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Patrullas ciudadanas para todo

El fenómeno de las patrullas ciudadanas contra los carteristas será una novedad en Barcelona, pero en Tarragona nos acordamos muy bien cuando los payeses, hartos de que les expoliaran cosechas, maquinaria y les destrozaran sistemas de riego buscando cobre, también salieron a patrullar para protegese.

En Lleida, los agricultores también tuvieron que organizarse en somatenes para frenar una sangría sin fin de su modo de vida. Tan bien funcionaban estas patrullas que el por aquel entonces conseller de Interior, el controvertido Felip Puig, bendijo y auspició los somatenes, como complemento – por no decir parche- de los Mossos d’Esquadra. Ahora bien, con ciertas condiciones como no ir armados –por suerte, nuestra tierra no es Texas-, no enfrentarse a los ladrones y avisar en seguida a la policía, los verdaderos profesionales de la seguridad.

Cuando Interior cambió de manos, el Parlament de Catalunya aprobó una moción para ponerles fin. Poco contaban, sin embargo, de que los somatenes se resistieron porque los robos habían disminuido.

Es totalmente lógico que las fuerzas policiales desconfíen de las patrullas ciudadanas. Ni tienen formación ni son profesionales y lo que no sucede en toda una vida, puede pasar en un minuto. Como un ladrón sorprendido por los somatenes con las manos en la masa que murió de un ataque al corazón mientras le perseguían.  La investigación no atribuyó esa muerte a las patrullas rurales, pero ahí queda.

Si una de las definiciones de estado es tener el monopolio de la violencia, hay que analizar bien qué son las patrullas ciudadanas en este contexto.

Centramos el foco en los somatenes porque son lo más llamativo, pero si lo abrimos, encontraremos muchísimos más ejemplos de que la gente toma las riendas cuando se hartan de que las autoridades y las administraciones no hagan su trabajo. Un trabajo que, no lo olvidemos, lo paga quien al final, harto de dejadeces, se arremanga y tira por la vía rápida.

Mare Terra Fundació Mediterrània, por ejemplo, hace de patrulla ciudadana de vigilancia y control del medio ambiente, al igual que un buen puñado de entidades ecologistas.

Gracias a la mensajería instantánea, han surgido grupos de voluntarios que limpian montes y playas.

Un grupo de tarraconenses, bajo el nombre de Tarragona TT, denuncia la suciedad en Tarragona y, entre muchas otras  geolocaliza contenedores desbordados o vertederos ilegales.

Un grupo de usuarios del parque de la Ciutat, hartos de tener el pipican en malas condiciones, lo arreglaron ellos mismos.

La aplicación Epp del ayuntamiento de Tarragona invita al ciudadano a ser una suerte de policía cívica digital.

Pero tal como la seguridad y el monopolio de la violencia no debe dejarse en manos del ciudadano para evitar la ley del más fuerte –es decir, una jungla-la administración no puede, en ningún caso, dejar en manos de la gente el control de la seguridad ambiental.

Tampoco puede permitirse el lujo de transmitir relajación y laxitud a la hora de controlar episodios de contaminación, de fallos de seguridad o el gran error de que salga más barato pagar la multa si te pillan que no hacer las cosas bien hechas desde el principio.

Una vecina de la Part Baixa publica, cada día en sus redes sociales, los análisis de la calidad del aire de los medidores que tiene instalados en sus casas. Si dice “hoy es buena”, es más creíble que toda la administración junta. Pensemos en ello.

Y pensemos también en los recursos que tenemos, como ciudadanos obligados a patrullar, para que las administraciones hagan su trabajo y no nos obliguen a denunciarlas por prevaricación ni dejadez de funciones.

Ángel Juárez Almendros es presidente de Mare Terra Fundació Mediterrània, de la Coordinadora d’Entitats de Tarragona y de la Red de Escritores por la Tierra

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Sant Magí y Santa Tecla…¿fiestas populares o no?

Foto: Guillermo Maluenda

Parece que el nuevo equipo de Gobierno de Tarragona (ERC-ECP) quiere abrir las fiestas mayores y han empezado por eliminar el carro de las autoridades en la Portada de l’Aigua de Sant Magí –ya era hora-, sortear plazas en los balcones municipales y trasladar los pregones de las fiestas mayores de sant Magí y de Santa Tecla desde la sala de plenos al balcón de la fachada del Ayuntamiento.

