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El pozo sin agua

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En este pozo en el que nos han metido algunos políticos y la mayoría de los bancos no hay agua para todos. Ellos, desde arriba, han esperado sin prisas a que una buena parte de los españoles se ahogasen o se hundiesen mientras el resto iban escalando por la pared para llegar a la superficie y poder respirar un poco tranquilos.

Y como nadie lograba salir del pozo, ha tocado cada día buscarse la vida y saciar la sed con lo que uno encuentra para beber en aquel momento. Reinventarse a diario es ya un proceso natural para la clase baja que es la única que ha quedado viva tras el destrozo social realizado que se ha llevado por delante a la clase media y ha hecho aún más rica a la clase alta.

Los ricos son más ricos y los pobres son multitud. La burbuja inmobiliaria provocó un agujero inmenso en los bancos que habían asumido el riesgo de financiar la construcción de casas regalando las hipotecas, coches y cualquier lujo que tuvieran las personas. Y como la banca hacía aguas, el estado salió a su rescate sin preguntarnos a ninguno de nosotros pero usando nuestro dinero. Porque el gobierno ha dado a todos estos bancos derrochadores y nada previsores la vergonzosa cantidad de 219.000 millones de euros que, en forma de crédito, avalo subvenciones o participaciones, hemos pagado todos los ciudadanos sin saberlo. Y ahora que conocemos la cifra estamos todavía más indignados: cada español mayor de 18 años ha prestado a los bancos 5.500 euros para tapar su pufo mientras los bancos, al mismo tiempo, han desahuciado a más de 400.000 familias en todo el país.

Los 59.000 millones inyectados a Bankia, los 12.000 prestados a Catalunya Caixa o los 9.000 otorgados a Nova Caixa Galicia, son tres claros ejemplos de nuestra supuesta solidaridad que ha ejercido el estado sin consultarnos y a la cual, en caso de consulta previa, nos hubiésemos negado todos. Porque ese dinero que jamás tuvimos aunque nos perteneciese y que sirvió para alimentar al sector bancario, nos ha dejado a nosotros en la ruina y les ha permitido a ellos especular y tener mayores ganancias.

Los cinco grandes bancos españoles – Santander, BBVA, Caixabank, Popular y Sabadell- obtuvieron el año pasado más de 7.600 millones de euros de beneficios. La misma banca que nos cerró el grifo a todos los ciudadanos y negó préstamos y créditos a las pequeñas empresas y autónomos se sigue enriqueciendo a nuestra costa con el permiso del gobierno que les apoya. Los ministros del PP, Montoro o De Guindos, y otros personajes de este partido como Maria Dolores de Cospedal, se llenan la boca con sus supuestos logros para acabar con la recesión mientras se defienden de los escándalos que rodean a su formación. Para llevar a España a la situación de desamparo actual no se puede ser malo. Todo lo contrario. Esta gente es buena, muy buena porque saben por dónde golpearnos para intentar hundirnos y como salvar sus muebles y quedarse a flote solo ellos.

El problema lo han tenido al pensar que todos estábamos ciegos y se podían reír de una nación entera e irse de rositas. No lo conseguirán. Mientras quedemos todas aquellas personas que trabajamos a diario defendiendo los intereses comunes de asociaciones y colectivos, que nos levantamos cada mañana para conseguir obtener un mundo mejor y más justo o que tenemos un espacio de opinión y libertad para ejercerla, mientras existamos ellos no tienen nada ganado.

Si hoy saciamos nuestra sed, la saciaremos mañana y al día siguiente. Y cuando logremos salir del pozo y ayudemos a los demás a salir de él, que se preparen los que han arruinado España y la vida de miles de personas. Cada uno recoge lo que siembra.

Ángel Juárez Almendros

Presidente de Mare Terra Fundación Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra.

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En breve se presentará el libro “La vía de la izquierda” donde he tenido el placer de colaborar

portada libro

Ante la crisis actual y con el objetivo de analizarla a fondo, teniendo como punto de partida la evolución sociopolítica y económica de España en la época de transición y democracia, y buscando alternativas, Aconcagua Libros ha publicado “La vía de la izquierda”, una obra que recoge opiniones y análisis de siete personas que tenemos en común el hecho de trabajar en el terreno de la igualdad, la política o la sociedad.

He tenido el placer de ser uno de los invitados a dar su opinión sobre un tema que, como ya sabéis aquellos que seguís mis artículos de opinión y conocéis mis inquietudes, me preocupa enormemente. El estatus social de muchas personas se ha perdido completamente y la pobreza se adueña cada día de muchas familias. Tras cada uno de los problemas y desastres hay culpables y no son otros que ciertas entidades bancarias y todos aquellos representantes políticos que no hacen nada para aportar soluciones y, en otros casos, abusan del cargo para ser corruptos.

Los invitados a este libro hemos analizado en nuestros escritos los elementos que rodean la crisis y hemos tratado de dar salida al momento actual aportando nuestro pequeño grano de arena. Quizás no es suficiente para cambiar nada pero si es lo mínimo que podemos hacer las personas comprometidas con este planeta y sus pueblos para acabar con las desigualdades sociales, económicas y en otros muchos ámbitos.

Este libro, coordinado por Josu Gómez Barrutia, ha contado también con las aportaciones de los compañeros Juan José Téllez, Odón Elorza, Juan Antonio Molina, Luís Salvador, Amanda Acedo Suberbiola y Joaquín Dobladez. Es un autentico placer poder compartir con ellos la oportunidad de decir las cosas tal como son y de la manera que las pensamos, con la libertad como bandera y la palabra como única arma.

El libro se presentará en diferentes ciudades españolas y pretende ser una obra de reflexión y consulta para el lector pero también se intenta que haga reflexionar a los estamentos de poder del país y que se apliquen algunas de las muchas formulas que se plantean para acabar con la crisis. Os mantendré informados.

 

Cambió el año, siguen los desahucios

desahucios

Se acabó el 2012 de la peor de las maneras y empezamos el 2013 con las mismas nubes negras que ya oteaban en nuestro horizonte más cercano, en nuestro día a día marcado por una crisis que se acrecienta tras saber que nos suben la luz, la gasolina, los peajes y tantos otros servicios que utilizamos y necesitamos.

Este nuevo año huele a viejo, al que hemos dejado atrás y que ha estado marcado por los desahucios de miles de familias y una política del gobierno central basada en rescatar a la banca sin juzgar a los banqueros y dejándonos a los ciudadanos en quiebra económica y moral. 2012, como 2013, es época de ver como los chorizos siguen mangando a sus anchas, los corruptos se siguen forrando y el pueblo se ahoga.

Rajoy empieza el año aportando negatividad y Rubalcaba pide una prórroga de los 400 euros para los parados pero los dos tienen un punto en común. Ambos saben que ni la realidad ni los buenos propósitos son ahora útiles para un pueblo que pide a gritos soluciones y no quiere ni discursos vacios y dramáticos ni buenos propósitos que no llegaran a nada.

La Constitución Española ha pasado a ser un mero papel mojado que no se respeta por culpa de la falta de imaginación de los que gobiernan y la pasividad de los que deberían se oposición. Entre los unos y los otros, España se hunde y ellos, que siguen cobrando, son incapaces de tomar decisiones unánimes y aprobar o modificar leyes antiguas que llevan a los españoles al total desastre.

Lo de los desahucios huele a podrido. El pasado mes de octubre se aprobó una prórroga para casos extremos y hubo el compromiso de crear un parque de viviendas de alquiler social con una renta baja y razonable para la mayoría. Se sacaron de la manga un documento que permitía posponer algunos desahucios de muchas familias aunque no la dación al cien por cien. Primero decían que la medida beneficiaba a muchas pero finalmente vimos que solo a unas cuantas y que la mayoría de los afectados seguían contra las cuerdas sin conseguir la tan demandada dación.

Ni las muertes, suicidios mejor dicho, que han tenido lugar hasta ahora por parte de personas asfixiadas por las deudas hipotecarias han conseguido cambiar el rostro, siempre impasible, de nuestros representantes políticos. Los jueces han empezado a paralizar los desahucios pero con cuentagotas. Ellos mismos saben que el sistema actual es una injusticia y que la dación para todos debería ser la solución.

Pero ni la justicia ni la presión de las muchas plataformas que pedimos el cambio, entre ellas la que creamos desde la Coordinadora de Entidades de Tarragona que presido, han conseguido todo lo que deseamos. Si, es cierto que nuestra campaña ha servido para que algunos ayuntamientos se hayan comprometido a no operar con aquellos bancos y cajas que permiten y ejecutan los desahucios.

Pero también lo es que las entidades financieras tienen bien cogidas a las administraciones que, tras una pésima gestión de nuestros recursos llamados arcas municipales, han generado unas deudas que tendrán que ir reduciendo durante décadas y que están contraídas con la gran mayoría de los bancos y cajas con los que no deberían trabajar más. Es, como he dicho en otras muchas ocasiones, el pez que se muerde la cola.

Pero ahora cambia algo muy importante. El pez ya no tiene carne y la espina que le queda la llevamos clavada sobre nuestras cabezas todos los que trabajamos a diario y no tenemos la culpa que los ayuntamientos dilapidasen nuestros dineros y los bancos dedicaran sus recursos a alimentar a sus consejos de administración y a grandes empresas dejando a un lado las necesidades del principal motor de este país, los autónomos, pequeñas empresas y trabajadores con contrato.

El escuálido pez nos condena a la crisis de nuevo y antes que nos remate debemos reaccionar. Hay que marcar a los bancos y cajas, poner contra las cuerdas a los corruptos, exigir responsabilidades a los malos gestores, condenar con penas de prisión a aquel que robe, extorsione, sea corrupto, trafique con influencias, goce de amiguismos y perjudique con su gestión a otras personas inocentes.

No hubiese querido dedicar mi primer artículo del nuevo año reincidiendo en un tema que debería tener ya sus cauces de solución pero soy consciente que si todos los que denunciamos estos temas pasamos a un segundo plano y callamos, el final estará en la esquina. Si mantenemos viva nuestra voz quizás lograremos algo. Como mínimo, intentémoslo.

Las crisis y Don Santiago

Hace pocas semanas me invitaron a tomar parte en un libro donde debo plasmar mi opinión sobre la crisis, la sociedad, los valores y el paso del tiempo que durante estas últimas décadas ha puesto en el punto de mira y debate todos estos factores.

Compartir espacio en esta futura obra con personajes de la talla de Odón Elorza, exalcalde de Sant Sebastián y diputado socialista, o con Josu Gómez, Presidente de la Asociación de Progresistas de España, es todo un lujo. Se me pide una radiografía real del pasado y de los tiempos presentes. Creo que como persona que ha defendido siempre los mismos valores, gobernase quien gobernase, no me será difícil cumplir con la tarea encomendada.

El encargo coincide además con la muerte de Santiago Carrillo, una desaparición que lamento profundamente. Hablamos de un personaje con mayúsculas que, dejando a un lado los actos de su vida que han levantado más polémica, pasará a la historia como una persona que siempre defendió sus ideales y los llevó como bandera hasta el último día de su vida.

No escondo que en su momento yo fui un fiel opositor a ese nuevo comunismo, llamado eurocomunismo y que habían adaptado algunas naciones de Europa Occidental en los años 70, que tanto defendió Don Santiago. Considerarse comunista y estar presente en según qué pactos de la Moncloa comportaba críticas de todos los que luchamos en las izquierdas desde otras trincheras como el MCC (Movimiento Comunista de Catalunya) o la Liga Comunista. Unos considerábamos desacertadas ciertas reformas del gobierno de aquella época y otros las defendían a ultranza.

La historia fue pasando y, aún con las diferencias comentadas, Carrillo mantuvo firme su rol de comunista. Santiago Carrillo vivió de lleno, en etapa de adolescente, el crac económico español de 1929. Y nos ha dejado en medio de otra crisis que tiene como elemento esencial el ámbito económico pero que es también política, social y de valores.

En una de sus últimas entrevistas el propio Carrillo decía que viendo como están las cosas en estos momentos hubiese sido imposible conseguir el consenso logrado en su momento para llevar a cabo la transición. A sus 97 años tenía aún la capacidad de hacer reflexiones y análisis imprescindibles y evidentes. Con la que está cayendo a nivel económico, la desafección de la sociedad con la política y la pérdida constante de valores coincido con su reflexión y la comparto.

Tras cuatro años escribiendo artículos sobre la crisis y la sociedad, documentos que espero plasmar en su momento en un libro, tengo claro que hay intereses creados en silenciar las claves de la salida de la crisis porqué mientras dure los ricos se enriquecerán más a costa de los pobres que serán todavía más pobres. Y también porqué veo que nuestros políticos actuales, todos ellos sin diferenciar colores ni partidos, se llenan la boca con el famoso rescate pero ninguno de ellos se atreve a decir alto y claro que la solución pasa por acabar con unos de los principales culpables reales de la crisis. Y estos no son otros que los bancos y los banqueros. Así de sencillo.

Ellos, conjutamente con algunos grandes multimillonarios que se creen los dueños del mundo y algunas multinacionales, que piensan que todo lo pueden comprar con dinero, nos han puesto al resto contra las cuerdas.

Nos recortan prestaciones y nos dejan sin derechos fundamentales a costa de alimentar a bancos y cajas que reciben un dinero que es nuestro pero que se quedan para ellos y no sirve para aliviar ninguna economía personal ni empresarial. Ya afirmé en una ocasión que los bancos son aquellos que te prestan un paraguas cuando hace sol y te  lo quitan cuando llega la tormenta. Y así viven bien sacrificándonos a nosotros, el pueblo.

Volviendo a Santiago Carrillo, y acabo, coincido también con él cuando decía que la situación actual era más que compleja y se ponía las manos a la cabeza. Esto y al paso que vamos, señoras y señores, no lo salva ni Dios. O cambiamos los papeles o los perderemos por completo. Si desde el gobierno nos recortan derechos, recórtemeles a ellos sus poderes de gestión. Si los bancos nos cierran el grifo, cerrémosles nosotros el nuestro a ellos.  O flotamos todos o nos hundimos pero con ellos.

Mejor ser Robin Hood que Ali Babá

Las ideologías nos separan pero la presencia de líderes temporales hace que estas desaparezcan y nos una el mensaje de quienes asumen este rol. Nos sucede estos días oyendo a Juan Manuel Sánchez Gordillo en los medios de comunicación, especialmente en el Gran Debate, o ante el anuncio del ex banquero Mario Conde de presentarse a las elecciones generales.  Y conste antes de continuar que tengo mis divergencias con él aunque jamás lo demonizaré como si hacen otros.

Muy mal está este país para que dos personas ideológicamente opuestas en el campo político salgan a la palestra para pedir cambios, soluciones y dignidad política para evitar el “choriceo” al que estamos sometidos por parte de ciertos estamentos económicos que solo saben enriquecerse con las inyecciones que les proporciona el estado con nuestro dinero, el mismo que después no tenemos para prestaciones, subsidios y ayudas.

Pero hablar contando verdades tiene su precio y el nuestro es un país que no permite ciertas licencias. Y aún las permite menos más cuando quienes se las toman son representantes políticos, como el caso de Sánchez Gordillo que es alcalde de Marinaleda, y tienen que someterse al intento de desprestigio de otros de la misma clase, la política, que en lugar de bajar la cabeza intentan morder sacando lo que consideran trapos sucios de quien denuncia con valentía. Sacar ahora capítulos de Cuba o Venezuela cuando el debate es otro pone en evidencia la debilidad del atacante y sus pocos y muy pobres argumentos.

Pero atacan. Lo hacen sin miedos y sin escrúpulos, puesto que todos tienen algo que esconder, para callar la voz de quien se alza como líder o, como cuentan algunos y cada vez más, se ha convertido en héroe de culto o el llamado “nuevo Robin Hood”. Esta vez han llegado tarde y no han podido “matar al mensajero”.

Los de su lado político, las izquierdas, han sido los primeros en fustigar a Sánchez Gordillo. Unos por miedo a que se le escuche demasiado y su mensaje se haga fuerte y ponga en peligro su modus vivendi que no es otro que vivir a costa de los ciudadanos. Otros por tener la obligación de denunciar la actitud de este valiente alcalde, mandados por las cúpulas del partido a cambio de mantener los puestos. Curiosamente es aquí donde la palabra “portavoz” diverge en dos significados bien distintos. Ni el PSOE ni el PP pueden extinguir las criticas que el pueblo escucha y deberían empezar a practicar ciertos silencios.

Sánchez Gordillo es ahora el portavoz de la mayoría de españoles y los portavoces políticos se han convertido en las alcahuetas que cuentan chismes que nadie quiere escuchar. Porqué quizás una de las ventajas de la desafección que los ciudadanos tienen de la política es que los niveles de credibilidad de los portavoces están ahora bajos mínimos. Y también porque los movimientos sociales, evidenciados en el 15-M, han incrementado la confianza del pueblo en otro tipos de representantes que no son los de los partidos. Se está acabando el aborregamiento de un pueblo que cada vez piensa más y con mayor fuerza.

Hace meses que denuncio, a título personal en mis artículos y a través de otros foros como la Red Internacional de Escritores por la Tierra donde comparto opinión con mis compañeros que la integran, que la propia estrategia económica de los ricos es protegerse los unos a los otros cambiando leyes y normas a su antojo para quedar impunes de sus atropellos. Lo hacen con la cara descubierta, sin esconderse y saliendo de rositas porqué todo lo hacen estando en el poder y con los otros poderes en sus manos.

Saben que el control que ejercen es máximo y que les permite callar ciertas voces. Hasta ahora lo han conseguido, con la manipulación de ciertos medios de comunicación que tienen a su disposición, evitando que las opiniones de los portavoces de los mayores movimientos sociales llegasen a las grandes masas. Pero otros, como el alcalde de Marinaleda, se les han escapado. Quizás porqué intentar callar a un alcalde no es lo mismo que hacerlo con otras personas, quizás porqué no imaginaban la reacción de Sánchez Gordillo, o porque cada vez tienen menos poder. La gente no está para cuentos pero puestos a elegir prefiere el de Robin Hood que el de Ali Babá y los cuarenta ladrones.

“Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros”. La famosa frase del genial Groucho Marx gana significado en nuestro país ahora.  Porqué hay quien defiende a los indignados y consigue hacer llegar su mensaje y otros que, con la indignidad como bandera, intentan callar mensajes para que el pueblo siga sin ver los abusos, sin oír ciertas voces y sin hablar con libertad.

Falta pan para tanto chorizo

Vais a permitirme que utilice una frase dura, muy usada por la sociedad de base a la cual pertenezco, y real: falta pan para tanto chorizo. La colección de escándalos financieros, en forma de estafa y malversación, protagonizada por políticos y banqueros es ya un insulto a la inteligencia de cualquiera que se considere humano.

Con el gobierno recortándolo absolutamente todo y la banca fingiendo ser pobre para enriquecerse más a costa nuestra pero sin darnos ni un euro, se han convocado estos días manifestaciones en todo el estado para protestar por las nuevas medidas aplicadas y que se incluyen en esos “recortes” que solo afectan a la cartera de los más pobres y dejan intactas las fortunas de los ya enriquecidos que siguen siendo señores de su vida.

Digo esto porque poco pueden controlar la suya aquellos que no disponen de trabajo, ayuda y en muchos casos alimentos. Esta clase social, cada vez más en mayoría, es la que tiene que reinventarse cada día que pasa. Mientras esto pasa están los señores de la banca alimentada con rescates a quienes se les inyecta dinero que sirve para pagar a los consejeros y presidentes que las gestionan. Porque, por más dinero que les demos sigue con el grifo cerrado y no nos ayudan en nada.

Hemos pasado de ser la octava potencia económica del mundo a sentirnos completamente impotentes sabiendo que al paso que vamos nos tendrán que rescatar y pagaremos los errores de unos pocos durante muchas décadas para devolver un dinero que nos dejaron y que ya teníamos pero perdimos porque ciertas clases, como la de la banca, lo dilapidaron.

Y ante la situación de autentico drama, ahora vuelvo al tema de las manifestaciones, los actos de protesta se convierten en auténticos carnavales de declaraciones. Es allí donde han montado su circo los líderes sindicales, alimentados con grandes sueldos y viviendo a las espaldas de la realidad de sus afiliados, y los representantes políticos, especialmente de un partido que es corresponsable del actual caos y parece no tener memoria histórica para reconocer los errores, sin reclamar nada que convenza a los otros miles y miles de ciudadanos que si creen en la protesta y exigen soluciones porque las necesitan.

Salir en primera línea cogiendo la pancarta de turno para la foto que recogerán todos los medios de comunicación es igual de mezquino que hablar por hablar, ejercicio que practican ya demasiados individuos y personajes en nuestro país. Porque mientras se grita por gritar, reitero que me refiero a ciertos líderes sindicales y políticos, los ladrones siguen yendo a la oficina con normalidad y viven en sus mansiones inmunes a la crisis y sus efectos.

En nuestro país no dimite ni Dios y los chorizos campan a sus anchas porque los que han mangado lo han empezado a hacer en época de gobierno socialista y siguen “vivitos y coleando” en época de los populares. Nadie les impide seguir trapicheando y cuando se les descubre el pastel solo se les denuncia públicamente pero ninguno de ellos pasa por los tribunales ni llega a la cárcel que es donde deberían de estar.

Esta vez hay un hecho diferencial importante. Esta vez no olvidaremos sus caras ni sus acciones. Ahora sí que haremos una lista negra de todos los personajes que han jugado con nosotros, nuestra bondad, nuestro dinero y, sobretodo, con nuestro futuro. Ellos nos han condenado y deberemos ser nosotros quienes les condenemos a ellos.

Si es cierto que quien siembre vientos recoge tempestades, cuando hayamos superado mínimamente esta crisis y alguien pretenda que no nos acordemos de los malos momentos, quitémosles el paraguas bajo el que se cobijaran y recordémosles quiénes somos y qué esperamos que el futuro haga con ellos. Por dignidad, y como diría Chateubriand, usemos el desprecio con gran economía porque el numero de necesitados de él es muy grande. Por una vez, se lo merecen y deben pagar por ello.

Los dueños del grifo

Hace pocos días que la Fundacion Caixa Tarragona anunciaba la suspensión de unos de sus principales servicios de colaboración social con el tejido asociativo de esta zona, el programa “Tu Ajudes” que destina anualmente, en forma de subvención, partidas a aquellos colectivos que trabajan en pro de los más necesitados o que luchan contra algunas enfermedades.

Argumentaban que la crisis era el motivo principal y que las cambiantes estrategias de la entidad financiera, integrante del grupo CatalunyaCaixa conjuntamente con Caixa Catalunya y Caixa Manresa que se constituyó como nueva entidad en julio del 2010. Muchos nos percatamos de una incoherencia demasiado visible: la crisis no era y está siendo igual para todos. Un mes antes que se diese a conocer la desaparición del programa social de Caixa Tarragona se publicaba en todos los medios locales una información muy importante. Nos decía que los sueldos de los directivos de CatalunyaCaixa habían crecido un 93 por ciento durante los últimos seis años mientras los beneficios habían bajado más del 50 por ciento.

Ante tal situación uno se formula decenas de preguntas sin respuesta y con un efecto de indignación pocas veces sentido en propia piel. Caben preguntas para poner en su sitio a los dueños de esta especie de grifo que abren y cierran a placer alimentando a unos y dejando sin beber al resto. ¿Cómo es posible que se aumenten los sueldos cuando caen los beneficios y que eliminen ayudas sociales sin más? ¿Quién demonios ha permitido este desequilibrio que perjudica a aquellos más necesitados en detrimento de los que deberían bajarse el sueldo para dar ejemplo? ¿Qué sucede con el dinero que el estado inyecta a bancos y cajas para que abran el grifo que cerraron al inicio de la crisis?

Hay todavía una pregunta más directa. Se llega a ella analizando el tema a fondo. ¿Quién ha colocado a los consejeros de las cajas en su poltrona? En Catalunya diversas cajas de ahorros dependen de las diputaciones y la de Tarragona es una de ellas como también lo es la de Barcelona. Son pues estas administraciones las que deciden quien les representará pero las que después silencian su papel y lo dejan todo en manos de sus elegidos.

Y es ahí donde radica parte del fallo y donde debemos meter baza. ¿Por qué se callan las diputaciones ante el escándalo de la subida de sueldos? ¿Por qué no piden explicaciones ante la pérdida de beneficios? Y sobretodo… ¿Por qué permiten que se acaben las ayudas sociales como las del plan “Tu ajudes” en lugar de obligar a las entidades financieras que controlan a reducir sueldos antes de suprimir ayudas a los más necesitados? ¿Ante que conceptos y vicisitudes se abre el grifo y se cierra? ¿A quién amamanta su líquido vital y a quien se le niega el fruto?

Hecho el silencio nadie critica y así pasan los días y los años en los que unos se forran tras ser colocados por esa administración que debería ser cercana y trabajar para el territorio y sus gentes. Otros pierden lo poco que tenían y tras años dedicando tiempo a los demás sin tener que pagar ni pedirla ven como los proyectos se van al traste sin poderlo remediar. Y vamos dando vueltas en esta bola que llamamos planeta donde el hombre se ha convertido en el depredador de las otras especies y está empezando a devorar a la suya propia en nombre del poderoso caballero.

La suciedad de la sociedad política.

Hartos del sistema y sus constantes errores, de unos políticos que no saben afrontar con eficacia los problemas, que viven de espaldas a la sociedad y que se dedican a destruirse entre ellos en lugar de reconstruir un país, el nuestro, que se despedaza y hunde a un ritmo voraginoso. Así estamos.

Gracias a los insultos que se regalan y a los silencios con los que nos deleitan cuando deseamos oír soluciones, han convertido lo que llamamos sociedad en una autentica suciedad social donde nos envuelve un vertedero de mentiras y despropósitos. Los bancos se han adueñado de nuestras vidas, nos han quitado las casas y negado los créditos que antes regalaban sin más. Muestran su cara más amarga, y la más real, con el consentimiento y la ayuda de una clase política que deberíamos poner, íntegramente, en la oposición salvando únicamente a unos pocos.

Mejor estaríamos sin capitán que con cualquiera de los que deberemos escoger el próximo año si antes de que llegue la fecha no ha caducado el mapa de ruta del capitán ZP. Los jóvenes están obligados a envejecer en las casas de sus padres, los recién licenciados a hacer cola en el paro y las familias, ya sin recursos, subsidios ni ayudas, a acudir a estamentos sociales o religiosos donde se reparte comida para subsistir.

Hace meses que la Coordinadora de Entidades de Tarragona, organismo que presido, empezó una campaña pidiendo un cambio de sistema. Es la misma reclamación y exigencia de los llamados ahora, con toda la razón del mundo, “indignados”. Los que duermen en las plazas de nuestras ciudades ponen en evidencia las necesidades sociales fomentadas por la clase política incapaz de ver más allá de sus narices, acobardada ante la marabunta humana que les presiona desde el diálogo y a la que responden con la ignorancia o, como sucedió estos días pasados en Catalunya, a golpes de las cargas policiales que han traído de nuevo a escena a los fantasmas de décadas pasadas que ya recordábamos en blanco y negro.

Indignados y apaleados, vejados y abandonados. Así nos sentimos todos aquellos que, desde la plaza más cercana o con la suerte de tener medios donde escribir, decimos NO a esta insensatez llamada gobierno. Facta non verba. Hechos y no palabras. Queremos acciones y no discursos vacios de contenido que nadie se cree, queremos dimisiones y no excusas que acaban siendo ataques entre los que nos gobiernan y los que nos gobernaran. Exigimos que, simbólicamente, rueden cabezas, que se vayan para casa aquellos que no saben cómo sacarnos de este agujero.

Podrán disolver los campamentos de las plazas con más violencia y golpes, con actuaciones “proporcionadas e inteligentes” según Rubalcaba, pero no conseguirán acabar con el movimiento del 15-M porque con su nacimiento se ha demostrado que la sociedad puede moverse aunada para parar los pies a un gobierno maniqueísta que anda dando bandazos a ciegas.

Por las libertades y el derecho a ser escuchados, por lo ganado con el paso de los años democráticos oscureciendo los tiempos de silencios obligados, por una generación que no se deja amedrentar ni con los golpes. Por todo ello vale la pena seguir y mantener vivo ese 15-M. La vida es lucha.

Obesidad mental

crisis

El otro día, comiendo con mi gran amigo Jordi Frisach, pensaba en lo que os dije en mi último post, cuando hablaba del concepto que tengo de la amistad. Jordi es de aquellas personas fieles a sus ideales y, sobretodo, entregadas a aquellas personas con las que comparte sus ratos de ocio, de amistad. Por eso, porque a mí me pasa igual, somos tan amigos. Volviendo a la comida del otro día, tuvimos la ocasión de compartir muchos temas de conversación normales, sin tapujos. Hablamos de la sociedad actual, de la crisis, de los valores que se pierden y los que se conservan.

Jordi Frisach es un gran profesor, economista, y lleva toda la vida ejerciendo de consejero asesor, como auditor de grandes empresas. Jordi es un pozo de ciencia y por eso aprovecho nuestros encuentros para intentar disipar algunas de mis dudas o hacerle preguntas de temas que él conoce más en profundidad como aquellos relacionados con la economía. Le pregunte cuando cree que va a durar este momento de crisis que estamos viviendo. Lo hice en parte porque, como responsable de una ONG como Mediterrània, la hemos notado con el descenso de ayudas y patrocinios de la misma manera que las grandes empresas lo notan cuando ven que no se les renuevan sus pólizas de crédito y no pueden afrontar sus pagos con la tranquilidad que lo hacían antes.

Por eso le pregunte a Jordi, con la humildad de un alumno que quiere escuchar al profesor, hasta cuando aguantaremos esta situación. La respuesta fue de cátedra. Según Jordi, cuando un problema lo tienen 30 millones de españoles deja de ser un problema. Cuando ves que los bancos bloquean las pólizas a todos, que los juzgados están colapsados de casos de morosidad o impagos (unas causas que se juzgaran en muchos casos y por la lentitud de la propia justicia cuando la crisis ya este superada) te das cuenta que no estamos viviendo realmente un problema. En esta crisis no se verá la luz al final del túnel porque esa luz solo se ve, dicen, cuando te mueres. En esta crisis se demuestra que estamos entrando en una nueva sociedad donde los más cautos aguantaran la embestida, los que más gastan tendrán muchos problemas y todos aquellos que hemos actuado siempre con sencillez y rigor económico no tendremos demasiados problemas.

No se trata de apretarse el cinturón ahora que el toro se nos ha echado encima. Se trataba de tener contención y cabeza antes que la crisis llegase. Cuando compras cosas que ya tienes, cuando apuestas por el vicio consumista, ejerces lo que el amigo Jordi llama obesidad mental. Lo que está claro es que hay que aprovechar esta nueva sociedad para cambiar y ajustarnos a nuestras posibilidades para evitar que también la desvirtuemos hasta el punto de tener que empezar el ciclo y meternos dentro de otra nueva sociedad dentro de pocos años.

 Jordi, una vez más gracias por tus consejos. Te aseguro que nos aplicaremos la lección, maestro!.