Tiempo para cambiar nuestro tiempo

Toda la vida es cíclica. Estoy convencido de ello. Vuelven los peinados de los años sesenta, regresa la moda de los setenta, los locales se decoran igual que en la década de los ochenta. Lo que no hemos recuperado aún de esas épocas pasadas son los valores que las regían y que hacían a ese mundo del momento más humano.

Algunas acciones sencillas se han perdido en el tiempo. Hablo del simple gesto de hablar como lo hacían cada tarde los vecinos de una misma calle, del respeto que mostraban los niños ante la gente mayor a quien se hablaba de usted, de la confianza en pedir un favor a otra persona cercana sin vergüenza y sabiendo que otro día serías tu quien devolvería ese favor.

La sociedad más cercana se complementaba y donde uno no llegaba por no saber hacer una cosa, recibía la ayuda de alguien que si la sabía hacer. Coser los bajos de los pantalones del hijo de la vecina, cocinar para la madre enferma de nuestra amiga que trabaja a mediodía, leer cartas a quien no sabe leer, cortar el pelo a tus hijos y las hijos de los vecinos. Acciones cotidianas de colaboración que humanizaban el entorno más inmediato y también el mundo entero.

Todo se perdió, o no. No podemos afirmar que haya finalizado ese ciclo de acciones porque de ello se han encargado, sobretodo estas últimas dos décadas, unas entidades que nacieron en Italia y que se implantaron casi contemporáneamente en Portugal y en España. Me refiero a los Bancos del Tiempo, asociaciones locales donde la gente intercambia como única moneda de pago su tiempo.

Se repite aquella acción de dar para recibir y ser generoso para que lo sean contigo. Quizás lo único que podemos agradecer a esta maldita crisis es que gracias a ella nos hemos vuelto más sencillo y nos hemos vuelto a humanizar. Los Bancos del Tiempo tienen ahora su rol y su importancia en este espacio llamado mundo. Ante la falta de medios económicos la gente reinventa las situaciones y está más comprometida en eso que antes dejábamos en un segundo plano que se viene llamando, desde siempre, solidaridad, ayuda al prójimo.

Estoy contento de poder avanzar que ya hemos empezado a gestar el futuro Banco del Tiempo de la ciudad de Tarragona. Contamos con la ayuda de los responsables de estas entidades a nivel estatal y con el asesoramiento de los coordinadores de los bancos más cercanos de nuestro territorio. Tengo claro que su apertura será exitosa porque hay mucha gente que tiene capacidades para compartir y necesidades que recibir.

Todo tiene un porqué, su explicación lógica, causa y efecto. Quién nos iba a decir que un mal momento nos llevaría a una buena situación. Es verdad que cuando perdemos la capacidad económica nos hacemos ricos con nuestra otra capacidad, la de ser más personas, menos fríos y más transigentes. El tiempo es buena compañía si lo sabemos aprovechar. El regreso a las antiguas modas, ese gesto cíclico que comentaba al principio del artículo, nos da lecciones sin que las veamos a menudo. Y recordad que todo lo que no es eterno está eternamente pasado de moda.

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