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El culo del mundo

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Sirva este titular de resumen al artículo que ahora empiezo y que tiene como protagonistas a los ciudadanos de Tarragona y al resto de nuestro planeta. Porque una cosa es que esta provincia, Tarragona, se haya convertido en el vertedero donde las empresas deciden emplazar, con el permiso de los gobiernos de turno, todas aquellas instalaciones, infraestructuras, plantas de producción y fabricas que pueden ser peligrosas y que en otras partes de este país nadie quiere.

Y otra, muy diferente, es que tengamos que ser siempre los ciudadanos solidarios, por no llamarnos tontos, que dicen amén a todo y se comen todos los marrones. Históricamente ya hemos cumplido el cupo de solidaridad acogiendo cerca de nuestras casas tres centrales nucleares, el segundo mayor polígono petroquímico de Europa, refinerías, oleoductos y gaseoductos, plantas de incineración, extracciones petrolíferas, un puerto industrial de primer orden y otras muchas actividades que en algunos casos son nocivas para la salud.

Ha sido inevitable, aun teniendo parte de la población en contra y a entidades ecologistas como la que presido argumentando un NO rotundo, que nos hayan puesto delante de nuestras narices la porquería que otros no deseaban. Pero al final el territorio ha dicho BASTA. Quizás aplicando refrán que die “tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe”, esta vez la oposición ante otra posible imposición ya ha salido de aquí antes que movieran ficha allá, en Madrid o en Barcelona que es donde se limpian las manos para ensuciar la cara de los demás.

Ante la posibilidad que llegasen a Tarragona los residuos químicos procedentes de Siria, en forma de gas sarín y gas mostaza, todo el territorio se movilizó para poner punto y final a este sistema de abusos e imposiciones y decir NO a este nuevo episodio. Y antes que el gobierno de Madrid advirtiese que estos residuos no llegarían a Tarragona, por primera vez, ya sabían que jamás hubiésemos permitido su llegada. Mediterrània-CIE, entidad ecologista que presido junto a 70 entidades más, es la única representante de la sociedad civil que forma parte de la comisión de información de la empresa GRECAT, la que pidió información sobre el tratamiento de los residuos sirios. A ella le pedimos información y un posicionamiento claro: los residuos que se los queden en Siria o los envíen donde quieran pero que estén lejos de Tarragona.

El mensaje que os comentaba antes, el de rechazo de toda la sociedad civil y clase política local que se ha hecho llegar a Madrid, ha servido de momento para que sepan que no pueden hacer lo que les de la gana. Saben que todos estos años hemos ido asumiendo el rol de convertirnos en la cloaca de Catalunya o, como titulo este articulo, el culo del mundo. Se ha ido aceptando lo que decidían empresas y gobiernos y cada vez que se ha pedido alguna cosa se nos ha negado. Y así hemos llegado a nuestro estatus del presente donde vamos sobrados de instalaciones potencialmente peligrosas y huérfanos de buenas carreteras, una red ferroviaria decente y un recibo de la luz acorde con los esfuerzos realizados por producir un 70 por ciento de la energía generada en Catalunya. Aquí la generamos y aquí la pagamos tan cara como en cualquier otra parte del estado. Ni tan solo esta contraprestación tenemos.

Hay que empezar a actuar, desde nuestro propio territorio, para conseguir equilibrar esta balanza. Si tenemos que ser el culo del mundo que se nos dé a cambio aquello que pedimos para mejorar nuestro bienestar. Si soportamos los peligros a diario, que se nos escuche y se nos cuide. Y recordad… bona fides contraria est fraudi et dolo (la buena fe es contraria al fraude y al engaño).

Ángel Juárez Almendros

Presidente de Mare Terra Fundación Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra.

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Perder todo lo ganado

ALGARROBICO

Tantos años de lucha por conseguir avances importantes en el medio ambiente para que llegue la crisis y acabe con todo. La recesión económica se ha cebado con todo y con todos, o con la gran mayoría porqué siempre hay quien no sufre ni nota los efectos de la caída, y ha provocado que nuestro estimado medio ambiente agonice de nuevo.

Hay claros ejemplos de que los logros conseguidos han sido ahora vilipendiados políticamente con sus repercusiones en nuestra sociedad. La aprobación de la Ley de Costas es uno de los más recientes y vergonzosos. Lejos de ordenar la demolición de construcciones que masacran a nuestro litoral, se ha dado permiso para invadirlo aun más, casi hasta a orillas del mar, para beneficiar los intereses que según quien en detrimento del futuro de todos.

