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Confinamiento: un antes y un después

Estamos viviendo un momento realmente excepcional y, cuando consigamos que todo termine, nos daremos cuenta. La sociedad está cambiando a una velocidad de vértigo. Y algunos de los cambios son positivos. Por ejemplo, en la ciudad de Madrid, la contaminación se ha reducido un 35%. Por esto, creo que en estos momentos tan difíciles, debemos pararnos a pensar, reflexionar y encontrar lo bueno que podemos sacar de todo esto.

Para mi, es muy positivo que la sociedad se esté dando cuenta de todas las cosas que no están bien. Quizás no de todas, pero sí de muchas, empezando por una que es vital, la sanidad.

A día de hoy todo el país se da cuenta de la precariedad que sufre nuestra sanidad pública. Necesitamos más centros sanitarios públicos, más personal y más material. Pero echemos la vista atrás y analizamos porqué. Esto es consecuencia de la privatización de hace 10 años y de los polémicos, pero olvidados, recortes con nombre y apellidos y, por supuesto, con cómplices. El confinamiento actual es una lucha contra el COVID-19, pero también responde a la falta de recursos y de preparación de nuestra sanidad. Pero no confundan mis palabras. La culpa no es de los profesionales sanitarios que están trabajando duramente, sino de los dirigentes. Por suerte, esto está saliendo a la luz y, con esto, muchos de los causantes de lo que estamos viviendo.

Desde la Coordinadora de Entidades de Tarragona llevamos años denunciando las listas de espera y la precariedad laboral, y luchando por una sanidad pública de calidad. Personalmente, en muchos momentos he pensado en tirar la toalla. Me he desesperado viendo la pasividad social. Me he desanimado, por ejemplo, en algunas reuniones de la Plataforma de Salut, donde hablamos de salvar vidas y de temas sociales fundamentales, y acudían muy pocas personas. ¿No importa la vida digna? Me pregunto a veces. 

Durante las últimas décadas la sociedad ha estado desmovilizada. La lucha contra la pobreza o los desalojos ha quedado prácticamente obsoleta. Las reivindicaciones de enseñamiento, sanidad, sectores de dependencia o ecológicas, estaban paradas.

En esta cuarentena estamos empezando a valorar los servicios básicos, agradecemos tener agua luz, comida e incluso telecomunicación. Vemos la importancia que tienen estos servicios. Pero no podemos olvidar, que no todas las personas los tienen. Y mientras haya una persona que no disponga de esto, será una sociedad injusta.

Según la “queridísima, adorada y tan mencionada”, Constitución Española, todo ciudadano, por el hecho de serlo, tiene derecho a tener una vida digna: una vivienda, agua, luz, etc.  Es realmente triste que no se cumpla. Los dirigentes lo saben, pero lo ignoran hoy y llevan ignorándolo toda la historia.

Entonces, ¿qué debemos hacer? Debemos luchar por esto, pero no pensando en el bien individual, debemos mirar hacia el bien colectivo. Puede que tu tengas luz, pero tu vecino no. Pues entonces, sal, reivindica y lucha, porqué tu vecino también debe tener luz.

Desde la crisis que estalló en 2008, la clase media empezó a desaparecer. La diferencia entre clases no hace más que aumentar y la sociedad se resiente, y se deteriora. Debemos dejar de ser tan individualistas y, en consecuencia, egoístas. ¿Has hecho algo por los demás? Piensalo, y actua.

Estas líneas pretenden hacerte pensar más allá de lo superficial, apelan a los valores, algo que parece olvidado también en los medios de comunicación. Los hilos de estos canales de difusión los mueven la gente de poder según sus intereses. Y que la gente piense, no les conviene. Quieren una sociedad pasiva, que no se queje. Y la sociedad actual es el resultado.

Os propongo aprovechar la situación actual para cambiarlo. Es un buen momento para creer en los valores de nuevo: responsabilidad, igualdad y, sobretodo, solidaridad. Estoy convencido de que será un antes y un después. Estando confinados reflexionaremos y pensaremos que podríamos haber hecho, pero también que podemos hacer. Y esque, como dice el dicho, no hay mal que por bien no venga.

Sigamos siendo inteligentes y rebeldes, y que no nos quiten nuestra sonrisa, ni siquiera el coronavirus, estando en casa #quédateencasa.