En principio, encuentro estas medidas positivas porque ver siempre en los mejores sitios a los concejales y a sus amigos era una muestra más de perpetuar el sectarismo, aunque creo que puede darse todavía un paso más.

Ya puestos a introducir cambios, me permito una sugerencia para el día del pregón y es la de bajarlo directamente a la plaza, a pie de calle como hacemos en los barrios. Más próximo, imposible. Pasar del salón de plenos- un horno sin climatizar, por cierto – al balcón ya es un paso, pero no deja de ser ver el mundo desde la altura.

Creo que no sería tan complicado habilitar una tarima que sea còmoda para proclamar el pregon. Por cierto, estoy seguro de que el pregon de Eduard Boada –a quien aprovecho estas líneas para felicitarle- será tan delicioso como sus míticos bocadillos.

Ya tenemos precedentes de usar la calle en actos tan importantes como la entrega de las llaves de la Ciudad a Sus Majestades los Reyes Magos. No cuesta tanto seguir por ese camino.

Y de la calle, a los espectadores desde los balcones municipales. ¿Cuántas personas habrá que pagan religiosamente sus impuestos en la ciudad, les haría muchísima ilusión estar allí y hasta ahora, no tenían absolutamente ninguna opción a ocupar esos sitios privilegiados?   ¿Cuántas personas hay que emplean su tiempo de forma desinteresada en el tejido asociativo de la ciudad y a las que nunca han sido invitadas?

Muchas, seguro. Por ejemplo, desde la Coordinadora de Entidades de Tarragona (CET), que agrupa más de cien organismos, podemos explicar que en los Juegos del Mediterráneo, el por aquel entonces equipo de Gobierno (PSC-PP) no invitó a nadie del mundo vecinal ni asociativo. Sin embargo, hubo polémica y mucha sobre si se regalaron entradas, incluso antes de salir a la venta, a partidos de extrema derecha y asociaciones no precisamente locales. Los resultados de ese experimento ya los sabemos todos.

Podemos explicar también que Josep Poblet, el que fue alcalde imbatible de Vila-seca hasta que decidió retirarse por voluntad propia, solía salir en las fotografías rodeado de representantes de la sociedad civil. Algo parecido sucede con el alcalde de Reus, Carles Pellicer, quizás porque vieron que con el apoyo del pueblo se llega más lejos.

Este gesto del nuevo equipo de Gobierno de Tarragona de ir retirando privilegios es, pues, positivo pero queda mucho por hacer. Me pregunto quién redacta los protocolos que marcan quién asiste y quien no, quien participa y en qué sitio y quién queda excluido. Años atrás, en el barrio de Riuclar creamos un Ball de bastons y no nos dejaron participar en el Seguici Popular. Nos derivaron a otras calles. ¿Qué se hace hoy día para que los vecinos de los barrios sientan suyo el riquísimo patrimonio cultural de Tarragona? ¿Se les anima a participar, se les incentiva o simplemente se les aparta o se les ignora?

Hay que pasar de una vez por todas de fiestas mayores a fiestas populares de verdad, en la que todos los tarraconenses, sean del barrio que sean, las sientan suyas  y sean auténticos participantes en vez de invitados de piedra. La gente, ¿va a las verbenas o va a ver las verbenas? Las fiestas no se miran desde lejos o desde cerca. Sencillamente, se viven.

 

Ángel Juárez Almendros es presidente de Mare Terra Fundació Mediterrània, de la Coordinadora d’Entitats de Tarragona y de la Red de Escritores por la Tierra

 

Siempre se ha podido

Pocos saben que el barrio de la Albada de Tarragona es la demostración palpable que sí, que se puede, desde muchos años antes de que el partido lila proclamara ese lema. En estos últimos días, he descubierto que incluso muchos políticos locales desconocen la historia de la Albada. Casualidades de la vida, mi gran amigo y colaborador Ángel Moreno –el  “Angelillo”-es el pregonero de las fiestas del barrio, así que aprovecho este guiño del azar para reivindicar la lucha vecinal que lo hizo posible.

