Rompamos el tabú del suicidio

 

¿En qué mundo vivimos, que muchos jóvenes prefieren quitarse la vida a vivirla? ¿Qué hacemos tan mal como sociedad para enfermar mortalmente una época vital de rebeldía, de ser indomable casi por obligación, de beber la vida a tragos largos y comerse el mundo a bocados? Son cifras de la vergüenza: el suicidio es la primera causa de muerte entre los jóvenes, incluso por encima de los accidentes. Cifra que podría ser mayor porque, según algunos estudios, un 5% de los siniestros viarios son suicidios encubiertos.

El fenómeno es en toda Europa y especialmente sangrante en los países nórdicos, paradigma de sociedades y democracias avanzadas. Qué contraste con los jóvenes que se dejan la carne y la sangre en muros con alambres de espinos para alcanzar este mal  llamado primer mundo nuestro. Qué terriblemente mal lo hacemos para que jóvenes que no tienen nada y valoren la vida por encima de todo y jóvenes que lo tienen todo pierdan las ganas de vivir.

Lo tienen todo…o no. También viven con la amenaza de la precariedad, las altas tasas de paro, la frustración de ser la generación más preparada de la historia que no puede emanciparse, de ver solo callejones sin salida a lo que debería ser un mundo por explorar. Sin embargo, por duro que sea, es insultante compararlo con esas personas que se juegan la vida cruzando el mar a bordo de barquitos casi de papel.

Es nuestro deber devolver las ganas de vivir a esas personas que las han perdido, han renunciado o se las han arrebatado por lo que sea. Debemos hacer una reflexión urgente, seria y en profundidad sobre en qué monstruo estamos convirtiendo nuestro mundo y por qué no podemos hablar de esta lacra social.

Unos años atrás, nadie hablaba de cáncer. Era un tabú escondido bajo “una larga enfermedad” que ya se está rompiendo. Rompamos también con el tabú del suicidio y abordemos el problema de forma clara para ponerle remedio antes de que sea demasiado tarde.

Ángel Juárez Almendros es presidente de Mare Terra Fundació Mediterrània, de la Coordinadora d’Entitats de Tarragona i de la Red de Escritores por la Tierra

 

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O más vertederos para nuestra basura o menos consumo. ¿Qué hacemos?

La gestión de los residuos es un quebradero de cabeza para todos los municipios porque se llevan una buena parte del presupuesto municipal. Para afrontarlo, se potencia al máximo el sistema de recogida selectiva y se intenta sensibilizar a la ciudadanía, dando pautas sobre los hábitos de consumo que generan menos residuos que ahora.

El coste de gestionar un gran volumen de residuos es muy caro, pero además, se debe tener en cuenta que los recursos son cada vez más escasos. Por lo tanto, es una necesidad social usarlos de la manera  más eficiente posible.

En los últimos años, cada vez vemos más municipios catalanes con recogida selectiva pero, entre todos, sólo llegan al 40%, según los datos de 2018 de la Agencia de Residuos de Catalunya. Dicho de otro modo, el 60% de la basura va a parar al contenedor gris. Con estos datos en la mano, hay que preguntarse si disponemos de capacidad de tratamiento suficiente para afrontar esta situación con garantías.

La fracción resto es la clave. Actualmente, el objetivo principal es disminuir el volumen de desecho que va directamente al vertedero y la estrategia para conseguirlo es llevar este rechazo a plantas de tratamiento mecánico-biológico y en plantas de valorización energética.

Ahora bien, esta es una estrategia que nos permite ganar tiempo, pero que no elimina la necesidad inminente de disminuir la generación total de residuos y en especial, la de rechazo.

Según la Agencia, las proyecciones de generación de residuos son que la tendencia irá decreciendo. A pesar de este optimismo, los balances señalan déficit en la capacidad de tratamiento de la fracción resto y orgánica. Esto quiere decir que con los 26 vertederos y las 4 incineradoras que hay en marcha en Cataluña, no es suficiente para gestionar los residuos que generamos. Por lo tanto, serán necesarias obras de ampliación de estas infraestructuras y también la puesta en funcionamiento de nuevas instalaciones.

Por lo tanto, cuando se dice que no queremos más depósitos controlados y plantas de valorización porque contaminan, yo me pregunto si estamos dispuestos a consumir menos para disminuir los residuos y el impacto que generamos, o si realmente aún no hemos entendido el problema que se nos viene encima.