Ángel Juárez Almendros

Presidente de Mare Terra Fundació Mediterrània

Presidente de la Coordinadora de Entidades de Tarragona

Presidente de la Red Internacional de Escritores por la Tierra

31 días sin respuestas

Han pasado 31 días, 744 horas y 44640 de la explosión de la petroquímica IQOXE, y seguimos sin respuestas, sin soluciones, sin asumir responsabilidades. Lo único que mantenemos es el miedo. El Camp de Tarragona sigue atemorizado, ¿a qué están esperando para actuar?

La salud no es un tema que pueda esperar, no se puede dejar para “cuando vaya bien”. Porqué la salud significa vida. Nuestro derecho fundamental de vivir, y hacerlo dignamente, debe ser un tema prioritario en la agenda de todo político, sea cual sea su índole.

Ya ha pasado un mes, y mientras escribo estas líneas, hay más de 200 personas afectadas por la explosión, con sus viviendas o negocios dañados; y cientos más con cuadros de ansiedad o angustia. Personas jubiladas, con una economía reducida, sin una pensión digna, con cartones en las ventanas de su casa, esperando aún que les pongan los cristales. Esta es la triste, pero real situación. ¿Qué culpa tienen estas personas que nada tienen que ver con la química? Simplemente viven en una ciudad llamada “Tarragona”.

Pisos afectados en el barrio de Torreforta | EFE

Es difícil para mí calificar estos hechos. Solo puedo pensar en la inconsciencia y la insensibilidad de los encargados de solucionar esto. Los daños colaterales, la situación de estas personas, deberían haberse solucionado durante las 24 horas después de la explosión, y sin insultar llevando un perito en sus casas o negocios.

Algunos creen que Tarragona vuelve a florecer. ¿Qué veo yo? No veo florecer flores, sino oportunistas. Personas que nunca habían reivindicado un estudio sobre la calidad del aire, que veían correcto el PLAEQSCAT y que consideraban que las medidas ambientales llevadas a cabo eran satisfactorias. Estas personas, a día de hoy, intentan hacerse con la lucha que nosotros hemos estado llevando a cabo durante años, aprovechándose de la grave situación.

En este mismo momento, la CET (Coordinadora d’Entitats de Tarragona) y la Fundació Marte Terra Mediterrània, aún no se han reunido con las autoridades competentes para reformar los planes en caso de accidente o emergencia, como por ejemplo el PLAEQSCAT, los cuales demostraron ser ineficientes el pasado 14 de enero. Nosotros les hemos mostrado repetidas veces nuestra predisposición a encontrarnos. Entonces, ¿de verdad quieren solucionar algo?

Aun así, debemos reconocer la pequeña pero positiva parte de lo sucedido. La lucha empieza a dar algunos frutos. Personalmente, me alegro de que en los presupuestos de este año se destinen 200.000€ para un estudio de la calidad del aire. Es importante recalcar que será la primera vez que nuestro Ayuntamiento será responsable de los medidores del aire y, por lo tanto, también de los resultados. Un concepto muy distinto de lo conocido hasta ahora.

De todas formas, esto es solo una gota de agua en un gran vaso. El resto está por llenar.  En este momento, se han producido 0 dimisiones y 0 disculpas. Nadie, absolutamente nadie, ha demostrado la suficiente madurez o moral para asumir responsabilidades. ¿Sorprendidos? Ya no, pero si decepcionados. Todo se ha quedado en promesas y palabras, promesas y palabras, más promesas y más palabras…

Los cambios que necesitamos y exigimos deben ser drásticos para que la ciudadanía recupere la confianza y podamos vivir tranquilos de nuevo. Políticos y empresarios, ya no es tiempo de palabras, necesitamos hechos, y lucharemos por ellos en las calles de nuestra ciudad. Os animo a todos y todas a vernos el 19 de febrero, porqué 31 días, 744 horas, 44640 minutos después, nada se ha resuelto, nada ha mejorado, nada ha cambiado.

Ángel Juárez

Presidente de la Fundació Mare Terra Mediterrània, de  la Coordinadora d’Entitats de Tarragona y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra

Es justicia y no caridad lo que necesita el mundo

El pasado 2019 fue un año marcado por graves incendios, incluso en el pulmón de la Tierra. Siguen las muertes en el Mediterráneo y los campos de refugiados. La pobreza y la precariedad en las familias no para de crecer.