Situémonos casi 40 años atrás. Los hijos que habían crecido en barrio de Riuclar –aquellos barrios sociales surgidos en pleno franquismo- no querían abandonar su entorno, pero aspiraban a mejores  condiciones de vida y más dignas.

Este es el embrión de un proyecto apasionante que la Asociación de Vecinos, que por aquel entonces yo presidía coordinó y batalló hasta conseguir un barrio nuevo.

Era todo un proyecto social en régimen cooperativista, hecho a gusto de los vecinos, con amplias zonas verdes, con casas bonitas y un espacio hecho casi a medida para las familias. Incluso la rambla la pintamos de rojo para que fuera vistosa y transmitiera fuerza y energía.

Cargado de aspiraciones y con los avales de 130 vecinos interesados en comprar allí sus casas, visité personalmente promotores y constructores del cinturón rojo de Barcelona  y ladrillo a ladrillo, ilusión a ilusión y trabajo a trabajo, alzamos el nuevo barrio. Y demostramos que se podía, pese al escaso apoyo del alcalde, Joan Miquel Nadal e incluso de algunos vecinos, que lo llamaron durante un tiempo la Floresta 2.

Mediterrània también nació en Riuclar como una vocalía de Medio Ambiente de la federación vecinal. El nombre de Albada se escogió en las oficinas de Mediterrània por votación y no significa amanecer, como muchos piensan equivocadamente por analogía con alba, sino que la albada es una planta mediterránea muy típica en Tarragona.  También el escudo del barrio lo diseñamos en la sede de Mediterrània.

Muchos desconocen que la glorieta de la plaza Catalunya está inspirada en unas que fuimos a visitar a Navarra ni que la apisonadora antigua, instalada como decoración urbana, la trajimos desde Salou, donde la había abandonado una constructora, con el apoyo del concejal responsable de las brigadas municipales, Manuel del Amo.

Los vecinos la pintamos de amarillo para protegerla  y embellecerla.  Muy cerca, también luce un arado antiguo procedente de una casa vieja que derribaron y que es una donación mía para personalizar este espacio urbano.

Otra curiosidad que merece la pena explicar es que muchos de los árboles de Riuclar los plantamos los vecinos y llevan el nombre de los que entonces eran niños y hoy día, tienen sus propios hijos.

Es la historia de un barrio que, si no se cuenta, se perderá. Esto también es memoria histórica local que merece saberse. Si se olvida que sí se puede, llegará un mal día que no se podrá.

Ángel Juárez Almendros es presidente de Mare Terra Fundació Mediterrània, de la Coordinadora d’Entitats de Tarragona y de la Red de Escritores por la Tierra.

 

Nos están robando parte del tiempo y de la vida

Me cuesta encontrar la palabra para definir el hartazgo, la frustración y el vacío interior que provocan estos tiempos oscuros que vivimos,  en los que retrocedemos en todo tipo de derechos, desde los fundamentales como la libertad de expresión a los laborales. Si 20 años atrás alguien me hubiera dicho este panorama después de tantas luchas para la transformación social le hubiera dicho que es inimaginable y le hubiera tachado de pesimista.

Pero hoy, el pesimista soy yo y no encuentro la palabra justa para describir este desánimo, pero si una frase:  Nos están robando parte del tiempo y la vida.

Nos roban la vida, el tiempo y las energías a mí y a decenas, centenares de tarraconenses que ven, tan estupefactos como yo, una desidia tras otra, una negligencia tras otra, una falta absoluta de visión a largo plazo y de sentido de ciudad de los que tienen poder de decisión.

Es agotador vivir en el perpetuo día de la marmota, revindicar siempre los mismos puntos, plantear siempre las mismas luchas, repetir, una y otra vez, las mismas reivindicaciones porque nunca pasa nada más allá de sonrisitas, palmaditas en la espalda y palabras muy bonitas pero tan huecas que nunca se traducen en acciones. Y así llevamos tantas reuniones con los mismos resultados que ya no podemos más.

Trabajamos duro para que todos salgamos ganando , pero aquí solo ganan unos y perdemos los de siempre. Todos los activistas sociales estamos en permanente desventaja, puesto que el esfuerzo personal supone un sacrificio para tan escasos resultados y los que tienen poder de decisión cobran miles de euros por hacer oídos sordos.

Es absolutamente decepcionante que muchos de los nuevos miembros de los consejos de administración de las empresas municipales de Tarragona solo se hayan interesado por cuánto cobrarán. Ni una llamada, he podido saber,  para familiarizarse con el organismo que pilotarán, ni una visita para conocer a su personal ni una sola inquietud para saber qué pueden aportar. Nada. Solo cuántos euros les reportará y ya.

Lo de las puertas giratorias que existen a nivel local se lo contaré otro día para que no me suba la tensión a medida que escribo estas líneas.

Esta desazón , me atrevo a decir generalizada, lleva a muchos abandonos.  Sin nada que ganar y mucho que perder, o tiramos la toalla o nos reinventamos.

Las personas acostumbradas a luchar no abandonan tan fácilmente y entre todos, hemos decidido dar una vuelta de tuerca y para poder transformar,  de una vez por todas, esta apatía social y desidia política que sufre Tarragona.

Me recuerda la fábula del cerdo y la gallina. A los dos les invitaron a desayunar en un acto de altos vuelos. La gallina estaba entusiasmada, pero el cerdo muy reticente, quería más información antes de participar. Sabía que el desayuno era huevos con jamón. Es decir, que tendría que aportar su propia carne.

Estos distintos grados de compromiso entre las personas que hacen o quieren hacer y las que dicen que harán, pero no hacen aunque tengan poder de decisión, es lo que ha llevado a la Coordinadora de Entidades de Tarragona (CET) a dar ese paso adelante y poner sobre la mesa nuevas estrategias en las que no bloquearemos, como hasta ahora, la acción política. Opciones hay muchas, desde alianzas a avales a nuevas formaciones y también hay tiempo para estudiarlas y desarrollarlas bien. Si hay que poner el jamón, que al menos lo comamos todos.

Ángel Juárez Almendros

Presidente de Mare Terra Fundació Mediterrània, de la Coordinadora d’Entitats de Tarragona i de la Red de Escritores por la Tierra

 

Rompamos el tabú del suicidio

 

¿En qué mundo vivimos, que muchos jóvenes prefieren quitarse la vida a vivirla? ¿Qué hacemos tan mal como sociedad para enfermar mortalmente una época vital de rebeldía, de ser indomable casi por obligación, de beber la vida a tragos largos y comerse el mundo a bocados? Son cifras de la vergüenza: el suicidio es la primera causa de muerte entre los jóvenes, incluso por encima de los accidentes. Cifra que podría ser mayor porque, según algunos estudios, un 5% de los siniestros viarios son suicidios encubiertos.

El fenómeno es en toda Europa y especialmente sangrante en los países nórdicos, paradigma de sociedades y democracias avanzadas. Qué contraste con los jóvenes que se dejan la carne y la sangre en muros con alambres de espinos para alcanzar este mal  llamado primer mundo nuestro. Qué terriblemente mal lo hacemos para que jóvenes que no tienen nada y valoren la vida por encima de todo y jóvenes que lo tienen todo pierdan las ganas de vivir.

Lo tienen todo…o no. También viven con la amenaza de la precariedad, las altas tasas de paro, la frustración de ser la generación más preparada de la historia que no puede emanciparse, de ver solo callejones sin salida a lo que debería ser un mundo por explorar. Sin embargo, por duro que sea, es insultante compararlo con esas personas que se juegan la vida cruzando el mar a bordo de barquitos casi de papel.

Es nuestro deber devolver las ganas de vivir a esas personas que las han perdido, han renunciado o se las han arrebatado por lo que sea. Debemos hacer una reflexión urgente, seria y en profundidad sobre en qué monstruo estamos convirtiendo nuestro mundo y por qué no podemos hablar de esta lacra social.

Unos años atrás, nadie hablaba de cáncer. Era un tabú escondido bajo “una larga enfermedad” que ya se está rompiendo. Rompamos también con el tabú del suicidio y abordemos el problema de forma clara para ponerle remedio antes de que sea demasiado tarde.

