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Ya asoma el desastre

“No nos queda tiempo”, decía en mi último artículo de opinión, pero no pensaba que fuera tan poco. El ejemplo del Mar Menor, con peces boqueando en busca de un oxígeno que ya no tienen por culpa de la mano del hombre, es el espejo que nos muestra que mundo más horripilante nos espera si no hacemos algo ya mismo.

Las administraciones han mirado hacia otro lado demasiado tiempo y ya no vale cerrar los ojos. El desastre ecológico de esta laguna de Murcia es la historia de un disparate consentido y alentado que ha relatado un artículo de La Verdad. Causa desazón leer que en 1987, el Gobierno autonómico aprobó una ley pionera para proteger este ecosistema singular, pero nada más nacer, el PP, capitaneado por el exministro Federico Trillo, la denunció al Tribunal Constitucional. “Como telón de fondo estaban las pérdidas que podían sufrir los insaciables promotores de la zona y la industria del hormigonado en general”, narra la noticia.

La Ley marcaba ya algunas medidas que se proponen hoy en un plan de choque para salvar la laguna, si es que tiene salvación. Total, solo ha  pasado 32 años desprotegida, expoliada, envenenada, intoxicada, sentenciada y ahora, de esos polvos, estos lodos.

Trillo perdió la causa, pero en el 2001, el PP dio el golpe de gracia sacando una Ley del suelo a la que el Mar Menor tenía que adaptarse. Daba igual que pisoteara el Convenio de Ramsar sobre humedales y varias figuras de protección de aves y ecosistemas de la Unión Europea. Una vez más, lo que mandaba era el beneficio económico, aún a costa de hipotecar el futuro.

A todo esto, proliferaron las desaladoras ilegales para regar los campos, algunas tan ocultas que parecen instalaciones de narcotraficantes en vez de agrícolas y una tupida red de tubos y pozos ilegales han explotado los acuíferos sin dar ni un respiro.

La excusa es que nunca llegó el trasvase Tajo-Segura, otro argumento que clama al cielo. Si son tierras de secano, ¿se puede saber por qué se ha estimulado esta economía de regadío? ¿Acaso alguna mente preclara cree que convertirá las piedras en agua como si fuera un mesías haciendo el milagro del agua y el vino?

El desastre del Mar Menor puede hacernos abrir los ojos de una vez por todas y tomar medidas, que deberán ser drásticas o no estaremos a tiempo.

Algunos nos acordamos de cuando se instaló la industria petroquímica y secó todos los pozos de Tarragona. Agua de boca para la gran industria que ahora, 40 años después, sigue así. Tan solo se ha avanzado en usar agua de las depuradoras urbanas de Tarragona y Vila-seca-Salou, que suponen una pequeña parte de agua reutilizada de todo un gran caudal de agua de boca.

El mini trasvase del Ebro ha sido un impulso para nuestro territorio, pero también aquí hago la misma reflexión: ¿Por qué hacemos una economía basada en el agua si somos zona de secano? ¿Por qué seguimos bombeando agua del río Ebro si los acuíferos ya están regenerados? ¿Por qué, a todo esto, pagamos el agua mucho más cara?

Podemos hablar de muchos y muchos ejemplos de la gestión del agua en Tarragona, pero eso ya será tema de otro artículo. Mientras tanto, el reloj sigue corriendo hacia el desastre.

Ángel Juárez Almendros

Presidente

Mare Terra Fundació Mediterrània

Red de Escritores por la Tierra

Coordinadora d'Entitats de Tarragona
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Ya no nos queda tiempo

“Nos habéis robado los sueños y las esperanzas”, espetó la activista Greta Thumberg en la Cumbre de Acción del Clima de la ONU. Millones de jóvenes –y no tan jóvenes-de todo el mundo  han salido a la calle a protestar para que se devuelva el botín robado y que se tomen acciones ya mismo para revertir el cambio climático.