Nuestros gestos cotidianos para ser más responsables son muy importantes, pero aún lo es más elegir bien a quién nos va a representar: las políticas medioambientales y sociales las deciden los Gobiernos: son responsables de penalizar las malas praxis de las grandes corporaciones, o mirar hacia otro lado, como se ha estado haciendo. ¿Hasta cuándo lo vamos a permitir?

Os pido que ahora más que nunca sigáis siendo revolucionarios, que ahora más que nunca en vuestras vidas sigáis luchando porque el mundo se nos está descomponiendo ante nuestros ojos. O lo intentamos solucionar o pronto será demasiado tarde. Un fuerte abrazo para todos.

Y, por supuesto, recordadlo siempre:

QUE NADIE OS ROBE VUESTRA SONRISA

 

Ángel Juárez

Presidente de la Fundació Mare Terra Mediterrània, de  la Coordinadora d’Entitats de Tarragona y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra

Tarragona, una década de retrasos y atrasos

Estamos a pocas horas de que se acabe otro año. Los años, las décadas, y cualquier otra unidad de medida del tiempo, son referencias para calcular el avance de las cosas. Y de la vida. Hay proyectos que pueden desarrollarse en pocos días, otros necesitan años. En todo caso, diez años es un buen periodo de tiempo para medir el avance de una ciudad como Tarragona.

La Coordinadora d’Entitats de Tarragona tiene una década y media de vida. Nació pequeñita, gracias al impulso de diecisiete entidades, pero ha ido creciendo hasta el día de hoy, en que podemos decir que ya somos un agente de lucha importante en el territorio. En la última comida de Navidad, estuvieron representadas unas cincuenta, de las más de cien asociaciones que forman parte de  la CET a día de hoy. Cada vez somos más: con más ganas y menos paciencia.

Como es tradición, durante el acto pronuncié algunas palabras para hacer balance del año que se acaba. Empezaré por la parte negativa. En nombre de la Coordinadora, manifesté nuestra decepción al darnos cuenta que, a pesar de haber impulsado y asistido a decenas de reuniones, a pesar de la cantidad de tiempo y energía invertidos, a pesar de años de reivindicar temas sociales, de urbanismo y de emergencias ecológicas; a pesar del compromiso de muchos representantes políticos, nos damos cuenta de que se han materializado muy pocos cambios.

Si hay algo que no quieres que se haga, llévalo al pleno.  De todas las reivindicaciones en las que hemos ido trabajando durante estos años en la CET, un buen número se han llevado al pleno en forma de moción. Incluso muchas se han aprobado. Sin embargo, ni un 80% de las mociones tratadas y aprobadas en el Ajuntament de Tarragona se han llevado a cabo. Ojalá existiera un mecanismo de control (¿un plazo máximo de tiempo?) para poder denunciar por fraude, cuando este tipo de compromisos no se cumplen.

En Tarragona tenemos atascados temas de ciudad importantes como la Ciutat Residencial, el problema de aparcamiento en la Platja Llarga, el estudio epidemiológico,  la necesidad de crear un órgano tan democrático como el Consell Ciutadà, el parking de Jaume I, las barreras arquitectónicas. Un sinfín de compromisos y buenas palabras, pero pocas actuaciones. ¿Qué hacemos, ahora? ¿Tiramos la toalla y nos vamos a casa o buscamos nuevas tácticas que generen más impacto? Lo tenemos claro.

Por último, queremos pedir al nuevo año (y a la nueva década) que las administraciones cuiden más a las asociaciones. La salud y la riqueza de ciudades y territorios pasan por una buena y variada red de entidades. Y es por eso que ayudarlas tiene que ser una prioridad para las administraciones públicas (para todas, no solo para los ayuntamientos).  Darles apoyo sin fisuras, asesoramiento,  facilidades. Pedimos que los trámites con las administraciones no sean tan complicados o que, al menos, las entidades puedan contar con personal funcionario a quien recurrir. No hablamos de dinero, sino de apoyo administrativo y material. La CET, sin ir más lejos, hace años que pide un local donde desarrollar todas las actividades que querría poner en marcha.

Que cierren entidades siempre es una mala noticia, igual que el hecho de que lo haga el pequeño comercio.  Por favor, por lo menos que no se deba a la falta de voluntad política….

