias a la crisis, lamentablemente para muchos, hay quien pasa más tiempo en casa y este aumento de la permanencia en el hogar les comporta, otra vez aunque suene a pasado, el hecho de recobrar un valor tan importante como el de compartir, escuchar, hablar, proponer o inventar elementos en común para hacer más llevadera esta mayor compañía.
Se redescubren con ello nuevas sensaciones, emociones, sentimientos. Somos más humanos y más sencillos dejando a un lado esa cultura del consumo que, al final y sin quererlo, nos ha consumido a nosotros mismos. La relación de pareja llega a su destino reforzándose o poniendo su punto y final. La crisis ha salvado muchos matrimonios que, en otras circunstancias económicas más favorables, estarían destruidos. Como no hay dinero, se aguantan ciertas situaciones y es en esta prueba donde se comprueba realmente la fuerza de la pareja. Los que aguanten este chaparrón envejecerán juntos y los que desfallezcan por el camino habrán demostrado la fragilidad de una unión que, por culpa de uno u otro, se deshilacha a la primera de cambio.
Esta crisis, más allá, de sus consecuencias globales a nivel mundial, habrá sido y sigue siendo un elemento clave para demostrar los valores más sencillos de la convivencia humana. No hay mal que por bien no venga y, en tiempos de vacas flacas, se fortalece aún más aquella famosa frase que dice: renovarse o morir.

Este artículo será publicado en los próximos días en Cambio 16 donde colaboro como articulista de opinión.

¿Hay vida después de la Roja?

Estos no son tiempos de definirse políticamente, de críticas gratuitas o de falsos discursos. Ahora toca sensibilizarnos con los más débiles de nuestra sociedad y al mismo tiempo recordar que se han debilitado, en muchas ocasiones, por pésimas políticas de los gobernantes de turno. Esta maldita crisis que estamos sufriendo la amplia mayoría, formada por trabajadores, desempleados y personas sin prestación, nos ha dibujado un perfil de ciudadano que asusta. Los jubilados viven peor que nunca con una pensión congelada, los parados tienen cada vez menos oportunidades de conseguir nuevos empleos y aquellos que ya no tienen ni el derecho a paro, deben vivir del aire porque no se pueden acoger a ninguna prestación social.

Todo ello gracias a un gobierno de izquierdas que, en teoría, lucha por las políticas sociales. Y como dije al principio del artículo que no hay que definirse políticamente, golpeo también a las derechas recordándoles que, en caso de gobernar, no conseguirían mejorar mucho una situación agravada durante de años por culpa de todos los partidos. Ellos han hablado alto y claro de épocas de bonanza para comentar, en voz baja y con la boca pequeña, que había crisis. Nos han hecho inflado el globo de la felicidad y después nos lo han pinchado dejándonos, como si fuésemos niños, llorando en una esquina sin saber el porqué.

Gracias a Dios que existe la Roja, nuestra selección española, que permite acabar con la crisis. Fijaos bien. Mientras España esté viva en el Mundial de Suráfrica no habrá problemas económicos para llegar a final de mes o para pagar la hipoteca. Todo será perfecto. Zapatero tiene suerte hasta en esto, en el hecho que si hay futbol la gente no piensa y la roja le está echando un buen cable al presidente.

Los mileuristas, los que no llegan a esa cifra o aquellos que la multiplican por cuatro, seis o diez, han hecho una pausa en sus vidas gracias a los jugadores de la selección que, en caso de ganar el Mundial, serán premiados con una cifra vergonzosa, 14 millones de euros, que no se destinaran, por ejemplo, a los parados sin subsidio. No hay dinero para lo que no se quiere y sobra para algunas causas más banales. 

Es preocupante ver como las parejas se separan a diario, cada día en mayor numero, porque se acaba la felicidad cuando realmente lo que causa las roturas sentimentales es la propia crisis que pone contra las cuerdas a aquellos que sabían vivir gastando y no saben sobrevivir sin el poderoso caballero, don dinero. El amor y la pobreza están reñidos.

Algunos también seguimos preocupados por el recorte que el Tribunal Constitucional ha hecho al Estatut de Catalunya pero mientras se pide que la gente cuelgue en los balcones la Senyera en señal de protesta, los vemos todos repletos de banderas españolas apoyando a la selección. No estoy mezclando temas, ni confundiendo churras con merinas. Hablo de sentimientos que se notan y son normales para aquellos, como es mi caso, que aun habiendo nacido fuera de Catalunya nos consideramos catalanes y no entendemos ni el sentimiento radical de independencia de algunos ni la radicalidad anti catalanista de otros, los miembros del Constitucional que han desmenuzado el documento votado en su día en el Parlament para instaurar, aun mas en todo el estado, el miedo hacia Catalalunya.

Para algunos somos el monstruo a combatir. Somos aquellos que no quieren rendir las actuales cuentas al estado porque somos conscientes que lo que damos, en concepto solidario hacia otras autonomías, no se corresponde con los que recibimos. Y esta evidencia tan real la califican como “insolidaridad” masacrándonos sin tregua. Hace falta aplicar mucho más el sentido común y la tolerancia para conseguir que la Justicia Social impere y triunfe pero nos será muy difícil extender este discurso de momento. Tendremos que esperar al final del Mundial para despertarnos de este falso sueño que nos devolverá a las catacumbas económicas en las que estamos inmersos. Si, señores, después de la Roja hay vida aunque esa vida sea triste y complicada en muchos aspectos.