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Los orígenes, la identidad

Grupo de niñas esperando a entrar en el Museo Egípcio de El Cairo

Dice el cantante Raimon que quien pierde los orígenes, pierde identidad. En nuestros días, esta frase esta lamentablemente de moda gracias al presidente egipcio Hosni Moubarak quien, por las ansias de poder y por el poder que da gobernar haciendo reinar el miedo entre el pueblo, se ha establecido, cual faraón reinante hasta el viaje a más allá, creyéndose la salvación de una nación que fue imperio dominante y se ha convertido en la sombra de su pasado.

Los egipcios han tenido la virtud de crear templos, pirámides o palacios para lograr una civilización pionera y conservaron el defecto de no mantener su posición llegando a las cotas actuales en las que lo creado son ruinas en mal estado de conservación y lo aprendido hace miles de años son solo paginas en los libros de historia.

La ciudad de El Cairo, donde estuve por última vez por motivos de trabajo hace un par de meses, es un caos que sus habitantes viven en cierto orden ante la mirada de los visitantes que salvan sus vidas entre el tráfico salvaje, las persecuciones de los mendigos y los abusos de aquellos que se enriquecen con el turismo y no permiten ni regatear porque tienen el monopolio y control de los camellos, las calesas envejecidas o las propinas de los policías que pueden llegar a ser, dependiendo de las libras que les des, tan permisivos como prohibitivos.

El mercado de  Khan El Khalili, laberinto de pequeñas callejuelas infestadas de minúsculos y arrebozados y enmascarados comercios, conserva los aromas y colores que motivan al viajante pero no amaga los síntomas de pobreza que habita en un noventa por ciento de las casas de la capital egipcia. El café Al Fishawi, escondrijo del Nobel de Literatura Naguib Mahfuz y local que presume de no haber cerrado sus puertas en ningún momento ni de dia de noche, desde 1773, ha sido estos días escenario de muchas de las conversaciones del pueblo humilde que se ha amotinado para echar al dictador.

Hartos de la corrupción, para muchos su profesión y modus vivendi, los egipcios que no la ejercen y la sufren han dicho basta. La rebelión de estos días para derrocar al dictador Moubarak era de esperar en una ciudad que habitan 20 millones de personas y donde la contaminación y la pobreza son la tarjeta de visita que se entrega al resto del mundo. El sistema funciona mal desde arriba y ese cáncer llamado corrupción extiende sus tentáculos hasta el último callejón vigilado por los jóvenes agentes de la ley a los que puedes comprar para que te vigilen mejor o puedas acceder a lugares donde hay señales de prohibición.

Tras el fracaso del sistema comunista, los fallos evidentes del capitalismo y las dictaduras pasadas, aun presentes en la mente de muchos, nuestra sociedad aun tiene que afrontar regímenes totalitarios, que son dictaduras camufladas, donde los presidentes nunca electos se consideran monarcas de sus naciones de las cuales no abdicaran puesto que se irán, como en el imperio de los egipcios, cuando la muerte se los lleve al inframundo. El reinado de Moubarak tiembla, se caen sus cimientos, se derrumba ante su mirada que solo refleja odio y rencor ante su propia nación. El Museo Egipcio de El Cairo, rincón del polvo y el abandono al cual asistí perplejo hace poco, es ahora un espacio vacío que el propio pueblo, sometido e inculto, ha desvalijado sin piedad.

Este acto, innato y sin razón para los que nos consideramos más civilizados, es la punta del iceberg, de la pirámide mejor dicho, que no tiene orden ni sentido. Cuando un pueblo arrasa con su historia perdiendo los orígenes, pierde la identidad.

Del Cairo a la muerte en la Amazonia

Yanomamis

Imagen de los niños Yanomami, el futuro de esta tribu.

Cuelgo este artículo que he escrito para la revista Ecoticias donde hablo de la triste noticia de la muerte de parte de los miembros de la tribu de las Yanomami. El escrito está teniendo mucha repercusión y eso me satisface. Hace una semana que lo publicaron y ya lo han visto más de 450 personas. Espero que os guste.

ARTÍCULO:

Regresando del viaje que me ha llevado a El Cairo la última semana, participando en la conferencia internacional sobre el agua y en la asamblea del MIO-ECSDE, me he enterado de la triste noticia. La Gripe A esta exterminando a la tribu de los indios Yanomami de la Amazonia.

Siete personas de esta etnia amazónica ya han muerto  por el virus y el gobierno de Venezuela ha decidido aislar la zona en la que viven mientras es previsible que el número de víctimas mortales se incremente. De hecho, hay un alto riesgo de desaparición de toda esta tribu.

No se sabe exactamente el origen de la infección que esta masacrando a esta tribu pero ha sido la Organización Mundial de la Salud la que alertado de la presencia del virus en la zona. Las noticias no pueden ser peores y queda claro que alguien ha llevado la Gripe A a la Amazonia porque los yanomami no tienen como costumbre viajar a otros países.

Hace pocos meses los yanomami recibieron el reconocimiento de Mediterrània, la ONG que presido. Fue con motivo de la celebración de los Premis Ones. El jurado decidió otorgarles uno de los galardones pero también decidimos ejercer con responsabilidad y acordamos que ninguno de los miembros de la tribu se desplazará a la gala de entrega de estos premios. En aquella época la Gripe A ya era un peligro y consideramos que su desplazamiento, pasando por diversos aeropuertos y fronteras, los exponía al peligro.

Les concedimos el Premi Ones igualmente pero nadie de ellos lo recogió en persona y nos quedamos mucho más tranquilos. Ahora nos viene esta tristeza ante una noticia que evidencia que todavía quedan imprudentes capaces de contagiar un virus letal en según qué zonas. También hemos comprobado que estamos ante un mundo desfasado, desequilibrado. Estos días que he estado en El Cairo he sabido que la esperanza de vida en Egipto es de 50 años y ahora vemos como una enfermedad que en países ricos y más desarrollados pasa desapercibida, hace estragos en zonas más deprimidas y con menos recursos. 

Si no se pone solución urgente al problema, en pocos meses podríamos hablar de la total desaparición del pueblo yanomami, el mismo que lucha para conservar la Amazonia y su territorio, el que les corresponde por generaciones anteriores y que tan deseado es por algunos gobiernos con malas intenciones que parten de las especulaciones y la manipulación.

La tierra tiene un precio y en según qué zonas, ese precio es muy alto. Hay quien se alegrará  por la noticia de la infección entre esta tribu de indios porque para este alguien son solo eso, indios que viven en una tribu que ocupa un territorio muy preciado. Otros deberemos seguir ejerciendo con responsabilidad y decir bien alto que estamos hartos de las imprudencias y que, ver cómo va desapareciendo un pueblo, es de las peores cosas que uno pueda contemplar y vivir.

Espero de todo corazón que el virus de la Gripe A pierda su fuerza y efectos cuanto antes y que los yanomami sobrevivan como pueblo y, con el paso del tiempo, aumente su población y no se hable del actual peligro de extinción. Demos vida a la vida y evitemos más muertes injustas.