La parte positiva del balance es que son las personas las que hacen cambiar las cosas, y el tejido asociativo se compone de personas. El factor humano es la clave de todo.

¡Por un 2020 bien guerrero!

Ángel Júarez es presidente de Mare Terra – Fundació Mediterrània y de la CET

O nos implicamos todos o el cambio climático será irreversible

El mensaje es claro: el tiempo se acaba y hay que detener las emisiones de gases de efecto invernadero. Así ha comenzado este lunes la Cumbre del Clima en Madrid.

Han llegado los jefes de estado, gobiernos, primeros ministros y los nuevos altos mandatarios europeos. Pero este no es sólo un problema político, la cumbre se da en medio de una concienciación social sin precedentes para actuar contra la emergencia climática. Es necesario escuchar a la gente que sale a la calle, los jóvenes que están hartos de ver cómo no se les tiene en cuenta y entre todos hacer que el cambio sea posible. Es evidente que no podemos cambiar nuestra huella ecológica de un día para otro, pero también es evidente que no podemos seguir viviendo igual.

Estamos claramente en una crisis, donde los desastres que provoca la emergencia climática, ya son la primera causa de los desplazamientos internos. Según Oxfam Intermón más de 20 millones de personas tienen que marchar anualmente de su casa para efectos, entre otros, de las inundaciones, los incendios forestales y las sequías.

Desde Mare Terra Fundación Mediterrània creemos en la transformación, y el camino para llegar a él pasa por lograr el desarrollo sostenible. La hoja de ruta está marcado: economía, sociedad y medio ambiente deben ir juntos y encontrar el equilibrio entre ellos. Debemos cambiar nuestro modelo de vida, los sistemas productivos, la alimentación. Como dice Cristina Gallach, Alta Comisionada para la Agenda 2030 de la ONU en España, los próximos 10 años serán de transición para que el 2050 no se dependa de las energías de carbón. Cuando la comunidad científica empieza a avisar que si los países no actúan ya, no se podrá limitar las temperaturas globales a un grado y medio al final del siglo, Cristina Gallach pide acción pero también ambición, si la sociedad no cree que se puede conseguir, si la sociedad no lucha por conseguirlo nada de esto será posible.

Ángel Juárez Presidente de Mare Terra Meditèrrania y RIET

La felicidad

¿Qué es la vida? La de las personas, la soledad de ser los únicos seres vivos que sabemos que moriremos. Pero, justamente por eso, también somos dueños de nuestro tiempo, los únicos que podemos gestionarlo. El cómo lo gestionemos ya depende de cómo nos veamos a nosotros mismos, de nuestra fortaleza o nuestra debilidad, de nuestros complejos y de nuestros miedos o de nuestras alegrías.

A veces vivimos tanto que nos olvidamos de ser felices, que conviene recordar siempre que es la finalidad de todos los seres humanos. Vivimos en la perpetua contradicción de una realidad cada vez más escurridiza, unos recursos cada vez más precarios y la obligación de mostrarnos siempre jóvenes, activos, con sonrisas tan falsas como las de muchos candidatos a la presidencia del Gobierno.

La información, que debería guiarnos por esta selva, se ha convertido en una herramienta inútil por excesiva. Cada día recibimos un bombardeo de datos inasumible y, por si fuera poco, en una mezcla de lo verdadero con lo falso, lo importante con lo irrelevante, lo urgente con lo frívolo y, entre medio, que no falten los gatitos.

Ante este panorama, es fácil sentir ansiedad, angustia, miedo o estrés y nos hacen falta herramientas para domar estas sensaciones y recordarnos que la felicidad es nuestro fin último.

En este contexto, estoy muy feliz de la alianza que Mare Terra Fundació Mediterrània ha sellado con la delegació de Tarragona del Col·legi Oficial de Psicologia de Catalunya (COPC) para difundir estas herramientas de salud mental y emocional que tanto nos hacen falta para vivir con más paz.

Tarragona tiene, además, otro foco de malestar personal en el que pensamos poco hasta que lo vemos en todo su esplendor. O mejor dicho, resplendor, el del cielo rojo o naranja por escapes o por incendios. Muchas personas, tras estos accidentes, me han contado que ahora sienten miedo o que están de los nervios por si pasa algún accidente grave. También aquí la delegación de Tarragona del COPC puede ayudarnos, y mucho, a convivir con nuestro paisaje industrial con respeto, pero sin miedo.

