Copenhague: yo estuve, yo anduve

Hay que evitar al máximo el calentamiento global

Hay que evitar al máximo el calentamiento global

Lo de Copenhague no es ninguna broma, no es una reunión de amigos ni una excursión de fin de semana de conferencias sin conclusiones. Lo que se debate en esta cumbre es el futuro de nuestro planeta ya sea en el ámbito del medio ambiente o de la sostenibilidad. La de Rio dio paso a la de Kioto y ahora es el momento de las decisiones en Dinamarca. Lo curioso del caso es esta cumbre pretenda evitar un caos futuro a nivel climatológico y se celebre en medio del caos organizativo que estamos viendo.

Los que defienden con más solidez las medidas para evitar el cambio climático son callados por las fuerzas del orden mientras, ante la llegada del presidente Obama, se anuncia que de los 21.000 observadores internacionales tan solo podrán entrar en el recinto del debate un centenar. Para completar el caos, miles de ciudadanos motivados por su entorno y preocupados por la situación actual, se han visto forzados a hacer colas de horas y horas hasta llegar a las puertas de un espacio plagado de policías y políticos que dibujan, sin concretar, utopías como el fin del hambre en el mundo en un periodo de 30 años.

También han tenido que hacer cola ciertos políticos no invitados a las principales sesiones de la cumbre. Los intentos, por suerte fallidos, del vicepresidente de Catalunya, Carod Rovira, por estar y aparecer en la foto oficial, fracasaron. El líder republicano se equivocó y no podrá decir a sus nietos “yo estuve”. Carod anduvo como muchos otros que van a aparentar sin aportar medidas ni soluciones. Para aportarlas hace falta conocer que piensan las ong’s y entidades ecologistas sobre el tema, hay que darles la palabra para hablar en nombre de ellas. Una vez más, como cuando el trasvase del Ebro, el “vice” llevaba los papeles mojados.

Este esfuerzo, acción más sencilla de lo que parece, si lo realizó en su momento el gobierno central cuando nos invitó a explicar en el Congreso de los Diputados la opinión de Mediterrània, entidad que presido, sobre el cambio climático. Y así lo hicimos. Dimos nuestro parecer y aportamos posibles soluciones destacando ya entonces, y de eso hace meses, la importancia de esta cumbre de Copenhague.

Caos fuera y calma dentro. En ese espacio de debate de los países que deben parar las consecuencias del cambio climático hay demasiadas palabras y pocos hechos. Todos dicen querer poner fin al problema pero la mayoría tienen demasiados intereses creados como para cumplir su palabra. La China y Estados Unidos están presentes en la cumbre donde se habla de contaminación y lideran el ranking  mundial. Los más industrializados también asisten al encuentro de Copenhague con el compromiso de erradicar el hambre pero sin dejar de invertir aun más para incrementar su riqueza nacional particular.

Es el “quiero y no puedo” de una cumbre que acabará con buenos propósitos pero sin acuerdos fijos. Se habrán cerrado de nuevo las puertas a los que podemos aportar soluciones reales y se venderá humo convertido en soluciones quiméricas. Perderemos otra oportunidad de crecer, desmereceremos los logros conseguidos en Kioto y nos iremos para casa sin tener acuerdos mínimos. Copenhague seguirá siendo Dinamarca y nuestro planeta, una gran pelota a la deriva, desgobernada, desprotegida.

NOTA: Este artículo lo he publicado en el diario digital Ecoticias donde colaboro como columnista de opinión.

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