Archivo de la etiqueta: Ángel Juárez

Palabra de Ángel (6): La Plataforma por la sanidad pública de calidad

Anuncios

Palabra de Ángel (5): Problemas con la radioterapia en Tarragona

Pequeños gestos, resultados gigantes

Pequeñascosas

No sé si el tamaño importa tanto como dicen (me apunto el tema para un futuro artículo), pero sí tengo claro que tendemos a infravalorar los pequeños gestos. Quizás influidos por el American Way of Life, que de manera casi imperceptible se entromete en nuestras vidas, en nuestra sociedad se ha impuesto la idea de pensar a lo grande, soñar con vivir fastuosamente, admirar las gestas y personajes colosales, y en general todo aquello que nos remita a un plano superior a nuestra rutina. Desconozco si este pensamiento es beneficioso o no a nivel social, pero creo que no debemos perder de vista la importancia de las acciones más cercanas y modestas, que quizás no llaman tanto la atención pero pueden ser igualmente poderosas. Ya lo dicen: hay pequeños gestos que pueden cambiar el mundo.

Esta reflexión no nace por casualidad, sino (como casi todos las meditaciones interesantes) a partir de una vivencia personal. Hace unos días me encontré con una persona a la que hacía muchísimo tiempo que no veía. Ella era una de las muchas niñas pequeñas que vivían en Riuclar (Tarragona) cuando yo empecé a ejercer como presidente de la asociación de vecinos del barrio. En cuanto me vio, su rostro esbozó una bella y amplia sonrisa, me abrazó efusivamente y me rodeó con sus brazos, así como con su alborozo. Reconozco que me sorprendió su entusiasmo. Acto seguido, empezó a contarme cómo le habían ido las cosas, y remarcó muy especialmente sus años mozos en Riuclar y los buenos recuerdos que conservaba  de aquella época. También me agradeció que yo hubiera luchado tanto por la gente del barrio y por intentar proporcionarles un lugar mejor para vivir, y recordó algunas anécdotas, historias sencillas a las que en su momento yo no les di demasiada importancia, pero que ella rememoraba con una nítida claridad, como si hubiesen sucedido la semana pasada.

No es la primera vez que vivo una experiencia similar. Otras personas en contextos diferentes también me han recordado lo importante que fue para ellos formar parte de la Colla de Diables Foc i Gresca (en la que también había vecinos de otros barrios), de la Colla Ball de Bastons de Riuclar o de la Banda de Tambores y Cornetas. En aquella época yo era bastante joven, pero ya tenía un cierto bagaje porque siempre había estado interesado e involucrado en los movimientos sociales. Por ese motivo (y porque había estudiado ampliamente la materia), tenía claro que poner en marcha todos aquellos grupos, así como organizar actividades para los niños del barrio los fines de semana, eran acciones mucho más significativas de lo que parecían a simple vista. Que más de tres décadas después haya personas a las que les brillan los ojos mientras me recuerdan aquellos maravillosos años me demuestra que esos pequeños gestos no eran minúsculos sino de grandes proporciones. Que no son molinos, mi señor, que son gigantes. Y estas personas que de tanto en tanto vuelven a mi vida de manera azarosa corroboran que el sendero que tomamos hace más de treinta años fue el correcto.