Así, me ilusiona muchísimo esta colaboración con el COPC porque está llena de posibilidades positivas para todos. Una de las primeras propuestas que tenemos en mente es la de ofrecer formación en nuestras instalaciones, en grupos reducidos, para saber identificar qué nos produce malestar personal y poder así abordarlo.

Es una satisfacción constatar que la delegación de Tarragona del COPC, en este sentido, es un colegio modélico por su actitud proactiva y abierta a la sociedad. Los profesionales de la psicología no se quedan quietos esperando, sino que salen a la calle a cumplir su cometido: recordarnos que debemos ser felices y ayudarnos a ello.

Ángel Juárez Almendros

Presidente

Mare Terra Fundació Mediterrània

Coordinadora d’Entitats de Tarragona

Red de Escritores por la Tierra

De manifiestos

Nos dice el diccionario que un manifiesto significa – abro comillas-un “escrito en que se hace pública declaración de doctrinas, propósitos o programas”. Subrayo “propósitos” porque manifiesto también puede significar una “exposición del Santísimo Sacramento a la adoración de los fieles” y algunos pueden pensar, por tanto, que los manifiestos van a misa.

Dejemos el diccionario, el academicismo, los tecnicismos y el ponernos estupendos. Para mí, un manifiesto es una declaración consensuada de un colectivo, no de una persona. Yo, como Ángel, puedo opinar sobre todo y ser más o menos rotundo y claro. Eso sería una declaración. Pero si en vez de Ángel, opina un colectivo con varias personas y sensibilidades, es de cajón que deberán consensuar lo que dicen. Y si en vez de varias personas, son más de un centenar de organismos, pues todavía es más de cajón que debe englobar todas las sensibilidades y reflejar la diversidad de esa comunidad. Pero como todo en este mundo, para gustos, colores y por mucho consenso que haya, también habrá críticas y quejas. Qué le vamos a hacer, así es la vida.

La junta directiva de la CET   ha aprobado un manifiesto sobre los hechos que suceden en Catalunya en estos últimos tiempos porque creemos que la sociedad civil tiene que mojarse. Creemos que la ciudadanía no es un ser pasivo que debe conformarse con ser un invitado de piedra, el saco de todos los golpes o la cartera que acaba pagando la fiesta de algunos.

Para aprobar ese manifiesto, párrafo por párrafo, ya se tuvo en cuenta la diversidad que representamos e intentamos buscar los puntos de acuerdo: a nadie, pensamos firmemente, le gustan los daños; el diálogo es una salida mejor que la violencia y todos queremos una sociedad más justa, más próspera, más equilibrada y más concienciada. Vaya, supongo.

No me ha sorprendido que el manifiesto, titulado “La CET hace un llamamiento a desescalar la tensión” haya suscitado muchísimas reacciones. Es un tema tan candente que muchos temen posicionarse, se autocensuran para no agitar ningún avispero.

Debo decir, como Ángel, que agradezco que la mayoría hayan sido positivas. Al fin y al cabo, reclamamos cordura y altura de miras para reconducir una situación a la que nunca debería haberse llegado y eso, no es difícil de compartir. A los que no les ha gustado, pues también están en su derecho, pero me gustaría, humildemente lo digo, que propusieran algo como ha hecho la Coordinadora que presido. Los manifiestos, como las críticas, no van a misa.

También me gustaría –y esta declaración hace suya el manifiesto de la CET- que toda esa energía desatada para forjar una república se pusiera al servicio de la lucha social, con o sin república. Y es que frentes para luchar con todas nuestras fuerzas hay muchos, como pueden confirmar, tristemente, las familias de los 4.500 dependientes fallecidos sin que jamás les llegara la tan prometida ayuda.

Finalizo diciendo que también me gustaría que se acabara ya con tanto miedo a decir las cosas por su nombre, a tomar partido, a mostrar un posicionamiento. La autocensura solo conduce a la mediocridad por falta de aire fresco en las ideas, pero eso ya merece otro artículo.

Ángel Juárez Almendros

Presidente

Coordinadora d'Entitats de Tarragona

Mare Terra Fundació Mediterrània

Red Internacional de Escritores por la Tierra


Ya asoma el desastre

“No nos queda tiempo”, decía en mi último artículo de opinión, pero no pensaba que fuera tan poco. El ejemplo del Mar Menor, con peces boqueando en busca de un oxígeno que ya no tienen por culpa de la mano del hombre, es el espejo que nos muestra que mundo más horripilante nos espera si no hacemos algo ya mismo.

