La muerte es mentira

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“Algo se muere en el alma cuando un amigo se va” cantaban en aquella hermosa pero triste copla, y qué razón tenían. Hacerse mayor es empezar a ir a más entierros que bodas y, en fin, eso es algo que asumimos como una parte inextricable de la condición humana, así que la postura más razonable es aceptarlo y seguir caminando. Surge esta reflexión por mi necesidad de purificación; no en vano han sido varios los seres queridos que en los últimos meses han fallecido, provocándome una inmensa pena. Y sí, es ley de vida, pero duele igual.

Ya he comentado que a veces tengo la sensación de haber vivido dos o tres vidas en una. Y precisamente una de las razones para sentirme así es que estoy rodeado por centenares y centenares de personas, siendo mi vínculo afectivo más grande (y estando más repartido por el mundo) que el de la mayoría. Por lo tanto, el hecho de que tantos seres queridos me abandonen no debería extrañarme. Al fin y al cabo, si eliminamos nuestras emociones y nos ceñimos a un punto de vista estrictamente racional, es una cuestión estadística. Pero claro, a ver quién es el guapo que se pone a pensar en números y en posibilidades matemáticas cuando le comunican que un amigo se ha ido para no volver nunca más…

El pasado 6 de agosto falleció Guillermo Anderson, cantautor y uno de los artistas más importantes de Honduras y Latinoamérica. Y un buen amigo mío. Guillermo fue miembro fundador de la Red Internacional de Escritores por la Tierra (RIET), y participó en cinco de los siete Encuentros de Escritores por la Tierra celebrados hasta el día de hoy. La RIET fue nuestro punto de unión, y poco a poco, con el paso de los años, en nuestros espaciados pero intensos momentos compartidos, se fue creando una sólida amistad pese a estar separados por el ‘Charco’. La última vez que vi a Guillermo fue en junio de 2015, cuando vino a Tarragona a recoger un Premio Ones, concedido por Mare Terra Fundació Mediterrània, la ONG que presido. Le otorgamos el galardón, según explicamos en la gala, “por impulsar a través del arte y de la música campañas en defensa de la educación, el medio ambiente y la salud universal, por recuperar músicas tradicionales hondureñas olvidadas que corrían el riesgo de desaparecer, por ser la voz de un país necesitado de referentes, y por haberse convertido en el embajador cultural de Honduras en el mundo”.

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Aquel fin de semana compartimos muchas experiencias y emociones. Guillermo nos puso a todos los pelos de punta con su actuación durante la ceremonia. Aquellos que no lo conocían se quedaron con la boca abierta pensando “¿pero de dónde ha salido este hombre?”. También tuvimos tiempo para charlar de nuestras cosas. Yo le expliqué que en ese momento estaba recibiendo un tratamiento para combatir el cáncer que me había atacado. Y fijaos qué cosas tiene la vida, esta vida que puede ser tan perra como maravillosa, que un mes y medio después de aquel encuentro Guillermo me llamó para confesarme que a él también le habían detectado la misma enfermedad. Durante estos últimos meses hablamos con cierta frecuencia, nos dimos ánimos y nos apoyamos mutuamente, ya que sentíamos que librábamos una lucha conjunta, que el enemigo era el mismo y que por lo tanto debíamos estar juntos para derrotarlo. Durante este tiempo nuestra amistad se hizo todavía más fuerte. Desgraciadamente, él no ha tenido suerte y nos ha dicho adiós pronto… demasiado pronto.

Quise escribir estas líneas cuando me enteré de su muerte, pero decidí dejar pasar un tiempo y hacerlo con la cabeza fría. Y es que estas cosas hay que hacerlas cuando uno se siente preparado para ello y lo desea, y no cuando se supone que toca. Ahora que ya estoy listo, quiero que todo el mundo sepa que Guillermo Anderson era un artista incomparable, pero también un ecologista  concienciado, una persona humilde, un amigo fiel y un ejemplo para todos. Y sí, la vida tiene estas cosas, que tan pronto emerge como desaparece; lo asumo, y sin embargo se me hace extraño pensar cuando escucho sus canciones que él ya no está con nosotros. Por eso quería dedicarle este panegírico, por eso quería compartir mis lágrimas con vosotros, por eso quiero creer con más fe que nunca en las palabras de otro amigo desaparecido, Eduardo Galeano, quien escribió que todos nacemos y morimos para volver a nacer, y así será para siempre, porque la muerte es mentira.

Ángel Juárez Almendros. Presidente de Mare Terra Fundació Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra

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Una respuesta a “La muerte es mentira

  1. Por supuesto que la amistad que tenias con Eduardo no es comparable al conocimiento que yo tenia de él.
    En mi recuerdo queda la reunion que tuvimos al dia siguiente de que él recogiera su Premio Ones con refrigerio incluido y sobre todo con velada de “artisteo” que tuvimos en la Escola de Natura donde entre canciones y canciones lo conocí algo más.
    Me quedo con esas canciones en el disco que tengo de él.

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