Durante las dos décadas en las que fui el representante de los vecinos de Riuclar, mi máxima meta fue alejar a los jóvenes de la drogadicción, que en aquellos momentos era un problema que asolaba de manera muy seria al barrio. Nuestra estrategia ante esta tesitura consistió en llevar a cabo una multitud de pequeñas acciones para construir un muro insalvable que separase a los adolescentes de estas tentaciones. Estoy muy satisfecho del trabajo realizado. Y es que exceptuando algunas personas que nunca quisieron nuestra ayuda (a veces, no sé muy bien por qué, me acuerdo de ellas y de lo que podrían haber sido), el resto siguió con sus vidas y hoy, con sus miserias y sus alegrías, sus penas y sus sueños, como el resto de los mortales, siguen adelante. He reflexionado mucho sobre aquello y creo que salvar a tantos jóvenes de la amenaza de las drogas es, de todas mis medallas, la que puedo lucir con más orgullo. Hoy en día, cuando ya como adultos formados vienen a saludarme y me recuerdan toda la efervescencia con la que contaba Riuclar en los ochenta y los noventa, es cuando me doy cuenta de la magnitud de la tragedia, y de rebote entiendo la importancia de los pequeños gestos, de las pequeñas cosas. Como cantaba el maestro Serrat, en una letra que me emociona, “son aquellas pequeñas cosas, que nos dejó un tiempo de rosas en un rincón, en un papel o en un cajón”.

¿Pueden los pequeños gestos, como afirman algunos, cambiar el mundo? No soy lo suficientemente sabio como para responder a esta pregunta. Lo que sí puedo asegurar con total convencimiento, porque lo he vivido en mis propias carnes, es que los pequeños gestos sí que pueden cambiar las vidas de las personas, y transformar un futuro incierto en una realidad esperanzadora, lo cual no es poca cosa. En el fondo lo que vengo a decir con estas líneas es que los pequeños gestos, en realidad, no son tan pequeños.

Ángel Juárez Almendros. Presidente de Mare Terra Fundación Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra

Entrevista a Ángel Juárez en el canal TAC 12

El canal de televisión TAC 12 entrevista a Ángel Juárez, presidente de Mare Terra Fundación Mediterrania. Durante la entrevista, Juárez habla de diversas cuestiones actuales.

Francolí: ahora o nunca

mini_francoli_tgn

Hoy os desvelaré una noticia que me provoca una felicidad inmensa. Pero antes, un poco de contexto. Ya han pasado unos años desde que se empezaron a poner en práctica de manera habitual los Acuerdos de Custodia del Territorio. Para aquellos que no estéis familiarizados con el término, se trata de una herramienta muy útil para que las ONG y las entidades ambientales o sociales puedan gestionar un espacio (ya sea público o privado) con el objetivo de conservar la diversidad biológica, el paisaje y el patrimonio cultural.

En su momento, a los que llevamos toda la vida en este ‘mundillo’, nos pareció una muy buena idea que las administraciones públicas dejaran en manos de las asociaciones la responsabilidad de proteger un territorio concreto. Porque la pasión, el ritmo y las ganas de avanzar que tienen las personas que trabajan o colaboran en entidades no se puede igualar. Porque de esta manera es más fácil implicar a la sociedad civil. Y, no nos engañemos, porque es más económico. Ahora que tenemos el bagaje suficiente como para hacer una valoración realista, estoy convencido de que ha sido una práctica de éxito y muy beneficiosa para todas las partes.

Para muestra, un botón. Durante los últimos años, dentro de los Premis Ones que la fundación que presido (Mare Terra Fundació Mediterrània) organiza anualmente, han sido galardonados varios trabajos basados en un Acuerdo de Custodia del Territorio. Sin ir más lejos, el año pasado recibieron el ‘Reconocimiento Defensa del Patrimonio Natural’ el Ayuntamiento de Soria y la Fundación Oxígeno, por su proyecto conjunto para situar a la ciudad castellana como el primer entorno urbano español y europeo candidato a ser declarado Reserva de la Biosfera de la Unesco. Y en la edición de este año de los Premis Ones, otro consistorio y otra entidad recibirán ex aequo el mismo galardón por un proyecto sorprendente y digno de aplauso. ¿Que quiénes son los afortunados? La respuesta… después de la publicidad.

Espero haber mantenido vuestra atención hasta aquí, porque se acabó el contexto y llegó el momento de daros la primicia: el Ayuntamiento de Tarragona ha elegido a Mare Terra Fundació Mediterrània para ser la responsable de la custodia del río Francolí a su paso por el término municipal tarraconense. En otras palabras, la fundación que presido ya tiene la obligación de encargarse de la conservación de este auténtico tesoro natural. Como si fuera nuestro hijo (de hecho, nosotros lo sentimos como tal), debemos cuidarlo para que esté sano, para que se haga fuerte contra las adversidades y pueda lucir en todo su esplendor.