Las administraciones han mirado hacia otro lado demasiado tiempo y ya no vale cerrar los ojos. El desastre ecológico de esta laguna de Murcia es la historia de un disparate consentido y alentado que ha relatado un artículo de La Verdad. Causa desazón leer que en 1987, el Gobierno autonómico aprobó una ley pionera para proteger este ecosistema singular, pero nada más nacer, el PP, capitaneado por el exministro Federico Trillo, la denunció al Tribunal Constitucional. “Como telón de fondo estaban las pérdidas que podían sufrir los insaciables promotores de la zona y la industria del hormigonado en general”, narra la noticia.

La Ley marcaba ya algunas medidas que se proponen hoy en un plan de choque para salvar la laguna, si es que tiene salvación. Total, solo ha  pasado 32 años desprotegida, expoliada, envenenada, intoxicada, sentenciada y ahora, de esos polvos, estos lodos.

Trillo perdió la causa, pero en el 2001, el PP dio el golpe de gracia sacando una Ley del suelo a la que el Mar Menor tenía que adaptarse. Daba igual que pisoteara el Convenio de Ramsar sobre humedales y varias figuras de protección de aves y ecosistemas de la Unión Europea. Una vez más, lo que mandaba era el beneficio económico, aún a costa de hipotecar el futuro.

A todo esto, proliferaron las desaladoras ilegales para regar los campos, algunas tan ocultas que parecen instalaciones de narcotraficantes en vez de agrícolas y una tupida red de tubos y pozos ilegales han explotado los acuíferos sin dar ni un respiro.

La excusa es que nunca llegó el trasvase Tajo-Segura, otro argumento que clama al cielo. Si son tierras de secano, ¿se puede saber por qué se ha estimulado esta economía de regadío? ¿Acaso alguna mente preclara cree que convertirá las piedras en agua como si fuera un mesías haciendo el milagro del agua y el vino?

El desastre del Mar Menor puede hacernos abrir los ojos de una vez por todas y tomar medidas, que deberán ser drásticas o no estaremos a tiempo.

Algunos nos acordamos de cuando se instaló la industria petroquímica y secó todos los pozos de Tarragona. Agua de boca para la gran industria que ahora, 40 años después, sigue así. Tan solo se ha avanzado en usar agua de las depuradoras urbanas de Tarragona y Vila-seca-Salou, que suponen una pequeña parte de agua reutilizada de todo un gran caudal de agua de boca.

El mini trasvase del Ebro ha sido un impulso para nuestro territorio, pero también aquí hago la misma reflexión: ¿Por qué hacemos una economía basada en el agua si somos zona de secano? ¿Por qué seguimos bombeando agua del río Ebro si los acuíferos ya están regenerados? ¿Por qué, a todo esto, pagamos el agua mucho más cara?

Podemos hablar de muchos y muchos ejemplos de la gestión del agua en Tarragona, pero eso ya será tema de otro artículo. Mientras tanto, el reloj sigue corriendo hacia el desastre.

Ángel Juárez Almendros

Presidente

Mare Terra Fundació Mediterrània

Red de Escritores por la Tierra

Coordinadora d'Entitats de Tarragona

Ya no nos queda tiempo

“Nos habéis robado los sueños y las esperanzas”, espetó la activista Greta Thumberg en la Cumbre de Acción del Clima de la ONU. Millones de jóvenes –y no tan jóvenes-de todo el mundo  han salido a la calle a protestar para que se devuelva el botín robado y que se tomen acciones ya mismo para revertir el cambio climático.

Los datos científicos, por mucho que quieran discutirse, son los que son y ya hace demasiados años que escuchamos advertencias sobre lo letal que será que se deshagan los glaciares y aumente el nivel del mar. Hasta ahora, ha sido un no hacer nada de nada de manual, pero ya es hora de tomar decisiones para que esto, al menos, aminore la velocidad hacia el desastre.

El mensaje de Thumberg ha calado tan hondo que “las sociedades tendrán la percepción continua de estar amenazadas, de inseguridad, de miedo, de temor respecto al futuro”, definió la socióloga del Medio Ambiente Mercedes Pardo al inaugurar el curso 2019-2020 en la Universitat Autònoma de Barcelona. Tanto es así, que muchos jóvenes ya hablan abiertamente de no tener hijos para no condenarlos a un mundo de caos. Es decir, que parafraseando a Thumberg, también nos roban el futuro.

