Otro desastre más

¿Disponemos de medios para afrontar una contaminación marina grave?

El accidente en el golfo de México me ha despertado de nuevo ese instinto de impotencia que me invade cada vez que presencio un atentado ecológico derivado de fallos humanos. Los océanos y los mares del planeta se han llegado a convertir en un vertedero de nuestros desechos con el agravante de los accidentes marítimos que son los responsables  de un cinco por ciento de los hidrocarburos vertidos al mar.

Estos accidentes provocan enormes desastres ambientales y los daños dependen del lugar, del momento, de la cantidad vertida, y del tipo de petróleo. Un simple vertido de limpieza de tanques, como  sucedió en Noruega en 1981 mató a 30.000 aves marinas porque el contaminante fue directamente a sus colonias.

Los daños en el ecosistema pueden durar décadas y  las tareas de recuperación de éste son muy costosas y no acaban de restablecer la situación original. El Mar Mediterráneo es el más contaminado de petróleo de todo el planeta, recibiendo más de 600.000 toneladas anuales de petróleo, aceite y lubricantes. La mayor parte de las plataformas petrolíferas están situadas en la costa de Italia, en el Adriático, las costas de Egipto, Libia, Túnez y España.

NO deberíamos dejar de lado la dependencia a esta fuente de energía que no hace más que traernos problema y apostar por una energía renovable y más  limpia. Por desgracia y aún teniendo en cuenta sus peligros, el petróleo y sus derivados se han convertido en fuentes imprescindibles de energía y en elementos indispensables para la fabricación de numerosos productos de la industria química, farmacéutica, alimenticia.

Hagamos unas pinceladas históricas. En 1979, en el Golfo de México se produjo la rotura de una plataforma marina, que derramó más de 400.000 toneladas de hidrocarburos. En la Guerra del Golfo, no por accidente, pero si por acciones de guerra y sabotajes se llegaron a verter más de 400.000 toneladas. En 1989 se produjo el vertido del Exón Valdez, en Alaska. Otro escape incontrolado se produjo en Huelva, cuando la línea submarina por la que se conduce el crudo desde la mono boya hasta la refinería de CEPSA sufrió un incidente durante la descarga del petrolero.  En este caso, las playas del parque nacional de Doñana se vieron afectadas en más de 15 Km por las galletas de chapapote. Además, se usaron floculantes y dispersantes  químicos para intentar disolver el crudo y minimizar el vertido, pero estos productos agravan más la situación.

El accidente en la plataforma Deepwater Horizon, en el Golfo de México, nos ha enseñado el peligro que comporta la extracción, y ha demostrado que las perforaciones petrolíferas en el mar conllevan graves riesgos. Además ha puesto en evidencia la seguridad real de las plataformas petrolíferas. Por ejemplo, BP en 2009 informó al gobierno estadounidense de que un accidente que pudiera dañar el litoral, las costas y la fauna y flora de los estados del golfo de México era “imposible”. Este tipo de situaciones pone en evidencia la veracidad de esta multinacional, que se supone que cuenta con la experiencia y los medios técnicos más avanzados del mundo.

España parece impasible respecto esta situación que se ha desatado en las costas americanas, pero realmente no está libre de sufrir este tipo de impacto ambiental. En la actualidad existen varias concesiones de explotación o exploración de hidrocarburos en distintas zonas del litoral español, Cantabria, Cádiz, Canarias, y Cataluña.

En las costas de Tarragona Repsol está haciendo ya prospecciones petrolíferas con los consecuentes fallos traducidos en dos vertidos al mar el año pasado. Además de aumentar el riesgo de accidente en las plataformas marinas y el consiguiente desastre ecológico, se suman el aumento del tráfico de buques petroleros en nuestro mar y el consiguiente riesgo de accidente como se produjo hace unos años en las costas gallegas con el Prestige.

Lo que no se entiende es que el Gobierno vote por estar a la cabeza de la lucha contra el cambio climático y potenciando las energías renovables y por otro lado esté favoreciendo este tipo de actividades.

Se debería abandonar la idea de promover nuevas prospecciones y plantearse la sustitución de las ya existentes por energías renovables, como la creación de parques eólicos marinos en zonas aptas para ello, como son las zonas en las que está trabajando Repsol.

Me pregunto si la presión ejercida sobre la petrolera BP por parte del gobierno de Obama hubiese sido la misma en nuestro país y, aún más importante, si tendríamos los medios suficientes para afrontar una situación similar. No hace falta que me respondan, ya lo tengo claro.

Podéis leer este artículo en el diario online ECOTICIAS donde colaboro como articulista de opinión.

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