Ángel Juárez Almendros es presidente de Mare Terra Fundació Mediterrània, de la Coordinadora d’Entitats de Tarragona i de la Red de Escritores por la Tierra

 

O más vertederos para nuestra basura o menos consumo. ¿Qué hacemos?

La gestión de los residuos es un quebradero de cabeza para todos los municipios porque se llevan una buena parte del presupuesto municipal. Para afrontarlo, se potencia al máximo el sistema de recogida selectiva y se intenta sensibilizar a la ciudadanía, dando pautas sobre los hábitos de consumo que generan menos residuos que ahora.

El coste de gestionar un gran volumen de residuos es muy caro, pero además, se debe tener en cuenta que los recursos son cada vez más escasos. Por lo tanto, es una necesidad social usarlos de la manera  más eficiente posible.

En los últimos años, cada vez vemos más municipios catalanes con recogida selectiva pero, entre todos, sólo llegan al 40%, según los datos de 2018 de la Agencia de Residuos de Catalunya. Dicho de otro modo, el 60% de la basura va a parar al contenedor gris. Con estos datos en la mano, hay que preguntarse si disponemos de capacidad de tratamiento suficiente para afrontar esta situación con garantías.

La fracción resto es la clave. Actualmente, el objetivo principal es disminuir el volumen de desecho que va directamente al vertedero y la estrategia para conseguirlo es llevar este rechazo a plantas de tratamiento mecánico-biológico y en plantas de valorización energética.

Ahora bien, esta es una estrategia que nos permite ganar tiempo, pero que no elimina la necesidad inminente de disminuir la generación total de residuos y en especial, la de rechazo.

Según la Agencia, las proyecciones de generación de residuos son que la tendencia irá decreciendo. A pesar de este optimismo, los balances señalan déficit en la capacidad de tratamiento de la fracción resto y orgánica. Esto quiere decir que con los 26 vertederos y las 4 incineradoras que hay en marcha en Cataluña, no es suficiente para gestionar los residuos que generamos. Por lo tanto, serán necesarias obras de ampliación de estas infraestructuras y también la puesta en funcionamiento de nuevas instalaciones.

Por lo tanto, cuando se dice que no queremos más depósitos controlados y plantas de valorización porque contaminan, yo me pregunto si estamos dispuestos a consumir menos para disminuir los residuos y el impacto que generamos, o si realmente aún no hemos entendido el problema que se nos viene encima.

Ángel Juárez es presidente de Mare Terra Fundació Mediterrània, de la Coordinadora d’Entitats de Tarragona y de la Red de Escritores por la Tierra

¿Hasta cuándo tendremos que esperar? (Cap 19 de “Palabra de Ángel)

Un cuarto de siglo de emociones…y a por más

Es verdad que el tiempo pasa volando, porque ya han pasado 25 años desde los primeros Premis Ones Mediterrània. Parece un suspiro, pero tenemos esta edición del cuarto de siglo prácticamente aquí. Será en el Teatro Metropol y – como marca nuestra tradición- el primer viernes del mes de junio, que este año cae en día 7. Han pasado, como decíamos, 25 años y ya peinamos canas, pero mantenemos la ilusión de estos Premis tan intacta como el primer día.

O mejor dicho, aún más fuerte y eso que, de facilidades, tenemos muy pocas. Créanme, reconocer las personas y las entidades que son valientes, honestas, y luchadoras a favor del medio ambiente, los derechos humanos y la justicia social es sencillamente maravilloso, pero, salvando todas las distancias, es prácticamente también tan heroico como ellas.

Compartir unas horas muy intensas con estas personas tan extraordinarias es un honor y también un privilegio. Muchas se juegan la vida, la libertad, el puesto de trabajo o su patrimonio para dejar a todos un mundo mejor.

Además de esta oportunidad impagable de compartir tiempo y espacio con estas personas, hemos tejido muchas complicidades y muchas alianzas, hemos hecho de embajadores de la ciudad de Tarragona y la hemos situada en el mapa internacional del activismo y del medio ambiente .

Lo que quizás nos gusta más, sin embargo, es que año tras año, los Premis Ones Mediterrània son nuestro pequeño grano de arena para que estas personas y entidades no se sientan solas, sino que sepan que su esfuerzo, su desgaste y sus sacrificios personales son inmensos.

