Mudando la piel

Estamos sometidos a cambios constantes. El mundo gira y nosotros con él. Se trata de cambios personales, vitales, previsibles o esperados, corregibles o símbolo del fracaso. Uno debe ser consciente de esos cambios y amoldarse a la sociedad en la que convive como se adaptan las especies animales a sus medios.

Atrincherarse en una posición cómoda para ver cómo pasan los días y son los otros los que se derrumban ante nosotros, se antoja ahora mismo como un error que nos condenará para siempre. Porque es ahora cuando debemos entender el momento que nos toca vivir y caminar con la consciencia necesaria para evitar hundirnos.

La crisis nos ha marcado de por vida y nos ha enseñado muchas cosas y traído muchos valores adormecidos en nuestro interior. Si sabemos entender la lección que nos ha dado, y nos da aun hoy, tenemos posibilidades de no naufragar. Si no somos capaces de ver esto, estamos condenados al fracaso.

Hace tres años pasamos de la bonanza al caos económico, se rompió la burbuja y con ella caímos todos pasando del mundo de fantasía donde habíamos sido felices hasta la más pura realidad. El siguiente año fue el de asimilación de la situación, el de los lamentos y las tristezas. Y ahora estamos en el tercero, el que nos obliga a la auto superación, a renovarse en todos los sentidos o morir.

Los bancos son ahora las principales inmobiliarias del país, miles de personas se han quedado sin hogar, sin empleo y sin un futuro esperanzador. Nos creíamos Dioses intocables y la crisis nos ha demostrado que somos, y ya lo éramos en aquel entonces, simples mortales. En España hay ahora más indigentes que nunca y las listas de personas que acuden a comedores sociales y a las entidades y colectivos que reparten comida no paran de crecer.

Hemos tenido que frenar de golpe y dar un giro a nuestras vidas como si fuésemos el Doctor Jekyll y Mister Hyde. Lo hemos hecho algunos porque hemos visto a tiempo que nuestro entorno cambiaba y debíamos cambiar a su lado, porque hemos sabido que los buenos tiempos de bonanza ya no volverán y, sobretodo, porque hemos entendido que sembrando se recoge y más en épocas malas donde las recompensas, como los castigos, son mayores.

Los ricos son menos ricos pero los pobres se mueren y dejan de serlo. También hemos entendido esta nueva escala sociojerárquica que nos ha recordado que somos mortales, que podemos estar enfermos, que podemos caer en la más absoluta pobreza, que podríamos depender de las ayudas de otros, que igual un día, sin quererlo, nos encontramos completamente solos.

Dice un amigo mío en una de sus poesías, que vamos tejiendo día a día nuestro propio tapiz de felicidad pero que este es tan débil que, con el mínimo roce, se deshilacha y es en ese momento cuando no sabemos cómo coser los años con los daños.

Quizás si supiésemos vivir mejor y con menos lujos, dando más sentido a la vida presente que a lo que nos tocará vivir, seriamos menos débiles cuando la marea crece para intentar ahogarnos a todos salvo a aquellos que ya nos habíamos puesto a resguardo a tiempo. Como diría el gran Plutarco, El cerebro no es un vaso por llenar, sino una lámpara por encender.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s