Ángel Juárez es presidente de Mare Terra Fundació Mediterrània, de la Coordinadora d’Entitats de Tarragona y de la Red de Escritores por la Tierra

¿Hasta cuándo tendremos que esperar? (Cap 19 de “Palabra de Ángel)

Un cuarto de siglo de emociones…y a por más

Es verdad que el tiempo pasa volando, porque ya han pasado 25 años desde los primeros Premis Ones Mediterrània. Parece un suspiro, pero tenemos esta edición del cuarto de siglo prácticamente aquí. Será en el Teatro Metropol y – como marca nuestra tradición- el primer viernes del mes de junio, que este año cae en día 7. Han pasado, como decíamos, 25 años y ya peinamos canas, pero mantenemos la ilusión de estos Premis tan intacta como el primer día.

O mejor dicho, aún más fuerte y eso que, de facilidades, tenemos muy pocas. Créanme, reconocer las personas y las entidades que son valientes, honestas, y luchadoras a favor del medio ambiente, los derechos humanos y la justicia social es sencillamente maravilloso, pero, salvando todas las distancias, es prácticamente también tan heroico como ellas.

Compartir unas horas muy intensas con estas personas tan extraordinarias es un honor y también un privilegio. Muchas se juegan la vida, la libertad, el puesto de trabajo o su patrimonio para dejar a todos un mundo mejor.

Además de esta oportunidad impagable de compartir tiempo y espacio con estas personas, hemos tejido muchas complicidades y muchas alianzas, hemos hecho de embajadores de la ciudad de Tarragona y la hemos situada en el mapa internacional del activismo y del medio ambiente .

Lo que quizás nos gusta más, sin embargo, es que año tras año, los Premis Ones Mediterrània son nuestro pequeño grano de arena para que estas personas y entidades no se sientan solas, sino que sepan que su esfuerzo, su desgaste y sus sacrificios personales son inmensos.

Es por eso que los Premis son también un gran aplauso a su labor que, en muchos casos, desempeñan a miles de kilómetros de distancia. Nos gusta muchísimo que, entre todos, les hacemos llegar nuestro calor.

Y así han ido pasando los años.

Este año, como decíamos, celebraremos en el Teatre Metropol este cuarto de siglo con 250 premios otorgados, todos de una enorme grandeza humana sin haber conseguido que la ciudad de Tarragona haga tan suyos los Premis como los sentimos nosotros.

Nos preguntamos por qué son más conocidos en Latinoamérica que en las instituciones de Tarragona y la respuesta igual es este sentimiento perpetuo de inferioridad de los tarraconenses, este complejo que todos sus activos están cargados de defectos y no. En ningún caso debería ser así. Tarragona puede hacer grandes eventos internacionales como éste y debería estar orgullosa, no acomplejada.

La ciudad está llena de personas y entidades que trabajan duro, que se dejan la piel para hacerla mejor, que plantean proyectos innovadores, que son creativas, que tienen la ilusión de trabajar por el bien común, que aportan ideas, sensibilidad y energía y sobre todo, ganas de salir adelante.

Sin embargo, la inmensa mayoría de medios de comunicación públicos, pagados con el dinero de todos, no se dignan a dedicar ni treinta segundos a todas estas personas que lo merecen, sin duda, mucho más que un montón de informaciones que no son noticia en absoluto.

Pero este año celebramos 25 años y no es tiempo de refunfuñar,  sino de celebrar. Será una gran fiesta, más llena de calor que nunca, tan a rebosar de buena gente como siempre. ¡Os esperamos!

Ángel Juárez Almendros es presidente de Mare Terra Fundació Mediterrània, de la Red de Escritores por la Tierra (RIET) y de la Coordinadora d’Entitats de Tarragona (CET)

Puedo mentir y miento

La celebérrima cita política del “puedo prometer y prometo” ha desembocado en un triste, lamentable y generalizado  “puedo mentir  y miento”.

Hay barra libre para que los candidatos  mientan y suelten una patraña tras otra sin ningún tipo de recato. A alguno igual se le escapa la risa y todo en mitad de tanto embuste, viendo lo fácil que es reírse en la cara del electorado. No entiendo cómo pueden guardar la compostura, el gesto de no haber roto en su vida un plato mientras tiran la vajilla entera a la cabeza de sus oponentes.