Es por eso que los Premis son también un gran aplauso a su labor que, en muchos casos, desempeñan a miles de kilómetros de distancia. Nos gusta muchísimo que, entre todos, les hacemos llegar nuestro calor.

Y así han ido pasando los años.

Este año, como decíamos, celebraremos en el Teatre Metropol este cuarto de siglo con 250 premios otorgados, todos de una enorme grandeza humana sin haber conseguido que la ciudad de Tarragona haga tan suyos los Premis como los sentimos nosotros.

Nos preguntamos por qué son más conocidos en Latinoamérica que en las instituciones de Tarragona y la respuesta igual es este sentimiento perpetuo de inferioridad de los tarraconenses, este complejo que todos sus activos están cargados de defectos y no. En ningún caso debería ser así. Tarragona puede hacer grandes eventos internacionales como éste y debería estar orgullosa, no acomplejada.

La ciudad está llena de personas y entidades que trabajan duro, que se dejan la piel para hacerla mejor, que plantean proyectos innovadores, que son creativas, que tienen la ilusión de trabajar por el bien común, que aportan ideas, sensibilidad y energía y sobre todo, ganas de salir adelante.

Sin embargo, la inmensa mayoría de medios de comunicación públicos, pagados con el dinero de todos, no se dignan a dedicar ni treinta segundos a todas estas personas que lo merecen, sin duda, mucho más que un montón de informaciones que no son noticia en absoluto.

Pero este año celebramos 25 años y no es tiempo de refunfuñar,  sino de celebrar. Será una gran fiesta, más llena de calor que nunca, tan a rebosar de buena gente como siempre. ¡Os esperamos!

Ángel Juárez Almendros es presidente de Mare Terra Fundació Mediterrània, de la Red de Escritores por la Tierra (RIET) y de la Coordinadora d’Entitats de Tarragona (CET)

Puedo mentir y miento

La celebérrima cita política del “puedo prometer y prometo” ha desembocado en un triste, lamentable y generalizado  “puedo mentir  y miento”.

Hay barra libre para que los candidatos  mientan y suelten una patraña tras otra sin ningún tipo de recato. A alguno igual se le escapa la risa y todo en mitad de tanto embuste, viendo lo fácil que es reírse en la cara del electorado. No entiendo cómo pueden guardar la compostura, el gesto de no haber roto en su vida un plato mientras tiran la vajilla entera a la cabeza de sus oponentes.

Puedo mentir y miento que la ciudad tendrá servicios de calidad.

Puedo mentir y miento que la ciudad estará limpia, será segura, habrá obsesión para crear puestos de trabajo y calidad de vida

Puedo mentir y miento de que soy el más alto, el más guapo, el más inteligente, simpático y maravilloso ser que hay sobre el planeta tierra y que el resto debéis estar a mi servicio.

Me admira que puedan decirlo sin sonrojarse, sin perder la compostura, sin un parpadeo siquiera. Serían temibles jugadores de póker, soltando un farol tras otro, si no recordaran más a bien a tahúres dispuestos a hacer trampas al menor descuido. Serían actores formidables si no recordaran  más bien a esas estatuas vivientes que permanecen inmóviles en su puesto a cambio de unos dinerillos.

Me pregunto cómo hemos llegado hasta aquí y la respuesta- creo que podrán estar de acuerdo conmigo- es que nos hemos dejado. Nos hemos dejado que nos mientan a la cara una vez y otra y otra más sin que haya consecuencia alguna. Hemos permitido que la palabra, el buen nombre, que es uno de los bienes más preciados que pueda tener una persona, haya quedado oculta entre el fango, pisoteada por la mentira.

Sin reprobación social, crece la impunidad. Si a la primera mentira hubiera una contestación, una consecuencia, seguramente costaría más un segundo embuste.

Pero si las mentiras se multiplican como panes y peces y no pasa nada, al final están tan normalizadas que ya los que ni parpadeamos al oírlas somos nosotros.

Y ya está bien de dejar que esta bola, nunca mejor dicho, siga rodando cuesta abajo de la decencia.

