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Palabra de Ángel (4): Mercancías peligrosas en el polígono Francolí

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Platero, la sanidad pública y yo

“Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro. Lo dejo suelto y se va al prado y acaricia tibiamente, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas… Lo llamo dulcemente: ¿Platero?, y viene a mí con un trotecillo alegre, que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal…”. Estas palabras, ya inmortales, pertenecen a ‘Platero y yo’, el clásico de Juan Ramón Jiménez. Es un libro de referencia: a muchos nos convirtió en amantes de los animales de por vida.

Las cosas han cambiado mucho desde que Jiménez escribió en 1914 las aventuras y desventuras de Platero. En aquellos años, en líneas generales, no había respeto hacia los animales. Eran tan solo eso, animales, en un sentido peyorativo -si es que esto puede existir. Seres vivos que no podían ser amados y cuya existencia dejaba de tener sentido cuando no eran útiles para el ser humano. Todos conocemos atrocidades que se perpetraban antiguamente que si sucediesen hoy, por fortuna, serían castigadas con penas de cárcel. Pero no cantemos victoria. Las corridas de toros son legales (y subvencionadas con fondos públicos, lo cual es denigrante) y barbaridades como el Toro de la Vega todavía cuentan con muchos defensores. Hemos recorrido una larga distancia, pero la meta está lejos y aún no la avistamos.

Las líneas básicas del animalismo son bastante evidentes y están consensuadas: acabar con el sacrilegio de los festejos taurinos, poner los medios necesarios para que el máximo número de  animales en peligro de extinción salgan de la lista roja, proteger los ecosistemas más débiles para que la vida animal no se vea perjudicada… Pero hoy hablaré de un punto que, aunque menor, debería comenzar a aparecer en los medios y hacerse un espacio en el debate público. Me estoy refiriendo a la posibilidad de crear un sistema de sanidad pública para las mascotas.

Soy consciente de que es un asunto polémico que suscita varios dilemas éticos y morales. Es difícil posicionarse en un lado o en otro porque hay argumentos suficientes en ambos bandos como para generar incertezas. Pero desde mi modesta opinión voy a romper una lanza a favor de la sanidad pública para perros, gatos y demás bichitos que nos alegran la existencia. Según los datos de la Asociación Madrileña de Veterinarios de Animales de Compañía (AMVAC), en España existen más de 20 millones de mascotas (es decir, hay una en cuatro de cada diez hogares). Otro dato significativo es que el gasto anual por cada perro (incluyendo comida, veterinario, etc.) es de más de 800 euros de media, y el de cada gato es de más de 500 euros. Teniendo en cuenta cómo son los salarios en España, es un dispendio considerable.

Varias personas me han confesado que les gustaría tener una mascota pero no pueden permitírselo. Eso es una desgracia, porque los humanos necesitamos a los animales y ellos a nosotros. La vida es más satisfactoria cuando estás acompañado de palabras y afecto humano, pero también de maullidos o caricias perrunas. Ahora que tenemos un gobierno que mira hacia la izquierda (¡por fin!) y trata a las personas como personas sin importar de dónde sean, puede ser un buen momento para que el animalismo avance en España desde una perspectiva política. Así que aprovecho este espacio para proponer que se realice una prueba piloto y se implante un sistema de sanidad pública para las mascotas. El experimento podría empezar con un número determinado de animales (los que necesiten cuidados más urgentes) y a partir de aquí estudiar cuánto cuesta y si sería asumible aumentar la atención de manera progresiva.

Y llegamos a la gran pregunta: ¿qué hacemos para que no se enfaden aquellos que no tienen mascotas? Yo planteo dos escenarios. El primero es que las personas que tengan un animal de compañía paguen un impuesto o una tasa especial al estado y que el sistema sanitario se sufrague con estos fondos. Una segunda posibilidad es que en la declaración de la renta aparezca una casilla para que los contribuyentes que así lo deseen colaboren con esta causa (me da en la nariz, llamadme malpensado, que tendría más éxito que la de la Iglesia).

Es probable que un modelo de gestión sanitaria como el que tenemos los humanos no sea asumible, pero que nadie pueda reprocharnos no haberlo intentado. Sería algo muy positivo para ti y para mí, para tu perro y para el mío, para los peludos a los que tanto queremos, para las personas que están solas y necesitan un amigo, para aquellos que lloramos con la muerte de Platero, en definitiva, para todos los que tenemos un corazón que late.