Puedo mentir y miento que la ciudad tendrá servicios de calidad.

Puedo mentir y miento que la ciudad estará limpia, será segura, habrá obsesión para crear puestos de trabajo y calidad de vida

Puedo mentir y miento de que soy el más alto, el más guapo, el más inteligente, simpático y maravilloso ser que hay sobre el planeta tierra y que el resto debéis estar a mi servicio.

Me admira que puedan decirlo sin sonrojarse, sin perder la compostura, sin un parpadeo siquiera. Serían temibles jugadores de póker, soltando un farol tras otro, si no recordaran más a bien a tahúres dispuestos a hacer trampas al menor descuido. Serían actores formidables si no recordaran  más bien a esas estatuas vivientes que permanecen inmóviles en su puesto a cambio de unos dinerillos.

Me pregunto cómo hemos llegado hasta aquí y la respuesta- creo que podrán estar de acuerdo conmigo- es que nos hemos dejado. Nos hemos dejado que nos mientan a la cara una vez y otra y otra más sin que haya consecuencia alguna. Hemos permitido que la palabra, el buen nombre, que es uno de los bienes más preciados que pueda tener una persona, haya quedado oculta entre el fango, pisoteada por la mentira.

Sin reprobación social, crece la impunidad. Si a la primera mentira hubiera una contestación, una consecuencia, seguramente costaría más un segundo embuste.

Pero si las mentiras se multiplican como panes y peces y no pasa nada, al final están tan normalizadas que ya los que ni parpadeamos al oírlas somos nosotros.

Y ya está bien de dejar que esta bola, nunca mejor dicho, siga rodando cuesta abajo de la decencia.

Por si acaso creen que exagero, hace casi 30 años que Mediterrània reclama un estudio epidemiológico para saber el estado de nuestra salud pública. Hace casi 4 años, el Ayuntamiento de Tarragona acordó, por mayoría absoluta, impulsar este estudio y seguimos esperando.

Ya no sé ni cuántos años han pasado desde las promesas del Gobierno central de desdoblar la N-340 mientras seguimos sumando muertos y heridos. O de impulsar el Corredor del Mediterráneo mientras se pierden inversiones millonarias . Ni cuántos pasarán hasta que la Generalitat aligere de una vez las listas de espera y Tarragona tenga hospitales en condiciones o la Residencial recupere su antiguo esplendor.

Pero no pasa nada. Son tiempos electorales y todo es maravilloso. Seamos felices y mareemos perdices.

Ángel Juárez Almendros es presidente de Mare Terra Fundació Mediterrània, de la Coordinadora de Entidades de Tarragona y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra (RIET).

Dilo o el mal seguirá avanzando


Cristian Newman

 

“Para que triunfe el mal, sólo es necesario que los hombres buenos no hagan nada”, decía  Edmund Burke sin que la cita pierda nada de vigencia.  La gente de bien tenemos que pasar a la acción y no callar más. Dicho de otro modo: hay que frenar al mal.

Día sí, día también, nos levantamos con tal cantidad de escándalos políticos que nos hemos anestesiado. Que la policía fabrique pruebas para destruir un adversario político y aquí no pase nada es de juzgado de guardia. A menos que el fiscal lo afine, claro.

Uno de los escándalos es de una magnitud tan enorme que ha conseguido que no hagamos mucho caso, a base de titulares endulzados y de repetirse cada día como una gota malaya y eso es muy, demasiado peligroso. Me refiero a la ofensiva para despojar a las mujeres de muchos derechos conseguidos a base de años de lucha E

¿Os habéis fijado  que ahora que las mujeres alzan su voz para decir que ni una muerta más, ni una maltratada más, ni una violada más, ni una humillada más, brama una horda reaccionaria que las enviaría a todas, como se decía antes, “a la cocina y con la pata quebrada”?.

En la cocina, que quiere decir enclaustradas sólo en el ámbito doméstico, para cuidado del hogar, de la familia y evidentemente, del macho que lleva los pantalones. Y con la pata quebrada, con barra libre para molerla a palos si no se porta bien, como si fuera una bestia de carga.