Los datos son espeluznantes: la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera sigue hacia arriba y ya superado la barrera de las 400 partículas por millón, la temperatura sube 0,2 grados  por década, cada año es el más cálido de la historia (a ver qué temperaturas sufriremos el verano del 2020), los glaciares están en sus niveles más bajos y los océanos, en los más altos.

Las consecuencias también son escalofriantes: desaparecerán territorios enteros – con las micro islas en primera línea de salida- la sequía se alternará con inundaciones, con lo que la seguridad y la alimentación de millones de personas está ya amenazada, la escasez de productos básicos disparará los precios y, por tanto, la pobreza y , por si fuera poco, la falta de agua afecta ya a un tercio de la población mundial.

¿Estamos ya en un punto de no retorno? Es posible, pero hay que confiar en el tesón de la gente para forzar voluntades políticas y actuar ya. Hace más de 30 años que los científicos claman en el desierto y el acuerdo mundial de Kyoto para revetir esta situación simplemente se ha ignorado.

¿Motivos para ser pesimistas? Todos. ¿Motivos para ser optimistas? Alguno queda. Como, por ejemplo, que no hace tantos años, el medio ambiente solo nos preocupaba a cuatro bichos raros y ahora, ya somos millones los que clamamos por cambios antes de que sea demasiado tarde.

 

Ángel Juárez Almendros
Presidente
Mare Terra Fundació Mediterrània
Red Internacional de Escritores por la Tierra
Coordinadora d’Entitats de Tarragona

Siempre gana la banca…si nos dejamos

Otra sucursal bancaria que cierra y dejará sin servicio a la Vall de la Arrabassada de Tarragona. Que como los bancos no ganan bastante dinero los pobrecitos, ahora cierran oficinas para recortar gastos, echar más gente a la calle y obligar a los sufridos clientes a ir a donde quieren ellos. Les da absolutamente lo mismo fastidiar a sus clientes y obligarles a gastar tiempo y esfuerzo. Y las personas mayores que no pueden desplazarse o no se aclaran con las nuevas tecnologías ya se apañarán para cobrar su pensión o arreglar sus asuntos.

A ver si, al final, nos obligarán a tener una tablet, un ordenador y un teléfono inteligente por ley. Que ya está bien de tanta falsa modernidad para lo que interesa y tanto oscurantismo para todo lo demás.

Los últimos datos del Banco de España nos dicen que ahora tenemos las mismas oficinas que en los años setenta. Total, solo han pasado unos 40 años y todo debe de seguir igual, aunque hayamos crecido en unos cuantos centenares de miles de habitantes, por decir algún cambio.

En 1977, en había  3.486 sucursales en Catalunya y 3.522 ahora, aunque en realidad ya son menos porque han ido cerrando más después de la publicación del informe del Banco de España. Y ojo al dato: en el 2008  había 8.159 oficinas, pero ha cerrado más de la mitad ( 57%) en 11 años. Este ritmo demencial de cierres inquieta hasta la propia Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, que se ve venir que habrá una concentración excesiva en determinadas ciudades y alguien -¿quién será- tendrá la sartén por el mango.

La banca digital no debe ser la excusa para esta política de tierra quemada porque, que yo sepa, no se compra una barra de pan con céntimos virtuales.

Ya está bien de que siempre gane la banca sea cual sea el juego. Así que propongo a todas las administraciones que aborden este problema con reuniones al más alto nivel para mirar de reducir los daños. Si no atienden a razones, propongo entonces que den un paso valiente y dejen de trabajar con las entidades bancarias que cierran oficinas. Un cierre, un cliente menos.  Y los ayuntamientos no son clientes precisamente pequeños.

También nosotros, como usuarios de los servicios financieros, podemos cambiar de entidad bancaria. Si ellos no quieren estar en nuestras calles, nosotros no querremos estar en sus cuentas de beneficios. Juguemos, pues, que a lo mejor por una vez salta la banca.

Ángel Juárez Almendros

Presidente

Mare Terra Fundació Mediterrània

Red Internacional de Escritores por la Tierra

Coordinadora d'Entitats de Tarragona