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Dilo o el mal seguirá avanzando


Cristian Newman

 

“Para que triunfe el mal, sólo es necesario que los hombres buenos no hagan nada”, decía  Edmund Burke sin que la cita pierda nada de vigencia.  La gente de bien tenemos que pasar a la acción y no callar más. Dicho de otro modo: hay que frenar al mal.

Día sí, día también, nos levantamos con tal cantidad de escándalos políticos que nos hemos anestesiado. Que la policía fabrique pruebas para destruir un adversario político y aquí no pase nada es de juzgado de guardia. A menos que el fiscal lo afine, claro.

Uno de los escándalos es de una magnitud tan enorme que ha conseguido que no hagamos mucho caso, a base de titulares endulzados y de repetirse cada día como una gota malaya y eso es muy, demasiado peligroso. Me refiero a la ofensiva para despojar a las mujeres de muchos derechos conseguidos a base de años de lucha E

¿Os habéis fijado  que ahora que las mujeres alzan su voz para decir que ni una muerta más, ni una maltratada más, ni una violada más, ni una humillada más, brama una horda reaccionaria que las enviaría a todas, como se decía antes, “a la cocina y con la pata quebrada”?.

En la cocina, que quiere decir enclaustradas sólo en el ámbito doméstico, para cuidado del hogar, de la familia y evidentemente, del macho que lleva los pantalones. Y con la pata quebrada, con barra libre para molerla a palos si no se porta bien, como si fuera una bestia de carga.

Recientemente, la Comisión de la ONU sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer ya advirtió de los efectos nefastos de la reacción contra el feminismo y los avances en la igualdad de género.

El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, alertó: “Hay que decirlo como es. Alrededor del mundo hay un empuje contra los derechos de las mujeres”.

Una reacción, además “profunda” y “implacable”, empezando por un aumento de la violencia contra las mujeres y, sobre todo, las activistas y aquellas involucradas en política.

Pensemos solo en las estadísticas de mujeres asesinadas por hombres. Son escalofriantes. La violencia machista no es, como piensan algunos, propia de hombres emigrantes, pobres y / o con problemas de adicciones, sino que es transversal, afecta a toda la sociedad y es toda la sociedad quien debe decir, alto y claro, que ya basta.

Que ya está bien. Que los hombres buenos no podemos dejar avanzar ni un milímetro más esta maldad que ataca, con violencia y malicia extrema, a las mujeres. Que no podemos dejar avanzar ni un segundo más esta máquina del tiempo hacia pasados ​​oscuros en el que algunos se empeñan en hacernos subir y retroceder más de 40 años atrás.

Cualquier gesto, por pequeño que sea, es mejor que quedarnos quietos y callados.

A Mare Terra Fundació Mediterràni seguimos visibilizando las mujeres y la lucha feminista a través de los Premios Ones Mediterrània, que este año cumplen su 25 aniversario.

Se otorgan diez Premios, seis personas y cuatro entidades y de las seis personas, cinco son mujeres. El único hombre reconocido, además, hacía equipo con una de las premiadas. También en las entidades, las mujeres son protagonistas.

Mientras la maldad quiere hacer retroceder las mujeres, nosotros queremos que avancen para avanzar, juntos, más lejos.

Ángel Juárez Almendros.

Presidente de Mare Terra Fundació Mediterrània

Presidente de la Red Internacional de Escritores por la Tierra

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No son animales, son compañeros

Voy a romper una lanza a favor de la sanidad pública para perros, gatos y demás bichitos que nos alegran la existencia. Según los datos de la Asociación Madrileña de Veterinarios de Animales de Compañía (AMVAC), en España existen más de 20 millones de mascotas (es decir, hay una en cuatro de cada diez hogares). Otro dato significativo es que el gasto anual por cada perro (incluyendo comida, veterinario, etc.) es de más de 800 euros de media, y el de cada gato es de más de 500 euros. Teniendo en cuenta cómo son los salarios en España, es un dispendio considerable.

Varias personas me han confesado que les gustaría tener una mascota pero no pueden permitírselo. Eso es una desgracia, porque los humanos necesitamos a los animales y ellos a nosotros. La vida es más satisfactoria cuando estás acompañado de palabras y afecto humano, pero también de maullidos o caricias perrunas. Ahora puede ser un buen momento para que el animalismo avance en España desde una perspectiva política. Así que aprovecho este espacio para proponer que se realice una prueba piloto y se implante un sistema de sanidad pública para las mascotas. El experimento podría empezar con un número determinado de animales (los que necesiten cuidados más urgentes) y a partir de aquí estudiar cuánto cuesta y si sería asumible aumentar la atención de manera progresiva.

