El Papa se va, los otros se quedan

adios

Ahora que el Papa ha anunciado su renuncia al cargo por motivos de salud, una decisión que ha llegado a todas las partes del planeta y que se planteaba como impensable en un estamento donde los electos a representar a Dios ocupan el cargo hasta su último día salvo casos concretos y el más reciente fue en el año 1415, se me antoja reabrir de nuevo el debate sobre la regeneración y los cambios.

Dimitir, renunciar, abdicar, retirarse, despedirse o irse. Hay numerosas opciones para dar paso a savia nueva cuando uno cree que ha cumplido su ciclo o por motivos de salud debe cerrar su etapa o episodio. No pasa nada por hacerlo ni nadie se muere tras dejar un cargo. Quizás es que en nuestro país los políticos tienen miedo a que les pase algo si abandonan ese lado cómodo de la trinchera que ocupan, siempre bien protegidos, donde la lucha se ve de lejos y no comporta pisar el verdadero campo de batalla, espacio en el que cada día, miles de españoles pierden sus trabajos, prestaciones, viviendas y hasta la dignidad.

En España, desde hace años, se ha confundido lo de ocupar un escaño, sea en el congreso en un ayuntamiento, con quedarse con él permanentemente, aferrarse al sillón y sumar mandatos para jubilarse en un cargo que otras personas podrían haber ocupado pero jamás han visto.

En algunos partidos políticos hay tres tipos de personas: los que lo dirigen desde la sede, aquellos que lo representan en las cámaras o administraciones y, por último, la gran masa formada por los militantes que se afilian creyendo en las siglas y acaban viendo como estas son únicamente el modus vivendi de las otras dos clases de personas citadas, simplemente un invento para que unos vivan bien a costa de los otros.

Al despiporre de estas formaciones, acribilladas por los escándalos de corrupción de algunos de sus representantes, se le suma ahora el circo de los sobres que ha demostrado que si las cosas estaban mal, podían ir aun a peor. Y lo peor del caso ha sido ver a políticos que estuvieron ocupando todos los cargos posibles, en el senado o en comunidades autónomas, dando lecciones a otros miembros de su propio partido y pidiendo dimisiones.

Como sucede siempre, quedan en la lucha, otra muy diferente y mucho más limpia aunque la recompensa no sea el bienestar propiciado por mantenerse a flote a costa de los otros, los ciudadanos que sacan cada día la cabeza, intentan reinventarse, y protestan aunque algunos no les escuchen. Pero estos ciudadanos, y me considero uno de ellos, no nos callamos, seguimos al pie del cañón y evidenciamos las vergüenzas de todos aquellos que nos representan y creen que nadie ve lo que hacen, ni les vigila o controla.

Al final, los que no quieren ceder su asiento al relevo generacional que tocaría experimentar y sería justo, hacen que la brecha social entre el pueblo y los políticos y serán ellos mismos los que seguirán provocando esa desafección constante y creciente que provoca que unos estemos indignados y otros nos indignen. Con el Papa en las puertas de la jubilación, que otros menos santos y menos mártires tomen ejemplo.

Ángel Juárez Almendros

Presidente de Mare Terra Fundación Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra.

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