Ángel Juárez Almendros. Presidente de Mare Terra Fundació Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra

Los Premis Ones ponen en valor a las persones valientes y la lucha contra la corrupción en una gala inolvidable

Este viernes se ha llevado a cabo la 24ª edición de los Premis Ones, organizados por Mare Terra Fundació Mediterrània, y que un año más han sido sinónimo de éxito. El Teatre Metropol, una vez más, ha registrado un lleno absoluto. Esto no es una novedad, como tampoco lo es el hecho de que la velada haya estado llena de reivindicaciones para construir un mundo más justo y solidario. Y es que la esencia de los Premis Ones continúa intacta. Los doce galardonados han puesto la piel de gallina al público, que ha dedicado largas ovaciones a las personas distinguidas, especialmente a aquellas que han pasado por momentos complicados debido a su espíritu combativo.

El presidente de Mediterrània, Ángel Juárez, ha destacado el trabajo hecho durante 21 ediciones y que los Premis Ones ganan en prestigio año tras año. Juárez ha hecho un discurso inaugural de profundo carácter social y ha recordado un poema de Goytisolo titulado ‘Un mundo al revés’. “Tengo la sensación de que vivimos en un mundo al revés, en el que castigamos a aquellos que denuncian la corrupción y protegemos a los delincuentes. Un mundo en el que se criminaliza a una organización que se dedica a salvar vidas en el mar Mediterráneo. Debemos luchar porque no podemos continuar así”, ha afirmado Juárez.

Algunos premiados han recogido el guante lanzado por el presidente de la fundación y en sus discursos han incluido referencias a este mundo que funciona de una manera peculiar. Lo ha hecho de manera especial Ana garrido, persona que denunció un caso de corrupción cuando trabajaba en el Ayuntamiento de Boadilla del Monte y que posibilitó que saliese a la luz la trama Gürtel: “Yo también pienso que vivimos en un mundo al revés. Pero creo que esta gala es el ejemplo de que se pueden hacer las cosas diferentes y podemos volver a vivir en un mundo que funcione con normalidad”. Otro punto que han destacado varios premiados es la coincidencia de la ceremonia con la moción de censura contra Rajoy. Algunos lo han celebrado de manera abierta.

Aparte de Garrido, han pasado por el escenario Miguel Delibes de Castro, Xaureme (pueblo huichol), José Antonio Pardo (ONG Moriah), Daniel Garibotti, Pere Granados (alcalde de Salou), Miguel Ángel Martínez Aroca (Anpier), Patricia López, Carlos Enrique Bayo, Pablo Herreros Ubalde y Andrés Lechuga (Club Rugby Tarragona), así como los artistas Xavier Pié y MACC y la Taílla. Sólo ha habido una baja de última hora, la de Juan Diego Botto, que no ha podido viajar a Tarragona por un problema personal. En todo caso, el actor ha estado presente en la ceremonia ya que ha enviado un video que se ha proyectado para todos los asistentes.

La gala de los Premis Ones ha demostrado un año más que hay muchas personas que luchan para defender el medio ambiente y la justicia social. Como ha explicado uno de los premiados, Pablo Herreros Ubalde, no debemos olvidar que pese a que a veces no lo parezca, el ser humano es excepcional y maravilloso. Y ese es un mensaje muy importante. Por otra parte, Mediterrània ya tiene la cabeza puesta en la 25ª edición de los Premis Ones, que teniendo en cuenta su simbología será muy especial y por lo tanto estará llena de sorpresas. Pero habrá que tener un poco de paciencia…

La hora de los valientes

Lo que más me gusta de envejecer, además de tener el zurrón de la vida repleto de experiencias y sabiduría, es que cada vez tengo menos reparos a decir lo que pienso. Siempre he sido osado y nunca he tenido miedo a dar mi punto de vista sobre cualquier tema por truculento que sea. Los centenares de artículos de opinión que he escrito son una buena muestra. Sin embargo, reconozco que en algunas ocasiones me he mordido la lengua para no herir sensibilidades o para no crear una opinión errónea sobre mi persona. Pero…  ¿sabéis qué? Cada vez me importa menos. Hace años que soy un deslenguado, y cada día lo soy un poquito más. No me importa un carajo ser políticamente incorrecto o que mis palabras causen estragos entre mis conocidos. Digo lo que pienso, y punto.

