El Duque de Palma y el trabajo real de las oenegés

Siempre me he proclamado republicano. No creo en las monarquías ya que no son elegidas democráticamente por el pueblo. Pero a cada uno lo suyo. Al mismo tiempo he reconocido el gran papel que tuvo nuestro rey en el proceso post franquista y en la instauración de la democracia además de destacar su labor como embajador de nuestro país en el mundo entero.

Y cómo a cada uno le toca lo suyo corresponde hablar, a raíz del caso de Iñaki Urdangarin, del papel que realizamos las ong y las fundaciones en este país para evitar que se generalice y que, por culpa de unos, se manche la imagen de todos. La labor que realizamos estas entidades, casi siempre sin ánimo de lucro, es vital para ayudar a equilibrar este mundo tan descompensado social y económicamente.

Los proyectos en países pobres son realidad gracias a las ong que los impulsan, al trabajo de fundaciones y a la tarea de campo y presencia, siempre incansable, de los voluntarios y cooperantes. A menudo se corren riesgos y en algunos casos ayudar se traduce en perder la vida. La lista de cooperantes asesinados estos últimos años, por no hablar de la de secuestrados, es demasiado larga.

Mucho precio se paga por la voluntad de ser humano y trabajar para los demás para acabar siendo moneda de cambio político entre los que secuestran para negociar con los gobiernos. Es injusto pero es así y se asume tal y como funciona el sistema. Lo que no se puede admitir es que personas como Iñaki Urdangarin manchen la imagen del trabajo hecho para enriquecerse en nombre propio gracias a ayudas que muchas de las ong y fundaciones desearíamos para aprovechar en proyectos solidarios.

Tener acceso directo a estas subvenciones cuando uno tiene el nombre adecuado y el contacto ideal para conseguir mayores ayudas forma parte del sistema, totalmente alterado, al cual estamos sometidos. Mueven dinero que no llega a ningún lugar o, mejor dicho, llega a sus paraísos fiscales para acabar siendo malgastado.

Dejando el presunto delito cometido, y sus efectos a la justicia que ha hablará en su momento, debo decir que esto no ayuda en nada a seguir trabajando. Muchos han tirado la toalla al no poder llevar a cabo la labor de su ong. Otros hemos estado a punto de tirarla y aguantamos haciendo malabarismos para llegar al siguiente año en condiciones pero nos quemamos aun más al ver que no podemos competir con ciertos mercenarios que trafican con dinero destinado a los sentimientos de personas que lo pasan mal y necesitan ayuda.

En nombre de los miles de cooperantes y voluntarios, de las personas que trabajamos en silencio para mejorar una situación compleja, gracias por hacer posible vuestra labor y no os desaniméis y colguéis la toalla. A los que confiáis en la labor de las ong y de las fundaciones os hago otro llamamiento muy importante: que no se estigmatice a nadie y que se siga dando apoyo cómo se ha hecho hasta ahora. Hay que ser inteligentes pero sobretodo humanos y conscientes que la labor que hacemos es necesaria. No paguemos todos en nombre de unos pocos o, como dice la frase y os la dedico personalmente, que el árbol no te impida ver el bosque. Hay mucho por hacer, demasiado para abandonar.

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