Y llegamos a la gran pregunta: ¿qué hacemos para que no se enfaden aquellos que no tienen mascotas? Yo planteo dos escenarios. El primero es que las personas que tengan un animal de compañía paguen un impuesto o una tasa especial al estado y que el sistema sanitario se sufrague con estos fondos. Una segunda posibilidad es que en la declaración de la renta aparezca una casilla para que los contribuyentes que así lo deseen colaboren con esta causa (me da en la nariz, llamadme malpensado, que tendría más éxito que la de la Iglesia).

Es probable que un modelo de gestión sanitaria como el que tenemos los humanos no sea asumible, pero que nadie pueda reprocharnos no haberlo intentado. Sería algo muy positivo para ti y para mí, para tu perro y para el mío, para los peludos a los que tanto queremos, para las personas que están solas y necesitan un amigo, para aquellos que lloramos con la muerte de Platero, en definitiva, para todos los que tenemos un corazón que late.

Y en esta misma vibración, invito a reflexionar si no serán, más que animales, compañeros. Algunos imprescindibles, como los perros lazarillos. Entrenados, como los perros policía. Milagrosos, como los perros de rescate. Protectores, como los que defienden a mujeres maltratadas.

Naturalmente necesarios, como los gatos que controlan a ratas y topillos.

Pero muchos otros animales son simplemente maravillosos solo por estar ahí. El perrucho feo que adora al anciano cascarrabias al que, si no fuera por él, no aguantaría nadie. El perro grandote que, con paciencia infinita, deja que los críos le tiren las orejas y se acurruquen en su panza peluda, casi tan tierna como la de Platero. Los gatos que ronronean felices y que son capaces de aliviar, según estudios clínicos, el estrés o incluso la depresión con ese sonido ronco, de pura satisfacción de vivir sin importar qué pasará después. Un sonido que proclama que solo importa el aquí y el ahora, que expresa la felicidad de un instante de vida y que aporta ese mismo instante de paz en un mundo escurridizo que cada vez ofrece menos asideros seguros donde agarrarse.

Esos pequeños y peludos habitantes de la casa forman tan parte del hogar que, sin saberlo ni ellos ni nosotros, forman parte de los cimientos o quizás de la pared maestra o quizás del entramado de hierro que mantiene firme nuestra casa bajo los ladrillos.

Porque un mal día, ya no están y cae encima de nosotros un vacío tan pesado que nos falta el aire. Que ese día llegue, como nos llegará a todos, porque es la hora, puede soportarse. Pero duele escribir que algunos humanos deciden envenenarles a escondidas mientras nos siguen sonriendo y deseando buenos días. Estos son los auténticos animales, los que no saben de compañeros por muy humana que sea su especie.

Ángel Juárez Almendros
President de Mare Terra Fundació Mediterrània
President de la Red Internacional d’Escriptors per la Terra (RIET)

Matices y matices

 

Matizar es, según el diccionario, “Graduar con delicadeza sonidos o expresiones conceptuales”; “Juntar, casar con hermosa proporción diversos colores, de suerte que sean agradables a la vista” y “Dar a un color determinado matiz”. Los subrayados son míos porque desde Mediterrània, nos podríamos pasar el día desmatizando temas que llegan a la ciudadanía con delicadeza, agradables a la vista y de una forma determinada aunque, bajo esas capas de colores, sigan igual de áridos y poco agradables a la vista.

Mediterrània no dice, entre uno de tantos ejemplos, “distribución espaciotemporal optimizable en la atención asistencial”, sino “listas de espera y colas en la sanidad pública”. Lo que viene siendo lo de llamar las cosas por su nombre de toda la vida.

Así que, sin matiz alguno, Mediterrània lleva décadas trabajando para mejorar el Camp de Tarragona con especial atención al medio ambiente y los valores sociales, con la ilusión de que personas e instituciones dejen de lado partidismo e intereses personales y apuesten por proyectos de ciudad, del Camp de Tarragona y por el bien común.

A pesar de una larga trayectoria, al ser independientes, seguimos siendo una ONG modesta, con los recursos propios de una entidad sin ánimo de lucro, con nuestras virtudes y nuestros fallos, sujeta a la mirada pública, pero sobre todo, a la nuestra, a la de actuar con la conciencia tranquila de querer un Camp de Tarragona mejor.

Si se buscan matices, se encuentran…o no.

 

¿Qué matices tiene morir ahogado en el Mediterráneo por huir del horror, del fanatismo, la pobreza o sufrir una vida agónica en tu país? ¿Qué matices tiene cerrar los ojos ante esta tragedia humana se desarrolla ante nuestros ojos en el tiempo real de las televisiones y de los medios digitales?

Entre los blancos y los negros, está el gris. Pero sí solo nos movemos en la franja de los grises, en los matices de los grises, acabaremos siendo grises nosotros también. El color de la contaminación, sin colorido ni vida.

Hay veces en que hay que decidirse entre el blanco o el negro, posicionarse de forma clara, mostrar compromiso en vez de querer quedar bien con todo el mundo con delicadeza y de forma agradable a la vista.

Nos guste o no, la realidad que vivimos es la nuestra y desde Mare Terra Fundació Mediterrània, en vez de maquillar preferimos abordar la crudeza de frente con la denuncia pública, la concienciación y el compromiso.

Matices para ponerse en la piel de otros y entender su mirada, sí. Matices para seguir confundidos con lo gris, desapercibidos en zona segura, nunca.

Y entre matices y matices,  seguiremos hablando claro. Lo que viene siendo desmatizando de toda la vida.

Ángel Juárez. Presidente de Mare Terra Fundació Mediterrània

Bonavista, el ‘pueblo’ de Tarragona

Es poner un pie en Bonavista y de manera automática los recuerdos empiezan a amontonarse en mi cabeza. Me impacta el aluvión de momentos vividos en esas calles que tantas veces recorrí en mi juventud. Recuerdos de lucha, reivindicación y activismo social… pero también recuerdos de amor. Y es que Úrsula, mi compañera que lleva toda la vida a mi lado, se trasladó a vivir a Bonavista cuando hizo el peregrinaje, como tantos miles de personas, entre Andalucía y Catalunya.

Qué tiempos aquellos, y cuántas escenas que hoy en día serían imposibles de presenciar… Por ejemplo, yo he visto a vecinos de Bonavista hacer lo mismo que los actores en las películas del Oeste: comprar un terrenillo y construir como podían su propia casa. Que todas las viviendas fuesen diferentes entre sí era uno de los motivos que convertían a Bonavista en un barrio genuino. No había otro sitio igual en la provincia de Tarragona. Lo reconozco: la primera vez que visité Bonavista pensé seriamente que me habían abducido y había sido transportado a Andalucía o Extremadura. Parecía imposible que un lugar así existiese en Catalunya.

El barrio se fue transformando poco a poco. Aquellas personas que se habían sacrificado dejando atrás sus raíces para tener una vida mejor empezaron a tener hijos. Y Bonavista fue creciendo. Todos aquellos vecinos tenían un rasgo en común: eran valientes, muy valientes. No es casualidad que fuese en Bonavista donde surgió una de las primeras asociaciones de vecinos de la ciudad. Y la primera huelga de autobuses urbanos en democracia que se hizo en la provincia también tuvo lugar en Bonavista. Recuerdo que pese a ser el barrio de Poniente más alejado del centro de la ciudad los vecinos prescindieron del transporte público para ir caminando. De coraje iban sobrados.

Las luchas continuaron. La mayoría de vecinos estaban afiliados a partidos de izquierdas y defendían sus derechos con ahínco. Hasta la sede provincial del PSUC estaba ubicada en Bonavista. Hay apellidos que los que vivimos aquella época nunca olvidaremos: los Arjona, los Caamaño, los Aragón, los Torres… Recuerdo con especial cariño las fiestas populares, a las que yo acudía con mis compañeros de formación. Se generaba una atmósfera muy particular, y nosotros éramos conscientes de ello. Bonavista siempre fue un barrio especial. Tenía una idiosincrasia propia. Lo digo como lo pienso: a veces, parecía más un pueblo que un barrio.

Aquella Bonavista no tiene mucho que ver con la actual. No es mejor ni peor, pero es muy diferente porque los tiempos han cambiado para Bonavista, para Tarragona y para todo el mundo. Desde hace unos años, el movimiento vecinal ha sufrido un descenso radical y ha ido perdiendo fuerza. En Tarragona, muchos líderes vecinales acabaron trabajando en el ayuntamiento o en otras administraciones. La reivindicación dejó de ser una prioridad. Precisamente por ese motivo hace ya trece años nació la Coordinadora d’Entitats de Tarragona, que presido desde ese día. Una de las entidades que la forman es la Asociación de Vecinos de Bonavista. Siempre han sido unos escuderos fieles.

