¡Viviendas para todos!

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‘El Pocero de Fuenlabrada’, ‘El Pocero Bueno’, o el ‘Robin Hood de la construcción’, varios sobrenombres para un único hombre, José Moreno, ese personaje entrañable, con cara de bonachón y oronda figura que últimamente se ha convertido en ídolo de masas y el más codiciado invitado de programas como el de Ana Rosa y derivados.  La cosa no es para menos, este líder vecinal, que confiesa que nunca ha sido constructor y mucho menos promotor inmobiliario, ha tenido un par a la hora de plantar cara a especuladores, concejales urbanísticos y fauna variada del solar patrio y hacer algo que es casi una osadía en nuestros días: construir viviendas a precio razonable.

Tal ha sido su gesta que su cara empapela estos días los bocatas de muchos currantes que suspiran por hacerse con uno de sus pisos a precio de coste. Después de diversas promociones en el sur de Madrid, tanto ha crecido la fama de Moreno que su último anuncio de viviendas ha traído cola para apuntarse. Una auténtica revolución para centenares de jóvenes que ven en este particular Robin Hood de nuestros tiempos su única oportunidad para conseguir un pisito en propiedad a un precio asumible, y también, por qué no decirlo, un espectáculo deplorable que debía poner la cara roja a tanto Ministerio de Vivienda y tanto político de turno.

Pero, no por quitarle mérito a José Moreno, me da la impresión que no hemos caído en la cuenta que con empeño y ganas pueden haber muchos más ‘Poceros Buenos’. De hecho, el barrio de l’Albada de Tarragona fue concebido en unas circunstancias muy similares y como decimos aquí sin tanto “rebombori”. Eran otros tiempos, es verdad, pero es cuestión de implicación, de creer en el proyecto de uno y sobre todo de invertir muchas y muchas horas sin perder la convicción.

De hecho, el barrio de l’Albada nació como proyecto de la Asociación de Vecinos de Riu Clar, de la que fui muchos años presidente. La promoción urbanística se hizo en régimen de cooperativa bajo el paraguas de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Viviendas Sociales de Cataluña (Favic). Una práctica muy común, ya en el año 97, en todo el cinturón de Barcelona pero que en Tarragona fue verdaderamente novedosa. En una primera fase se levantaron 83 viviendas sociales y 36 casas unifamiliares, pero hasta llegar a este punto no estuvimos exentos de presiones, luchas y algún que otro disgusto, ya que conseguimos sacar las viviendas a precios más económicos que las promociones oficiales.

Recuerdo con emoción como la oficina de la promotora la instalamos en el local de  vecinos de Riu Clar, y, lo ilusionados que estábamos todos los que creímos en aquella cooperativa, a pesar que por el camino muchos abandonaron su sueño por los miedos que algunos intentaron infundir.  Pero al final de toda esta lucha titánica ahí está l’Albada, de la que tan orgulloso me siento como artífice que fui de su nacimiento.

De todos modos, y ahora me pongo en plan egoísta, a mis ‘taitantos’ ya tengo casa pero animo a los jóvenes a formar cooperativas y convertirse en dueños de su destino, sin esperar a que José Moreno se pase un día de estos por su ciudad. Los pasos del ‘Pocero bueno’ no son fáciles, pero tampoco imposibles, y en algunas ciudades como Zaragoza, gracias a la predisposición del ayuntamiento, ya se han creado muchas de estas cooperativas. Aunque parezca mentira, las hipotecas a veinte años pueden volver a existir.

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