Los datos científicos, por mucho que quieran discutirse, son los que son y ya hace demasiados años que escuchamos advertencias sobre lo letal que será que se deshagan los glaciares y aumente el nivel del mar. Hasta ahora, ha sido un no hacer nada de nada de manual, pero ya es hora de tomar decisiones para que esto, al menos, aminore la velocidad hacia el desastre.

El mensaje de Thumberg ha calado tan hondo que “las sociedades tendrán la percepción continua de estar amenazadas, de inseguridad, de miedo, de temor respecto al futuro”, definió la socióloga del Medio Ambiente Mercedes Pardo al inaugurar el curso 2019-2020 en la Universitat Autònoma de Barcelona. Tanto es así, que muchos jóvenes ya hablan abiertamente de no tener hijos para no condenarlos a un mundo de caos. Es decir, que parafraseando a Thumberg, también nos roban el futuro.

Los datos son espeluznantes: la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera sigue hacia arriba y ya superado la barrera de las 400 partículas por millón, la temperatura sube 0,2 grados  por década, cada año es el más cálido de la historia (a ver qué temperaturas sufriremos el verano del 2020), los glaciares están en sus niveles más bajos y los océanos, en los más altos.

Las consecuencias también son escalofriantes: desaparecerán territorios enteros – con las micro islas en primera línea de salida- la sequía se alternará con inundaciones, con lo que la seguridad y la alimentación de millones de personas está ya amenazada, la escasez de productos básicos disparará los precios y, por tanto, la pobreza y , por si fuera poco, la falta de agua afecta ya a un tercio de la población mundial.

¿Estamos ya en un punto de no retorno? Es posible, pero hay que confiar en el tesón de la gente para forzar voluntades políticas y actuar ya. Hace más de 30 años que los científicos claman en el desierto y el acuerdo mundial de Kyoto para revetir esta situación simplemente se ha ignorado.

¿Motivos para ser pesimistas? Todos. ¿Motivos para ser optimistas? Alguno queda. Como, por ejemplo, que no hace tantos años, el medio ambiente solo nos preocupaba a cuatro bichos raros y ahora, ya somos millones los que clamamos por cambios antes de que sea demasiado tarde.

 

Ángel Juárez Almendros
Presidente
Mare Terra Fundació Mediterrània
Red Internacional de Escritores por la Tierra
Coordinadora d’Entitats de Tarragona

Siempre gana la banca…si nos dejamos

Otra sucursal bancaria que cierra y dejará sin servicio a la Vall de la Arrabassada de Tarragona. Que como los bancos no ganan bastante dinero los pobrecitos, ahora cierran oficinas para recortar gastos, echar más gente a la calle y obligar a los sufridos clientes a ir a donde quieren ellos. Les da absolutamente lo mismo fastidiar a sus clientes y obligarles a gastar tiempo y esfuerzo. Y las personas mayores que no pueden desplazarse o no se aclaran con las nuevas tecnologías ya se apañarán para cobrar su pensión o arreglar sus asuntos.

A ver si, al final, nos obligarán a tener una tablet, un ordenador y un teléfono inteligente por ley. Que ya está bien de tanta falsa modernidad para lo que interesa y tanto oscurantismo para todo lo demás.

Los últimos datos del Banco de España nos dicen que ahora tenemos las mismas oficinas que en los años setenta. Total, solo han pasado unos 40 años y todo debe de seguir igual, aunque hayamos crecido en unos cuantos centenares de miles de habitantes, por decir algún cambio.

En 1977, en había  3.486 sucursales en Catalunya y 3.522 ahora, aunque en realidad ya son menos porque han ido cerrando más después de la publicación del informe del Banco de España. Y ojo al dato: en el 2008  había 8.159 oficinas, pero ha cerrado más de la mitad ( 57%) en 11 años. Este ritmo demencial de cierres inquieta hasta la propia Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, que se ve venir que habrá una concentración excesiva en determinadas ciudades y alguien -¿quién será- tendrá la sartén por el mango.

La banca digital no debe ser la excusa para esta política de tierra quemada porque, que yo sepa, no se compra una barra de pan con céntimos virtuales.

