La factura de la crisis

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La CRISIS es el tema de moda. Últimamente, referenciamos cualquier cosa a la consabida crisis.  “He ido al centro comercial y han cerrado dos tiendas. Debe ser la crisis”. “Han despedido al vecino de su trabajo. Debe ser la crisis”. “Este sábado no iremos a cenar con los amigos, es final de mes y no llego, ¿será la crisis?”. En nuestro entorno primermundista vivimos esta incertidumbre económica, yo diría que casi provocada por un exceso de información o de retransmisión en vivo y en directo de quiebras bancarias y desplomes bursátiles, como una especie de microchip que se ha instalado en nuestro cerebro a base de tanto repetir la palabra: crisis, crisis, HAY CRISIS!!!

Pero me pregunto, ¿de verdad hemos notado tanto la dichosa recesión económica? Y no me refiero a aquellos que han perdido su empleo, ni a los jubilados y pensionistas con pensiones míseras, u a otros colectivos desfavorecidos, queda bastante claro que la factura de la crisis la pagan los más débiles. Me refiero a la que podríamos llamar “clase media”. Puede que el consumo haya bajado y que la subida de la hipoteca nos quite de algún capricho como ir al cine una vez a la semana, a cenar con los amiguetes de vez en cuando o a cambiar el viaje al Caribe por uno a Mallorca… Pero, ¿no estaremos todos en una especie de locura colectiva?

Ahora bien, me preocupa otro tipo de crisis a la que denominaré crisis de tipo A. La de tipo B es la que sufrimos la mayoría de los españolitos, la de la histeria colectiva infundada, por el momento… La crisis de tipo A, es decir, los problemas reales, los tienen en aquellos países en los que la precariedad económica y social de viene arrastrando desde no se sabe cuándo… esos países que siguen pagando los platos rotos de un capitalismo voraz e inhumano, que condena al hambre a unas naciones para que otras, las menos, se llenen bien el plato.

Me refiero a mi gente de Centroamérica, por poner un ejemplo de una región azotada por terribles contrastes que conozco bien y con la que tengo contacto constante. En Cuba, a la ya de por sí precaria situación se ha unido el embate de un huracán que ha arrasado las cosechas de la isla. Es la crisis de mi amiga Ana, residente en la Habana, que ha gastado todos sus ahorros en comprar un carnero para congelarlo y asegurarle las proteínas a su hijito de tres años una temporadita.

O la desesperación de los hondureños. Una vez más, los desastres naturales colmaron el vaso, condenando a la gente al hambre y la miseria y empujándolos  a toda costa a buscar la salida del país.

Esa es la verdadera, cruel y despiadada cara de la crisis. Una crisis endémica para Centroamérica, África y tantos otros lugares de la Tierra.  La verdadera crisis de la humanidad.

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Una respuesta a “La factura de la crisis

  1. tienes más razón que un santo…. el otro dia oí a un periodista español (y me sentí avergonzada) que decía que la cumbre del G20 no tenía que convertirse en una discusión de los problemas del mundo como la pobreza, sino del sistema financiero…y yo pensé…acaso no es esta mierda de sistema que tenemos la que provoca la pobreza? no es este sistema el que hace que en ESpaña estemos tan acostumbrados a consumir que seamos capaces de pedir crèditos para poder irnos de vacaciones? yo, x si acaso, vivo en Honduras, huí de España, y prefiero trabajar mano a mano con la gente de este lado del mundo. Un fuerte abrazo amigo

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