Con la cabeza, con el corazón

No se trata de vivir, como decía Gil de Biedma, en las ruinas de nuestra inteligencia. Se trata de vivir con el corazón y ahora que se ha demostrado que el corazón piensa y tiene su cerebro entiendo más mi forma de ser y mis acciones que, por otra parte, he tenido siempre claras.

Siempre ha aplicado el razonamiento para tomar decisiones, para vivir emociones y para intentar entender todas las opiniones y reacciones. Quizás por eso de pensar con el corazón, y por supuesto también con la cabeza, puedo estar contento de sentirme a gusto, y necesitarlo, rodeándome de un equipo humano que ahora, en tiempos donde los dineros no abundan y se demuestra el movimiento andando, toca aplicar imaginación y tirar del otro capital, el capital humano.

Ante la obligación de seguir haciendo llegar el mensaje de que otro mundo es posible, ese mismo que siempre he defendido y que trata de ser más justo y más solidario, saber explicar las ideas y los proyectos, y sobre todo transmitirlos, es mucho más útil y genera mejores resultados.

La cooperación, campo donde llevo trabajando muchos años, se basa precisamente en la proyección de necesidades que se solucionan contando con los que las sufren y los que las intentan remediar. La solidaridad es ese mismo concepto, alguien a quien le falta y otro alguien que puede y sabe dar.

Otro ejemplo claro lo encuentro en el medio ambiente. Se mantiene el planeta si hay ciudadanos preocupados y motivados que se unen para paliar, con unión y un solo enfoque, agravios y problemas. De ahí lo que comento que es importante pensar con la cabeza pero actuando con el corazón que es quien nos dicta nuestros movimientos y marca nuestra sinceridad.

Hace pocos días, en la clausura de las jornadas científicas de Mediterrània, pensaba en todo esto. Tras veinte años de trabajo intenso e incesante te das cuenta que el espíritu con el que nació esta actividad, con el simple objetivo de concienciar y formar, se ha mantenido. Comentaba en mi discurso ante el público que en estas dos décadas han pasado por las jornadas más de tres mil alumnos y más de cuatrocientos ponentes, y que hemos atendido a más de veinte mil alumnos en las actividades de educación ambiental. También recordé que han pasado muchos políticos y representantes de instituciones. Han cambiado las caras pero no la esencia ni el marco que no es otro que la propia semana dedicada a la concienciación que os comentaba.

Nos apoyamos en los otros y estos otros se apoyan en nosotros. Es el tándem o grupo humano el que lo impulsa todo pero para ello hay que creer con el corazón que lo que quieres lo consigues. ¡Qué grande y maravilloso saber que no estaba equivocado y que el corazón tiene su cerebro!

Os propongo a todos y todas ese sano ejercicio de escucharlo y actuar con él. Vamos a dar vida a quien nos la da a nosotros, a contar con sus razonamientos. Vamos a ser más humanos. Si todos lo intentamos seguro que se logra ese mundo mejor que siempre hemos necesitado y por el cual debemos luchar. Con la cabeza, con el corazón.

 

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