Ya está bien de que siempre gane la banca sea cual sea el juego. Así que propongo a todas las administraciones que aborden este problema con reuniones al más alto nivel para mirar de reducir los daños. Si no atienden a razones, propongo entonces que den un paso valiente y dejen de trabajar con las entidades bancarias que cierran oficinas. Un cierre, un cliente menos.  Y los ayuntamientos no son clientes precisamente pequeños.

También nosotros, como usuarios de los servicios financieros, podemos cambiar de entidad bancaria. Si ellos no quieren estar en nuestras calles, nosotros no querremos estar en sus cuentas de beneficios. Juguemos, pues, que a lo mejor por una vez salta la banca.

Ángel Juárez Almendros

Presidente

Mare Terra Fundació Mediterrània

Red Internacional de Escritores por la Tierra

Coordinadora d'Entitats de Tarragona

 

El pregonero, un valor al alza

Un programa de las fiestas de cualquier barrio de Tarragona nos muestra la curiosa evolución que ha tenido la figura del pregonero. Antiguamente, solían ser políticos que daban su pregón y allí acababa su pena y su gloria. Muchos vecinos ni siquiera sabían quién era el pregonero. Su función era dar paso a las fiestas y ya. Una figura casi de trámite que aparecía- si lo hacía- como de paso en el programa. Los  créditos y ya.

Sin embargo, hoy esta figura ha cobrado una especial relevancia y en el programa, se le dedica una página entera como si fuera una autoridad más. Tampoco son ya políticos, sino personas del propio barrio o del tejido asociativo y sí que son conocidas por los vecinos, gracias a la labor que hacen. Son pregoneros mucho más implicados porque saben de lo que hablan y conectan con el barrio porque o forman parte de él o se hacen querer. Son, por tanto, pregoneros más aplaudidos porque, sobre todo, tienen algo que decir.

En esta época nuestra en que lo digital ya se ha mezclado con lo analógico, también vemos como en cada pregón, las redes sociales se inundan con la ¿humilde? figura del  pregonero. Ahora bien, también vemos un fenómeno curioso, el de las formaciones políticas que lo sienten más o menos suyo. A veces, porque efectivamente es militante o simpatizante, otras, porque a algunos, les gustaría que lo fuera; otras porque simplemente hay afinidades personales.  Ahora parece que los partidos compitan entre ellos a ver quién suma más pregones en la órbita de su formación.

Cuando les toca este honor, cierran filas en primera línea de claca. Así, solo se ve gente de un partido determinado, pero escasamente del resto. Si el pregonero es de la esfera X, todos son X y se ve alguna Y, alguna Z suelta….pero si es de Y, todos son Y. Al menos, lo que vemos últimamente.

En cualquier caso, ser pregonero de las fiestas es todo un honor y es una alegría que se distinga a personas anónimas fuera de ese día que batallan a favor de su barrio y de su ciudad. Creo que hay que reivindicar la labor callada, esforzada y más que valiosa de estos líderes sociales que, pasito a pasito, ayudan a transformar la sociedad.  También de empresarios, deportistas o ciudadanos que miran por su barrio.

Tristemente, algunos de estos impagables vecinos ya han fallecido y tampoco llega el reconocimiento prometido en forma de dedicarle alguna calle de la ciudad y perpetuar así su recuerdo y buen hacer. Es el caso de  Jaime Artero, uno de los fundadores de la Coordinadora d’Entitats de Tarragona, organismo del que fue vicepresidente varios años y al que aportó dedicación y compromiso o al dirigente vecinal Domingo Bahíllo, en la ciudad vecina de Reus. Desde aquí, vuelvo a pedir que no se retrase lo que muchos han prometido, pero que no vemos que, de momento, se cumpla.

Tarragona ya respira Santa Tecla y el célebre  Eduard Boada pregonará las fiestas desde el balcón consistorial, aunque confío que el año que viene, ya sea a pie de plaza. También hemos visto la supresión del carro de las autoridades por Sant Magí y aplaudo estos pasos de acercamiento. Uno bien dado sería extenderlo también a la agenda del equipo de Gobierno y que pusiera a los líderes sociales y vecinales antes que a los poderes fácticos de esta ciudad.