La aprobación de esta Ley ha sido un claro ejemplo de la nula sensibilidad que han tenido, ya históricamente, nuestros gobiernos hacia el entorno, la fauna, la flora y la naturaleza en general. Se nota también con la decisión de rebajar la partida de los presupuestos generales del estado destinada a la protección y extinción de incendios que se ha traducido en tener menos medios materiales y humanos en estas últimas campañas. Curiosamente la rebaja presupuestaria llegó en los veranos más calurosos aunque por suerte, o quizás por milagro, no se produjeron desgracias personales ni grandes fuegos.

Los recortes llegaron también a otros ámbitos con otras muchas decisiones equivocadas que evidencian la poca importancia que se le da al planeta cuando manda el dinero. Los Parques Naturales y Nacionales, pulmones verdes y áreas imprescindibles para que la pachamama respire, han recibido también menos dinero. Por no hablar de los Planes de Protección de especies y espacios naturales, otros afectados por las rebajas, donde las comunidades autónomas han decidido dejar de invertir aprobando solo el 11 por ciento de las acciones previstas para proteger a los animales más amenazados de nuestro territorio. Lo denunció en su momento el Observatorio para la Sostenibilidad de España pero nadie respondió a las demandas de más inversión.

A las malas políticas de nuestro gobierno hay que sumarle los intentos de aberración y atentado ambiental de otros estados, como el Reino Unido, que en su intento de crear una nueva escollera en Gibraltar, comprando arena extraída de la duna de Valdevaqueros, intentan generar aquello que la naturaleza no nos dio en un espacio nuevo vaciando otro espacio, este sí que era natural, que empezará a morirse gracias al expolio de parte de sus recursos.

Ya centrándome en mi tierra más cercana, en Catalunya, quiero recordar que el gobierno autonómico también ha demostrado su poco tacto hacia el medio ambiente dotando de menos presupuesto a la Agencia Catalana del Agua (ACA) y que este recorte ha conllevado que este veranos haya habido menos personal de control y vigilancia del estado de nuestras playas y las aguas que son de su competencia.

Todo lo ganado durante años se ha ido al traste. Y podría seguir poniendo ejemplos aunque en cada uno de ellos habría el mismo nexo en común: no hay dinero para lo que no quieren y sobra para otras cosas que pueden esperar. Es, sencillamente, la incapacidad de marcar prioridades reales y la inoperancia de las administraciones y sus gestores. Quizás la mejor manera de acabar este artículo sea recordando una frase que se convierte en realidad: la vocación del político es hacer de cada solución un problema. ¿Ideal, no creéis?

Ángel Juárez Almendros

Presidente de Mare Terra Fundación Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra.

 

Con derecho al pataleo, obligados al rebote

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No intento en este artículo hacer apología de nada pero me creo en el deber de seguir denunciando lo que considero un acto cercano al terrorismo de estado. Uno se amedrenta ante los problemas que nos tocan vivir a todos por la condenada crisis que unos crearon, los mismos que la acabaran cuando consideren, y que nos tiene a todos ahogados, ninguneados y al borde del abismo.

En nuestro país salen cada día a luz pública casos de corrupción política pero jamás conocemos ningún nombre de un corrupto que sea juzgado y encarcelado por sus fraudes, por el derroche del dinero público al que estamos sometidos de manera constante. En nuestro país hay quienes choricean a su libre albedrio y después estamos los otros que tenemos dos opciones: callar o seguir quejándonos.

Pero tengo la amarga sensación que aún quejándonos, la clase política se chotea de nosotros y pasa de nuestras protestas. Se creen generosos dejándonos salir a la calle por nuestro derecho al pataleo pero violan constantemente los otros derechos que tenemos y deberían ser fundamentales. Si la gente no tiene trabajo o pierde la casa les importa bien poco porqué ellos a final de mes se reparten el pastel con sueldos insultantes y mantienen la cara bien alta.

Algunos colectivos, como el de sanidad, han cambiado la forma de protestar llevando a la calle su realidad aplicando el humor o el folklore. Y ni así, llamando más la atención, han conseguido que nada haya cambiado. Llegas a pensar que no les importan las formas en que el pueblo se movilice puesto que ellos viven realmente aislados de la realidad de los ciudadanos. Salir a la calle haciéndonos ver con danzas es simple poesía que no resuelve esta novela negra que están escribiendo nuestros representantes políticos y en la que nos ha tocado el papel de cadáver.