Aprovecho estas líneas para felicitar a la Asociación de Vecinos de Bonavista por su medio siglo de vida y deseo de todo corazón que nunca abandonen su espíritu combativo, porque forma parte del ADN del barrio. Enhorabuena de todo corazón. No quiero acabar sin nombrar a dos personas en especial. Gracias a Salvador Serrano, por estar ahí durante tanto tiempo. Y Joaquín Amades, amigo, que sepas que no te olvidamos. Y, por supuesto, también quiero felicitar a todos los vecinos que en algún momento de su vida hayan dedicado su tiempo para hacer de Bonavista un barrio más digno. Adelante, compañeros y compañeras. La lucha continúa.

Ángel Juárez Almendros. Presidente de Mare Terra Fundació Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra

Palabra de Ángel (17): “Rechazo total al arzobispo… y a los que lo apoyan”

Palabra de Ángel (16): “Los retos de Tarragona para el 2019”

El año que tiramos a la basura

En ‘Blade Runner’, la obra maestra de Ridley Scott rodada en 1982, todos los automóviles son voladores, los robots están tan avanzados que se confunden con personas, y una buena parte de la humanidad reside en planetas que han sido colonizados. Viene esto al caso porque la película está ambientada en… ¡2019! Lo siento, amigo Scott, pero te pasaste de frenada. Los coches todavía no vuelan (pero siguen contaminando), los robots aún lucen como robots y de momento sólo hemos viajado a la Luna y no parece que vayamos a llegar más lejos en mucho tiempo. Más allá de esta broma cinéfila, considero frustrante que ya hayamos dado la bienvenida al 2019 y sigamos arrastrando los mismo problemas que en 2018, 2017, 2016… El tiempo pasa y nada cambia. Otro año más, y la vida sigue igual.

Hace doce meses redacté una carta a los Reyes Magos titulada ‘Año nuevo, quejas viejas’, en la que apuntaba cuáles eran mis anhelos para el 2018. En ella aparecían estas líneas: “que estos deseos se cumplan no depende de mí, pero me dejaré la vida en ello. En 2019, cuando llegue el momento de redactar una nueva carta a los Reyes, comprobaré si el esfuerzo ha sido o no en vano”. Quien me conoce sabe que soy un hombre que cumple sus promesas, por mucho que éstas duelan. Por eso, y pese a que me temo lo peor, repaso la lista para comprobar que, efectivamente, la mayoría de peticiones del 2018 no han sido resueltas. Un año tirado a la basura, y encima al contenedor equivocado. No puedo decir que sea una sorpresa. Mi intuición, que es mi sexto sentido y una fiel compañera de batallas, sigue sin fallarme.

Llegados a este punto, lo más sencillo es caer en la depresión, bajar los brazos y no volver a levantarlos, sacar la bandera blanca y asumir que hemos fallado y que las generaciones venideras van a tener un futuro muy oscuro. Sería una decisión comprensible… pero también muy cómoda. Y el arte de procrastinar, vaya usted a saber por qué, nunca ha sido santo de mi devoción. Mi conciencia me obliga a poner sobre la mesa cuatro ideas que serán esenciales si queremos que el 2019 sea el año en el que todo cambie para siempre:

– Tenemos que plantear el 2019 como un año en el que existen determinadas líneas rojas que no deben pisarse, ni mucho menos cruzarse. En 2018, algunas que parecían insalvables se han traspasado con total impunidad mientras algunos miraban hacia otro lado. Cuando hablo de líneas rojas me refiero a que seas del partido que seas, tengas la ideología que tengas, hay que luchar y defender los derechos humanos y la igualdad de oportunidades, sin importar dónde hayas nacido, de dónde vengas, cómo es tu aparato reproductor, con quién te metes en la cama o el color de tu piel. En 2018 hemos experimentado un gran retroceso social, y el instinto me dice que vamos a tardar mucho tiempo en recuperar lo perdido. Cuestiones como exigir la derogación de la ley contra la violencia de género me provocan una gran indignación (y vergüenza ajena como ser humano). En fin, tan solo hay que mirar los últimos sondeos electorales para entender de qué estoy hablando y por qué estoy tan preocupado. Ojalá que el 2018 haya supuesto un paso hacia atrás, pero para coger carrerilla y saltar con más fuerza.

– El auge de la ultraderecha en el mundo me lleva a exigir a la Organización de las Naciones Unidas (como ya hice en una carta abierta dirigida a su presidente, António Guterres), que recupere su rol protagonista y haga cumplir a todos los estados del mundo la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en la que se proclama que todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona. Que se pongan las pilas de una vez porque estoy harto de ver morir a personas indefensas en el mar.