Os he puesto en contexto porque voy a hacer una afirmación que quizás algunos no entiendan. Disparo: de todo lo malo que hay en nuestra sociedad, lo que menos soporto es la cobardía. Es uno de los pecados capitales en los que caemos con más frecuencia, y creo que si lo corrigiésemos todo nos iría mejor. No sé vosotros, pero yo estoy harto de estar rodeado de cobardes. Es obvio que debemos denunciar al político que mete la mano en la caja, pero también al que lo sabe y no tiene las narices de hacerlo público. Vivimos en una sociedad cobarde que se atemoriza con frecuencia, y ese es el escenario ideal para que los poderosos nos sigan sometiendo y la distancia entre clases se vaya ensanchando a toda máquina.

Precisamente por todo esto hay que poner en valor con más fuerza que nunca a aquellas personas que destacan por su valentía. Mujeres y hombres que no se amilanan ante los que mandan y que ponen su carrera –en ocasiones incluso su vida- en peligro por sacar la verdad a la luz o por demostrar que las cosas no son como nos habían contado. Estoy hablando de aquellos que hacen suya la mítica proclama marxista “la peor lucha es la que no se hace”. Insisto, hay que poner en valor su trabajo y aplaudirlos. Por eso vamos a brindar un homenaje a algunos de ellos en los Premis Ones Mediterrània de este año, que se celebran el 1 de junio en Tarragona y que llegan (¡ni yo mismo me lo creo!) a su vigesimocuarta edición.

Ese día va a pisar el escenario del Teatre Metropol (y va a recibir un aplauso fortísimo de las más de 500 personas que llenarán el recinto) Ana Garrido, la funcionaria de Boadilla del Monte cuya valentía a la hora de denunciar unas irregularidades en lugar de mirar hacia otro lado posibilitó que se destapara el caso Gürtel, la trama de corrupción más importante de la historia de España. Desde entonces muchos se han dedicado a destrozarle la vida (por suerte es muy fuerte y sé que lo superará). También recibirán un Premi Ones dos periodistas del Diario Público que son un ejemplo en los tiempos de crisis que corren para esta bella profesión. Me refiero a Patricia López y Carlos Enrique Bayo, que han destapado una gran cantidad de exclusivas relacionadas con las ‘cloacas del estado’ y han puesto en evidencia que la supuesta democracia perfecta en la que vivimos tiene muchos agujeros. Eso les ha costado muchas críticas de políticos y también unas cuantas querellas (aunque las van a ganar todas…).

El pueblo huichol también destaca por su valentía. Esta comunidad indígena ubicada en México tiene un enemigo muy poderoso como son las multinacionales mineras que quieren explotar un territorio que los huicholes consideran sagrado. ¿Pero sabéis qué? Ellos no son cobardes y llevan años plantándoles cara. Y lo van a seguir haciendo. También podemos hablar de la valentía de Juan Diego Botto, un actor de éxito que en vez de rodearse de la jet set y del lujo prefiere hacerlo de colectivos y entidades que luchan por la justicia social y las causas justas. Y podría seguir, pero mejor dejo algo para la noche de la ceremonia… En todo caso, todas las personas o colectivos que van a ser premiados tienen en común que han decidido arremangarse y trabajar, cada uno desde su ámbito, por crear un mundo mejor.

Ya sé que lo digo cada año y que me repito más que el ajo, pero no por eso deja de ser cierto: cada edición de los Premis Ones es muy especial, y no hay ninguna que se parezca a la otra aunque ya son veinticuatro años consecutivos. Estoy convencido de que la ceremonia del próximo 1 de junio será única, irrepetible e inolvidable. Mi consejo es que no os lo perdáis. Ciudadanos del mundo, estad atentos: ha llegado la hora de los valientes.

Ángel Juárez Almendros. Presidente de Mare Terra Fundació Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra

Ángel Juárez habla en el Diari Més sobre ‘Un paseo por mi vida’

Entrevista a Ángel Juárez en el diario ‘Notícies TGN’ sobre ‘Un paseo por mi vida’

Ángel Juárez presenta ‘Un paseo por mi vida’ en el Teatret del Serrallo acompañado de un centenar de amigos

El presidente de Mare Terra Fundació Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra (RIET), Ángel Juárez, ha presentado este jueves por la tarde su nuevo libro, ‘Un paseo por mi vida’, en el Teatret del Pòsit del Serrallo. Juárez ha estado muy bien acompañado ya que alrededor de un centenar de personas han asistido al acto, la mayoría de ellos amigos del autor y voluntarios y colaboradores de Mediterrània. Ha sido una presentación sencilla, cálida y cercana, adjetivos que también se podrían aplicar a la última obra del presidente de la RIET.