Para nosotros es un premio, pero también el reto más importante que afrontaremos en el futuro. Llevamos 25 años reivindicando la importancia del río Francolí, haciendo pedagogía sobre sus impagables valores naturales, intentando convencer a las administraciones y a las empresas más poderosas de nuestro entorno sobre la necesidad de invertir en su conservación. Hemos conseguido muchos avances gracias a nuestra insistencia y perseverancia (somos muy cabezones cuando nos lo proponemos). Pero ahora hay que dar un paso adelante. Para el río Francolí, ha llegado la hora de la verdad. Esto marca un antes y un después. Empieza una nueva vida para el Francolí, y nosotros nos encargaremos de guiarlo por el buen camino.

No improvisaremos ni daremos palos de ciego. Lo tenemos todo archivado en nuestras cabezas desde hace tiempo. Tenemos el gran proyecto del Francolí definido. Será un Plan General del Río, que no debe ser sólo nuestro, sino de todos los actores que tomen parte. Todos unidos con un proyecto común, para avanzar más rápido y no desviarnos de la ruta.

Nuestro propósito es dividir la cuenca fluvial en diferentes sectores, en los que se establecerá una diagnosis de su estado para más tarde actuar sobre cada uno de ellos. De esta manera, no se aplicarán soluciones globales, sino que cada tramo del río tendrá su medicina particular. ¿Nuestro objetivo? No perder más tiempo y poder empezar a ejecutarlo lo antes posible.

Llevo casi toda mi vida dedicándome a la protección del medio ambiente. Y ahora, con casi cincuentaydiez años a mis espaldas, varias cicatrices de guerra, unos cuantos nietos, muchos palos pegados y un cuerpo que ya no responde como antaño, se presenta ante mí uno de los desafíos más apasionantes que habré de afrontar en mi carrera.  Mediterrània asume el reto, y esperamos tener a nuestro lado a las administraciones, las empresas y muy especialmente a los ciudadanos tarraconenses, de los que esperamos que nos apoyen y que den la cara por un río que tiene que dejar de ser, de una vez por todas, un gran desconocido.

Ha llegado la hora del Francolí. El futuro del río está en nuestras manos, y ya no hay marcha atrás. Debemos ser responsables. Nosotros estamos preparados. Y tú… ¿nos acompañas?

Ángel Juárez Almendros. Presidente de Mare Terra Fundación Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra

Carnaval, te quiero (pero ya no tanto)

carnaval1Cantaba la gran Celia Cruz que la vida es un carnaval, y hoy, que todavía estamos quitándonos el maquillaje de la cara, me vais a permitir que por un momento me ponga el disfraz de historiador para recordar cuál es la esencia del carnaval. Hace más de 5.000 años los sumerios y los egipcios ya celebraban un acto similar, consistente en disfrazarse, bailar y festejar. Unos añitos más tarde, el Imperio Romano reprodujo el festejo, difundiéndolo por Europa. Más adelante, los navegantes españoles y portugueses, que tontos no eran, decidieron exportarlo a América. Pensándolo bien, la expansión del carnaval fue una especie de preglobalización.

Pese a celebrarse por todo el globo y por lo tanto habiendo muchísimas variantes, hay un rasgo que cualquier carnaval comparte: su carácter irreverente. La esencia del carnaval es la juerga, la diversión y el descontrol. Pero también son días especiales porque en ellos (casi) todo está permitido, y eso incluye criticar de manera mordaz las cosas que no nos gustan. Ahora hay libertad de expresión (ejem, ejem…) y es más fácil, pero hace unos cuantos siglos las cosas eran diferentes. De ahí la importancia del disfraz y de la máscara. Durante el carnaval todo el mundo podía reprobar cualquier cosa libremente, sin revelar su identidad.

