Las crisis y Don Santiago

Hace pocas semanas me invitaron a tomar parte en un libro donde debo plasmar mi opinión sobre la crisis, la sociedad, los valores y el paso del tiempo que durante estas últimas décadas ha puesto en el punto de mira y debate todos estos factores.

Compartir espacio en esta futura obra con personajes de la talla de Odón Elorza, exalcalde de Sant Sebastián y diputado socialista, o con Josu Gómez, Presidente de la Asociación de Progresistas de España, es todo un lujo. Se me pide una radiografía real del pasado y de los tiempos presentes. Creo que como persona que ha defendido siempre los mismos valores, gobernase quien gobernase, no me será difícil cumplir con la tarea encomendada.

El encargo coincide además con la muerte de Santiago Carrillo, una desaparición que lamento profundamente. Hablamos de un personaje con mayúsculas que, dejando a un lado los actos de su vida que han levantado más polémica, pasará a la historia como una persona que siempre defendió sus ideales y los llevó como bandera hasta el último día de su vida.

No escondo que en su momento yo fui un fiel opositor a ese nuevo comunismo, llamado eurocomunismo y que habían adaptado algunas naciones de Europa Occidental en los años 70, que tanto defendió Don Santiago. Considerarse comunista y estar presente en según qué pactos de la Moncloa comportaba críticas de todos los que luchamos en las izquierdas desde otras trincheras como el MCC (Movimiento Comunista de Catalunya) o la Liga Comunista. Unos considerábamos desacertadas ciertas reformas del gobierno de aquella época y otros las defendían a ultranza.

La historia fue pasando y, aún con las diferencias comentadas, Carrillo mantuvo firme su rol de comunista. Santiago Carrillo vivió de lleno, en etapa de adolescente, el crac económico español de 1929. Y nos ha dejado en medio de otra crisis que tiene como elemento esencial el ámbito económico pero que es también política, social y de valores.

En una de sus últimas entrevistas el propio Carrillo decía que viendo como están las cosas en estos momentos hubiese sido imposible conseguir el consenso logrado en su momento para llevar a cabo la transición. A sus 97 años tenía aún la capacidad de hacer reflexiones y análisis imprescindibles y evidentes. Con la que está cayendo a nivel económico, la desafección de la sociedad con la política y la pérdida constante de valores coincido con su reflexión y la comparto.

Tras cuatro años escribiendo artículos sobre la crisis y la sociedad, documentos que espero plasmar en su momento en un libro, tengo claro que hay intereses creados en silenciar las claves de la salida de la crisis porqué mientras dure los ricos se enriquecerán más a costa de los pobres que serán todavía más pobres. Y también porqué veo que nuestros políticos actuales, todos ellos sin diferenciar colores ni partidos, se llenan la boca con el famoso rescate pero ninguno de ellos se atreve a decir alto y claro que la solución pasa por acabar con unos de los principales culpables reales de la crisis. Y estos no son otros que los bancos y los banqueros. Así de sencillo.

Ellos, conjutamente con algunos grandes multimillonarios que se creen los dueños del mundo y algunas multinacionales, que piensan que todo lo pueden comprar con dinero, nos han puesto al resto contra las cuerdas.

Nos recortan prestaciones y nos dejan sin derechos fundamentales a costa de alimentar a bancos y cajas que reciben un dinero que es nuestro pero que se quedan para ellos y no sirve para aliviar ninguna economía personal ni empresarial. Ya afirmé en una ocasión que los bancos son aquellos que te prestan un paraguas cuando hace sol y te  lo quitan cuando llega la tormenta. Y así viven bien sacrificándonos a nosotros, el pueblo.

Volviendo a Santiago Carrillo, y acabo, coincido también con él cuando decía que la situación actual era más que compleja y se ponía las manos a la cabeza. Esto y al paso que vamos, señoras y señores, no lo salva ni Dios. O cambiamos los papeles o los perderemos por completo. Si desde el gobierno nos recortan derechos, recórtemeles a ellos sus poderes de gestión. Si los bancos nos cierran el grifo, cerrémosles nosotros el nuestro a ellos.  O flotamos todos o nos hundimos pero con ellos.

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