El coordinador de ‘Un paseo por mi vida’, Adrián Muñoz, ha dado el disparo de salida al acto explicando cuál es el objetivo del libro y cuál fue su origen. Acto seguido ha sido el turno del director de Silva Editorial, Manolo Rivera, que ha destacado el trabajo hecho por Juárez en países de Centroamérica y la importancia de que quede constancia. Después, el periodista Juan Carlos Ruiz ha recordado una de las historias que aparecen en el libro en la que él aparece como protagonista. Por su parte, el alcalde de Tarragona, Josep Fèlix Ballesteros, y su antecesor en el cargo, Joan Miquel Nadal, han explicado algunas de sus vivencias con Juárez y han alabado su trascendencia tanto en la ciudad de Tarragona como en otros rincones del mundo.

El gran protagonista de la velada, Ángel Juárez, ha afirmado estar “muy contento” ya que “tengo la sensación de haber pagado una deuda. Hacía mucho tiempo que amigos míos me pedían que escribiese un libro explicando mis historias, y ahora ya es una realidad”. El presidente de Mediterrània y la RIET ha rememorado alguna de las vivencias que aparecen en ‘Un paseo por mi vida’, y ha destacado que “hubo unos años en los que tenía tanto trabajo que no tenía tiempo para explicar todo lo que hacía. Estoy convencido de que mucha gente se quedará sorprendida cuando lea el libro y compruebe todo lo que he hecho durante más de tres décadas”. Juárez también ha anunciado que ‘Un paseo por mi vida’ se presentará en Madrid, Granada y Marruecos. El acto ha acabado con una breve actuación del cantaor flamenco Pedro Castro, que ha interpretado dos canciones, entre ellas ‘Princesa’, cuya letra es precisamente de Juárez.

‘Un paseo por mi vida’ es el séptimo libro de Ángel Juárez como autor principal  después de cinco poemarios, ‘Con la luz, con el aire, con los seres’ (2001), ‘Pellizcos del alma’ (2009), ‘Remolinos de vida’ (2011), ‘Tejiendo lunas’ (2012’) y ‘Aromas’ (2013), y la recopilación de artículos de opinión ‘Las crisis de la crisis’ (2017).

El que la sigue…

El que la sigue la consigue, dicen, y creo de todo corazón que el refrán es cierto, pero muchas veces lo más probable es morir en el intento. También decía (un tal Carlos Gardel) que veinte años no es nada, y siento contradecir a mi admirado cantante argentino, pero os aseguro que eso es una enorme falacia. Veinte años es mucho tiempo. Y treinta, todavía más. Demasiado tiempo. Pero si al final se acaba consiguiendo el objetivo, la espera merece la pena.

Estas ideas aparentemente inconexas vienen al caso porque esta semana he confirmado que  un sueño que perseguía desde hace más de tres décadas se va a hacer realidad. Así que es verdad: el que la sigue la consigue. También os digo que veinte o treinta años son una auténtica eternidad. En todo caso, lo importante es que la sempiterna reivindicación, que responde al nombre de estudio epidemiológico, por fin se ve satisfecha.

Para quien no lo sepa, los estudios epidemiológicos son, según la definición de Wikipedia, “el conjunto de actividades intelectuales y experimentales realizadas de modo sistemático con el objeto de generar conocimientos sobre las causas que originan las enfermedades humanas”. Dicho de una manera más accesible, es una investigación que permite conocer qué tipo de relación existe entre la actividad humana y la salud de las personas. Es decir, analiza si el agua que bebemos, la actividad industrial, el aire que respiramos, las emisiones de los coches o cualquier otro tipo de impacto afectan a nuestra salud y de qué manera lo hacen. Es una tipología de estudio prolongado en el tiempo, de manera que al cabo de unos años se acaba obteniendo información de una gran fiabilidad. Esto permite identificar muy bien los problemas y a la vez es muy útil para decidir qué medidas pueden ser las más adecuadas.

