Buscando alternativas desde el agujero

SUBIENDO-LA-CUESTA

Me comentaban hace poco que, en el contexto de la crisis que nos ahoga desde hace demasiado tiempo, estamos resbalándonos. Explico de otra manera, nos encontramos en el fondo del agujero negro y a cada intento de subir cuesta arriba, patinamos en el fango y caemos de nuevo a lo más hondo.

Cuando te das cuenta que te han robado lo más esencial, como la ilusión, la esperanza, el trabajo y los derechos más fundamentales, uno se siente obligado a diversificar sus facetas y sus acciones. Y aun así, el esfuerzo es faraónico para aguantar y no hundirse, para mantenerse a flote y en la trinchera que siempre uno ha defendido. La crisis ha acabado con cientos de pequeñas empresas, con otras más grandes y, muy especialmente, con entidades y ong’s como la que tengo el placer de presidir y que aun subiste, Mare Terra Fundación Mediterrània.

Las pocas que quedamos tuvimos la visión de autofinanciarnos para evitar que nos cortasen las alas con los recortes de las subvenciones de las administraciones que han pasado de apoyar todas las causas a dejar en la estacada cualquier campaña o proyecto de cooperación, de medio ambiente, de sostenibilidad…

En el proceso de desaparición de todas estas empresas y entidades también se ha extinguido la clase media y España es ahora un país con una clase baja que es mayoría y una clase alta que reúne cada día más riquezas. La economía solo va bien para los bancos y para aquella parte del sector empresarial que ya funcionaba bien antes del caos social y económico que han aprovechado para fortalecerse aun más económicamente. Reducir las plantillas y contratar a personal con salarios de miseria, apostando por mano de obra barata para competir con otros países europeos y asiáticos, ha sido su salida a la crisis. Ahogar al vecino para nadar en la abundancia en nombre propio.

Pase lo que pase, los bancos y las grandes empresas seguirán ganando cantidades insultantes de euros y sumando beneficios. Haciendo esfuerzos y dejándonos humillar para conseguir un trabajo basura, que es lo único que se ofrece ahora a los parados, quizás el número de parados bajará los próximos años en medio millón de personas. Pero cabe recordar que hay seis millones de españoles sin empleo, ayudas ni prestaciones. Antes, en tiempos de bonanza, teníamos muchas más oportunidades pero ahora, con los pocos contratos posibles y los miles de candidatos para ocuparlos, todo es negro y no hay luz al final del túnel.

Seamos pues bienvenidos al gran resbalón que nos ha propiciado la desesperanza y la tristeza de saber que hoy estamos vivos pero mañana es una incógnita por descubrir.  Sé que saldremos de esta pero será un proceso muy lento y eso debemos tenerlo todos muy claro. Alternativas las hay, siempre las ha habido, pero tendremos que ser hábiles e inteligentes para aprovecharlas. Para recuperar nuestros derechos sociales hay que plantar cara a los más ricos, hacerles ver que no nos rendiremos y que lucharemos por la justicia social que ellos han vilipendiado.

De la misma manera, debemos lograr que el dinero que el Banco Central Europeo prestó a los bancos españoles se dedique a la generación de nuevas empresas y que el estado español rebaje la presión fiscal a todos los autónomos y pequeños empresarios para que puedan contratar a personas que ahora están en el paro. Esto no es un invento mío, ni una visión del momento. Son las ideas, y comulgo con ellas, de los principales economistas de nuestro país.

Y hay algo aun más esencial por lo que debemos trabajar duro y luchar. No hay que permitir que nos hagan pagar a todos una deuda injusta generada por ellos. No podemos convertirnos en los vejados y paganos de los malversadores y manipuladores inflacionistas. Mientras haya una sola persona en el paro y sin ayudas, un solo enfermo sin cama en los hospitales o un estudiante sin posibilidad de ejercer el derecho a aprender o sin oportunidades para obtener una beca no podemos parar de reclamar lo que es nuestro y negarnos a pagar los justos por ellos, los pecadores.

Se ha parado la maquinaria y hay que ponerla de nuevo en marcha. Si todo el engranaje funciona, y nosotros formamos parte vital de él, esta nave llamada España despegará de nuevo y jamás caerá de nuevo, o como mínimo lo evitaremos, a un agujero como el que nos esconde ahora del resto del mundo. No lo merecemos.

Ángel Juárez Almendros

Presidente de Mare Terra Fundación Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra.

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