Recientemente, la Comisión de la ONU sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer ya advirtió de los efectos nefastos de la reacción contra el feminismo y los avances en la igualdad de género.

El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, alertó: “Hay que decirlo como es. Alrededor del mundo hay un empuje contra los derechos de las mujeres”.

Una reacción, además “profunda” y “implacable”, empezando por un aumento de la violencia contra las mujeres y, sobre todo, las activistas y aquellas involucradas en política.

Pensemos solo en las estadísticas de mujeres asesinadas por hombres. Son escalofriantes. La violencia machista no es, como piensan algunos, propia de hombres emigrantes, pobres y / o con problemas de adicciones, sino que es transversal, afecta a toda la sociedad y es toda la sociedad quien debe decir, alto y claro, que ya basta.

Que ya está bien. Que los hombres buenos no podemos dejar avanzar ni un milímetro más esta maldad que ataca, con violencia y malicia extrema, a las mujeres. Que no podemos dejar avanzar ni un segundo más esta máquina del tiempo hacia pasados ​​oscuros en el que algunos se empeñan en hacernos subir y retroceder más de 40 años atrás.

Cualquier gesto, por pequeño que sea, es mejor que quedarnos quietos y callados.

A Mare Terra Fundació Mediterràni seguimos visibilizando las mujeres y la lucha feminista a través de los Premios Ones Mediterrània, que este año cumplen su 25 aniversario.

Se otorgan diez Premios, seis personas y cuatro entidades y de las seis personas, cinco son mujeres. El único hombre reconocido, además, hacía equipo con una de las premiadas. También en las entidades, las mujeres son protagonistas.

Mientras la maldad quiere hacer retroceder las mujeres, nosotros queremos que avancen para avanzar, juntos, más lejos.

Ángel Juárez Almendros.

Presidente de Mare Terra Fundació Mediterrània

Presidente de la Red Internacional de Escritores por la Tierra

No son animales, son compañeros

Voy a romper una lanza a favor de la sanidad pública para perros, gatos y demás bichitos que nos alegran la existencia. Según los datos de la Asociación Madrileña de Veterinarios de Animales de Compañía (AMVAC), en España existen más de 20 millones de mascotas (es decir, hay una en cuatro de cada diez hogares). Otro dato significativo es que el gasto anual por cada perro (incluyendo comida, veterinario, etc.) es de más de 800 euros de media, y el de cada gato es de más de 500 euros. Teniendo en cuenta cómo son los salarios en España, es un dispendio considerable.

Varias personas me han confesado que les gustaría tener una mascota pero no pueden permitírselo. Eso es una desgracia, porque los humanos necesitamos a los animales y ellos a nosotros. La vida es más satisfactoria cuando estás acompañado de palabras y afecto humano, pero también de maullidos o caricias perrunas. Ahora puede ser un buen momento para que el animalismo avance en España desde una perspectiva política. Así que aprovecho este espacio para proponer que se realice una prueba piloto y se implante un sistema de sanidad pública para las mascotas. El experimento podría empezar con un número determinado de animales (los que necesiten cuidados más urgentes) y a partir de aquí estudiar cuánto cuesta y si sería asumible aumentar la atención de manera progresiva.

Y llegamos a la gran pregunta: ¿qué hacemos para que no se enfaden aquellos que no tienen mascotas? Yo planteo dos escenarios. El primero es que las personas que tengan un animal de compañía paguen un impuesto o una tasa especial al estado y que el sistema sanitario se sufrague con estos fondos. Una segunda posibilidad es que en la declaración de la renta aparezca una casilla para que los contribuyentes que así lo deseen colaboren con esta causa (me da en la nariz, llamadme malpensado, que tendría más éxito que la de la Iglesia).

Es probable que un modelo de gestión sanitaria como el que tenemos los humanos no sea asumible, pero que nadie pueda reprocharnos no haberlo intentado. Sería algo muy positivo para ti y para mí, para tu perro y para el mío, para los peludos a los que tanto queremos, para las personas que están solas y necesitan un amigo, para aquellos que lloramos con la muerte de Platero, en definitiva, para todos los que tenemos un corazón que late.

Y en esta misma vibración, invito a reflexionar si no serán, más que animales, compañeros. Algunos imprescindibles, como los perros lazarillos. Entrenados, como los perros policía. Milagrosos, como los perros de rescate. Protectores, como los que defienden a mujeres maltratadas.