¿Y qué hemos tenido que hacer para llegar hasta aquí? No ha sido fácil. Es una petición que tanto yo de manera personal como las entidades que he presidido hemos trasladado a la clase política de manera insistente desde los noventa. Ha habido subidas y bajadas en nuestra intensidad, pero en los últimos años volvimos a poner el tema de lleno en la agenda política.  Así, en 2015 conseguimos que se aprobase una moción en el Ayuntamiento de Tarragona según la cual la administración iba a promover el estudio. Se celebraron algunos encuentros pero no se concretó nada. En enero de 2018 cambiamos la estrategia. Nos reunimos con todos los partidos políticos de la ciudad por separado y les preguntamos de manera directa si querían o no llevar a cabo la investigación. Todos dijeron que sí. Hicimos un lobby de presión, y funcionó. Ahora no tienen más remedio que ponerse de acuerdo. Supimos que habíamos triunfado cuando el alcalde de Tarragona reconoció de manera pública que habrá una partida presupuestaria concreta para poder ejecutar la primera fase del proyecto.

No os imagináis la alegría que uno puede llegar a sentir cuando traspasa la meta después de una carrera que ha durado casi media vida. Es una sensación gratificante que te reconcilia contigo mismo y, en parte, con el mundo. El estudio epidemiológico, en un territorio tan industrializado como es el Camp de Tarragona, no es un capricho sino una necesidad. Para mi fundación significará mucho trabajo y no veremos ni un euro, pero no podríamos hacerlo más a gusto. Nuestra implicación será máxima: no dejaremos de vigilar en todo momento para que todo se haga como se tiene que hacer. Ahora hay que implicar a los mejores científicos y profesionales, preferentemente de la Universitat Rovira i Virgili de Tarragona, y que se pongan en marcha porque tenemos mucho trabajo por delante.

Cuando hablamos de la salud de las personas, todo lo demás deja de tener importancia. Y aquí no nos referimos sólo a nuestra salud, sino también a la de nuestros hijos, nuestros nietos y todas las generaciones que aún están por venir. Por todos ellos, esta aventura ha valido la pena.

Ángel Juárez Almendros. Presidente de Mare Terra Fundació Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra

Año nuevo, quejas viejas

La ciencia aún no ha sido capaz de dictaminar por qué el tiempo pasa más rápido a medida que envejecemos. Es un fenómeno inescrutable que todos conocemos y que me genera una profunda insatisfacción. Me molesta que los años transcurran cada vez más deprisa y el tiempo se siga desperdiciando. No soporto que las agujas del reloj avancen a toda máquina y mientras tanto nuestras quejas o reivindicaciones sigan cayendo en saco roto.  Pero… ¿existe acaso alguna solución? Me temo que no. Por lo tanto, debemos seguir enseñando las garras y confiar que, esta vez sí, nuestros deseos se hagan realidad. Hagamos caso al clásico proverbio: mientras hay vida, hay esperanza (además, tampoco tenemos otro remedio…).

Muchos de los anhelos y lamentos para el 2018 son los mismos que los del 2017 y el 2016, y aún podría rebobinar hacia atrás unos cuantos años más. Y aunque eso no deja en buen lugar a algunos, yo tengo que seguir con mi cantinela. Por ejemplo, tengo que desear que los Juegos del Mediterráneo de Tarragona se celebren de una santa vez (un nuevo retraso no se podría justificar) y que estos sean un éxito para la ciudad. Pero lo que realmente pido a nuestros mandatarios es que sean responsables y sepan gestionar de manera inteligente todas las infraestructuras y espacios que se han creado para el evento. El futuro de la urbe estará ligado a la administración de este legado, así que es una cuestión para tomársela muy en serio.

Mi carta a los reyes prosigue con otro clásico que todos los tarraconenses nos sabemos de memoria: solucionar de una vez y para siempre los graves problemas que tenemos con el ferrocarril. Eso significa varias cosas: tener una estación digna de una capital de provincia, acabar con el tercermundismo que existe en el sistema de cercanías, mejorar las conexiones… Y no podemos olvidar lo que para muchos es una utopía o una fantasía para ilusos pero para mí es un proyecto muy complejo pero ni mucho menos irrealizable: desviar el tráfico de mercancías de la línea de la costa y conseguir una ciudad que mire al mar en vez de darle la espalda. Llamadme loco si queréis, pero estoy convencido de que mis ojos lo verán algún día.

