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Amigos y detractores

contracorriente

A estas alturas de la vida no voy a cambiar mi forma de ser. Con mis aciertos y mis errores estoy donde he llegado, aquí, siendo consciente que de todo se aprende. Acabo de ojear mi página de Facebook y me he dado cuenta que entre los más de 5.000 amigos y conocidos que me siguen en esta red social hay personas de todo el mundo, de todas las profesiones y edades.

La labor pública que realizo a través de Mare Terra Fundación Mediterrània, de la Red Internacional de Escritores por la Tierra o de la Coordinadora de Entidades de las Comarcas de Tarragona da como resultado este amplio espectro de amistades y sobretodo muchos conocimientos. Claro está, y tiene su lógica, que no siempre despiertas pasiones entre todos y que en el camino se te instalan ciertos detractores, porqué no me gusta llamarlos enemigos, que intentan minarte tus acciones.

Cuando hacen el esfuerzo en vano y comprueban como tú sigues avanzando y trabajando, solo les queda, como solución a sus fracasos, la crítica destructiva y demagógica. La ejercen en aquellos medios de comunicación donde es fácil ocultar la identidad para mentir y contar sandeces sin que te pidan explicación alguna.

Sé que no les voy a cambiar, ni tengo ganas de hacerlo, pero creo que es muy triste que haya quien pierda el tiempo probando a desgastar. Son casos contados, una gota en este océano de cariño, comprensión y amor donde habito con mis seres queridos, amigos muy cercanos y otras muchas personas con las que comparto proyectos, conversaciones, cafés o simplemente un saludo agradable y de corazón.

En el fondo sé que estos personajes, los que me critican sin más y faltos de motivos, son pobres frustrados sin valores que no saben aún qué es trabajar para la sociedad, ayudar a los demás, desarrollar proyectos, establecer equipos de cooperación, escuchar a los que no tienen voz y hacerla llegar donde toque, concienciar a la sociedad y aprender de ella, luchar día a día sabiendo que la tarea llevada a cabo tiene sus recompensas.

Y también creo, sin ánimo de ser sarcástico, que les debo dar, en cierta manera, las gracias. Porqué sin las críticas llenas de envidias, aunque en muchos casos sean malas y destructivas, uno se puede dormir o bajar el ritmo. De esta manera, viéndolos actuar de esta manera tan triste pero actuando, sé que no hay un posible alto en el camino, que debo caminar hacia adelante. Brindo por ellos, por los frustrados que logran que todas aquellas personas que amamos este planeta y queremos una constante mejora de la sociedad sigamos en pie y despiertos.

Espero que algún día se jubilen, porqué algunos de ellos llevan conmigo toda la vida y no se agotan, pero también sé que tendrán relevo. Dice una frase que la envidia es el adversario de los más afortunados. Otra cita concluye que el supremo arte de la guerra es doblegar al enemigo sin luchar. Y ya sabéis, todos los que me conocéis, que yo soy un hombre de paz, que cree antes en las palabras que en los fusiles. A ellos les dedico estas para seguir con esta batalla sin tregua: Gracias, ilustres detractores de mi vida. Seguiré andando, luchando y queriendo… hasta mi despedida.

Ángel Juárez
Presidente de Mare Terra Fundación Mediterrània y de la Coordinadora de Entidades de las Comarcas de Tarragona.

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La serpiente y la luciérnaga

luciernagas

Según cuenta la fabula, una serpiente empezó a perseguir a una luciérnaga. Ésta huía rápido con miedo y la serpiente al mismo tiempo no desistía. Al tercer día, ya sin fuerzas, la luciérnaga paró y le dijo a la serpiente: si no pertenezco a tu cadena alimenticia y no te hecho ningun mal, ¿por qué quieres devorarme?

Y la serpiente respondió: ¡¡Porque no soporto verte brillar…!!

Os la cuento, resumida, porque creo que es muy buena y porque el otro dia, una buena amiga me la regaló. Creo que por esta vida se puede pasar sin hacer ruido, sin aportar nada a la sociedad, o se puede pasar siendo útil, solidario, brillando. 

El problema es que hay gente que no aporta nada y encima no soporta que otros brillen. No basta con ser un referente en educación ambiental, labor que deberían ejercer las administraciones y no las entidades o los particulares. No basta con convocar premios y reconocimientos de ámbito internacional ni tampoco basta con denunciar y poner contra las cuerdas a empresas como Repsol porque contaminan y porque es nuestra obligación denunciarlas. Aunque nos esforcemos en hacer aquello en lo que creemos, en intentar aportar nuestra experiencia al conjunto de la sociedad, no es suficiente para aquellos que no soportan ver como otros brillamos.

El último ejemplo es el artículo que ha escrito un miembro del equipo de Mediterrània hablando de los malos olores en Tarragona. Es un artículo objetivo, hecho desde la realidad y con la máxima transparencia. Por eso ha molestado y ha movilizado a aquellos incansables, pocos y dirigidos políticamente, que se lanzan a la yugular cada vez que ven mi nombre o el de la entidad que presido. Intentan marear la perdiz sacando temas que no tienen relación con la noticia publicada y perdiendo el respeto con malas palabras o insultos.

Como en la fabula, estos personajes tiene su papel. Insultar sin más, intentar minar la labor de las personas que brillan, es ser muy rastrero, como la serpiente. No podemos luchar para evitar que existan porque siempre habrá el telele que, manipulado por el partido, insultará y faltará al respeto. Unos, nosotros, seguiremos brillando. Otros, ellos, continuaran chapoteando envueltos en sus envidias y sus frustraciones.

Por cierto, escribo estas líneas recién llegado de Córdoba donde hemos ejercido con responsabilidad nuestra labor de denuncia ante unos capítulos de contaminación atmosférica muy graves. En un par de días os contaré más cosas del tema.