– A nivel medioambiental, un año más, la situación es crítica. No sé si nos dará tiempo a arreglar el desastre que estamos tejiendo entre todos. La cumbre de Katowice no ha servido para nada (¡menuda sorpresa!), y líderes de potencias mundiales como Trump o Bolsonaro (su irrupción, por cierto, es una de las peores noticias del 2018) siguen negando la evidencia y afirman que el cambio climático es un invento de los científicos. Y, por si fuera poco, los japoneses han decidido viajar en el tiempo y van a retomar la caza de ballenas. En este punto, reconozco que me cuesta mucho encontrar una rendija de esperanza. Sólo puedo pedir que las personas que nos gobiernan sean responsables y adopten las medidas necesarias para sacarnos de este callejón sin salida antes de que sea tarde (en realidad, sospecho que ya lo es).

– Finalmente, a nivel local, a quien le interese que se lea mi carta de 2018 porque las peticiones son las mismas, punto por punto. Mención especial para el estudio epidemiológico, que un año más ni está ni se le espera. Cuánta saliva gastada en palabras que no llevan a ningún lugar…

¿Cómo será mi carta a los Reyes para el 2020? ¿Volverá a ser tan parecida a la de los años anteriores? Nadie lo sabe, pero deseo con todas mis fuerzas no tener que escribirla. Porque si el 2019 es tan malo a nivel social y medioambiental como su antecesor, la caída y el descenso a los infiernos será irremediable. Ni los Reyes Magos nos podrán salvar de la hecatombe.

Ángel Juárez Almendros. Presidente de Mare Terra Fundació Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra

Ángel Juárez, entrevistado en Radio Televisión Municipal de Granada

Nuevo capítulo de Palabra de Ángel: ‘Tenemos que salvar el Iot y el Tòful de Mar’

Ángel Juárez ya es profeta en su tierra gracias a ‘Un paseo por mi vida’

El presidente de Mare Terra Fundació Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra (RIET), Ángel Juárez, ha presentado este miércoles su último libro, ‘Un paseo por mi vida’, en Granada. No es un acto cualquiera, ya que Juárez nació y vivió en esta ciudad andaluza hasta que cumplió los 16 años y se marchó hacia Catalunya. El presidente de Mediterrània nunca ha perdido la relación con Granada y su gente, pero es cierto que hasta este miércoles no había presentado ninguna obra ni había celebrado ningún acto. Ahora ya sí, Ángel Juárez es profeta en su tierra.

El acto se ha celebrado en La Tertulia Arte Bar, lugar emblemático en el que han presentado sus volúmenes personalidades como Rafael Alberti y Mario Benedetti y han actuado artistas míticos como Enrique Morente y Carlos Cano. Aparte de Juárez han tomado la palabra Daniel Rodríguez (poeta y presidente del Festival Internacional de Poesía de Granada), Alejandro Pérez Machado (filósofo, físico nuclear y miembro de la RIET) y Javier Cantón (delegado de Mare Terra Fundació Mediterrània en Andalucía). Todos ellos son amigos de Juárez y han hablado sobre su personalidad y la relación que mantienen con el fundador de la RIET ante las decenas de asistentes al acto.

 ‘Un paseo por mi vida’ es una recopilación de 51 historias protagonizadas por el autor de la obra en países como México, Cuba, El Salvador, Nicaragua, Japón, Etiopía o Egipto, entre otros. Como no podía ser de otra manera, Juárez ha explicado varias aventuras, algunas de las cuales han hecho reír al público, mientras que otras han provocado sensaciones más bien amargas. Y es que como él mismo ha explicado, “estas crónicas son retales de vida desconectados entre sí, y por lo tanto hay vivencias de todo tipo: divertidas, tristes, banales, existenciales, sorprendentes…”.

Juárez también ha destacado la “inmensa ilusión” que le hacía presentar su séptimo libro en Granada, “una ciudad a la que me siento muy ligado pese a que después la vida me llevó hacia Tarragona”. Asimismo, ha reconocido que “presentar ‘Un paseo por mi vida’ aquí es especial porque estoy convencido de que los granadinos y las granadinas se quedarán sorprendidos cuando lean y comprueban que un paisano suyo ha hecho tantísimas cosas en lugares tan dispares durante más de tres décadas”.

Después del éxito de los tres actos para dar a conocer ‘Un paseo por mi vida’ (dos en Tarragona y el de Granada), Juárez ha confirmado que a principios del 2019, en una fecha todavía por determinar, se llevará a cabo una nueva presentación en Madrid.