Otro tema histórico de mi querida (pero maltratada) ciudad es la conexión (o, más bien, la ausencia de ella) entre el centro y los barrios periféricos. Cuando yo era un jovencito imberbe y acababa de llegar (y el tiempo pasaba mucho más despacio que ahora) ya se hablaba de este problema. Más de cuatro décadas después, seguimos en esta lucha. Porque un mísero carril-bici que además está lleno de obstáculos no puede considerarse como la plena conectividad. Ir caminando desde algunos barrios hasta el centro puede considerarse como un deporte de máximo riesgo, y eso, en pleno 2018, no nos lo podemos permitir. Por si no había quedado claro, yo voy a seguir insistiendo hasta quedarme sin aliento. Y no aceptaré excusas.

Hay muchas otras cuestiones que me preocupan y debemos poner el dedo en la llaga, aunque escueza. Por citar algunas, pienso en las deficiencias en el terreno de la cultura, la proliferación de locales vacíos y los problemas cada vez más graves para el pequeño comercio, la dignificación del Francolí, la degradación de la Part Baixa, los edificios en mal estado de la Part Alta, la falta de ilusión de muchos ciudadanos que, cansados, han optado por tirar la toalla…  Pero por encima de todos ellos hay un asunto que me quita el sueño y este año se tiene que empezar a solventar. Me refiero, por supuesto, a la realización de un estudio epidemiológico en el Camp de Tarragona.

Ya lo he dicho muchas veces y no me cansaré de repetirlo (aunque ojalá ésta sea la última vez): necesitamos que se ponga en marcha este estudio porque como vecinos de Tarragona tenemos todo el derecho del mundo a saber cómo afecta la actividad económica e industrial a nuestra salud (en caso de que realmente tenga consecuencias, que ojo, tampoco lo sabemos a ciencia cierta). No es un capricho, sino una necesidad. Tenemos el apoyo de la población (recogimos más de 5.000 firmas en pocas semanas) y del Ayuntamiento (cuyo pleno aprobó por mayoría una moción destinada a la elaboración de un sistema de vigilancia ambiental). Y no hemos dejado de insistir a todas las administraciones para que se pongan de acuerdo y empiecen a trabajar de una puñetera vez. En definitiva, hemos hecho todo lo que nos dijeron que teníamos que hacer pero no hemos obtenido la recompensa prometida. Y eso no nos parece ni justo ni honesto.

¿Y ahora qué? La experiencia me ha demostrado en múltiples ocasiones que no existen recetas mágicas, así que seguiré confiando en la única pócima milagrosa que conozco: trabajo, trabajo y más trabajo. Que estos deseos se cumplan no depende de mí, pero me dejaré la vida en ello. En 2019, cuando llegue el momento de redactar una nueva carta a los reyes, comprobaré si el esfuerzo ha sido o no en vano. El tiempo apremia, así que no pienso perderlo. Feliz año nuevo a todos, y ojalá que vuestras ilusiones también se hagan realidad.

Ángel Juárez Almendros. Presidente de Mare Terra Fundació Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra

El dedo y la luna

Desde hace varias semanas no puedo sacarme de la cabeza el proverbio chino que afirma que cuando el sabio señala la luna, el necio mira al dedo. Tengo la sensación de que la sociedad española se ha ido transformando progresivamente en el tonto que observa embobado el dedo y no presta ninguna atención ni al satélite ni a la luz que nos proporciona. Las personas deberían ser capaces de discernir qué es lo que de verdad importa (la luna) sin tener en cuenta las noticias que abren los informativos (el dedo). Por desgracia está quedando claro que somos una sociedad con poca capacidad crítica y analítica. El problema ya no es que sea fácil colarnos un gol, sino que lo celebramos aunque sea en nuestra propia portería.