Ángel Juárez Almendros
Presidente
Mare Terra Fundació Mediterrània
Coordinadora d'Entitats de Tarragona
Red Internacional de Escritores por la Tierra

Ocupaciones, ¿derechos, mafias o sesgo de clase?

Primero fueron pisos sueltos, ahora son bloques enteros e incluso chaletito con piscina ocupado en verano para desesperación de los dueños, pero también de los vecinos que sufren, día a día, la degradación de su espacio personal. En la ciudad de Tarragona ya es tristemente famoso el bloque ocupado en la Part Baixa, foco de peleas, tráfico de drogas, ruidos y porquería. Esta sucia estela se extiende en tantos otros puntos–afecta a todos los barrios- que parece una invasión ruidosa de los bárbaros expulsando a la ciudadanía. Y ojalá fuera solo en Tarragona, porque el problema es general.

Tener un techo digno es un derecho constitucional que se ha convertido en un potaje en que, como se corea en la calle, hay gente sin casa y casas sin gente. Pero todos tenemos claro que una cosa son las personas o familias que  no tienen donde vivir y la otra, las mafias que se aprovechan del sistema y sin rubor alguno, alquilan y venden casas que no son suyas con un estilo no precisamente amable.

Tampoco son precisamente amables los bancos que, invocando vete a saber qué derecho, no cumplen con sus obligaciones con la comunidad una vez han expulsado a los habitantes de un piso. Y si uno no paga la luz de la escalera ni la limpieza ni el mantenimiento de las zonas comunes, el resto tiene que apechugar más hasta que, al final, no paga nadie. ¿El resultado? El esfuerzo de toda una vida degradado a la velocidad de la luz. Que no deja ser otro avance de la barbarie.

Sin embargo, este retroceso de lo civilizado no afecta a toda la sociedad. Tiene un claro sesgo de clase social. Una vez más, quien tiene dinero tiene casa y recursos para no verse en la calle o con vecinos mafiosos devaluando su propiedad. Pero los desfavorecidos, una vez más, o les expulsan o les degradan su entorno.

No olvidemos que la vivienda es algo más que un techo seguro. Es tu propio espacio vital para desarrollarte como persona, tu refugio en tu proyecto de vida. La intemperie no es solo física, sino emocional. Devastadora, pues, a todos los niveles.

Apelar a la solidaridad es muy bonito, pero como raras veces funciona, apelo al derecho constitucional de una vivienda digna y a las competencias de las autoridades para proteger este derecho. Es de sentido común afirmar que una buena bolsa de vivienda social reduciría la ocupación. También los incentivos para el alquiler social de los pisos vacíos como, por ejemplo, con la garantía que los inquilinos no destrozarán la casa, sino que la cuidarán. Podría hacerse con acompañamiento, supervisión y formación de los inquilinos. Otra fórmula sería con ayudas a la rehabilitación a cambio de un alquiler asequible durante un plazo de tiempo razonable. O, incluso, con un seguro que garantice el cobro del alquiler. La realidad es que se ofrecen auténticos cuchitriles.

Pero ¿cuánta vivienda social hay en España, en Catalunya, en Tarragona? Desconozco la cifra, pero tengo claro que es insuficiente y con demasiados casos de cuchitriles disfrazados de piso. La falta de terrenos no debe ser excusa: o se compran, como todo puede comprarse en esta vida, o se expropian.

Conviene recordar el caso de Tarragona. Hace muchos años se creó una empresa pública para velar por la vivienda. Poco recorrido tiene del mucho que podría haber hecho con un mínimo de voluntad política. Voluntad que no está, aunque muchos la esperamos.

Los ayuntamientos dan ayudas al alquiler de las personas y familias más vulnerables. Esto también reduce las ocupaciones ilegales, pero con un matiz de caridad que no es de recibo. ¿No sería mejor una bolsa de trabajo social? La cita del pez para comer un día o enseñar a pescar será vigente toda la vida, aún a riesgo de que se enfaden veganos y animalistas fanáticos.