Y lentamente se va incrementando la crispación social y se calientan los ánimos de las miles de personas y familias que sufren la nefastas consecuencias de la gestión de unas personas que a final de mes se lo llevan calentito y viven sin problemas, que tienen dinero para dietas y alojamientos, que cobran del estado, del dinero que es del pueblo, diez o veinte veces más que lo que perciben las personas que aun tienen la suerte de tener la ayuda de los 400 euros.

Si esto no para pronto preveo una revolución social sin precedentes y usando formas nada ortodoxas para conseguir el cambio. Si a las buenas no se les ha hecho entender a nuestros políticos que estamos hartos, ¿Cómo quieren que el pueblo les saque la venda de los ojos para que vean la realidad y pongan solución a este caos?

Si ellos no nos respetan, ¿por qué hay que respetarlos a ellos o temerles? ¿Por qué debemos aguantar más esta opresión a las que nos sometemos de manera voluntaria como sociedad? Hay que demostrar nuestro rebote sea como sea pero me temo que al final se perderán las formas y entraremos en un ciclo que no nos conviene aunque también creo que sea necesario.

Seguiré pensando que hay que cambiar, dar un giro al modo de protestar siempre desde el máximo respeto pero con el mensaje bien claro. Lo que también sé es que la paciencia tiene un límite y la cara dura de algunos no tiene fronteras. Por lo que más queremos, apliquemos la inteligencia y unámonos todos para derrocar a los que abusan del sistema. Somos humanos, que no nos vejen más!.

Ángel Juárez Almendros

Presidente de Mare Terra Fundación Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra.

Cambió el año, siguen los desahucios

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Se acabó el 2012 de la peor de las maneras y empezamos el 2013 con las mismas nubes negras que ya oteaban en nuestro horizonte más cercano, en nuestro día a día marcado por una crisis que se acrecienta tras saber que nos suben la luz, la gasolina, los peajes y tantos otros servicios que utilizamos y necesitamos.

Este nuevo año huele a viejo, al que hemos dejado atrás y que ha estado marcado por los desahucios de miles de familias y una política del gobierno central basada en rescatar a la banca sin juzgar a los banqueros y dejándonos a los ciudadanos en quiebra económica y moral. 2012, como 2013, es época de ver como los chorizos siguen mangando a sus anchas, los corruptos se siguen forrando y el pueblo se ahoga.

Rajoy empieza el año aportando negatividad y Rubalcaba pide una prórroga de los 400 euros para los parados pero los dos tienen un punto en común. Ambos saben que ni la realidad ni los buenos propósitos son ahora útiles para un pueblo que pide a gritos soluciones y no quiere ni discursos vacios y dramáticos ni buenos propósitos que no llegaran a nada.

La Constitución Española ha pasado a ser un mero papel mojado que no se respeta por culpa de la falta de imaginación de los que gobiernan y la pasividad de los que deberían se oposición. Entre los unos y los otros, España se hunde y ellos, que siguen cobrando, son incapaces de tomar decisiones unánimes y aprobar o modificar leyes antiguas que llevan a los españoles al total desastre.

Lo de los desahucios huele a podrido. El pasado mes de octubre se aprobó una prórroga para casos extremos y hubo el compromiso de crear un parque de viviendas de alquiler social con una renta baja y razonable para la mayoría. Se sacaron de la manga un documento que permitía posponer algunos desahucios de muchas familias aunque no la dación al cien por cien. Primero decían que la medida beneficiaba a muchas pero finalmente vimos que solo a unas cuantas y que la mayoría de los afectados seguían contra las cuerdas sin conseguir la tan demandada dación.

Ni las muertes, suicidios mejor dicho, que han tenido lugar hasta ahora por parte de personas asfixiadas por las deudas hipotecarias han conseguido cambiar el rostro, siempre impasible, de nuestros representantes políticos. Los jueces han empezado a paralizar los desahucios pero con cuentagotas. Ellos mismos saben que el sistema actual es una injusticia y que la dación para todos debería ser la solución.

Pero ni la justicia ni la presión de las muchas plataformas que pedimos el cambio, entre ellas la que creamos desde la Coordinadora de Entidades de Tarragona que presido, han conseguido todo lo que deseamos. Si, es cierto que nuestra campaña ha servido para que algunos ayuntamientos se hayan comprometido a no operar con aquellos bancos y cajas que permiten y ejecutan los desahucios.

Pero también lo es que las entidades financieras tienen bien cogidas a las administraciones que, tras una pésima gestión de nuestros recursos llamados arcas municipales, han generado unas deudas que tendrán que ir reduciendo durante décadas y que están contraídas con la gran mayoría de los bancos y cajas con los que no deberían trabajar más. Es, como he dicho en otras muchas ocasiones, el pez que se muerde la cola.

Pero ahora cambia algo muy importante. El pez ya no tiene carne y la espina que le queda la llevamos clavada sobre nuestras cabezas todos los que trabajamos a diario y no tenemos la culpa que los ayuntamientos dilapidasen nuestros dineros y los bancos dedicaran sus recursos a alimentar a sus consejos de administración y a grandes empresas dejando a un lado las necesidades del principal motor de este país, los autónomos, pequeñas empresas y trabajadores con contrato.

El escuálido pez nos condena a la crisis de nuevo y antes que nos remate debemos reaccionar. Hay que marcar a los bancos y cajas, poner contra las cuerdas a los corruptos, exigir responsabilidades a los malos gestores, condenar con penas de prisión a aquel que robe, extorsione, sea corrupto, trafique con influencias, goce de amiguismos y perjudique con su gestión a otras personas inocentes.

No hubiese querido dedicar mi primer artículo del nuevo año reincidiendo en un tema que debería tener ya sus cauces de solución pero soy consciente que si todos los que denunciamos estos temas pasamos a un segundo plano y callamos, el final estará en la esquina. Si mantenemos viva nuestra voz quizás lograremos algo. Como mínimo, intentémoslo.

Facturando a costa de nuestra vida y del planeta

En momentos delicados para el medio ambiente, con el reciente debate abierto en la cumbre de Rio+20 sobre la necesidad de buscar alternativas limpias a los sistemas energéticos actuales, la propuesta del gobierno español de prolongar la vida de las nucleares nos sobra.

Incrementar la actividad de estas instalaciones supone un riesgo teniendo en cuenta que algunas de ellas, caso de la central de Garoña, están ya obsoletas y en mal estado aunque el Consejo de Seguridad Nuclear o los técnicos del Ministerio de Industria insistan en hacernos creer que el estado es optimo.

Sin ánimos de alarmar a nadie hay que recordar el incidente de Chernóbil de 1986 o el de Fukushima del año pasado, y también el de Vandellós de 1989 aunque en mucha menor escala, para saber que las nucleares tienen un porcentaje de peligrosidad durante toda su vida que se incrementa en cualquier momento, ante cualquier incidente, y especialmente cuando la vida de la central se ha cumplido.

Pero más allá del discurso de la necesidad de buscar nuevas energías mucho más limpias, o mejor dicho de potenciar las que ya conocemos como la solar o la eólica, el gobierno español ha intentado esconder que uno de los motivos, quizás el principal, por el cual prórroga el contrato con las compañías que explotan las nucleares es la nueva tasa de generación eléctrica que se ha previsto y que permitirá recaudar hasta 6.800 millones de euros.

Con el plan previsto por el ejecutivo central en formato de reforma del sector energético, que será tramitado mediante un proyecto de ley, las empresas que gestionen plantas de producción de energía nuclear, hidráulicas o ciclos combinados a gas tendrán que pagar este nuevo impuesto que será del cuatro por ciento y que se traduce en dos euros por megavatio facturado. De la misma manera, las nucleares y las hidroeléctricas tendrán una tasa adicional además del impuesto general.

El sector dice estar ahogado por el déficit que superaría los 24.000 millones de euros y asegura que el gobierno cree que las centrales nucleares están amortizadas cuando realmente no es así.

Se entiende, dejando al margen si los datos correctos son los aportados por el gobierno o los defendidos por el sector nuclear, que no se puede jugar a tomar ciertas decisiones por el hecho de facturar más al precio que sea, el de generar dinero a costa de poner en riesgo nuestra salud. Porque ahora es momento de empezar a replantearnos abandonar este tipo de energía o reducir su uso cerrando las nucleares cuando cumplan su ciclo y no concediendo ninguna prolongación de ese ciclo.

Aún teniendo el cementerio de El Cabril y el nuevo cementerio que se está construyendo en Cuenca no debemos olvidar que los elementos radioactivos que albergan tienen una vida de centenares de años. Por eso hay que preguntarse: ¿Qué haremos con los residuos que se generan en Almaraz, Cofrentes, Trillo, Ascó, Vandellós y en Burgos? ¿Tenemos que acumular todavía más porquería radioactiva? ¿Hasta cuándo interesa alimentar a este sector y porqué no se ayuda a las empresas que apuestan por energías limpias para acelerar su proceso de expansión e implantación? ¿Acaso lo de Japón pasó hace ciclos? ¿Nadie recuerda Fukushima si fue hace tan solo un año?

Es, como siempre, un compendio de intereses entre empresas que han generado riqueza durante años y que ahora deben pagar su factura aportando más dinero en forma de impuestos al mismo sistema que les alimentó. Primero se vició a les empresas y ahora se vicia el gobierno. Lástima que en este caso no nos tenga que alegrar este cambio de rol de vicioso porque, en el conflictivo tema de las nucleares, los riesgos que conllevan estas plantas los teníamos antes y los seguiremos teniendo ahora.

Ya lo decía Confucio: Los vicios vienen como pasajeros, nos visitan como huéspedes y se quedan como amos.

Crisis social: el futuro en nuestras manos

Se ha demostrado, nuestra sociedad está caducada. Con casi cinco millones de parados, decenas de miles de familias obligadas a pedir ayudas para comer, jubilados con pensiones mínimas insultantes y congeladas, hipotecas que no se pueden pagar, los precios del alquiler por las nubes y una juventud que no puede irse de casa porque no hay empleo ni vivienda asequible a sus bolsillos. El sistema ha fracasado y el tercer mundo que nos parecía tan lejano hace pocos años, nos es cada vez más cercano y cotidiano. Los gobernantes viven de espaldas a los problemas que han ayudado a generar insistiendo en mantener el mismo sistema que ha caducado en sus manos y que nos ha enfermado a todos.

La actitud de nuestros jóvenes y su implicación en según qué temas que les parecen banales y son muy importantes es un síntoma del desencanto generalizado que sufrimos. Se confirma viendo los resultados del estudio elaborado por la Fundación Everis que ha contado con la colaboración de un centenar de empresarios que, como primera acción, han decidido pedir al Rey de España reformas económicas y del modelo de Estado actual.

Con la bonanza vivida antes de la actual crisis como referente, el documento alerta de la necesidad de mantener una buena confianza en la capacidad colectiva que se debe mantener, sobretodo, cuando llegan tiempos de adversidad. Si somos solidarios y sabemos trabajar en grupo cuando hay buenos tiempos, podremos afrontar las malas épocas con más perspectivas y optimismo. Para conseguir este objetivo es necesario el esfuerzo de todos y sobretodo pensar en las generaciones que tenemos detrás y no pueden mirar hacia adelante para ver un paisaje optimista.

El Mayo del 68 es una pura página de la historia que nos motivó a los que hoy deberíamos haber garantizado un futuro a las generaciones venideras y vemos cómo todo les es imposible. Se preparan al máximo para aprender y cuando acaban sus estudios no encuentran trabajo. Al no trabajar no cobran y al no ganar dinero tienen imposible el reto de emanciparse alquilando o comprando una vivienda. El gobierno no entiende la necesidad de cumplir un ciclo vital que debería estar garantizado y que nosotros, los que vivimos ese Mayo del 68, si hemos podido gozar, con nuestros propios esfuerzos.

Hay miles de pisos vacios que seguirán inhabitados por la falta de trabajo y liquidez de unas personas, nuestra juventud, que en el mejor de los casos puede marcharse a trabajar al extranjero donde se le pagará mejor por un trabajo que en nuestro país no existe y en caso de existir tiene unas compensaciones económicas irrisorias. Los que hoy son de la llamada tercera edad tienen garantizadas sus pensiones aunque muchos de ellos cobren miserias y todos hayan visto como el gobierno les congelaba su paga. Pero los nacidos hace ahora 40 años y los que vayan llegando a partir de ahora no saben si podrán tener su pensión. Con el actual sistema establecido en nuestra sociedad tenemos asegurado el pan para hoy y, de paso, también el hambre para mañana.

Hay que hacer un giro de 180 grados empezando por la reforma del sistema educativo actual para lograr, en poco más de una década, ese cambio que también debe incluir a la sociedad como elemento participativo y dibujar un futuro esperanzador. Lo piden a gritos los cien expertos que firman el documento de la Fundación que han entregado al Rey antes que dárselo al gobierno por la desconfianza que este les genera. Un cambio de rumbo para incrementar los recursos, salir de la crisis, generar confianza y puestos de trabajo, alimentar las esperanzas de nuestros jóvenes, conseguir que los mayores gocen de un mayor bienestar y que el caos social actual se transforme en un futuro con garantías. Nos tenemos que mover todos, empezando por los que gobiernan. Estamos obligados, por respeto a los que vendrán, a luchar por un futuro que nosotros tuvimos en su momento.

¿Hay vida después de la Roja?

Estos no son tiempos de definirse políticamente, de críticas gratuitas o de falsos discursos. Toca sensibilizarnos con los más débiles de nuestra sociedad y al mismo tiempo recordar que se han debilitado, en muchas ocasiones, por pésimas políticas de los gobernantes de turno. Esta maldita crisis que estamos sufriendo la amplia mayoría, formada por trabajadores, desempleados y personas sin prestación, nos ha dibujado un perfil de ciudadano que asusta. Los jubilados viven peor que nunca con una pensión congelada, los parados tienen cada vez menos oportunidades de conseguir nuevos empleos y aquellos que ya no tienen ni el derecho a paro, deben vivir del aire porque no se pueden acoger a ninguna prestación social.

Todo ello gracias a un gobierno de izquierdas que, en teoría, lucha por las políticas sociales. Y como dije al principio del artículo que no hay que definirse políticamente, golpeo también a las derechas recordándoles que, en caso de gobernar, no conseguirían mejorar mucho una situación agravada durante de años por culpa de todos los partidos. Ellos han hablado alto y claro de épocas de bonanza para comentar, en voz baja y con la boca pequeña, que había crisis. Nos han hecho inflado el globo de la felicidad y después nos lo han pinchado dejándonos, como si fuésemos niños, llorando en una esquina sin saber el porqué.

Gracias a Dios que existe la Roja, nuestra selección española, que permite acabar con la crisis. Fijaos bien. Mientras España esté viva en el Mundial de Suráfrica no habrá problemas económicos para llegar a final de mes o para pagar la hipoteca. Todo será perfecto. Zapatero tiene suerte hasta en esto, en el hecho que si hay futbol la gente no piensa y la roja le está echando un buen cable al presidente.

Los mileuristas, los que no llegan a esa cifra o aquellos que la multiplican por cuatro, seis o diez, han hecho una pausa en sus vidas gracias a los jugadores de la selección que, en caso de ganar el Mundial, serán premiados con una cifra vergonzosa, 14 millones de euros, que no se destinaran, por ejemplo, a los parados sin subsidio. No hay dinero para lo que no se quiere y sobra para algunas causas más banales. 

Es preocupante ver como las parejas se separan a diario, cada día en mayor numero, porque se acaba la felicidad cuando realmente lo que causa las roturas sentimentales es la propia crisis que pone contra las cuerdas a aquellos que sabían vivir gastando y no saben sobrevivir sin el poderoso caballero, don dinero. El amor y la pobreza están reñidos.

Algunos también seguimos preocupados por el recorte que el Tribunal Constitucional ha hecho al Estatut de Catalunya pero mientras se pide que la gente cuelgue en los balcones la Senyera en señal de protesta, los vemos todos repletos de banderas españolas apoyando a la selección. No estoy mezclando temas, ni confundiendo churras con merinas. Hablo de sentimientos que se notan y son normales para aquellos, como es mi caso, que aun habiendo nacido fuera de Catalunya nos consideramos catalanes y no entendemos ni el sentimiento radical de independencia de algunos ni la radicalidad anti catalanista de otros, los miembros del Constitucional que han desmenuzado el documento votado en su día en el Parlament para instaurar, aun mas en todo el estado, el miedo hacia Catalalunya.

Para algunos somos el monstruo a combatir. Somos aquellos que no quieren rendir las actuales cuentas al estado porque somos conscientes que lo que damos, en concepto solidario hacia otras autonomías, no se corresponde con los que recibimos. Y esta evidencia tan real la califican como “insolidaridad” masacrándonos sin tregua. Hace falta aplicar mucho más el sentido común y la tolerancia para conseguir que la Justicia Social impere y triunfe pero nos será muy difícil extender este discurso de momento. Tendremos que esperar al final del Mundial para despertarnos de este falso sueño que nos devolverá a las catacumbas económicas en las que estamos inmersos. Si, señores, después de la Roja hay vida aunque esa vida sea triste y complicada en muchos aspectos.