Con derecho al pataleo, obligados al rebote

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No intento en este artículo hacer apología de nada pero me creo en el deber de seguir denunciando lo que considero un acto cercano al terrorismo de estado. Uno se amedrenta ante los problemas que nos tocan vivir a todos por la condenada crisis que unos crearon, los mismos que la acabaran cuando consideren, y que nos tiene a todos ahogados, ninguneados y al borde del abismo.

En nuestro país salen cada día a luz pública casos de corrupción política pero jamás conocemos ningún nombre de un corrupto que sea juzgado y encarcelado por sus fraudes, por el derroche del dinero público al que estamos sometidos de manera constante. En nuestro país hay quienes choricean a su libre albedrio y después estamos los otros que tenemos dos opciones: callar o seguir quejándonos.

Pero tengo la amarga sensación que aún quejándonos, la clase política se chotea de nosotros y pasa de nuestras protestas. Se creen generosos dejándonos salir a la calle por nuestro derecho al pataleo pero violan constantemente los otros derechos que tenemos y deberían ser fundamentales. Si la gente no tiene trabajo o pierde la casa les importa bien poco porqué ellos a final de mes se reparten el pastel con sueldos insultantes y mantienen la cara bien alta.

Algunos colectivos, como el de sanidad, han cambiado la forma de protestar llevando a la calle su realidad aplicando el humor o el folklore. Y ni así, llamando más la atención, han conseguido que nada haya cambiado. Llegas a pensar que no les importan las formas en que el pueblo se movilice puesto que ellos viven realmente aislados de la realidad de los ciudadanos. Salir a la calle haciéndonos ver con danzas es simple poesía que no resuelve esta novela negra que están escribiendo nuestros representantes políticos y en la que nos ha tocado el papel de cadáver.

Y lentamente se va incrementando la crispación social y se calientan los ánimos de las miles de personas y familias que sufren la nefastas consecuencias de la gestión de unas personas que a final de mes se lo llevan calentito y viven sin problemas, que tienen dinero para dietas y alojamientos, que cobran del estado, del dinero que es del pueblo, diez o veinte veces más que lo que perciben las personas que aun tienen la suerte de tener la ayuda de los 400 euros.

Si esto no para pronto preveo una revolución social sin precedentes y usando formas nada ortodoxas para conseguir el cambio. Si a las buenas no se les ha hecho entender a nuestros políticos que estamos hartos, ¿Cómo quieren que el pueblo les saque la venda de los ojos para que vean la realidad y pongan solución a este caos?

Si ellos no nos respetan, ¿por qué hay que respetarlos a ellos o temerles? ¿Por qué debemos aguantar más esta opresión a las que nos sometemos de manera voluntaria como sociedad? Hay que demostrar nuestro rebote sea como sea pero me temo que al final se perderán las formas y entraremos en un ciclo que no nos conviene aunque también creo que sea necesario.

Seguiré pensando que hay que cambiar, dar un giro al modo de protestar siempre desde el máximo respeto pero con el mensaje bien claro. Lo que también sé es que la paciencia tiene un límite y la cara dura de algunos no tiene fronteras. Por lo que más queremos, apliquemos la inteligencia y unámonos todos para derrocar a los que abusan del sistema. Somos humanos, que no nos vejen más!.

Ángel Juárez Almendros

Presidente de Mare Terra Fundación Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra.

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