Tiempos de reencuentros

Los valores perdidos se pueden recuperar. Hay tiempo.

Hace semanas que me planteo este articulo con la esperanza de hacer recapacitar a una parte de nuestra población que, habiéndolo leído, se sentirá identificado o reflejado en el. Des de que empezó la crisis económica que ha provocado el aumento del paro y la pérdida del poder adquisitivo, ha acuciado, aun más, ciertas situaciones familiares complicadas, destruyendo el trabajo en el núcleo de convivencia entero y está produciendo graves desequilibrios matrimoniales, nuestra vida ha cambiado radicalmente.
De hecho creo, lo digo con la más absoluta sinceridad, que en lugar de cambiar esas situaciones, las ha devuelto a su lugar de origen aunque, tras tantos años de bonanza económica alimentados por la permisividad de las mismas entidades financieras que ahora nos ahogan, no las recordemos o las veamos muy lejanas en el tiempo.
Estamos volviendo, fruto de esta crisis, a situaciones anómalas hace unos meses aun sabiendo que esas mismas situaciones son, o deberían ser, habituales. Como tenemos familiares, algunos de ellos tan cercanos como nuestra pareja, que se han sumado a la mayor empresa del país, llamada INEM, hemos recobrado la consciencia en muchos sentidos.
La reducción de nuestros ingresos familiares y la obligación de rehacer nuestras vidas conlleva más proximidad con los nuestros, nos hace replantear el número de salidas para comer o cenar fuera, nos reduce la lejanía o duración de nuestras vacaciones, nos replantea un territorio, el de nuestras casas, que antes era lugar de reposo para dormir y ahora es paisaje cotidiano para compartir muchas más cosas.
Gracias a la crisis, lamentablemente para muchos, hay quien pasa más tiempo en casa y este aumento de la permanencia en el hogar les comporta, otra vez aunque suene a pasado, el hecho de recobrar un valor tan importante como el de compartir, escuchar, hablar, proponer o inventar elementos en común para hacer más llevadera esta mayor compañía.
Se redescubren con ello nuevas sensaciones, emociones, sentimientos. Somos más humanos y más sencillos dejando a un lado esa cultura del consumo que, al final y sin quererlo, nos ha consumido a nosotros mismos. La relación de pareja llega a su destino reforzándose o poniendo su punto y final. La crisis ha salvado muchos matrimonios que, en otras circunstancias económicas más favorables, estarían destruidos. Como no hay dinero, se aguantan ciertas situaciones y es en esta prueba donde se comprueba realmente la fuerza de la pareja. Los que aguanten este chaparrón envejecerán juntos y los que desfallezcan por el camino habrán demostrado la fragilidad de una unión que, por culpa de uno u otro, se deshilacha a la primera de cambio.
Esta crisis, más allá, de sus consecuencias globales a nivel mundial, habrá sido y sigue siendo un elemento clave para demostrar los valores más sencillos de la convivencia humana. No hay mal que por bien no venga y, en tiempos de vacas flacas, se fortalece aún más aquella famosa frase que dice: renovarse o morir.

Este artículo será publicado en los próximos días en Cambio 16 donde colaboro como articulista de opinión.

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