Los fracasos de Varsovia

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Otra oportunidad perdida, esta vez en Varsovia, para dar aire y más vida a nuestro planeta. La conferencia sobre el cambio climático de la ONU celebrada en la capital de Polonia ha acabado en un saco sin fondo tras comprobarse que las distancias entre la comunidad científica y las industrias son insalvables. Mientras los primeros piden medidas urgentes para acabar con el calentamiento de la tierra, las empresas del carbón, el gas o el petróleo se niegan a aprobar un nuevo modelo energético ante la pérdida de sus facturaciones y el control que tienen actualmente.

No se recuerda hasta ahora tanta presencia de representantes de la industria en una conferencia como la celebrada en Varsovia y este hecho pone en evidencia los intereses creados puesto que el gobierno de Polonia organizó otra conferencia paralela con la Asociación Mundial de Carbón para divulgar la grandeza de la generación de electricidad a través de este combustible. Conocida la existencia de esta segunda conferencia, las organizaciones conservacionistas decidieron marcharse de la conferencia de la ONU y ahí empezó el final de lo que debía ser una cumbre útil para dibujar el futuro de nuestra tierra.

Algunos países en vías de desarrollo utilizan, y abusan de ellos, los combustibles fósiles. Es el caso de la China, la India, Venezuela o Arabia Saudí, donde los gobiernos se niegan a decir cuando van a poner límites a sus emisiones de gases. A la negativa de estos países se suma una cifra muy real y preocupante: se emite a la atmosfera tres veces más de CO2 de lo que permite nuestro planeta y las temperaturas podrían aumentar hasta 4 grados más antes que acabe este siglo.

El pmundial sobre el clima que se preveía cerrar en la cumbre del 2015 en París queda ahora desdibujado y lleno de dudas, sin expectativas sólidas de un posible acuerdo. Ese pacto debería implicar a todos los países del mundo para delimitar la emisión de gases a partir del 2020 incluyendo a aquellos que ahora no están en los acuerdos actuales como Estados Unidos, la China o la India. En Varsovia solo se pretendía que cada nación dijese cuando pondría cota a las emisiones pero ni eso, algo tan sencillo, no se consiguió.

Los que no forman parte del acuerdo, empezando por el gobierno norteamericano y continuando por las principales naciones asiáticas, quieren hablar de contribuciones en lugar de compromisos para marcarse fechas y tener que cumplirlas. Y Europa sale de nuevo perdiendo ante las presiones de la gran potencia mundial y aquellas que ahora llamamos emergentes. La hoja de ruta de París se ha partido en dos y de nuevo debemos estar preocupados por el futuro de nuestra amada tierra. El planeta se tambalea, sufre y nos avisa pero hay gobiernos egoístas que apoyan a las multinacionales dando las espaldas a la salud y el bienestar que cambian por dinero y poder.

Poco les importa a ellos que los avisos lleguen en forma de tsunami o de tifón donde mueren miles de personas, que las temperaturas aumenten sin cesar y los casquetes polares se deshielen o que la atmosfera sea cada vez más irrespirable y más mortal.

Las cumbres son ahora espacios de pérdida de tiempo, encuentros inservibles y la evidencia que este mundo va al declive y al caos si antes no solucionamos todos los problemas a los que le hemos sometido y que lo han llevado a su estado actual. O cambiamos ya o el tiempo nos comerá y haremos un suicidio colectivo.

Ángel Juárez Almendros
Presidente de Mare Terra Fundación Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra

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