No se puede permitir de ninguna de las maneras que haya gente durmiendo en la calle y familias enteras privadas de sus derechos más básicos mientras los de siempre siguen amasando fortunas. Es una obligación moral buscar soluciones y, en este sentido, la Coordinadora d’Entitats de Tarragona (CET) planteará crear una bolsa de trabajo social entre el más de centenar de socios que la componen.  Si hay trabajo, no hay ocupación. De las mafias, que se ocupen, nunca mejor dicho, las autoridades. Pero ya.

Ángel Juárez Almendros
Presidente
Mare Terra Fundació Mediterrània
Coordinadora d’Entitats de Tarragona
Red Internacional de Escritores por la Tierra

Cuando prende la muerte en el pulmón verde

Imagen difundida por la Nasa sobre el incendio del Brasil

El incendio de Notre- Dame levantó olas de solidaridad y, en teoría, un alud de donaciones para recuperar esa joya arquitectónica. No veo esas mismas reacciones en el pavoroso incendio que asola el Amazonas, el mayor pulmón verde del planeta. Como si no fuera con nosotros, la especie humana que necesita aire y agua para sobrevivir. El fuego, en este caso, sinónimo de muerte, avanza sin control y arrasa con todo a su paso. Qué casualidad que coincida con la apuesta criminal del presidente Jair Bolsonaro para deforestar la selva. Desde la llegada al poder del ultraderechista, se ha incrementado en más de un 200% el arrasarla.

Por no hablar de las ocupaciones ilegales de tierras y su explotación, hasta que mueran de puro agotamiento, a cargo de gente poderosa que sacará sus buenos dineritos a cambio de hipotecar el futuro –o quizás ya el presente- de esta cansada tierra que habitamos.

Los satélites dan imágenes escalofriantes del desastre en tiempo real, tan horripilantes como saber que cada minuto, muere más y más selva ante la impasibilidad de todos. Ante este panorama, solo falta Bolsonaro acusando a las ONG de estar detrás de los incendios como ya ha hecho. El mundo al revés o vivir para ver.

Un mundo y una tierra que deberíamos recordar a cada segundo que no nos pertenece. Estamos aquí de paso y debemos pasar el testigo de un planeta cuidado a las siguientes generaciones. A este ritmo, sin embargo, me temo que les dejaremos un planeta desolado, carbonizado, inhóspito, deshumanizado totalmente.

Este cáncer humano en el pulmón verde del Amazonas significa más inundaciones, más pérdida de suelo; vientos extremos, la desertificación y, por descontado, más olas de calor y vuelta a empezar.

Otro desastre – a menor escala pero igual de desastre- son los grandes incendios que se han cebado en las islas canarias en menos de un mes, con llamas de hasta 50 metros que han atacado el Parque Natural de Pinar de Tamadaba, una reserva de la biosfera

Este verano empezamos alarmados por el incendio en la Ribera d’Ebre, una comarca ninguneada, despoblada y envejecida a la que, sin embargo, sí ha llegado la solidaridad de la gente antes que las ayudas gubernamentales. Bajo el llamamiento de #rebrotem, la gente se organizado para intentar recuperar la normalidad. Es el único resquicio de esperanza en mitad de tanta desolación.

Así que hay que ponerse las pilas y, por una parte, castigar a los pirómanos con dureza, especialmente a los que sacan tajada a costa del futuro de los demás. Que el castigo haga que no les salga a cuenta especular usando el fuego. Por otra parte, también hay que aplicar prevención, con una buena gestión forestal, cortafuegos y caminos en condiciones. Y religando todo esto, hay que volver a valorar el bosque como lo que era unos años atrás: una fuente de riqueza, además de salud y bienestar. Un buen aprovechamiento del bosque, con perspectiva sostenible, por supuesto, ayudaría a mantenerlo protegido del fuego. No pasemos nunca de estar de paso a dar el último paso.