En todos y cada uno de los días que han conformado los últimos cinco años, el conflicto entre Catalunya y España ha aparecido en mi vida de una manera u otra (en los medios, en una conversación cazada al vuelo, en un tweet…) sin excepción. Y como todos sabemos, esta situación ha ido in crescendo durante las últimas semanas, hasta el punto de que las encuestas ya reflejan que es una de las máximas preocupaciones de los españoles. No digo que el tema no sea importante (obviamente lo es), ni que no tengamos derecho a informarnos y a expresar nuestra opinión sobre el asunto. A mí mismo, como demócrata hasta la médula que soy, me entristece que haya personas en la cárcel o el exceso de represión que se ha vivido en algún momento de este proceso político. Pero como militante del sentido común, me pregunto: ¿no nos habremos obsesionado en exceso con el ‘procés’ catalán? ¿Puede ser que nos hayamos convertido sin darnos cuenta en los necios que no dejan de mirar al dedo? Así lo creo. Durante las últimas semanas se han producido varios sucesos de extrema gravedad, pero apenas les hemos prestado importancia ya que nuestra atención estaba en otro lado. Y es que las banderas, como ha sucedido a lo largo de la historia, sirven para tapar muchas cosas…

Quizás algunos no lo sepáis, pero la sequía se ha convertido en un problema que debería preocuparnos y ponernos en alerta. Los pantanos españoles están en su conjunto por debajo del 40%, una situación que no se registraba desde el 2006. Además, ya van tres años seguidos en los que llueve por debajo de la media, con lo que la falta de agua se está convirtiendo en nuestro pan de cada día. Existen tres cuencas, Júcar, Segura y Duero, cuya situación oficial según el gobierno es de “sequía prolongada”. Hay varios pueblos gallegos que se están abasteciendo mediante camiones cisterna. Y podría enumerar más ejemplos que son para echarse a temblar. Lo peor de todo es que esta crisis hidrográfica no va a ser pasajera. ¿De verdad no deberíamos centrar nuestros esfuerzos en este contratiempo?

Otra cuestión que para nada es banal, aunque para los medios así lo parezca, es que ya han transcurrido tres semanas de la oleada de incendios que quemó 50.000 hectáreas en Galicia, provocando además tres víctimas mortales. Las imágenes dieron la vuelta al mundo, y a las personas que como yo amamos la naturaleza nos provocaron un río de lágrimas. Y sin embargo, el tema perdió fuelle mediático a la misma velocidad que el maldito fuego quemó la vegetación. A día de hoy casi nadie fuera de Galicia está pendiente de la tragedia, pese a que los interrogantes siguen siendo enormes. Las detenciones han sido mínimas, y existen muchas dudas sobre la gestión que llevó a cabo el ejecutivo en este caso de terrorismo ambiental. Mucha gente lo perdió todo, y todos los españoles perdimos un trozo de nuestro país. En este contexto, ¿no sería prioritario centrarnos en dictaminar sentencia y castigar a los culpables?

Quien no está demasiado atento a las novedades de Puigdemont, Rajoy y compañía es al cambio climático. Él sigue adelante con lo suyo, impertérrito ante lo que sucede a su alrededor. De hecho, las últimas mediciones que se han realizado vía satélite demuestran que el hielo del Ártico se está derritiendo un 25% más rápido de lo previsto. Según las predicciones más recientes, el deshielo podría ser una realidad entre 2040 y 2050, y eso es algo que cambiará la vida para siempre sobre la faz de la Tierra. Incluso podría provocar la desaparición de la especie humana. Pero… no es tan importante como el ‘procés’, ¿verdad?

Llegados a este punto, y como el mundo que me rodea está mostrando las garras y con ganas de guerra, dejadme hacer una aclaración: a mí me parece perfecto que los ciudadanos estén involucrados al máximo con el caso catalán y todas sus ramificaciones. Es más, todos somos partícipes del ‘procés’ aunque no lo deseemos. Se trata de un asunto de vital importancia para todos los catalanes y españoles, y marcará nuestro futuro como país (o países), así que es lógico que nos quite el sueño. Lo que defiendo es que se puede y se debe estar preocupado por el tema catalán, pero hay muchas otras cuestiones que deberían intranquilizarnos al mismo nivel. Y, por lo tanto, también deberíamos implicarnos y poner de nuestra parte para conseguir una solución satisfactoria.

Lo que pido es compromiso social contra la sequía, los incendios y el cambio climático, que  afectan nuestro día a día tanto como nuestro status quo político. Al fin y al cabo, si no detenemos el cambio climático, pronto no habrá ni fronteras ni países que defender. No estoy siendo apocalíptico, sino consecuente con lo que indican los científicos. Creo que como sociedad debemos reordenar nuestras prioridades. Luchemos por nuestros países y nuestras ideas, pero hagámoslo también por nuestro planeta antes de que sea demasiado tarde.

Ángel Juárez Almendros. Presidente de Mare Terra Fundació Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra