Con permiso de…

Con permiso de Pedro Sánchez, de Quim Torra, de Díaz Ayuso, de Pablo Iglesias, y de toda la clase política. Es innegable que nos ha cogido a todos por sorpresa, nunca imaginamos que viviríamos una pandemia, que unas consecuencias así podían suceder. No necesitamos más películas catastrofistas de Hollywood, o ficciones del fin de la tierra.  Ahora son nuestras vidas y como dice el dicho, una vez más “la realidad ha superado la ficción”.

La pregunta que debemos hacernos ahora es: “¿Hemos estado a la altura?”. La población, en su mayor parte, ha demostrado ser responsable y ha cumplido con todas las normas dictadas por el gobierno durante el confinamiento. Era algo completamente nuevo y desconocido para todos, pero sinceramente, estoy convencido de que hemos pasado la prueba. Se queda en el aire otro debate sobre hasta dónde llegan los límites de nuestras libertades, nuestros derechos, o las limitaciones de movimientos, etc. Son muchos los interrogantes para un próximo artículo.

Pero no puedo decir que la clase política haya estado a la altura de la situación, nos han fallado. Y hablando de esto debo decir que mi intención no es abrir ningún debate político, quiero hablar de palabras y valores tan sagrados como es la dignidad, la decencia, como es la justicia social y, por supuesto, y sin ninguna duda, los derechos humanos. Mi familia y yo hemos perdido a una persona de forma totalmente indigna y violando completamente todos sus derechos. Mi objetivo ahora es recuperar la dignidad que merece mi madre y todas las personas que, como ella, que se han ido de la forma más triste posible. Recordemos que las cifras que escuchamos o leemos o vemos en los diagramas todos los días en los medios de comunicación no son de la bolsa, ni del Ibex 35, que quizás les importan más a algunos, son cifras de muertos o contagiados. Muertos que se han ido injustamente, son personas, son vidas.

Nuestra sociedad tiene una gran deuda con las personas mayores que han muerto. No las podemos recuperar, pero si dignificar su muerte. Estas muertes no pueden quedar en saco roto, deben servirnos para hacer autocrítica y mejorar. Miremos lo sucedido en las residencias como una lección, investiguemos, estudiemos y no dejemos que esto vuelva a ocurrir.

Por estos motivos yo y la Plataforma Afectados por Coronavirus reivindicamos y exigimos:

  • Que las residencias pasen a gestión pública.
  • Una auditoría independiente sobre lo sucedido en geriátricos y residencias de toda España y de su estado actual, para identificar que es lo que ha fallado.
  • Analizando los resultados de la auditoría independiente, actualizar la normativa y reforzarlos controles vigentes para que sean más efectivos.
  • Los ministerios, consejerías y departamentos de sanidad deben tener una mayor implicación en residencias de ancianos. Debemos recordar que son personas frágiles que necesitan más protección.

Y repito, esto no es con ánimo de venganza, es para mejorar el futuro. Esto no va de ideologías, ni es ningún tipo de movimiento político. Quien crea eso se equivoca. Son personas insolidarias y no dejan de ser cómplices de las negligencias. Lo único que pedimos es información y transparencia, y quien quiera seguir tapando todo lo ocurrido, entenderemos que también es cómplice.

Personalmente, y con o sin permiso de… seguiré trabajando y denunciando, aunque para alguien nunca sea el momento, porqué la dignidad, la justicia y la solidaridad no tienen color, son derechos humanos.

Y, para terminar, recomiendo a todos los afectados y afectadas que no se queden ya en casa y emprendan acciones como yo he hecho. El mejor homenaje que podemos ofrecer a nuestros fallecidos y dignificar sus muertes y restaurar la justicia social.