Ángel Juárez Almendros es presidente de Mare Terra Fundació Mediterrània, de la Coordinadora d’Entitats de Tarragona y de la Red de Escritores por la tierra.

 

Más concienciación = menos basura

“Palabra de Ángel” ya suma 21 capítulos. En la última entrega, reflexiono sobre incivismo y basura. También hablo de cierta soledad a la hora de denunciar. os animo a verlo y a compartir

Ángel Juárez Almendros es presidente de Mare Terra Fundació Mediterrània, de la Coordinadora de Entidades de Tarragona y de la Red de Escritores por la Tierra

Catalunya se desertiza ( y más rápido de lo que creíamos)

Quién lo iba a decir, pero Catalunya también se desertiza y los datos que tenemos sobre la mesa son más que preocupantes. Algunos ya hace tiempo que advertimos sobre ello, sobre todo desde la Oficina de información mediterránea de Medio Ambiente, Cultura y Desarrollo Sostenible (MIO-ECSDE), una federación de ONG países mediterráneos de la que Mare Terra forma parte desde hace más de una década.

Quien escribe estas líneas es el representante del Estado español en el comité ejecutivo de MIO y puedo dar fe de que el calentamiento global, la erosión y la desertización preocupa especialmente a los países del Mediterráneo, unos de los más vulnerables a este fenómeno que la acción del hombre ha acelerado y continúa acelerando sin freno.

Hasta ahora, sabíamos que en España, la zona más amenazada por la desertificación era Andalucía, por su proximidad con África, pero los datos del Inventario Nacional de la Erosión evidencian que Cataluña lidera el ránking de pérdida de suelo por culpa de la erosión, con una pérdida de 23,67 millones de toneladas de suelo al año de media, un poco por delante de Andalucía, que registra 23,17. Y todos sabemos que una consecuencia directa de la erosión es la desertización.

Las cifras de Tarragona son bastante aterradoras también: perdemos una media de 23 millones de toneladas de suelo al año. Los datos que usa el inventario son bastante precisos y tienen en cuenta la superficie no erosionable (lo artificial y la acuática) y el nivel de erosión.

Con estos parámetros, un 95% de la superficie de Tarragona (598.894,05 hectáreas) es erosionable y de éstas, un 42,05% presenta un estado muy grave (264.971,14 hectáreas).

Si cruzamos datos con otros registros, encontramos que el Plan contra la desertificación califica de “tolerable” una pérdida de suelo de 12 toneladas por hectárea y año. Dicho de otro modo, en Tarragona prácticamente doblamos la cifra considerada como umbral aceptable.

Barcelona tiene un problema grave, con 34 millones de toneladas de media por año por un 88,44% de superficie erosionable. A la distancia, le sigue Tarragona y después, Girona (21,70 millones de toneladas) y Lleida (18,64).

Si vamos a las causas de origen humano, debemos destacar sobre todo la sobreexplotación de los recursos y la compactación (asfalto y cemento de la urbanización y las infraestructuras). Factores contra los que se puede y se debe actuar.

El diagnóstico está más que hecho y ya en la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible de la ONU hay un compromiso firme en “proteger y restablecer el uso sostenible de ecosistemas terrestres, gestionar los bosques, luchar contra la desertificación; detener e invertir la degradación de las tierras”.

Sin embargo, en la Unión Europea no hay ninguna acción global ni cuerpo normativo para luchar contra la desertificación, más allá de puntos genéricos dentro de otros programas.

Así lo evidencia la auditoria del Tribunal de Cuentas europeo titulada “La lucha contra la desertificación en la UE: una amenaza creciente contra la que se debe actuar con más fuerza”. De este informe destaco el error de considerar que la degradación de las tierras es un fenómeno local para que las partículas del suelo se mueven. La erosión, las tormentas de polvo; la contaminación química tienen un impacto que supera las fronteras.

Así lo vamos alertando desde el MIO desde hace mucho tiempo atrás y continuaremos advirtiéndolo desde Mare Terra Fundació Mediterrània antes de que sea demasiado tarde.

