Ilegales a ratos, olvidados del presente

Muchos que quisieron traer luz, fueron colgados de un farol. Sirva esta frase del escritor polaco Lec para reflexionar acerca de un tema que tristemente está de moda gracias a la intolerancia de un gobierno que parece no tener memoria.

La decisión de dejar sin cobertura sanitaria, o haciéndoles pagar por ella, a cierta parte de la población extranjera que reside en nuestro país, y que colaboró en tiempos de bonanza realizando muchas de las tareas de paisanos nacidos aquí rechazaban, me parece deleznable.

Cuando las vacas eran gordas algunos se permitían el lujo de decir no a según qué labores que ellos, los inmigrantes desplazados de sus países y llegados a España persiguiendo su sueño, aceptaban sin rechistar. Era ganarse la vida, morir o regresar a su país con el fracaso en la mochila. Y ellos fueron los que en muchas ocasiones, con sueldos bajos y jornadas inacabables, impulsaron sectores productivos importantes como el de la agricultura y complementaron otros, esenciales hasta que estalló la burbuja, como el de la construcción.

Estas personas, imprescindibles antes de la crisis, han pasado a ser los grandes marginados, los olvidados sociales, los “sin nombre” o, para algunos que quieren vivir de espaldas al problema, los innombrables inexistentes.

Muchos trabajaron de manera ilegal pero con permisividad de sus jefes y la manga ancha de las administraciones. Y ahora se les castiga recortándoles derechos que se han ganado a pulso y que otros, nacidos en España, gozan aunque en muchos casos debieran tener menos motivos por tener acceso a ellos. Antes trabajaban “como negros” y ahora se les recuerda su color de piel.

A los que trabajaron aquí y ahora se castiga hay que sumarles todos aquellos que aun siguen llegando a nuestro país mediante pateras, desembarcando presos del miedo en caso que lleguen vivos, a nuestras costas del sur. Se les antoja como paraíso una tierra donde saben que sobrevivir será duro pero conscientes que en sus países y estados su futuro se llamaba muerte.

Se les llama ilegales por estar en un territorio que no es el suyo de origen cuando lo que toca en estos tiempos es el debate real de la multiculturalidad y creer realmente que ningún ser humano es ilegal. ¿Quién nos marca los límites de la legalidad y en función de qué?

Porqué en función de esos límites marcamos las decisiones que competen y afectan a los que llegan a nuestras fronteras. El ejemplo más claro de las cosas mal hechas lo tenemos en el destino final de los ciudadanos subsaharianos que naufragaron en la Isla de Tierra. El gobierno español los entregó al de Marruecos y este los abandonó en la frontera con Argelia, en medio del desierto.

Ambos países se saltaron a la torera los derechos humanos más básicos pero además les negaron la residencia y un posible asilo político. Al contrario de lo que todos creemos, la situación de refugio para estas personas le ejercen los países del tercer mundo y no los que en teoría se llaman “desarrollados”.

Y a las personas que se van de sus países buscando trabajo y comida hay que añadir otro tipo de refugiado que, según la ONU, llegará a la cifra de 200 millones de personas de aquí a solo dos décadas. Son los refugiados ambientales, todos aquellos seres humanos que es forzada a dejar su hábitat tradicional, temporal o permanente, como consecuencia de un desequilibrio ambiental en su país ya sea por peligros naturales o provocados por la actividad humana.

Ante el panorama explicado, me planteo qué hace la otra parte del planeta, la que no debe desplazarse ni huir. La respuesta es triste: quejarse, mirarse la tele, asustarse, asombrarse y nada más.

De poco sirve este artículo si no genera en vosotros, los lectores, la necesidad de hacer más amplio el debate sobre este tema para convertir el debate en una realidad que se llame cambio. Hagamos entre todos el esfuerzo, crucemos las fronteras de nuestros tabús y perjuicios sociales para dar otro sentido a este mundo.

Y permitidme que acabe recordando un fragmento de mi poema “Pateras” que dedique en mi libro “Pellizcos del Alma” a todos los que llegan como pueden a nuestras costas.

 

PATERAS

Ahí en la negra noche,

Empieza la aventura de los sin papeles futuros.

Nada será fácil para ellos.

Ellos de piel oscura, se ponen en manos de las mafias.

Mercaderes de sueños sin escrúpulos

Con corazones resbaladizos y fríos como el mármol.

Los meten en cayucos de plástico y madera vieja

Juntos muy juntos.

No debe quedar un espacio vacío,

Representa más ganancias.

Todos sus  sueños los depositaron

En un banco imaginario.

Unos … los más afortunados llegan a tocar tierra.

Ahí les queda luego…

Comedores comunes, albergues, amistades efímeras,

Alquileres de habitaciones frías,

Búsqueda de trabajos escondidos.

Siempre en la sombra,

Siempre corriendo.

Top mantas o cocinas húmedas y olorosas,

Controles, policía, siempre el mismo círculo…

Siempre sin papeles.

Otros pasan a ser ahogados anónimos,

Pieles cuarteadas,

Cuerpos deshidratados,

Ilusiones rotas,

Esperanzas muertas.

 

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Una respuesta a “Ilegales a ratos, olvidados del presente

  1. Querido Angel permiteme una corrección a sabiendas de la amistad y admiración por ti y tú obra: La esperanza nunca “les” muere.

    Miguel Serrano

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