Naturalmente necesarios, como los gatos que controlan a ratas y topillos.

Pero muchos otros animales son simplemente maravillosos solo por estar ahí. El perrucho feo que adora al anciano cascarrabias al que, si no fuera por él, no aguantaría nadie. El perro grandote que, con paciencia infinita, deja que los críos le tiren las orejas y se acurruquen en su panza peluda, casi tan tierna como la de Platero. Los gatos que ronronean felices y que son capaces de aliviar, según estudios clínicos, el estrés o incluso la depresión con ese sonido ronco, de pura satisfacción de vivir sin importar qué pasará después. Un sonido que proclama que solo importa el aquí y el ahora, que expresa la felicidad de un instante de vida y que aporta ese mismo instante de paz en un mundo escurridizo que cada vez ofrece menos asideros seguros donde agarrarse.

Esos pequeños y peludos habitantes de la casa forman tan parte del hogar que, sin saberlo ni ellos ni nosotros, forman parte de los cimientos o quizás de la pared maestra o quizás del entramado de hierro que mantiene firme nuestra casa bajo los ladrillos.

Porque un mal día, ya no están y cae encima de nosotros un vacío tan pesado que nos falta el aire. Que ese día llegue, como nos llegará a todos, porque es la hora, puede soportarse. Pero duele escribir que algunos humanos deciden envenenarles a escondidas mientras nos siguen sonriendo y deseando buenos días. Estos son los auténticos animales, los que no saben de compañeros por muy humana que sea su especie.

Ángel Juárez Almendros
President de Mare Terra Fundació Mediterrània
President de la Red Internacional d’Escriptors per la Terra (RIET)

Matices y matices

 

Matizar es, según el diccionario, “Graduar con delicadeza sonidos o expresiones conceptuales”; “Juntar, casar con hermosa proporción diversos colores, de suerte que sean agradables a la vista” y “Dar a un color determinado matiz”. Los subrayados son míos porque desde Mediterrània, nos podríamos pasar el día desmatizando temas que llegan a la ciudadanía con delicadeza, agradables a la vista y de una forma determinada aunque, bajo esas capas de colores, sigan igual de áridos y poco agradables a la vista.

Mediterrània no dice, entre uno de tantos ejemplos, “distribución espaciotemporal optimizable en la atención asistencial”, sino “listas de espera y colas en la sanidad pública”. Lo que viene siendo lo de llamar las cosas por su nombre de toda la vida.

Así que, sin matiz alguno, Mediterrània lleva décadas trabajando para mejorar el Camp de Tarragona con especial atención al medio ambiente y los valores sociales, con la ilusión de que personas e instituciones dejen de lado partidismo e intereses personales y apuesten por proyectos de ciudad, del Camp de Tarragona y por el bien común.

A pesar de una larga trayectoria, al ser independientes, seguimos siendo una ONG modesta, con los recursos propios de una entidad sin ánimo de lucro, con nuestras virtudes y nuestros fallos, sujeta a la mirada pública, pero sobre todo, a la nuestra, a la de actuar con la conciencia tranquila de querer un Camp de Tarragona mejor.

Si se buscan matices, se encuentran…o no.

 

¿Qué matices tiene morir ahogado en el Mediterráneo por huir del horror, del fanatismo, la pobreza o sufrir una vida agónica en tu país? ¿Qué matices tiene cerrar los ojos ante esta tragedia humana se desarrolla ante nuestros ojos en el tiempo real de las televisiones y de los medios digitales?

Entre los blancos y los negros, está el gris. Pero sí solo nos movemos en la franja de los grises, en los matices de los grises, acabaremos siendo grises nosotros también. El color de la contaminación, sin colorido ni vida.

Hay veces en que hay que decidirse entre el blanco o el negro, posicionarse de forma clara, mostrar compromiso en vez de querer quedar bien con todo el mundo con delicadeza y de forma agradable a la vista.

Nos guste o no, la realidad que vivimos es la nuestra y desde Mare Terra Fundació Mediterrània, en vez de maquillar preferimos abordar la crudeza de frente con la denuncia pública, la concienciación y el compromiso.

Matices para ponerse en la piel de otros y entender su mirada, sí. Matices para seguir confundidos con lo gris, desapercibidos en zona segura, nunca.

