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Porque yo lo valgo

Celebradas las elecciones autonómicas de Catalunya, empezó la carrera de fondo para conseguir el tan deseado cargo que anhelan todos aquellos que militan en las filas de los vencedores en las urnas ya sean políticos de primera fila, asesores a la sombra, ayudantes sumisos e incorruptibles, militantes de base y la otra base repleta de simpatizantes cercanos e impertérritos.

Los ciudadanos catalanes han escogido a su presidente y el partido está eligiendo al nuevo gobierno de consejeros, directores generales, secretarios de departamentos, delegados territoriales y cargos de gestión de las instituciones que son de su competencia. El problema radica en la incapacidad de premiar a todo el personal que, lejos de trabajar por su país o su partido, han ido aguantando, convencidos que a cambio se merecen un cargo de cuatro años con buen sueldo y, si es posible, secretaria y coche oficial.

Y es ahora cuando llegan las sorpresas, alegrías y decepciones personales por haberse hecho creado unas expectativas que se han cumplido para los afortunados y han quedado en agua de borrajas para la otra gran mayoría que vuelve para casa con las manos vacías y el convencimiento que el partido en el que se creía ya no es el mejor.

Todo esto sucede por haber confundido, con el transcurso de los años democráticos, el gobierno con la gestión. Porque solo hay que fijarse en el argot básico de los que ocupan los cargos públicos y a los que llegan, dicen ellos, para “gobernar” en lugar de “gestionar” el ayuntamiento, la diputación o comunidad autónoma de turno. El poder causa tantos estragos entre los que optan a vivir de la política que no han entendido que representan a sus ciudadanos más cercanos y se creen los dueños todopoderosos de unas arcas que funden y ordeñan sin remilgos hasta dejarlas secas y tiritando.

Cierran los presupuestos a golpe de martillo porque finiquitan los ejercicios anuales dando bandazos propios de su inexperiencia en la gestión, gastando más de lo previsto o imaginado. España, como muchos otros países del mundo avanzado y democrático, no es cantera de buenos políticos porque cualquiera puede llegar a donde se proponga si se va haciendo un hueco en su partido, independientemente de su preparación o estudios.

Aquí, las únicas carreras que cuentan para licenciarse son las que se hacen internamente en las sedes de la formaciones políticas entre los lideres natos, acompañados de su sequito que será colocado cuando se gobierne, y los que intentaran colarse en el espacio temporal que va de campaña a campaña, de elección a elección. De ahí, como decía al principio, que cuando el partido de turno gana, veamos el triste espectáculo del juego de las sillas que, jornada a jornada, va dejando en el suelo a los más lentos. Para los que se quedan, el tren pasa solo una vez. Los que han subido este viaje, repetirán trayecto con mucha seguridad.

Dentro de cuatro años se repetirá el ciclo, el mismo que ahora vivimos los que seguimos el mundo de la política porque creemos en ella como instrumento para mejorar nuestras ciudades y nuestro mundo. Quizás repitan ese ciclo los que ahora lo empiezan o, quien sabe, otros de nuevos. Pero aunque sean nuevos, los procesos de elección seguirán siendo los de siempre y volveremos a ver carreras de fondo y frases de los que aspiran a un cargo asegurando que “se lo merecen” o que “ellos sí que valen”.

Puestos a decir, valdrá la pena verlo. Y puestos a pedir, valdría la pena que en nuestro país los que optan a liderarnos se profesionalicen para lograr tener al frente de nuestros ayuntamientos y otras administraciones a personas que están preparadas para gestionar en condiciones en lugar de gobernar desde el desconocimiento. 

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La tierra no es de nadie

Con este artículo no quiero dar una lluvia de cifras relacionadas con las muertes que produce el hambre, la sed y todas las enfermedades. Tampoco pretendo ahondar demasiado en el cambio climático, el calentamiento global o la contaminación pero sí que quiero recordar que al paso que vamos, nos vamos a cargar el planeta en cuatro días.
La tierra no es de nadie, nosotros somos parte de ella. Algunos no lo saben y por eso suceden desastres como el del Golfo de México donde la multinacional BP ha perforado las entrañas de nuestro planeta ante la pasividad de aquellos, llamémosles golfos, que mueven los hilos a sus antojos y conveniencias.
Por culpa de las aberraciones a las que sometemos a este planeta, el nos paga con la misma moneda. Nos suprime primaveras y nos regala terremotos, maremotos y huracanes, como el Agatha que tanto ha afectado a Guatemala, Honduras y otros países. Estos desastres no vienen solos. Son frutos de nuestro mal trato.
El concepto de solidaridad, aplicado a la sociedad, debe ser ahora nuestro trabajo diario. Creo recordar que España es el cuarto país más solidario de Europa y uno de los primeros en todo el mundo. Eso nos debe hacer sentir satisfechos pero también reflexionar del “porque hay que ayudar tanto a otros países?”. No podemos seguir gastando tantas energías y dinero en proyectos sin denunciar del porqué tenemos que hacerlos. La mayoría de las veces ayudamos y colaboramos simplemente porque las malas artes de algunos llevan a esas situaciones donde la buena conciencia de los otros es necesaria.
Tenemos la obligación de denunciar y exigir que los proyectos futuros y aquellas actividades solidarias que nos afecten directamente se desarrollen sin acciones corruptas y fomenten la democratización de las zonas beneficiadas donde los ciudadanos receptores deben ver que las ayudas son realmente para ellos.
En muchos países, cuando se ven indicios de desarrollo o avances, llegan los gobernantes de turno que siempre suelen ocupar el poder no solo para enriquecerse y agrandar más su fortuna sino que además, y eso es lo más grave, consiguen que sus países no prosperen ni se democraticen. Muchos de ellos siguen inmersos en la corrupción y la misma corrupción se ha convertido en algo cotidiano y cultural, como si se tratase de un buen ejemplo.
En otras partes del mundo no se respetan ni los derechos humanos ni las ayudas internacionales. Las imágenes de Gaza y los resultados del bombardeo a los barcos de ayuda nos han hecho llorar a todos. No es posible admitir un mundo en estas condiciones, hay que cambiar las reglas del juego. La justicia debe triunfar para desenmascarar a los opresores, a los dictadores que gobiernan en dictadura y a otros que también son dictadores desde los gobiernos llamados democráticos.
Se debe imponer la fuerza de la palabra antes que la de las armas, los movimientos de presión y las decisiones que oprimen al pueblo para beneficiar al mandatario. He empezado y acabo hablando de la tierra. Todo lo que hagamos, hagámoslo pensando en ella, con la intención de cuidarla para evitar su fin que no es otro que el nuestro porque ella seguirá su curso. Ojalá llegue un día en que no haga falta hablar de ecologismo y cooperación como elementos necesarios para el equilibrio del planeta porque significaría que estamos en un mundo realmente equilibrado. Ojalá sea así aunque de momento esa palabra “ojalá” sea solo pura utopía.

Harto de la democracia de papel

Moment de la colocació de la primera pedra
Momento de la colocación de la primera piedra

Este viernes han empezado las obras de construcción de la futura caserna de los Mossos d’esquadra, nuestra policía autonómica, en la ciudad de Tarragona. Ayer mismo asistí al acto de colocación de la primera piedra. Lo hice por el sentido de responsabilidad que debemos tener los que representamos a colectivos y entidades y como ciudadano que debe ver y sentir, notarlo en su propia piel, como crece su ciudad. 

Eso me sucede a menudo aunque a veces tenga una sensación extraña como la que me invadió ayer, en el acto de la primera piedra. Cada vez me cuesta más asistir a estos actos porque tengo esa sensación que os digo y ayer mismo la noté.

El Ayuntamiento nos avisó, como responsables de la Coordinadora d’Entitats de Tarragona, faltando unas horas para el acto. Si esto ya es raro, aún lo fue más comprobar cómo los responsables políticos presentes, la cúpula del PSC (mandan en el Ayuntamiento) y la de Iniciativa per Catalunya-Verds (mandan en el Departamento del Interior de la Generalitat) menospreciaban la presencia de los movimientos vecinales y de entidades.

Nos invitaron pero no entiendo porque. Los que más tenemos que decir en estos temas, los colectivos ciudadanos, éramos invisibles para ellos. Sus discursos, vacios de contenido para el resto de mortales, alimentaban su propio caldo de cultivo. Unos hablando y otros mirándonos y preguntándonos: ¿Qué hacemos aquí?

Por lo menos nosotros fuimos unos afortunados (permitidme la ironía) porque a la oposición del Ayuntamiento de Tarragona no se la vio en el acto. De hecho no la vimos porque no fue invitada. El colmo del egoísmo y del miedo al “que  hubiesen dicho” en caso de haber asistido al acto.

Justo en ese momento pensé que la democracia existe solo en papel, no es una realidad objetiva, es como algo utópico que sabes que está ahí pero no lo palpas con claridad. A unos nos invitan por compromiso y nos ponen en un rincón y a los otros ni les invitan.

Para rematar la insensatez de la jornada, se me acercó un conocido representante de los verdes, los mismos que tienen en sus manos la Conselleria de Medi Ambient de la Generalitat de Catalunya, para decirme que debemos ser contundentes con Ercros por lo de la nube toxica de hace pocos días. Un representante político acudiendo a una ONG para pedir que metamos caña sin saber que ya se la hemos metido y no precisamente porque los partidos nos lo hayan dicho. Los hechos se demuestran con responsabilidad y sin servilismos.

Permitidme que aun os hable de la jornada de ayer. Si la mañana sirvió para comprobar la calidad del caldo de cultivo que hacen algunos políticos aislando al resto de personas y entidades de su entorno, por la tarde la moneda cambió de signo. Asistí a la recepción que hizo el Cónsul de Marruecos en Catalunya y Aragón. Había representadas muchas asociaciones, entidades y los partidos políticos. Éramos mas de cien personas. Curiosamente, los representantes del PSC, concretamente el delegado Xavier Sabaté, el diputado Joan Ruiz y el concejal Manuel López Pasca,  fueron los más invisibles del acto donde había también otros representantes y militantes socialistas menos sectarios y mas cercanos. Mientras el resto de invitados hablábamos entre nosotros y con el Cónsul, el trío socialista vio como su propio caldo de cultivo los ahogaba y silenciaba. Ellos quisieron arrinconar y no lo consiguieron pero fueron arrinconados y no lo pudieron evitar.

Debería hacerme feliz pero estos actos me entristecen mucho. Me enfada saber que algunos políticos, como ellos, son el reflejo de la sociedad que estamos creando y que nos hace perder cada vez mas valores. Intentemos evitarlo, cambiemos y, sobretodo, busquemos la tolerancia. Lo decía Víctor Hugo: la tolerancia es la mejor religión.