Ángel Juárez Almendros es presidente de Mare Terra Fundació Mediterrània, de la Coordinadora d’Entitats de Tarragona y de la Red de Escritores por la Tierra

Patrullas ciudadanas para todo

El fenómeno de las patrullas ciudadanas contra los carteristas será una novedad en Barcelona, pero en Tarragona nos acordamos muy bien cuando los payeses, hartos de que les expoliaran cosechas, maquinaria y les destrozaran sistemas de riego buscando cobre, también salieron a patrullar para protegese.

En Lleida, los agricultores también tuvieron que organizarse en somatenes para frenar una sangría sin fin de su modo de vida. Tan bien funcionaban estas patrullas que el por aquel entonces conseller de Interior, el controvertido Felip Puig, bendijo y auspició los somatenes, como complemento – por no decir parche- de los Mossos d’Esquadra. Ahora bien, con ciertas condiciones como no ir armados –por suerte, nuestra tierra no es Texas-, no enfrentarse a los ladrones y avisar en seguida a la policía, los verdaderos profesionales de la seguridad.

Cuando Interior cambió de manos, el Parlament de Catalunya aprobó una moción para ponerles fin. Poco contaban, sin embargo, de que los somatenes se resistieron porque los robos habían disminuido.

Es totalmente lógico que las fuerzas policiales desconfíen de las patrullas ciudadanas. Ni tienen formación ni son profesionales y lo que no sucede en toda una vida, puede pasar en un minuto. Como un ladrón sorprendido por los somatenes con las manos en la masa que murió de un ataque al corazón mientras le perseguían.  La investigación no atribuyó esa muerte a las patrullas rurales, pero ahí queda.

Si una de las definiciones de estado es tener el monopolio de la violencia, hay que analizar bien qué son las patrullas ciudadanas en este contexto.

Centramos el foco en los somatenes porque son lo más llamativo, pero si lo abrimos, encontraremos muchísimos más ejemplos de que la gente toma las riendas cuando se hartan de que las autoridades y las administraciones no hagan su trabajo. Un trabajo que, no lo olvidemos, lo paga quien al final, harto de dejadeces, se arremanga y tira por la vía rápida.

Mare Terra Fundació Mediterrània, por ejemplo, hace de patrulla ciudadana de vigilancia y control del medio ambiente, al igual que un buen puñado de entidades ecologistas.

Gracias a la mensajería instantánea, han surgido grupos de voluntarios que limpian montes y playas.

Un grupo de tarraconenses, bajo el nombre de Tarragona TT, denuncia la suciedad en Tarragona y, entre muchas otras  geolocaliza contenedores desbordados o vertederos ilegales.

Un grupo de usuarios del parque de la Ciutat, hartos de tener el pipican en malas condiciones, lo arreglaron ellos mismos.

La aplicación Epp del ayuntamiento de Tarragona invita al ciudadano a ser una suerte de policía cívica digital.

Pero tal como la seguridad y el monopolio de la violencia no debe dejarse en manos del ciudadano para evitar la ley del más fuerte –es decir, una jungla-la administración no puede, en ningún caso, dejar en manos de la gente el control de la seguridad ambiental.

Tampoco puede permitirse el lujo de transmitir relajación y laxitud a la hora de controlar episodios de contaminación, de fallos de seguridad o el gran error de que salga más barato pagar la multa si te pillan que no hacer las cosas bien hechas desde el principio.

Una vecina de la Part Baixa publica, cada día en sus redes sociales, los análisis de la calidad del aire de los medidores que tiene instalados en sus casas. Si dice “hoy es buena”, es más creíble que toda la administración junta. Pensemos en ello.

Y pensemos también en los recursos que tenemos, como ciudadanos obligados a patrullar, para que las administraciones hagan su trabajo y no nos obliguen a denunciarlas por prevaricación ni dejadez de funciones.

Ángel Juárez Almendros es presidente de Mare Terra Fundació Mediterrània, de la Coordinadora d’Entitats de Tarragona y de la Red de Escritores por la Tierra

Sant Magí y Santa Tecla…¿fiestas populares o no?