Y entre matices y matices,  seguiremos hablando claro. Lo que viene siendo desmatizando de toda la vida.

Ángel Juárez. Presidente de Mare Terra Fundació Mediterrània

Bonavista, el ‘pueblo’ de Tarragona

Es poner un pie en Bonavista y de manera automática los recuerdos empiezan a amontonarse en mi cabeza. Me impacta el aluvión de momentos vividos en esas calles que tantas veces recorrí en mi juventud. Recuerdos de lucha, reivindicación y activismo social… pero también recuerdos de amor. Y es que Úrsula, mi compañera que lleva toda la vida a mi lado, se trasladó a vivir a Bonavista cuando hizo el peregrinaje, como tantos miles de personas, entre Andalucía y Catalunya.

Qué tiempos aquellos, y cuántas escenas que hoy en día serían imposibles de presenciar… Por ejemplo, yo he visto a vecinos de Bonavista hacer lo mismo que los actores en las películas del Oeste: comprar un terrenillo y construir como podían su propia casa. Que todas las viviendas fuesen diferentes entre sí era uno de los motivos que convertían a Bonavista en un barrio genuino. No había otro sitio igual en la provincia de Tarragona. Lo reconozco: la primera vez que visité Bonavista pensé seriamente que me habían abducido y había sido transportado a Andalucía o Extremadura. Parecía imposible que un lugar así existiese en Catalunya.

El barrio se fue transformando poco a poco. Aquellas personas que se habían sacrificado dejando atrás sus raíces para tener una vida mejor empezaron a tener hijos. Y Bonavista fue creciendo. Todos aquellos vecinos tenían un rasgo en común: eran valientes, muy valientes. No es casualidad que fuese en Bonavista donde surgió una de las primeras asociaciones de vecinos de la ciudad. Y la primera huelga de autobuses urbanos en democracia que se hizo en la provincia también tuvo lugar en Bonavista. Recuerdo que pese a ser el barrio de Poniente más alejado del centro de la ciudad los vecinos prescindieron del transporte público para ir caminando. De coraje iban sobrados.

Las luchas continuaron. La mayoría de vecinos estaban afiliados a partidos de izquierdas y defendían sus derechos con ahínco. Hasta la sede provincial del PSUC estaba ubicada en Bonavista. Hay apellidos que los que vivimos aquella época nunca olvidaremos: los Arjona, los Caamaño, los Aragón, los Torres… Recuerdo con especial cariño las fiestas populares, a las que yo acudía con mis compañeros de formación. Se generaba una atmósfera muy particular, y nosotros éramos conscientes de ello. Bonavista siempre fue un barrio especial. Tenía una idiosincrasia propia. Lo digo como lo pienso: a veces, parecía más un pueblo que un barrio.

Aquella Bonavista no tiene mucho que ver con la actual. No es mejor ni peor, pero es muy diferente porque los tiempos han cambiado para Bonavista, para Tarragona y para todo el mundo. Desde hace unos años, el movimiento vecinal ha sufrido un descenso radical y ha ido perdiendo fuerza. En Tarragona, muchos líderes vecinales acabaron trabajando en el ayuntamiento o en otras administraciones. La reivindicación dejó de ser una prioridad. Precisamente por ese motivo hace ya trece años nació la Coordinadora d’Entitats de Tarragona, que presido desde ese día. Una de las entidades que la forman es la Asociación de Vecinos de Bonavista. Siempre han sido unos escuderos fieles.

Aprovecho estas líneas para felicitar a la Asociación de Vecinos de Bonavista por su medio siglo de vida y deseo de todo corazón que nunca abandonen su espíritu combativo, porque forma parte del ADN del barrio. Enhorabuena de todo corazón. No quiero acabar sin nombrar a dos personas en especial. Gracias a Salvador Serrano, por estar ahí durante tanto tiempo. Y Joaquín Amades, amigo, que sepas que no te olvidamos. Y, por supuesto, también quiero felicitar a todos los vecinos que en algún momento de su vida hayan dedicado su tiempo para hacer de Bonavista un barrio más digno. Adelante, compañeros y compañeras. La lucha continúa.

Ángel Juárez Almendros. Presidente de Mare Terra Fundació Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra

Palabra de Ángel (17): “Rechazo total al arzobispo… y a los que lo apoyan”