Desacuerdo con los acuerdos de Rio+20

No hay que permitir que las propuestas de la sociedad caigan en un pozo sin fondo

Para aquellos que hace muchos años que luchamos por el medio ambiente y que teníamos aún ciertas esperanzas en que la cumbre de Rio+20 diese sus resultados positivos y esperanzadores, el balance final de este encuentro no nos anima demasiado.

Que se concluya que deben ser las personas individuales y las empreses las que lideren los cambios futuros y los que hagan los esfuerzos, dejando en un segundo plano a los gobiernos, no da muchas fuerzas para mantener el discurso por el que siempre hemos luchado.

Pero seguiremos preconizando aquello por lo que creemos ya que Rio+20 no deja de ser una reunión de buenas intenciones generada por la presión social que ha reunido a líderes de gobiernos que, una vez más, han pasado de puntillas por un tema tan urgente como salvar nuestro planeta y la búsqueda de las formulas para conseguirlo.

Lejos de conseguir algo, se acabó la reunión en Brasil sin nada que sorprenda, sin alegrías ni la posibilidad de poder decir que se ha tomado una buena decisión. La sociedad debe ser un eje clave para desarrollar los cambios, como las empresas también, pero no se puede dejar al margen a aquellos que tienen en la mano el poder de cambiar las leyes y las reglas del juego.

Si seguimos concediendo a los gobernantes de turno ese rol de poder que ya tienen y que les permite dominar la partida en función de sus conveniencias vamos servidos y apañados. Nuestro ministro, Arias Cañete, dice que Rio+20 marca la senda pero debemos preguntarnos cuál es el camino de esa senda que proclama el ministro español.

Si cien jefes de estado reunidos tres días concluyen que ellos deben quedarse en la retaguardia para pasar la pelota a la sociedad, a la misma que cuando quieren y les conviene no escuchan, repensémonos la necesidad y utilidad de futuras cumbres. O salen al campo de batalla, escuchando a la tropa que es el pueblo y preconizando el mensaje que se acuerde entre todos, o mejor que se rindan al enemigo.

La batalla a ganar  no es la del planeta. El enemigo a vencer es el tráfico de influencias de ciertas multinacionales, el trato de favor hacia ellas a cambio de objetivos personales, la malversación sin castigo legal, todo lo que se hace con nocturnidad y alevosía, acciones que llevan a nuestra tierra al caos, que le acortan su vida y su futuro.

Ahora que está fresco el paso de la cumbre de Rio hay tiempo todavía de generar el debate necesario para reconvertir las ideas en proyectos y para modificar ciertos acuerdos absurdos. Que sean los movimientos sociales los que lideren pero que ese liderazgo sirva para exigir a los mismos gobernantes que se han lavado las manos que sean valientes y se pongan al lado, al mismo nivel, de sus pueblos.

Sumar siempre para evitar más divisiones. Esa es la senda señor ministro. No hay más camino.

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