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Las tres C: comida, casa y curro

Si como nos dice y marca nuestra constitución, artículos 35 y 47, todos los españoles tenemos derecho al trabajo y a una vivienda digna, que baje Dios y lo vea. Si nos dicen que tenemos el derecho de trabajar y el derecho al trabajo, ¿por qué solo cumplimos la parte del pacto nosotros? Porque la gente trabaja como es su deber pero muchas personas no pueden ejercer ese deber porque no tienen derecho al trabajo que necesitan.

Pasa igual, o peor aún, con el tema de la vivienda. La Constitución dice que los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo el derecho a una vivienda digna. Nada más lejos de lo que se establece teniendo en cuenta que el estado hace oídos sordos a los miles y miles de ciudadanos que reclaman un lugar donde vivir y sobre todo a todos aquellos que han perdido sus viviendas por no poder afrontar los pagos de las hipotecas durante unos meses y han visto como se las quedaban los bancos.

El propio estado, lejos de negociar con los bancos medidas para evitar los desahucios y la ruina de miles de familias enteras, ha ayudado a la banca dándole dinero público mientras se recortaban prestaciones a las personas. Hablando claro, se han eliminado nuestros derechos fundamentales para dar bienestar y beneficio a quienes han colaborado en desequilibrar los mismos derechos. No tienes trabajo ni te ayudan en conseguirte uno. No tienes acceso a la vivienda y encima cuando no la pagas porque no hay trabajo te echan a la calle!

El mismo derecho lo proclama la Declaración Universal de los Derechos Humanos cuando dice que toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud, el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica.

¿Curioso verdad? En nuestro país, como en otro, si no tienes trabajo no ingresas dinero, sin dinero no puedes comprar comida ni pagar el alquiler o la hipoteca. Y para colmo en nuestro país están recortando en sanidad pública que es la única a la que puedes acceder si eres, como la gran mayoría, un elemento de clase baja o media. Es el pez que se muerde la cola pero en este caso más que un pez son solo las espinas que nos masacran los días porque la carne ya se la han repartido ellos, los de arriba para entendernos.

Son los mismos a los que debemos reclamarles las soluciones y a quienes deberíamos juzgar como únicos culpables de nuestra nefasta situación. Porque somos nosotros los que exigimos la justicia que ellos nos deben y no nos garantizan. ¿Quién pone entre rejas a los que han generado el caos? ¿Quién juzga en condiciones a aquellos que se atreven a quitarnos las viviendas o a los que permiten que otros nos las quiten? ¿Quién se encarga de castigar ejemplarmente a los que incumplen los derechos constitucionales?

Y me vienen más preguntas interesantes. ¿Dónde se he metido el Defensor del Pueblo? ¿Ejerce realmente el Defensor sus funciones? ¿Por qué no tenemos su apoyo ni conocemos su paradero actual o que gestiones realiza para defendernos? Y el Fiscal General del Estado… ¿Porqué no dice nada y es tan permisivo con las injustas leyes que nos están devastando moral y socialmente? ¿A quién obedece realmente el fiscal y a quien rinde sumisión?

Ya basta de insultos a nuestra inteligencia! ¿Quién se han creído que somos? El pueblo no es idiota, es soberano. El pueblo da la cara y ellos viven de espalda al pueblo. El pueblo exige cambios pero aquí nadie se mueve de la silla. La justicia de verdad no funciona y la política es el oficio más desprestigiado del momento aunque de él vivan casi medio millón de personas en nuestro país.

De todas las virtudes, la más difícil y rara es la justicia porque por cada justo se encuentran diez generosos. Ahí está quizás la raíz del problema. La justicia no nos llega al pueblo y la generosidad se aplica a los que viven de espalda a nosotros. Permitidme acabar con una reclama importante: Gobernemos nosotros a los que nos desgobiernan ahora y sentemos a la banca en el banco de los acusados y a todos aquellos que permiten estas injusticias y la lista de agravios, cada vez más larga, a la que nos someten. El futuro pasa solo por ahí.

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Obesidad mental

crisis

El otro día, comiendo con mi gran amigo Jordi Frisach, pensaba en lo que os dije en mi último post, cuando hablaba del concepto que tengo de la amistad. Jordi es de aquellas personas fieles a sus ideales y, sobretodo, entregadas a aquellas personas con las que comparte sus ratos de ocio, de amistad. Por eso, porque a mí me pasa igual, somos tan amigos. Volviendo a la comida del otro día, tuvimos la ocasión de compartir muchos temas de conversación normales, sin tapujos. Hablamos de la sociedad actual, de la crisis, de los valores que se pierden y los que se conservan.

Jordi Frisach es un gran profesor, economista, y lleva toda la vida ejerciendo de consejero asesor, como auditor de grandes empresas. Jordi es un pozo de ciencia y por eso aprovecho nuestros encuentros para intentar disipar algunas de mis dudas o hacerle preguntas de temas que él conoce más en profundidad como aquellos relacionados con la economía. Le pregunte cuando cree que va a durar este momento de crisis que estamos viviendo. Lo hice en parte porque, como responsable de una ONG como Mediterrània, la hemos notado con el descenso de ayudas y patrocinios de la misma manera que las grandes empresas lo notan cuando ven que no se les renuevan sus pólizas de crédito y no pueden afrontar sus pagos con la tranquilidad que lo hacían antes.

Por eso le pregunte a Jordi, con la humildad de un alumno que quiere escuchar al profesor, hasta cuando aguantaremos esta situación. La respuesta fue de cátedra. Según Jordi, cuando un problema lo tienen 30 millones de españoles deja de ser un problema. Cuando ves que los bancos bloquean las pólizas a todos, que los juzgados están colapsados de casos de morosidad o impagos (unas causas que se juzgaran en muchos casos y por la lentitud de la propia justicia cuando la crisis ya este superada) te das cuenta que no estamos viviendo realmente un problema. En esta crisis no se verá la luz al final del túnel porque esa luz solo se ve, dicen, cuando te mueres. En esta crisis se demuestra que estamos entrando en una nueva sociedad donde los más cautos aguantaran la embestida, los que más gastan tendrán muchos problemas y todos aquellos que hemos actuado siempre con sencillez y rigor económico no tendremos demasiados problemas.

No se trata de apretarse el cinturón ahora que el toro se nos ha echado encima. Se trataba de tener contención y cabeza antes que la crisis llegase. Cuando compras cosas que ya tienes, cuando apuestas por el vicio consumista, ejerces lo que el amigo Jordi llama obesidad mental. Lo que está claro es que hay que aprovechar esta nueva sociedad para cambiar y ajustarnos a nuestras posibilidades para evitar que también la desvirtuemos hasta el punto de tener que empezar el ciclo y meternos dentro de otra nueva sociedad dentro de pocos años.

 Jordi, una vez más gracias por tus consejos. Te aseguro que nos aplicaremos la lección, maestro!.