Cambió el año, siguen los desahucios

desahucios

Se acabó el 2012 de la peor de las maneras y empezamos el 2013 con las mismas nubes negras que ya oteaban en nuestro horizonte más cercano, en nuestro día a día marcado por una crisis que se acrecienta tras saber que nos suben la luz, la gasolina, los peajes y tantos otros servicios que utilizamos y necesitamos.

Este nuevo año huele a viejo, al que hemos dejado atrás y que ha estado marcado por los desahucios de miles de familias y una política del gobierno central basada en rescatar a la banca sin juzgar a los banqueros y dejándonos a los ciudadanos en quiebra económica y moral. 2012, como 2013, es época de ver como los chorizos siguen mangando a sus anchas, los corruptos se siguen forrando y el pueblo se ahoga.

Rajoy empieza el año aportando negatividad y Rubalcaba pide una prórroga de los 400 euros para los parados pero los dos tienen un punto en común. Ambos saben que ni la realidad ni los buenos propósitos son ahora útiles para un pueblo que pide a gritos soluciones y no quiere ni discursos vacios y dramáticos ni buenos propósitos que no llegaran a nada.

La Constitución Española ha pasado a ser un mero papel mojado que no se respeta por culpa de la falta de imaginación de los que gobiernan y la pasividad de los que deberían se oposición. Entre los unos y los otros, España se hunde y ellos, que siguen cobrando, son incapaces de tomar decisiones unánimes y aprobar o modificar leyes antiguas que llevan a los españoles al total desastre.

Lo de los desahucios huele a podrido. El pasado mes de octubre se aprobó una prórroga para casos extremos y hubo el compromiso de crear un parque de viviendas de alquiler social con una renta baja y razonable para la mayoría. Se sacaron de la manga un documento que permitía posponer algunos desahucios de muchas familias aunque no la dación al cien por cien. Primero decían que la medida beneficiaba a muchas pero finalmente vimos que solo a unas cuantas y que la mayoría de los afectados seguían contra las cuerdas sin conseguir la tan demandada dación.

Ni las muertes, suicidios mejor dicho, que han tenido lugar hasta ahora por parte de personas asfixiadas por las deudas hipotecarias han conseguido cambiar el rostro, siempre impasible, de nuestros representantes políticos. Los jueces han empezado a paralizar los desahucios pero con cuentagotas. Ellos mismos saben que el sistema actual es una injusticia y que la dación para todos debería ser la solución.

Pero ni la justicia ni la presión de las muchas plataformas que pedimos el cambio, entre ellas la que creamos desde la Coordinadora de Entidades de Tarragona que presido, han conseguido todo lo que deseamos. Si, es cierto que nuestra campaña ha servido para que algunos ayuntamientos se hayan comprometido a no operar con aquellos bancos y cajas que permiten y ejecutan los desahucios.

Pero también lo es que las entidades financieras tienen bien cogidas a las administraciones que, tras una pésima gestión de nuestros recursos llamados arcas municipales, han generado unas deudas que tendrán que ir reduciendo durante décadas y que están contraídas con la gran mayoría de los bancos y cajas con los que no deberían trabajar más. Es, como he dicho en otras muchas ocasiones, el pez que se muerde la cola.

Pero ahora cambia algo muy importante. El pez ya no tiene carne y la espina que le queda la llevamos clavada sobre nuestras cabezas todos los que trabajamos a diario y no tenemos la culpa que los ayuntamientos dilapidasen nuestros dineros y los bancos dedicaran sus recursos a alimentar a sus consejos de administración y a grandes empresas dejando a un lado las necesidades del principal motor de este país, los autónomos, pequeñas empresas y trabajadores con contrato.

El escuálido pez nos condena a la crisis de nuevo y antes que nos remate debemos reaccionar. Hay que marcar a los bancos y cajas, poner contra las cuerdas a los corruptos, exigir responsabilidades a los malos gestores, condenar con penas de prisión a aquel que robe, extorsione, sea corrupto, trafique con influencias, goce de amiguismos y perjudique con su gestión a otras personas inocentes.

No hubiese querido dedicar mi primer artículo del nuevo año reincidiendo en un tema que debería tener ya sus cauces de solución pero soy consciente que si todos los que denunciamos estos temas pasamos a un segundo plano y callamos, el final estará en la esquina. Si mantenemos viva nuestra voz quizás lograremos algo. Como mínimo, intentémoslo.

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