Por si acaso creen que exagero, hace casi 30 años que Mediterrània reclama un estudio epidemiológico para saber el estado de nuestra salud pública. Hace casi 4 años, el Ayuntamiento de Tarragona acordó, por mayoría absoluta, impulsar este estudio y seguimos esperando.

Ya no sé ni cuántos años han pasado desde las promesas del Gobierno central de desdoblar la N-340 mientras seguimos sumando muertos y heridos. O de impulsar el Corredor del Mediterráneo mientras se pierden inversiones millonarias . Ni cuántos pasarán hasta que la Generalitat aligere de una vez las listas de espera y Tarragona tenga hospitales en condiciones o la Residencial recupere su antiguo esplendor.

Pero no pasa nada. Son tiempos electorales y todo es maravilloso. Seamos felices y mareemos perdices.

Ángel Juárez Almendros es presidente de Mare Terra Fundació Mediterrània, de la Coordinadora de Entidades de Tarragona y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra (RIET).

Dilo o el mal seguirá avanzando


Cristian Newman

 

“Para que triunfe el mal, sólo es necesario que los hombres buenos no hagan nada”, decía  Edmund Burke sin que la cita pierda nada de vigencia.  La gente de bien tenemos que pasar a la acción y no callar más. Dicho de otro modo: hay que frenar al mal.

Día sí, día también, nos levantamos con tal cantidad de escándalos políticos que nos hemos anestesiado. Que la policía fabrique pruebas para destruir un adversario político y aquí no pase nada es de juzgado de guardia. A menos que el fiscal lo afine, claro.

Uno de los escándalos es de una magnitud tan enorme que ha conseguido que no hagamos mucho caso, a base de titulares endulzados y de repetirse cada día como una gota malaya y eso es muy, demasiado peligroso. Me refiero a la ofensiva para despojar a las mujeres de muchos derechos conseguidos a base de años de lucha E

¿Os habéis fijado  que ahora que las mujeres alzan su voz para decir que ni una muerta más, ni una maltratada más, ni una violada más, ni una humillada más, brama una horda reaccionaria que las enviaría a todas, como se decía antes, “a la cocina y con la pata quebrada”?.

En la cocina, que quiere decir enclaustradas sólo en el ámbito doméstico, para cuidado del hogar, de la familia y evidentemente, del macho que lleva los pantalones. Y con la pata quebrada, con barra libre para molerla a palos si no se porta bien, como si fuera una bestia de carga.

Recientemente, la Comisión de la ONU sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer ya advirtió de los efectos nefastos de la reacción contra el feminismo y los avances en la igualdad de género.

El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, alertó: “Hay que decirlo como es. Alrededor del mundo hay un empuje contra los derechos de las mujeres”.

Una reacción, además “profunda” y “implacable”, empezando por un aumento de la violencia contra las mujeres y, sobre todo, las activistas y aquellas involucradas en política.

Pensemos solo en las estadísticas de mujeres asesinadas por hombres. Son escalofriantes. La violencia machista no es, como piensan algunos, propia de hombres emigrantes, pobres y / o con problemas de adicciones, sino que es transversal, afecta a toda la sociedad y es toda la sociedad quien debe decir, alto y claro, que ya basta.

Que ya está bien. Que los hombres buenos no podemos dejar avanzar ni un milímetro más esta maldad que ataca, con violencia y malicia extrema, a las mujeres. Que no podemos dejar avanzar ni un segundo más esta máquina del tiempo hacia pasados ​​oscuros en el que algunos se empeñan en hacernos subir y retroceder más de 40 años atrás.

Cualquier gesto, por pequeño que sea, es mejor que quedarnos quietos y callados.

A Mare Terra Fundació Mediterràni seguimos visibilizando las mujeres y la lucha feminista a través de los Premios Ones Mediterrània, que este año cumplen su 25 aniversario.

Se otorgan diez Premios, seis personas y cuatro entidades y de las seis personas, cinco son mujeres. El único hombre reconocido, además, hacía equipo con una de las premiadas. También en las entidades, las mujeres son protagonistas.

Mientras la maldad quiere hacer retroceder las mujeres, nosotros queremos que avancen para avanzar, juntos, más lejos.

Ángel Juárez Almendros.

Presidente de Mare Terra Fundació Mediterrània

Presidente de la Red Internacional de Escritores por la Tierra