Ángel Juárez

Presidente de Mare Terra, de la Coordinadora d’Entitats de Tarragona y de la RIET

Portavoz de los afectados por COVID-19 de la plataforma afectadoscoronavirus.org

Justicia e investigación para las residencias

Ángel Juárez agradece todas las muestras de cariño recibidas tras el fallecimiento de su madre por coronavirus. Desde el inicio de la pandemia, Mare Terra Fundación Mediterrània viene canalizando donaciones de material sanitario destinado a hospitales de Catalunya y Madrid, y otros de carácter tecnológico, como tablets, para que los mayores de varias residencias puedan comunicarse con sus familiares.

El presidente de Mare Terra, de la CET y de la RIET, pide que se abran investigaciones por el impacto que la COVID-19 está teniendo en las residencias de ancianos y se depuren responsabilidades penales por el incumplimiento de protocolos.

Después del confinamiento, toca cambio

El confinamiento provocado por la pandemia del coronavirus está destapando nuestra sociedad. Se están poniendo capas de héroes a nuevas personas, y quitando las mascaretas a otras.

Desde casa, es un orgullo ver la respuesta del pueblo, la respuesta más solidaria posible. Un pueblo, una sociedad, sin organización e incluso un poco anárquica, que está dando todo lo que tiene y dedica todos sus esfuerzos a salvar vidas, ni más ni menos. Desde el personal sanitario y las plantillas de los sectores primarios, hasta la gente que está confinada en casa ejerciendo tareas de voluntariado, ayudando a los más necesitados, fabricando el material, o ayudando a hacer el encierro más ameno. Una sociedad que todos los días a las 20h demuestra que está unida, y que es fuerte. Personas que desde sus balcones o ventanas no aplauden sin más, aplauden con conciencia.

Pero si miramos hacia otros sectores no podemos decir lo mismo. Menuda decepción. Fijémonos en la política en primer lugar. Partidos que en campaña electoral presumen de su red de afiliados, que hacen referencia a menudo a una militancia comprometida socialmente. Ahora nos preguntamos, ¿dónde está? ¿Cómo puede ser que estas redes de militantes no se pongan en marcha? Los partidos no han iniciado ninguna campaña solidaria, ya sea de donaciones de dinero o haciendo acciones voluntarias.

Y no sólo eso. Echo de menos a todos los cargos públicos vinculados a la política, que cada mes reciben un sueldo por y para trabajar para el pueblo. Ni yo ni nadie sabemos nada de ellos. Están encerrados en sus casas sin decir nada, y lo que es peor, sin hacer nada.

Estas son las mascaretas que están cayendo. Ahora, podemos darnos cuenta que los partidos políticos simplemente son maquinarias electorales, cuyo único objetivo es conseguir votos. Esto va para todos los partidos. Porqué todos se llenan la boca de amor hacia su gente y su tierra. Y yo les digo que no queremos palabras, queremos hechos. Actuar ahora si que es hacer país.

Los sistemas actuales han quedado obsoletos e inefectivos.Por ejemplo, ¿para qué sirve el Senado y cuánto nos cuesta? Pregúntense, ¿lo necesitamos? O planteémonos nuestro sistema electoral. Basta ya de listas electorales cerradas que esconden a personas no preparadas o “inútiles”. El coronavirus nos ha dejado claro que nuestro sistema debe cambiar.

Y no podemos dejar de hablar del sistema sanitario. Cuando superemos la pandemia, porqué lo haremos, debemos reivindicar una sanidad pública y de calidad 100×100. Basta ya de privatizaciones y de recortes, los cuales se habían olvidado pero el coronavirus nos ha recordado. Cuando salgamos a la calle, debemos seguir aplaudiendo. Aplaudiendo, gritando y luchando por la sanidad pública que merecemos. Porqué no hay otra opción que una sanidad pública y de calidad.

Otro gran ejemplo es la iglesia. En primer lugar, quiero aplaudir el trabajo solidario tan importante de Cáritas y entidades religiosas. Pero no puedo decidir lo mismo de la institución. Una institución que se llena la boca de solidaridad pero que destina más dinero a financiar una televisión privada con la objetividad en duda (más de 10 millones para Trece TV), y que solo da 6 millones para la caridad y los trabajos asistenciales, los cuales lleva a cabo Caritas. Sus valores y su discurso pierden toda credibilidad.