Me quito el disfraz de historiador y me pongo el de Ángel Juárez. Yo siempre he sido un gran seguidor del carnaval. De hecho, la semana pasada, después de muchos años sin vernos, celebramos una cena en la que nos reunimos algunas de las personas que colaboramos en la organización de los primeros carnavales en Tarragona de nuestra época. Fue un encuentro lleno de risas, pero aliñado con recuerdos y nostalgia. Rememoramos como nosotros, que colaboramos en la organización del evento, teníamos una comparsa llamada ‘La desorganización’. En aquella época, hace más de 25 años, los carnavales eran muy vividos. Había muchas ganas e ilusión. Mucha diversión y carcajadas. Y sí, también algo de alcohol.

En todo caso, más allá del desfase que caracteriza la festividad, en aquellos tiempos todas las comparsas tenían un punto reivindicativo. Casi todas enarbolaban un mensaje crítico, de carácter social, reivindicaciones que aunque estuviesen rogadas de litros de humor bien podrían ser el lema de una manifestación. Había un mensaje. Había valores. Y el espíritu nos pedía pasárnoslo bien, pero también criticar y reclamar mejoras para Tarragona, hechas desde detrás de nuestras máscaras.

Recordé todos esos años en esta cena y también durante el principal desfile que recorre las calles de la ciudad. Allí estaba de pie, junto a Anton Guasch, y ambos cruzamos nuestras miradas cuando pasó la comparsa de Riu Clar. Y creo que ambos pensamos algo parecido. Fijamos nuestros ojos en el estandarte, que después de 25 años sigue siendo el mismo. Yo lo promoví y lo diseñé; Anton Guasch lo materializó. Detrás de él, desfilaban decenas de jóvenes a los cuales ni Anton ni yo conocíamos. Y ambos coincidimos en que para la mayoría de ellos el estandarte era un simple trozo de tela sin historia, mientras que para nosotros es mucho más: la metáfora de una época en la que el carnaval era algo muy diferente.

carnaval2

Y es que el Carnaval de Tarragona ha cambiado inmensamente, y cada vez se parece más al de Santa Cruz de Tenerife o a los brasileños. Lo importante es la estética, el color, los trajes, los bailes. Pero ya no hay mensajes reivindicativos. Falta mala leche e irreverencia. Parece una pasarela de modelos en las que las comparsas concursan para ver quién tiene los mejores trajes (algunos de ellos, por cierto, con un coste de casi 500 euros, lo que no está mal en tiempos de crisis). Hay más espectadores que participantes. En cierto modo, me sentí como si estuviera presenciando una procesión de la Semana Santa. Se ha perdido el verdadero espíritu de la fiesta. El carnaval, definitivamente, se ha descafeinado.

No me malinterpretéis: hay que felicitar a organizadores y participantes, porque tiene mucho mérito que una ciudad como Tarragona tenga un carnaval de tan alto nivel. Hay mucho trabajo y esfuerzo, y eso se podía palpar en la rúa. Tiene un altísimo valor que tantas personas dediquen una parte de su vida para dar ese espectáculo durante unas pocas horas. Y yo los aplaudo a todos.

Y sin embargo, debo decir bien alto que ese no es mi carnaval, ni tampoco el de Anton Guasch, ni el de la mayoría de mis compañeros de aquella cena, ni el de tantas y tantas personas que durante muchos años salimos con nuestra comparsa sin tanta preocupación por cómo íbamos vestidos pero sí por pasárnoslo bien y difundir un mensaje. No es un ataque de nostalgia. Entiendo la evolución del carnaval. Son los tiempos que corren. Pero me pongo el disfraz de activista social (que me dejaré puesto durante todo el año) para gritar a los cuatro vientos que me gustaría que en el Carnaval de Tarragona hubiese más imaginación, más blasfemias y sobre todo que la rúa no se acabe convirtiendo en un gran escaparate de moda sin ningún tipo de significado.

Ángel Juárez Almendros. Presidente de Mare Terra Fundación Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra

Presentación del libro ‘Aromas’ en Costa Rica

presentacion-aromas-costa-rica-2

El presidente de Mare Terra Fundació Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra (RIET), Ángel Juárez, acompañado de la asistenta de dirección y coordinación de la fundación, Gemma Íñigo, llevaron a cabo un viaje de trabajo desde el pasado 28 de enero hasta el 8 de febrero. Durante su estancia han visitado Costa Rica y Nicaragua, donde han llevado a cabo diversas actividades.

El viaje tenía varios objetivos, y todos ellos se han cumplido. Por un lado, fortalecer la presencia de ambas entidades en estos dos países, con los que se trabaja desde la distancia de manera constante. Asimismo, se han realizado diversas reuniones con el objetivo de consolidar algunos proyectos internacionales de Mediterrània y de la RIET, como la celebración de un futuro Encuentro de Escritores en Costa Rica. Por último, desde la vertiente de la RIET, la visita también tuvo un carácter cultural, ya que se llevaron a cabo algunos actos literarios en los que participaron miembros que esta red de escritores (que aglutina a más de 800 personas) tiene en Costa Rica y Nicaragua.
presentacion-aromas-costa-rica-1
Entre los eventos más destacados, se programó una charla de Ángel Juárez el 29 de enero a las 19 horas bajo el título ‘Poesía y compromiso social’, que estaba enmarcada dentro de los actos de la Semana Nacional de Poesía de Costa Rica. El acto también sirvió para que Juárez presentara su último recopilatorio de poemas, titulado ‘Aromas’. Unos días más tarde, el presidente de la RIET volvió a realizar una nueva presentación del libro.
Hay que remarcar que los dos actos fueron un éxito de convocatoria, ya que fueron muchas las personas que acudieron interesadas por conocer de primera mano la obra poética de Juárez así como su opinión sobre el compromiso social.
presentacion-aromas-costa-rica-3

 

 

Ángel Juárez: ‘En busca de la sanidad perdida’

hemo_nova

En marzo de 2014 publiqué un artículo titulado ‘Mi reino por una manta’, en el que expliqué el via crucis que afronté cuando por un problema de salud tuve que acudir a varios servicios de urgencias. En aquel escrito narré la caótica situación en la que se encontraban los centros sanitarios, y os aseguro que en mis palabras no había ni un ápice de exageración, por más fama que tengamos los andaluces. Esta semana he vuelto a leer el artículo. Y qué queréis que os diga: si cambio la fecha de edición y lo publico hoy, nadie se extrañaría, porque (casi) un año después, los problemas de la sanidad pública continúan siendo (casi) los mismos. Y remarco lo expuesto en los paréntesis, porque la historia que voy a explicar es la crónica de cómo conseguimos ese ‘casi’, que pese a todo sabe a gloria.

Unos días antes de acabar el 2014, en plena vorágine festiva, acudí a mi farmacia habitual para comprar unos analgésicos (y es que, como media España, estaba resfriado). Allí me topé con un letrero que siempre asusta: ‘Cerrado por defunción’. En aquel momento tuve un mal presentimiento, una intuición cargada de energía negativa. Al día siguiente, aquello que no quería escuchar llegó a mis oídos: la persona que había fallecido era Enrique Gheron, un farmacéutico muy conocido, respetado y querido del barrio de Torreforta, en Tarragona.

¿Ustedes creen en la ‘Ley de Murphy’? Yo sí, y el pobre Enrique la sufrió: tuvo la mala suerte de caer enfermo en el peor momento, cuando la Unidad de Hemodinámica del Hospital Joan XXIII estaba bajando la persiana, y por ello tuvo que ser trasladado a Barcelona. Su tostada cayó al suelo del lado de la mantequilla. Es muy triste pensar que si su dolencia hubiese llegado una o dos horas antes, podría haber sido atendido en Tarragona, y quizás todavía estaría aquí, con nosotros…

A raíz de este suceso, Mare Terra Fundació Mediterrània y la Coordinadora d’Entitats de Tarragona, entidades que presido, denunciaron el caso e iniciaron una campaña frenética para pedir la obertura durante las 24 horas de la Unidad de Hemodinámica en Tarragona. No era ni mucho menos la primera vez que lo reclamábamos. Sin embargo, por cosas del destino, en esta ocasión el caso se mediatizó especialmente, y saltó a los medios de comunicación no sólo locales, sino también autonómicos y estatales. Eso nos ayudó mucho en nuestra campaña de denuncia, que se gestó junto a entidades sociales, partidos políticos y otras fuerzas vivas de la ciudad, y que concluyó con una concentración. Tres días después, el responsable de Salut en Tarragona confirmó la ampliación horaria total de ese servicio.

Hemos ganado la batalla. Como sociedad llegamos a nuestro límite y hemos gritamos basta. Y nos han hecho caso. Pero… ¿a qué coste? ¿Podemos estar satisfechos cuando la muerte de un hombre se ha tenido que mediatizar para conseguir nuestro objetivo? Además, ¿cuántos casos como el de Enrique Gheron habrán tenido lugar durante estos años pero no habrán saltado a la agenda política? Y es cierto que hemos conseguido la Unidad de Hemodinámica a tiempo completo, pero todavía queda mucho por recuperar de lo que nos han robado de nuestra sanidad pública (que es nuestra, porque nosotros la pagamos), de la que hace unos años todos nos sentíamos muy orgullosos. El surrealismo ‘berlanguiano’ continúa ahí: votamos a unos señores para que gestionen nuestro sistema de sanidad y ellos lo recortan y se lucran con ello, y todavía encontrarán a un chivo expiatorio para quitarse el muerto (por desgracia, de manera literal) de encima.

En todo caso, voy a poner unas gotitas de optimismo para que no me acusen de ver el vaso siempre medio vacío. Si algo ha quedado demostrado en toda esta historia, es que si el pueblo se une y camina en la misma dirección, la clase política no tiene más remedio que hacerle caso. Por eso mismo, espero que la injusta muerte de Enrique Gheron y todo lo que ha sucedido después sirva para que la sociedad entienda que nadie regala nada, y que hay veces en que no hay más remedio que salir a la calle y protestar. Al fin y al cabo, pese a todo, la fuerza la tiene el pueblo, y seguimos siendo los dueños de nuestro destino.

Con esta convicción, que siempre deberíamos tener presente, hay que iniciar una cruzada que será larga y dura, en busca de la sanidad perdida. Ahora que sabemos que es posible, debemos recuperar todo aquello que nos han quitado.

Yo ya estoy preparado. Y tú… ¿te vas a quedar en casa o te unes a nosotros?

Ángel Juárez Almendros

Presidente de Mare Terra Fundación Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra

Ángel Juárez: ‘Albert Vilalta, la incineradora y un secreto’

angel_vilalta

Dicen que todos tenemos nuestros secretos, y yo no soy una excepción. Hoy me voy a quitar la máscara y contaré uno. Es una historia que tuvo lugar hace muchos años y muy pocos conocen. Tenía previsto llevármela a la tumba conmigo, pero en los últimos meses han sucedido dos hechos que me han impulsado a explicarla: la muerte de Albert Vilalta y la venta de la planta de residuos especiales de Constantí (Tarragona), que se ha concretado de manera oficial esta misma semana.

Ya ha transcurrido más de un año desde la muerte de Albert Vilalta, una persona  trabajadora, profesional e independiente, que tuvo el honor de ser el primer conseller de Medi Ambient de la Generalitat. Pues bien, son muy pocos los que saben que en un momento determinado mi camino y el de Vilalta se cruzaron. En aquel momento, fuimos protagonistas de un episodio que acabó con la implantación de la incineradora de residuos (la única de este tipo que existe en España) en el municipio de Constantí.

Pongamos un poco de contexto en estas líneas. A finales de la década de los ochenta, bajo el mando del conseller Joaquim Molins, la Generalitat decidió que era necesario instalar una planta para acabar con los residuos tóxicos y peligrosos (antes no se utilizaban tanto eufemismos) del territorio, teniendo en cuenta que Tarragona albergaba uno de los complejos petroquímicos más importantes del sur de Europa. En un primer momento, el Govern escogió la pequeña población de Forès. La elección se llevó a cabo con un secretismo extremo, y prácticamente nadie era consciente de ello… excepto en el propio pueblo. Y entonces, la ‘bomba’ estalló. En un hecho impensable en ese momento (1990), el helicóptero que transportaba al President Pujol para visitar Forès fue apedreado por los vecinos.

El incidente fue muy sonado (en aquellos años, el President Pujol era mucho President) y a raíz de ello el plan del Govern se vino abajo como un castillo de naipes. Muchos alcaldes convergentes de la zona incluso rompieron su carnet y varios municipios se declararon independientes. En ese clima de tensión, un día recibí una llamada. En aquel momento, yo era el responsable de medio ambiente para todo el país de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Vivienda Social de Catalunya y estaba ultimando la puesta en marcha de Mediterrània. Quien preguntaba por mí al otro lado del teléfono era un responsable del recién creado Departament de Medi Ambient de la Generalitat. Y el mensaje que me transmitió fue muy simple: el conseller Vilalta quería reunirse conmigo para hablar sobre el problema de la incineradora.

Vilalta y yo mantuvimos una reunión (secreta y discreta) en Barcelona. El motivo fue muy simple: él (a diferencia de Molins) tenía muy claro que antes de empezar los contactos para ubicar la planta en un lugar determinado, debía tener garantizado el apoyo de las fuerzas vecinales. En ese sentido, como representante social, yo puse sobre la mesa una serie de condiciones indispensables e innegociables de carácter ambiental y social para que el proyecto pudiese fructificar. Entre ellas, la creación de una comisión de seguimiento, la instalación de una serie de tecnología de última generación para minimizar la emisión de contaminantes y la inclusión de contrapartidas sociales que beneficiarían de manera directa a los vecinos de la población que acogiese el recinto. Todo ello, además, debería ser refrendado antes de convertirse en realidad por asociaciones de vecinos y entidades.

Y así fue. Resumiéndolo mucho (la historia es muy larga y se extendió durante varios meses) la planta fue a parar a Constantí, pero previamente se llevaron a cabo muchas asambleas para que los vecinos sopesasen los pros y los contras. Finalmente, el proyecto contó con el apoyo social deseado y se acabó gestando. Y, lo más importante, todas las condiciones que puse sobre la mesa en la reunión con Vilalta se han cumplido de manera ejemplar durante todos estos años… hasta ahora.

Y es que 20 años después, el proceso de venta de la incineradora se ha realizado de forma opaca y con secretismo, como pasó en el caso de Forès. Y además, se ha   liberalizado la procedencia y el tonelaje de los residuos. La Conselleria de Medi Ambient ha vuelto a caer en la trampa, ha vuelto a tropezar con la misma piedra, decidiendo avanzar sin tener en cuenta la opinión de la ciudadanía. No se han dado cuenta de que los tiempos han cambiado, y que lo que hizo Vilalta (un político adelantado a su tiempo) es necesario para que los proyectos lleguen a buen puerto.

En esta cuestión soy tajante, porque me dejo guiar por mi experiencia: no hay que mover un dedo si no existe consenso social. Porque aunque algo sea legal, aunque sea algo que a todo el mundo parezca gustarle (como por ejemplo una fábrica de chocolate, por decir algo), sin el visto bueno del pueblo no funcionará. Seamos inteligentes, y no volvamos a caer en los mismos errores de siempre. Aunque sea bajo el amparo de la legalidad, o incluso bajo la excusa del chocolate.

Ángel Juárez Almendros. Presidente de Mare Terra Fundación Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra

Ángel Juárez: ‘Y hoy, por fin… Tarragona’

castells_concurs

Ya ni me acuerdo de los años que llevo escribiendo artículos de opinión. Durante este tiempo, he meditado y hecho mis reflexiones (con más o menos acierto), he narrado mis experiencias y mis pensamientos, y siempre he tenido un ojo puesto en lo que pasa en lugares tan dispares (y alejados físicamente entre sí) como pueden ser Madrid, Atenas, Solentiname, La Habana, Cisjordania o Sierra Leona. Y ahora que echo la vista atrás, me doy cuenta (con cierto resquemor) de que nunca he dedicado un artículo a mi ciudad. Y ya no puedo aguantar más. Hoy, por fin… Tarragona.

Aunque soy granadino de nacimiento (y de corazón), llevo tanto tiempo afincado en Tarragona que se ha convertido en mi casa. Y eso, para mí, es todo un orgullo, ya que Tarragona es una ciudad fantástica (aunque haya muchos que, por desgracia, se empeñen en destacar sólo las cosas negativas).

Hace apenas unos días, las imágenes de la antigua plaza de toros llena a rebosar de castellers aparecieron en medios de comunicación de todo el mundo. El Concurs de Castells es algo único, y poder vivirlo en primera persona es una satisfacción de esas que no se pagan con dinero. Y qué decir del patrimonio romano, de las fiestas de Santa Tecla, del barrio del Serrallo, de las vistas desde el Balcó del Mediterrani… Y de su gente. Qué decir de su gente.

Pero no sólo la ciudad es fantástica. El territorio que la rodea es envidiable. En un radio pequeñísimo de kilómetros puedes plantarte en lugares tan diferentes como las playas de la Costa Daurada –que son de las mejores del mundo-, las montañas de Siurana y Prades o Port Aventura. Puedes visitar los monumentos de la Ruta del Císter, disfrutar de una calçotada en su lugar de origen (Valls) o beber los soberbios vinos del Priorat y el Montsant. Todo tan distinto, pero a la vez tan especial. Y no olvidemos que tenemos un clima estable que es la envidia de todos. Por el potencial turístico que existe en la provincia, Tarragona puede ser un motor económico para todo el país. Sólo tenemos que creérnoslo.

En definitiva, Tarragona es mi maravillosa ciudad. Es la tierra que amo. Y sin embargo, desde que llegué aquí, hace ya cuatro décadas, tengo que soportar (día sí y día también) que sea injustamente tratada por la televisión pública catalana. Sí, esa que se supone que es de todos, y no sólo de las personas que viven en Barcelona y Girona. Debemos reconocer que la cobertura mediática que se hizo del Concurs de Castells fue mejor que otros años, pero me gustaría ver cómo sería en el caso de que el certamen se celebrase en la Ciudad Condal. Estaría hasta en la sopa.

Esta marginación es histórica (¿cuántas veces habremos dicho o escuchado aquello de ‘Tarragona sólo sale cuando hay malas noticias’?) hasta el punto de que estamos anestesiados. No obstante, hay un caso sangrante que no puede quedar impune. Me refiero a Santa Tecla, que en los últimos años se ha convertido en una de las fiestas mayores con más participación de Catalunya, y sin embargo apenas tiene presencia en los medios públicos que controla la Generalitat.

¿Cuáles son los pecados de Santa Tecla? Que se celebra en Tarragona y que coincide en fechas con la Mercè. No sé ustedes, pero yo ya empiezo a estar harto. Tantas quejas en Barcelona con el centralismo de Madrid, y ambos están utilizando el mismo látigo. Y es que, en el fondo, no son tan distintos.

Ángel Juárez Almendros

Presidente de Mare Terra Fundación Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra