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Con permiso de…

Con permiso de Pedro Sánchez, de Quim Torra, de Díaz Ayuso, de Pablo Iglesias, y de toda la clase política. Es innegable que nos ha cogido a todos por sorpresa, nunca imaginamos que viviríamos una pandemia, que unas consecuencias así podían suceder. No necesitamos más películas catastrofistas de Hollywood, o ficciones del fin de la tierra.  Ahora son nuestras vidas y como dice el dicho, una vez más “la realidad ha superado la ficción”.

La pregunta que debemos hacernos ahora es: “¿Hemos estado a la altura?”. La población, en su mayor parte, ha demostrado ser responsable y ha cumplido con todas las normas dictadas por el gobierno durante el confinamiento. Era algo completamente nuevo y desconocido para todos, pero sinceramente, estoy convencido de que hemos pasado la prueba. Se queda en el aire otro debate sobre hasta dónde llegan los límites de nuestras libertades, nuestros derechos, o las limitaciones de movimientos, etc. Son muchos los interrogantes para un próximo artículo.

Pero no puedo decir que la clase política haya estado a la altura de la situación, nos han fallado. Y hablando de esto debo decir que mi intención no es abrir ningún debate político, quiero hablar de palabras y valores tan sagrados como es la dignidad, la decencia, como es la justicia social y, por supuesto, y sin ninguna duda, los derechos humanos. Mi familia y yo hemos perdido a una persona de forma totalmente indigna y violando completamente todos sus derechos. Mi objetivo ahora es recuperar la dignidad que merece mi madre y todas las personas que, como ella, que se han ido de la forma más triste posible. Recordemos que las cifras que escuchamos o leemos o vemos en los diagramas todos los días en los medios de comunicación no son de la bolsa, ni del Ibex 35, que quizás les importan más a algunos, son cifras de muertos o contagiados. Muertos que se han ido injustamente, son personas, son vidas.

Nuestra sociedad tiene una gran deuda con las personas mayores que han muerto. No las podemos recuperar, pero si dignificar su muerte. Estas muertes no pueden quedar en saco roto, deben servirnos para hacer autocrítica y mejorar. Miremos lo sucedido en las residencias como una lección, investiguemos, estudiemos y no dejemos que esto vuelva a ocurrir.

Por estos motivos yo y la Plataforma Afectados por Coronavirus reivindicamos y exigimos:

  • Que las residencias pasen a gestión pública.
  • Una auditoría independiente sobre lo sucedido en geriátricos y residencias de toda España y de su estado actual, para identificar que es lo que ha fallado.
  • Analizando los resultados de la auditoría independiente, actualizar la normativa y reforzarlos controles vigentes para que sean más efectivos.
  • Los ministerios, consejerías y departamentos de sanidad deben tener una mayor implicación en residencias de ancianos. Debemos recordar que son personas frágiles que necesitan más protección.

Y repito, esto no es con ánimo de venganza, es para mejorar el futuro. Esto no va de ideologías, ni es ningún tipo de movimiento político. Quien crea eso se equivoca. Son personas insolidarias y no dejan de ser cómplices de las negligencias. Lo único que pedimos es información y transparencia, y quien quiera seguir tapando todo lo ocurrido, entenderemos que también es cómplice.

Personalmente, y con o sin permiso de… seguiré trabajando y denunciando, aunque para alguien nunca sea el momento, porqué la dignidad, la justicia y la solidaridad no tienen color, son derechos humanos.

Y, para terminar, recomiendo a todos los afectados y afectadas que no se queden ya en casa y emprendan acciones como yo he hecho. El mejor homenaje que podemos ofrecer a nuestros fallecidos y dignificar sus muertes y restaurar la justicia social.

Ángel Juárez

Presidente de Mare Terra, de la Coordinadora d’Entitats de Tarragona y de la RIET

Portavoz de los afectados por COVID-19 de la plataforma afectadoscoronavirus.org

31 días sin respuestas

Han pasado 31 días, 744 horas y 44640 de la explosión de la petroquímica IQOXE, y seguimos sin respuestas, sin soluciones, sin asumir responsabilidades. Lo único que mantenemos es el miedo. El Camp de Tarragona sigue atemorizado, ¿a qué están esperando para actuar?

La salud no es un tema que pueda esperar, no se puede dejar para “cuando vaya bien”. Porqué la salud significa vida. Nuestro derecho fundamental de vivir, y hacerlo dignamente, debe ser un tema prioritario en la agenda de todo político, sea cual sea su índole.

Ya ha pasado un mes, y mientras escribo estas líneas, hay más de 200 personas afectadas por la explosión, con sus viviendas o negocios dañados; y cientos más con cuadros de ansiedad o angustia. Personas jubiladas, con una economía reducida, sin una pensión digna, con cartones en las ventanas de su casa, esperando aún que les pongan los cristales. Esta es la triste, pero real situación. ¿Qué culpa tienen estas personas que nada tienen que ver con la química? Simplemente viven en una ciudad llamada “Tarragona”.

Pisos afectados en el barrio de Torreforta | EFE

Es difícil para mí calificar estos hechos. Solo puedo pensar en la inconsciencia y la insensibilidad de los encargados de solucionar esto. Los daños colaterales, la situación de estas personas, deberían haberse solucionado durante las 24 horas después de la explosión, y sin insultar llevando un perito en sus casas o negocios.

Algunos creen que Tarragona vuelve a florecer. ¿Qué veo yo? No veo florecer flores, sino oportunistas. Personas que nunca habían reivindicado un estudio sobre la calidad del aire, que veían correcto el PLAEQSCAT y que consideraban que las medidas ambientales llevadas a cabo eran satisfactorias. Estas personas, a día de hoy, intentan hacerse con la lucha que nosotros hemos estado llevando a cabo durante años, aprovechándose de la grave situación.

En este mismo momento, la CET (Coordinadora d’Entitats de Tarragona) y la Fundació Marte Terra Mediterrània, aún no se han reunido con las autoridades competentes para reformar los planes en caso de accidente o emergencia, como por ejemplo el PLAEQSCAT, los cuales demostraron ser ineficientes el pasado 14 de enero. Nosotros les hemos mostrado repetidas veces nuestra predisposición a encontrarnos. Entonces, ¿de verdad quieren solucionar algo?

Aun así, debemos reconocer la pequeña pero positiva parte de lo sucedido. La lucha empieza a dar algunos frutos. Personalmente, me alegro de que en los presupuestos de este año se destinen 200.000€ para un estudio de la calidad del aire. Es importante recalcar que será la primera vez que nuestro Ayuntamiento será responsable de los medidores del aire y, por lo tanto, también de los resultados. Un concepto muy distinto de lo conocido hasta ahora.

De todas formas, esto es solo una gota de agua en un gran vaso. El resto está por llenar.  En este momento, se han producido 0 dimisiones y 0 disculpas. Nadie, absolutamente nadie, ha demostrado la suficiente madurez o moral para asumir responsabilidades. ¿Sorprendidos? Ya no, pero si decepcionados. Todo se ha quedado en promesas y palabras, promesas y palabras, más promesas y más palabras…

Los cambios que necesitamos y exigimos deben ser drásticos para que la ciudadanía recupere la confianza y podamos vivir tranquilos de nuevo. Políticos y empresarios, ya no es tiempo de palabras, necesitamos hechos, y lucharemos por ellos en las calles de nuestra ciudad. Os animo a todos y todas a vernos el 19 de febrero, porqué 31 días, 744 horas, 44640 minutos después, nada se ha resuelto, nada ha mejorado, nada ha cambiado.

Ángel Juárez

Presidente de la Fundació Mare Terra Mediterrània, de  la Coordinadora d’Entitats de Tarragona y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra

Ángel Juárez participa de manera activa en la ceremonia de los Premios Emilio Castelar

El presidente de Mare Terra Fundació Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra (RIET), Ángel Juárez, participó en la ceremonia de los Premios Emilio Castelar que se celebró el pasado viernes en Sevilla. Juárez tuvo un rol muy activo durante la ceremonia ya que subió al escenario a entregar varios galardones. Asimismo, cogió el micrófono e hizo un discurso en nombre del alpinista y aventurero Jesús Calleja, que fue baja de última hora por motivos profesionales (ese mismo día tenía que viajar a India). El presidente de Mediterrània mantuvo un contacto directo con todos los premiados y pudo hablar un rato con todos ellos.

La edición de este año de los Premios Emilio Castelar a la defensa de las libertades y el progreso de los pueblos, que organiza la Asociación Progresistas de España, ha reconocido al periodista Jon Sistiaga, al empresario Patricio Farcuh, al político Jesús Eguiguren, a la cantante María Ángeles Rozalén, a la Fundación Oxígeno o a la publicación Feminismo16, entre otros. En ediciones anteriores han sido premiadas personas como Baltasar Garzón, Alfredo Pérez Rubalcaba, Pedro Zerolo, Jordi Évole, Iñaki Gabilondo o Ana Pastor.

Hay que tener en cuenta que Ángel Juárez fue reconocido en la primera edición de los Premios Emilio Castelar, que se celebró en 2012. Desde entonces es miembro del jurado y participa activamente en la elección de los galardonados cada año. También asiste a la ceremonia siempre que tiene la oportunidad de hacerlo.

Palabra de Ángel (6): La Plataforma por la sanidad pública de calidad

Palabra de Ángel (5): Problemas con la radioterapia en Tarragona

Pequeños gestos, resultados gigantes

Pequeñascosas

No sé si el tamaño importa tanto como dicen (me apunto el tema para un futuro artículo), pero sí tengo claro que tendemos a infravalorar los pequeños gestos. Quizás influidos por el American Way of Life, que de manera casi imperceptible se entromete en nuestras vidas, en nuestra sociedad se ha impuesto la idea de pensar a lo grande, soñar con vivir fastuosamente, admirar las gestas y personajes colosales, y en general todo aquello que nos remita a un plano superior a nuestra rutina. Desconozco si este pensamiento es beneficioso o no a nivel social, pero creo que no debemos perder de vista la importancia de las acciones más cercanas y modestas, que quizás no llaman tanto la atención pero pueden ser igualmente poderosas. Ya lo dicen: hay pequeños gestos que pueden cambiar el mundo.

Esta reflexión no nace por casualidad, sino (como casi todos las meditaciones interesantes) a partir de una vivencia personal. Hace unos días me encontré con una persona a la que hacía muchísimo tiempo que no veía. Ella era una de las muchas niñas pequeñas que vivían en Riuclar (Tarragona) cuando yo empecé a ejercer como presidente de la asociación de vecinos del barrio. En cuanto me vio, su rostro esbozó una bella y amplia sonrisa, me abrazó efusivamente y me rodeó con sus brazos, así como con su alborozo. Reconozco que me sorprendió su entusiasmo. Acto seguido, empezó a contarme cómo le habían ido las cosas, y remarcó muy especialmente sus años mozos en Riuclar y los buenos recuerdos que conservaba  de aquella época. También me agradeció que yo hubiera luchado tanto por la gente del barrio y por intentar proporcionarles un lugar mejor para vivir, y recordó algunas anécdotas, historias sencillas a las que en su momento yo no les di demasiada importancia, pero que ella rememoraba con una nítida claridad, como si hubiesen sucedido la semana pasada.

No es la primera vez que vivo una experiencia similar. Otras personas en contextos diferentes también me han recordado lo importante que fue para ellos formar parte de la Colla de Diables Foc i Gresca (en la que también había vecinos de otros barrios), de la Colla Ball de Bastons de Riuclar o de la Banda de Tambores y Cornetas. En aquella época yo era bastante joven, pero ya tenía un cierto bagaje porque siempre había estado interesado e involucrado en los movimientos sociales. Por ese motivo (y porque había estudiado ampliamente la materia), tenía claro que poner en marcha todos aquellos grupos, así como organizar actividades para los niños del barrio los fines de semana, eran acciones mucho más significativas de lo que parecían a simple vista. Que más de tres décadas después haya personas a las que les brillan los ojos mientras me recuerdan aquellos maravillosos años me demuestra que esos pequeños gestos no eran minúsculos sino de grandes proporciones. Que no son molinos, mi señor, que son gigantes. Y estas personas que de tanto en tanto vuelven a mi vida de manera azarosa corroboran que el sendero que tomamos hace más de treinta años fue el correcto.

Durante las dos décadas en las que fui el representante de los vecinos de Riuclar, mi máxima meta fue alejar a los jóvenes de la drogadicción, que en aquellos momentos era un problema que asolaba de manera muy seria al barrio. Nuestra estrategia ante esta tesitura consistió en llevar a cabo una multitud de pequeñas acciones para construir un muro insalvable que separase a los adolescentes de estas tentaciones. Estoy muy satisfecho del trabajo realizado. Y es que exceptuando algunas personas que nunca quisieron nuestra ayuda (a veces, no sé muy bien por qué, me acuerdo de ellas y de lo que podrían haber sido), el resto siguió con sus vidas y hoy, con sus miserias y sus alegrías, sus penas y sus sueños, como el resto de los mortales, siguen adelante. He reflexionado mucho sobre aquello y creo que salvar a tantos jóvenes de la amenaza de las drogas es, de todas mis medallas, la que puedo lucir con más orgullo. Hoy en día, cuando ya como adultos formados vienen a saludarme y me recuerdan toda la efervescencia con la que contaba Riuclar en los ochenta y los noventa, es cuando me doy cuenta de la magnitud de la tragedia, y de rebote entiendo la importancia de los pequeños gestos, de las pequeñas cosas. Como cantaba el maestro Serrat, en una letra que me emociona, “son aquellas pequeñas cosas, que nos dejó un tiempo de rosas en un rincón, en un papel o en un cajón”.

¿Pueden los pequeños gestos, como afirman algunos, cambiar el mundo? No soy lo suficientemente sabio como para responder a esta pregunta. Lo que sí puedo asegurar con total convencimiento, porque lo he vivido en mis propias carnes, es que los pequeños gestos sí que pueden cambiar las vidas de las personas, y transformar un futuro incierto en una realidad esperanzadora, lo cual no es poca cosa. En el fondo lo que vengo a decir con estas líneas es que los pequeños gestos, en realidad, no son tan pequeños.

Ángel Juárez Almendros. Presidente de Mare Terra Fundación Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra

Entrevista a Ángel Juárez en el canal TAC 12

El canal de televisión TAC 12 entrevista a Ángel Juárez, presidente de Mare Terra Fundación Mediterrania. Durante la entrevista, Juárez habla de diversas cuestiones actuales.

Francolí: ahora o nunca

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Hoy os desvelaré una noticia que me provoca una felicidad inmensa. Pero antes, un poco de contexto. Ya han pasado unos años desde que se empezaron a poner en práctica de manera habitual los Acuerdos de Custodia del Territorio. Para aquellos que no estéis familiarizados con el término, se trata de una herramienta muy útil para que las ONG y las entidades ambientales o sociales puedan gestionar un espacio (ya sea público o privado) con el objetivo de conservar la diversidad biológica, el paisaje y el patrimonio cultural.

En su momento, a los que llevamos toda la vida en este ‘mundillo’, nos pareció una muy buena idea que las administraciones públicas dejaran en manos de las asociaciones la responsabilidad de proteger un territorio concreto. Porque la pasión, el ritmo y las ganas de avanzar que tienen las personas que trabajan o colaboran en entidades no se puede igualar. Porque de esta manera es más fácil implicar a la sociedad civil. Y, no nos engañemos, porque es más económico. Ahora que tenemos el bagaje suficiente como para hacer una valoración realista, estoy convencido de que ha sido una práctica de éxito y muy beneficiosa para todas las partes.

Para muestra, un botón. Durante los últimos años, dentro de los Premis Ones que la fundación que presido (Mare Terra Fundació Mediterrània) organiza anualmente, han sido galardonados varios trabajos basados en un Acuerdo de Custodia del Territorio. Sin ir más lejos, el año pasado recibieron el ‘Reconocimiento Defensa del Patrimonio Natural’ el Ayuntamiento de Soria y la Fundación Oxígeno, por su proyecto conjunto para situar a la ciudad castellana como el primer entorno urbano español y europeo candidato a ser declarado Reserva de la Biosfera de la Unesco. Y en la edición de este año de los Premis Ones, otro consistorio y otra entidad recibirán ex aequo el mismo galardón por un proyecto sorprendente y digno de aplauso. ¿Que quiénes son los afortunados? La respuesta… después de la publicidad.

Espero haber mantenido vuestra atención hasta aquí, porque se acabó el contexto y llegó el momento de daros la primicia: el Ayuntamiento de Tarragona ha elegido a Mare Terra Fundació Mediterrània para ser la responsable de la custodia del río Francolí a su paso por el término municipal tarraconense. En otras palabras, la fundación que presido ya tiene la obligación de encargarse de la conservación de este auténtico tesoro natural. Como si fuera nuestro hijo (de hecho, nosotros lo sentimos como tal), debemos cuidarlo para que esté sano, para que se haga fuerte contra las adversidades y pueda lucir en todo su esplendor.

Para nosotros es un premio, pero también el reto más importante que afrontaremos en el futuro. Llevamos 25 años reivindicando la importancia del río Francolí, haciendo pedagogía sobre sus impagables valores naturales, intentando convencer a las administraciones y a las empresas más poderosas de nuestro entorno sobre la necesidad de invertir en su conservación. Hemos conseguido muchos avances gracias a nuestra insistencia y perseverancia (somos muy cabezones cuando nos lo proponemos). Pero ahora hay que dar un paso adelante. Para el río Francolí, ha llegado la hora de la verdad. Esto marca un antes y un después. Empieza una nueva vida para el Francolí, y nosotros nos encargaremos de guiarlo por el buen camino.

No improvisaremos ni daremos palos de ciego. Lo tenemos todo archivado en nuestras cabezas desde hace tiempo. Tenemos el gran proyecto del Francolí definido. Será un Plan General del Río, que no debe ser sólo nuestro, sino de todos los actores que tomen parte. Todos unidos con un proyecto común, para avanzar más rápido y no desviarnos de la ruta.

Nuestro propósito es dividir la cuenca fluvial en diferentes sectores, en los que se establecerá una diagnosis de su estado para más tarde actuar sobre cada uno de ellos. De esta manera, no se aplicarán soluciones globales, sino que cada tramo del río tendrá su medicina particular. ¿Nuestro objetivo? No perder más tiempo y poder empezar a ejecutarlo lo antes posible.

Llevo casi toda mi vida dedicándome a la protección del medio ambiente. Y ahora, con casi cincuentaydiez años a mis espaldas, varias cicatrices de guerra, unos cuantos nietos, muchos palos pegados y un cuerpo que ya no responde como antaño, se presenta ante mí uno de los desafíos más apasionantes que habré de afrontar en mi carrera.  Mediterrània asume el reto, y esperamos tener a nuestro lado a las administraciones, las empresas y muy especialmente a los ciudadanos tarraconenses, de los que esperamos que nos apoyen y que den la cara por un río que tiene que dejar de ser, de una vez por todas, un gran desconocido.

Ha llegado la hora del Francolí. El futuro del río está en nuestras manos, y ya no hay marcha atrás. Debemos ser responsables. Nosotros estamos preparados. Y tú… ¿nos acompañas?

Ángel Juárez Almendros. Presidente de Mare Terra Fundación Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra

Carnaval, te quiero (pero ya no tanto)

carnaval1Cantaba la gran Celia Cruz que la vida es un carnaval, y hoy, que todavía estamos quitándonos el maquillaje de la cara, me vais a permitir que por un momento me ponga el disfraz de historiador para recordar cuál es la esencia del carnaval. Hace más de 5.000 años los sumerios y los egipcios ya celebraban un acto similar, consistente en disfrazarse, bailar y festejar. Unos añitos más tarde, el Imperio Romano reprodujo el festejo, difundiéndolo por Europa. Más adelante, los navegantes españoles y portugueses, que tontos no eran, decidieron exportarlo a América. Pensándolo bien, la expansión del carnaval fue una especie de preglobalización.

Pese a celebrarse por todo el globo y por lo tanto habiendo muchísimas variantes, hay un rasgo que cualquier carnaval comparte: su carácter irreverente. La esencia del carnaval es la juerga, la diversión y el descontrol. Pero también son días especiales porque en ellos (casi) todo está permitido, y eso incluye criticar de manera mordaz las cosas que no nos gustan. Ahora hay libertad de expresión (ejem, ejem…) y es más fácil, pero hace unos cuantos siglos las cosas eran diferentes. De ahí la importancia del disfraz y de la máscara. Durante el carnaval todo el mundo podía reprobar cualquier cosa libremente, sin revelar su identidad.

Me quito el disfraz de historiador y me pongo el de Ángel Juárez. Yo siempre he sido un gran seguidor del carnaval. De hecho, la semana pasada, después de muchos años sin vernos, celebramos una cena en la que nos reunimos algunas de las personas que colaboramos en la organización de los primeros carnavales en Tarragona de nuestra época. Fue un encuentro lleno de risas, pero aliñado con recuerdos y nostalgia. Rememoramos como nosotros, que colaboramos en la organización del evento, teníamos una comparsa llamada ‘La desorganización’. En aquella época, hace más de 25 años, los carnavales eran muy vividos. Había muchas ganas e ilusión. Mucha diversión y carcajadas. Y sí, también algo de alcohol.

En todo caso, más allá del desfase que caracteriza la festividad, en aquellos tiempos todas las comparsas tenían un punto reivindicativo. Casi todas enarbolaban un mensaje crítico, de carácter social, reivindicaciones que aunque estuviesen rogadas de litros de humor bien podrían ser el lema de una manifestación. Había un mensaje. Había valores. Y el espíritu nos pedía pasárnoslo bien, pero también criticar y reclamar mejoras para Tarragona, hechas desde detrás de nuestras máscaras.

Recordé todos esos años en esta cena y también durante el principal desfile que recorre las calles de la ciudad. Allí estaba de pie, junto a Anton Guasch, y ambos cruzamos nuestras miradas cuando pasó la comparsa de Riu Clar. Y creo que ambos pensamos algo parecido. Fijamos nuestros ojos en el estandarte, que después de 25 años sigue siendo el mismo. Yo lo promoví y lo diseñé; Anton Guasch lo materializó. Detrás de él, desfilaban decenas de jóvenes a los cuales ni Anton ni yo conocíamos. Y ambos coincidimos en que para la mayoría de ellos el estandarte era un simple trozo de tela sin historia, mientras que para nosotros es mucho más: la metáfora de una época en la que el carnaval era algo muy diferente.

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Y es que el Carnaval de Tarragona ha cambiado inmensamente, y cada vez se parece más al de Santa Cruz de Tenerife o a los brasileños. Lo importante es la estética, el color, los trajes, los bailes. Pero ya no hay mensajes reivindicativos. Falta mala leche e irreverencia. Parece una pasarela de modelos en las que las comparsas concursan para ver quién tiene los mejores trajes (algunos de ellos, por cierto, con un coste de casi 500 euros, lo que no está mal en tiempos de crisis). Hay más espectadores que participantes. En cierto modo, me sentí como si estuviera presenciando una procesión de la Semana Santa. Se ha perdido el verdadero espíritu de la fiesta. El carnaval, definitivamente, se ha descafeinado.

No me malinterpretéis: hay que felicitar a organizadores y participantes, porque tiene mucho mérito que una ciudad como Tarragona tenga un carnaval de tan alto nivel. Hay mucho trabajo y esfuerzo, y eso se podía palpar en la rúa. Tiene un altísimo valor que tantas personas dediquen una parte de su vida para dar ese espectáculo durante unas pocas horas. Y yo los aplaudo a todos.

Y sin embargo, debo decir bien alto que ese no es mi carnaval, ni tampoco el de Anton Guasch, ni el de la mayoría de mis compañeros de aquella cena, ni el de tantas y tantas personas que durante muchos años salimos con nuestra comparsa sin tanta preocupación por cómo íbamos vestidos pero sí por pasárnoslo bien y difundir un mensaje. No es un ataque de nostalgia. Entiendo la evolución del carnaval. Son los tiempos que corren. Pero me pongo el disfraz de activista social (que me dejaré puesto durante todo el año) para gritar a los cuatro vientos que me gustaría que en el Carnaval de Tarragona hubiese más imaginación, más blasfemias y sobre todo que la rúa no se acabe convirtiendo en un gran escaparate de moda sin ningún tipo de significado.

Ángel Juárez Almendros. Presidente de Mare Terra Fundación Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra

Presentación del libro ‘Aromas’ en Costa Rica

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El presidente de Mare Terra Fundació Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra (RIET), Ángel Juárez, acompañado de la asistenta de dirección y coordinación de la fundación, Gemma Íñigo, llevaron a cabo un viaje de trabajo desde el pasado 28 de enero hasta el 8 de febrero. Durante su estancia han visitado Costa Rica y Nicaragua, donde han llevado a cabo diversas actividades.

El viaje tenía varios objetivos, y todos ellos se han cumplido. Por un lado, fortalecer la presencia de ambas entidades en estos dos países, con los que se trabaja desde la distancia de manera constante. Asimismo, se han realizado diversas reuniones con el objetivo de consolidar algunos proyectos internacionales de Mediterrània y de la RIET, como la celebración de un futuro Encuentro de Escritores en Costa Rica. Por último, desde la vertiente de la RIET, la visita también tuvo un carácter cultural, ya que se llevaron a cabo algunos actos literarios en los que participaron miembros que esta red de escritores (que aglutina a más de 800 personas) tiene en Costa Rica y Nicaragua.
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Entre los eventos más destacados, se programó una charla de Ángel Juárez el 29 de enero a las 19 horas bajo el título ‘Poesía y compromiso social’, que estaba enmarcada dentro de los actos de la Semana Nacional de Poesía de Costa Rica. El acto también sirvió para que Juárez presentara su último recopilatorio de poemas, titulado ‘Aromas’. Unos días más tarde, el presidente de la RIET volvió a realizar una nueva presentación del libro.
Hay que remarcar que los dos actos fueron un éxito de convocatoria, ya que fueron muchas las personas que acudieron interesadas por conocer de primera mano la obra poética de Juárez así como su opinión sobre el compromiso social.
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