Y me reitero en la felicitación a Cáritas por su trabajo, como a todas las entidades religiosas y laicas que están llevando a cabo estas labores. Unas labores que corresponden al Estado, el cual una vez más demuestra que se ha quedado obsoleto. Un Estado que ha regulado, tarde y mal, el trabajo de los temporeros. Les está pidiendo que nos ayuden, pero luego los quiere dejar a la calle.

¿Es esto lo que queremos? ¿Son estas las instituciones y los representantes que merecemos? Yo lo tengo claro, NO. Después del confinamiento, toca cambio. No tenemos alternativa, no queremos seguir así. Basta de recortes, corrupción y aprovechamiento.

Cuando todo esto termine, no podemos olvidar, debemos recordar y reivindicar. Exigir cambios hacia una sociedad igualitaria, justa y digna, con una riqueza repartida equitativamente. Los partidos ya no importan, ahora importan las vidas.

Mejoremos el sistema. Humanicemos la sociedad.

Y recordad, que nadie ni nada OS QUITE VUESTRA SONRISA.

Ángel Juárez Almendros

Presidente de Mare Terra Fundació Mediterrània, de la Coordinadora de Entidades de Tarragona, y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra.

Palabra de Ángel (20) desde casa: 10 días después seguimos sin material

En esta nueva entrega de la serie “Palabra de Ángel”, el presidente de la CET y de Mare Terra, se pregunta como puede ser que, 10 días después del inicio del confinamiento, sigue faltando material sanitario y de protección.

Juárez también presenta la nueva iniciativa solidaria de Mare Terra, para facilitar la comunicación de personas mayores con sus familiares.

Confinamiento: un antes y un después

Estamos viviendo un momento realmente excepcional y, cuando consigamos que todo termine, nos daremos cuenta. La sociedad está cambiando a una velocidad de vértigo. Y algunos de los cambios son positivos. Por ejemplo, en la ciudad de Madrid, la contaminación se ha reducido un 35%. Por esto, creo que en estos momentos tan difíciles, debemos pararnos a pensar, reflexionar y encontrar lo bueno que podemos sacar de todo esto.

Para mi, es muy positivo que la sociedad se esté dando cuenta de todas las cosas que no están bien. Quizás no de todas, pero sí de muchas, empezando por una que es vital, la sanidad.

A día de hoy todo el país se da cuenta de la precariedad que sufre nuestra sanidad pública. Necesitamos más centros sanitarios públicos, más personal y más material. Pero echemos la vista atrás y analizamos porqué. Esto es consecuencia de la privatización de hace 10 años y de los polémicos, pero olvidados, recortes con nombre y apellidos y, por supuesto, con cómplices. El confinamiento actual es una lucha contra el COVID-19, pero también responde a la falta de recursos y de preparación de nuestra sanidad. Pero no confundan mis palabras. La culpa no es de los profesionales sanitarios que están trabajando duramente, sino de los dirigentes. Por suerte, esto está saliendo a la luz y, con esto, muchos de los causantes de lo que estamos viviendo.

Desde la Coordinadora de Entidades de Tarragona llevamos años denunciando las listas de espera y la precariedad laboral, y luchando por una sanidad pública de calidad. Personalmente, en muchos momentos he pensado en tirar la toalla. Me he desesperado viendo la pasividad social. Me he desanimado, por ejemplo, en algunas reuniones de la Plataforma de Salut, donde hablamos de salvar vidas y de temas sociales fundamentales, y acudían muy pocas personas. ¿No importa la vida digna? Me pregunto a veces. 

Durante las últimas décadas la sociedad ha estado desmovilizada. La lucha contra la pobreza o los desalojos ha quedado prácticamente obsoleta. Las reivindicaciones de enseñamiento, sanidad, sectores de dependencia o ecológicas, estaban paradas.

En esta cuarentena estamos empezando a valorar los servicios básicos, agradecemos tener agua luz, comida e incluso telecomunicación. Vemos la importancia que tienen estos servicios. Pero no podemos olvidar, que no todas las personas los tienen. Y mientras haya una persona que no disponga de esto, será una sociedad injusta.

Según la “queridísima, adorada y tan mencionada”, Constitución Española, todo ciudadano, por el hecho de serlo, tiene derecho a tener una vida digna: una vivienda, agua, luz, etc.  Es realmente triste que no se cumpla. Los dirigentes lo saben, pero lo ignoran hoy y llevan ignorándolo toda la historia.

Entonces, ¿qué debemos hacer? Debemos luchar por esto, pero no pensando en el bien individual, debemos mirar hacia el bien colectivo. Puede que tu tengas luz, pero tu vecino no. Pues entonces, sal, reivindica y lucha, porqué tu vecino también debe tener luz.

Desde la crisis que estalló en 2008, la clase media empezó a desaparecer. La diferencia entre clases no hace más que aumentar y la sociedad se resiente, y se deteriora. Debemos dejar de ser tan individualistas y, en consecuencia, egoístas. ¿Has hecho algo por los demás? Piensalo, y actua.

Estas líneas pretenden hacerte pensar más allá de lo superficial, apelan a los valores, algo que parece olvidado también en los medios de comunicación. Los hilos de estos canales de difusión los mueven la gente de poder según sus intereses. Y que la gente piense, no les conviene. Quieren una sociedad pasiva, que no se queje. Y la sociedad actual es el resultado.

Os propongo aprovechar la situación actual para cambiarlo. Es un buen momento para creer en los valores de nuevo: responsabilidad, igualdad y, sobretodo, solidaridad. Estoy convencido de que será un antes y un después. Estando confinados reflexionaremos y pensaremos que podríamos haber hecho, pero también que podemos hacer. Y esque, como dice el dicho, no hay mal que por bien no venga.

Sigamos siendo inteligentes y rebeldes, y que no nos quiten nuestra sonrisa, ni siquiera el coronavirus, estando en casa #quédateencasa.

Ángel Juárez Almendros

Presidente de Mare Terra Fundació Mediterrània

Presidente de la Coordinadora de Entidades de Tarragona

Presidente de la Red Internacional de Escritores por la Tierra

31 días sin respuestas

Han pasado 31 días, 744 horas y 44640 de la explosión de la petroquímica IQOXE, y seguimos sin respuestas, sin soluciones, sin asumir responsabilidades. Lo único que mantenemos es el miedo. El Camp de Tarragona sigue atemorizado, ¿a qué están esperando para actuar?

La salud no es un tema que pueda esperar, no se puede dejar para “cuando vaya bien”. Porqué la salud significa vida. Nuestro derecho fundamental de vivir, y hacerlo dignamente, debe ser un tema prioritario en la agenda de todo político, sea cual sea su índole.

Ya ha pasado un mes, y mientras escribo estas líneas, hay más de 200 personas afectadas por la explosión, con sus viviendas o negocios dañados; y cientos más con cuadros de ansiedad o angustia. Personas jubiladas, con una economía reducida, sin una pensión digna, con cartones en las ventanas de su casa, esperando aún que les pongan los cristales. Esta es la triste, pero real situación. ¿Qué culpa tienen estas personas que nada tienen que ver con la química? Simplemente viven en una ciudad llamada “Tarragona”.

Pisos afectados en el barrio de Torreforta | EFE

Es difícil para mí calificar estos hechos. Solo puedo pensar en la inconsciencia y la insensibilidad de los encargados de solucionar esto. Los daños colaterales, la situación de estas personas, deberían haberse solucionado durante las 24 horas después de la explosión, y sin insultar llevando un perito en sus casas o negocios.

Algunos creen que Tarragona vuelve a florecer. ¿Qué veo yo? No veo florecer flores, sino oportunistas. Personas que nunca habían reivindicado un estudio sobre la calidad del aire, que veían correcto el PLAEQSCAT y que consideraban que las medidas ambientales llevadas a cabo eran satisfactorias. Estas personas, a día de hoy, intentan hacerse con la lucha que nosotros hemos estado llevando a cabo durante años, aprovechándose de la grave situación.

En este mismo momento, la CET (Coordinadora d’Entitats de Tarragona) y la Fundació Marte Terra Mediterrània, aún no se han reunido con las autoridades competentes para reformar los planes en caso de accidente o emergencia, como por ejemplo el PLAEQSCAT, los cuales demostraron ser ineficientes el pasado 14 de enero. Nosotros les hemos mostrado repetidas veces nuestra predisposición a encontrarnos. Entonces, ¿de verdad quieren solucionar algo?

Aun así, debemos reconocer la pequeña pero positiva parte de lo sucedido. La lucha empieza a dar algunos frutos. Personalmente, me alegro de que en los presupuestos de este año se destinen 200.000€ para un estudio de la calidad del aire. Es importante recalcar que será la primera vez que nuestro Ayuntamiento será responsable de los medidores del aire y, por lo tanto, también de los resultados. Un concepto muy distinto de lo conocido hasta ahora.

De todas formas, esto es solo una gota de agua en un gran vaso. El resto está por llenar.  En este momento, se han producido 0 dimisiones y 0 disculpas. Nadie, absolutamente nadie, ha demostrado la suficiente madurez o moral para asumir responsabilidades. ¿Sorprendidos? Ya no, pero si decepcionados. Todo se ha quedado en promesas y palabras, promesas y palabras, más promesas y más palabras…

Los cambios que necesitamos y exigimos deben ser drásticos para que la ciudadanía recupere la confianza y podamos vivir tranquilos de nuevo. Políticos y empresarios, ya no es tiempo de palabras, necesitamos hechos, y lucharemos por ellos en las calles de nuestra ciudad. Os animo a todos y todas a vernos el 19 de febrero, porqué 31 días, 744 horas, 44640 minutos después, nada se ha resuelto, nada ha mejorado, nada ha cambiado.

Ángel Juárez

Presidente de la Fundació Mare Terra Mediterrània, de  la Coordinadora d’Entitats de Tarragona y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra

Es justicia y no caridad lo que necesita el mundo

El pasado 2019 fue un año marcado por graves incendios, incluso en el pulmón de la Tierra. Siguen las muertes en el Mediterráneo y los campos de refugiados. La pobreza y la precariedad en las familias no para de crecer.

Nuestros gestos cotidianos para ser más responsables son muy importantes, pero aún lo es más elegir bien a quién nos va a representar: las políticas medioambientales y sociales las deciden los Gobiernos: son responsables de penalizar las malas praxis de las grandes corporaciones, o mirar hacia otro lado, como se ha estado haciendo. ¿Hasta cuándo lo vamos a permitir?

Os pido que ahora más que nunca sigáis siendo revolucionarios, que ahora más que nunca en vuestras vidas sigáis luchando porque el mundo se nos está descomponiendo ante nuestros ojos. O lo intentamos solucionar o pronto será demasiado tarde. Un fuerte abrazo para todos.

Y, por supuesto, recordadlo siempre:

QUE NADIE OS ROBE VUESTRA SONRISA

 

Ángel Juárez

Presidente de la Fundació Mare Terra Mediterrània, de  la Coordinadora d’Entitats de Tarragona y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra

Tarragona, una década de retrasos y atrasos

Estamos a pocas horas de que se acabe otro año. Los años, las décadas, y cualquier otra unidad de medida del tiempo, son referencias para calcular el avance de las cosas. Y de la vida. Hay proyectos que pueden desarrollarse en pocos días, otros necesitan años. En todo caso, diez años es un buen periodo de tiempo para medir el avance de una ciudad como Tarragona.

La Coordinadora d’Entitats de Tarragona tiene una década y media de vida. Nació pequeñita, gracias al impulso de diecisiete entidades, pero ha ido creciendo hasta el día de hoy, en que podemos decir que ya somos un agente de lucha importante en el territorio. En la última comida de Navidad, estuvieron representadas unas cincuenta, de las más de cien asociaciones que forman parte de  la CET a día de hoy. Cada vez somos más: con más ganas y menos paciencia.

Como es tradición, durante el acto pronuncié algunas palabras para hacer balance del año que se acaba. Empezaré por la parte negativa. En nombre de la Coordinadora, manifesté nuestra decepción al darnos cuenta que, a pesar de haber impulsado y asistido a decenas de reuniones, a pesar de la cantidad de tiempo y energía invertidos, a pesar de años de reivindicar temas sociales, de urbanismo y de emergencias ecológicas; a pesar del compromiso de muchos representantes políticos, nos damos cuenta de que se han materializado muy pocos cambios.

Si hay algo que no quieres que se haga, llévalo al pleno.  De todas las reivindicaciones en las que hemos ido trabajando durante estos años en la CET, un buen número se han llevado al pleno en forma de moción. Incluso muchas se han aprobado. Sin embargo, ni un 80% de las mociones tratadas y aprobadas en el Ajuntament de Tarragona se han llevado a cabo. Ojalá existiera un mecanismo de control (¿un plazo máximo de tiempo?) para poder denunciar por fraude, cuando este tipo de compromisos no se cumplen.

En Tarragona tenemos atascados temas de ciudad importantes como la Ciutat Residencial, el problema de aparcamiento en la Platja Llarga, el estudio epidemiológico,  la necesidad de crear un órgano tan democrático como el Consell Ciutadà, el parking de Jaume I, las barreras arquitectónicas. Un sinfín de compromisos y buenas palabras, pero pocas actuaciones. ¿Qué hacemos, ahora? ¿Tiramos la toalla y nos vamos a casa o buscamos nuevas tácticas que generen más impacto? Lo tenemos claro.

Por último, queremos pedir al nuevo año (y a la nueva década) que las administraciones cuiden más a las asociaciones. La salud y la riqueza de ciudades y territorios pasan por una buena y variada red de entidades. Y es por eso que ayudarlas tiene que ser una prioridad para las administraciones públicas (para todas, no solo para los ayuntamientos).  Darles apoyo sin fisuras, asesoramiento,  facilidades. Pedimos que los trámites con las administraciones no sean tan complicados o que, al menos, las entidades puedan contar con personal funcionario a quien recurrir. No hablamos de dinero, sino de apoyo administrativo y material. La CET, sin ir más lejos, hace años que pide un local donde desarrollar todas las actividades que querría poner en marcha.

Que cierren entidades siempre es una mala noticia, igual que el hecho de que lo haga el pequeño comercio.  Por favor, por lo menos que no se deba a la falta de voluntad política….

La parte positiva del balance es que son las personas las que hacen cambiar las cosas, y el tejido asociativo se compone de personas. El factor humano es la clave de todo.

¡Por un 2020 bien guerrero!

Ángel Júarez es presidente de Mare Terra – Fundació Mediterrània y de la CET

O nos implicamos todos o el cambio climático será irreversible

El mensaje es claro: el tiempo se acaba y hay que detener las emisiones de gases de efecto invernadero. Así ha comenzado este lunes la Cumbre del Clima en Madrid.

Han llegado los jefes de estado, gobiernos, primeros ministros y los nuevos altos mandatarios europeos. Pero este no es sólo un problema político, la cumbre se da en medio de una concienciación social sin precedentes para actuar contra la emergencia climática. Es necesario escuchar a la gente que sale a la calle, los jóvenes que están hartos de ver cómo no se les tiene en cuenta y entre todos hacer que el cambio sea posible. Es evidente que no podemos cambiar nuestra huella ecológica de un día para otro, pero también es evidente que no podemos seguir viviendo igual.

Estamos claramente en una crisis, donde los desastres que provoca la emergencia climática, ya son la primera causa de los desplazamientos internos. Según Oxfam Intermón más de 20 millones de personas tienen que marchar anualmente de su casa para efectos, entre otros, de las inundaciones, los incendios forestales y las sequías.

Desde Mare Terra Fundación Mediterrània creemos en la transformación, y el camino para llegar a él pasa por lograr el desarrollo sostenible. La hoja de ruta está marcado: economía, sociedad y medio ambiente deben ir juntos y encontrar el equilibrio entre ellos. Debemos cambiar nuestro modelo de vida, los sistemas productivos, la alimentación. Como dice Cristina Gallach, Alta Comisionada para la Agenda 2030 de la ONU en España, los próximos 10 años serán de transición para que el 2050 no se dependa de las energías de carbón. Cuando la comunidad científica empieza a avisar que si los países no actúan ya, no se podrá limitar las temperaturas globales a un grado y medio al final del siglo, Cristina Gallach pide acción pero también ambición, si la sociedad no cree que se puede conseguir, si la sociedad no lucha por conseguirlo nada de esto será posible.

Ángel Juárez Presidente de Mare Terra Meditèrrania y RIET

La felicidad

¿Qué es la vida? La de las personas, la soledad de ser los únicos seres vivos que sabemos que moriremos. Pero, justamente por eso, también somos dueños de nuestro tiempo, los únicos que podemos gestionarlo. El cómo lo gestionemos ya depende de cómo nos veamos a nosotros mismos, de nuestra fortaleza o nuestra debilidad, de nuestros complejos y de nuestros miedos o de nuestras alegrías.

A veces vivimos tanto que nos olvidamos de ser felices, que conviene recordar siempre que es la finalidad de todos los seres humanos. Vivimos en la perpetua contradicción de una realidad cada vez más escurridiza, unos recursos cada vez más precarios y la obligación de mostrarnos siempre jóvenes, activos, con sonrisas tan falsas como las de muchos candidatos a la presidencia del Gobierno.

La información, que debería guiarnos por esta selva, se ha convertido en una herramienta inútil por excesiva. Cada día recibimos un bombardeo de datos inasumible y, por si fuera poco, en una mezcla de lo verdadero con lo falso, lo importante con lo irrelevante, lo urgente con lo frívolo y, entre medio, que no falten los gatitos.

Ante este panorama, es fácil sentir ansiedad, angustia, miedo o estrés y nos hacen falta herramientas para domar estas sensaciones y recordarnos que la felicidad es nuestro fin último.

En este contexto, estoy muy feliz de la alianza que Mare Terra Fundació Mediterrània ha sellado con la delegació de Tarragona del Col·legi Oficial de Psicologia de Catalunya (COPC) para difundir estas herramientas de salud mental y emocional que tanto nos hacen falta para vivir con más paz.

Tarragona tiene, además, otro foco de malestar personal en el que pensamos poco hasta que lo vemos en todo su esplendor. O mejor dicho, resplendor, el del cielo rojo o naranja por escapes o por incendios. Muchas personas, tras estos accidentes, me han contado que ahora sienten miedo o que están de los nervios por si pasa algún accidente grave. También aquí la delegación de Tarragona del COPC puede ayudarnos, y mucho, a convivir con nuestro paisaje industrial con respeto, pero sin miedo.

Así, me ilusiona muchísimo esta colaboración con el COPC porque está llena de posibilidades positivas para todos. Una de las primeras propuestas que tenemos en mente es la de ofrecer formación en nuestras instalaciones, en grupos reducidos, para saber identificar qué nos produce malestar personal y poder así abordarlo.

Es una satisfacción constatar que la delegación de Tarragona del COPC, en este sentido, es un colegio modélico por su actitud proactiva y abierta a la sociedad. Los profesionales de la psicología no se quedan quietos esperando, sino que salen a la calle a cumplir su cometido: recordarnos que debemos ser felices y ayudarnos a ello.

Ángel Juárez Almendros

Presidente

Mare Terra Fundació Mediterrània

Coordinadora d’Entitats de Tarragona

Red de Escritores por la Tierra