Foto: Guillermo Maluenda

Parece que el nuevo equipo de Gobierno de Tarragona (ERC-ECP) quiere abrir las fiestas mayores y han empezado por eliminar el carro de las autoridades en la Portada de l’Aigua de Sant Magí –ya era hora-, sortear plazas en los balcones municipales y trasladar los pregones de las fiestas mayores de sant Magí y de Santa Tecla desde la sala de plenos al balcón de la fachada del Ayuntamiento.

En principio, encuentro estas medidas positivas porque ver siempre en los mejores sitios a los concejales y a sus amigos era una muestra más de perpetuar el sectarismo, aunque creo que puede darse todavía un paso más.

Ya puestos a introducir cambios, me permito una sugerencia para el día del pregón y es la de bajarlo directamente a la plaza, a pie de calle como hacemos en los barrios. Más próximo, imposible. Pasar del salón de plenos- un horno sin climatizar, por cierto – al balcón ya es un paso, pero no deja de ser ver el mundo desde la altura.

Creo que no sería tan complicado habilitar una tarima que sea còmoda para proclamar el pregon. Por cierto, estoy seguro de que el pregon de Eduard Boada –a quien aprovecho estas líneas para felicitarle- será tan delicioso como sus míticos bocadillos.

Ya tenemos precedentes de usar la calle en actos tan importantes como la entrega de las llaves de la Ciudad a Sus Majestades los Reyes Magos. No cuesta tanto seguir por ese camino.

Y de la calle, a los espectadores desde los balcones municipales. ¿Cuántas personas habrá que pagan religiosamente sus impuestos en la ciudad, les haría muchísima ilusión estar allí y hasta ahora, no tenían absolutamente ninguna opción a ocupar esos sitios privilegiados?   ¿Cuántas personas hay que emplean su tiempo de forma desinteresada en el tejido asociativo de la ciudad y a las que nunca han sido invitadas?

Muchas, seguro. Por ejemplo, desde la Coordinadora de Entidades de Tarragona (CET), que agrupa más de cien organismos, podemos explicar que en los Juegos del Mediterráneo, el por aquel entonces equipo de Gobierno (PSC-PP) no invitó a nadie del mundo vecinal ni asociativo. Sin embargo, hubo polémica y mucha sobre si se regalaron entradas, incluso antes de salir a la venta, a partidos de extrema derecha y asociaciones no precisamente locales. Los resultados de ese experimento ya los sabemos todos.

Podemos explicar también que Josep Poblet, el que fue alcalde imbatible de Vila-seca hasta que decidió retirarse por voluntad propia, solía salir en las fotografías rodeado de representantes de la sociedad civil. Algo parecido sucede con el alcalde de Reus, Carles Pellicer, quizás porque vieron que con el apoyo del pueblo se llega más lejos.

Este gesto del nuevo equipo de Gobierno de Tarragona de ir retirando privilegios es, pues, positivo pero queda mucho por hacer. Me pregunto quién redacta los protocolos que marcan quién asiste y quien no, quien participa y en qué sitio y quién queda excluido. Años atrás, en el barrio de Riuclar creamos un Ball de bastons y no nos dejaron participar en el Seguici Popular. Nos derivaron a otras calles. ¿Qué se hace hoy día para que los vecinos de los barrios sientan suyo el riquísimo patrimonio cultural de Tarragona? ¿Se les anima a participar, se les incentiva o simplemente se les aparta o se les ignora?

Hay que pasar de una vez por todas de fiestas mayores a fiestas populares de verdad, en la que todos los tarraconenses, sean del barrio que sean, las sientan suyas  y sean auténticos participantes en vez de invitados de piedra. La gente, ¿va a las verbenas o va a ver las verbenas? Las fiestas no se miran desde lejos o desde cerca. Sencillamente, se viven.

 

Ángel Juárez Almendros es presidente de Mare Terra Fundació Mediterrània, de la Coordinadora d’Entitats de Tarragona y de la Red de Escritores por la Tierra