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La piel que no se habita

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Nos hemos acostumbrado a leer las desgracias ajenas en los periódicos o a verlas por televisión. Ejercemos de analistas de la actualidad debatiendo sobre situaciones vitales de otras personas y creemos ponernos en su piel. Pero esa piel, la del vecino a quien creemos conocer, no la habitamos. Nuestro entorno más cercano es nuestra propia vida que, ahora en plena crisis, es todo un mundo entero.

Y aun así, somos solidarios y notamos el dolor de los otros. La muerte de tres personas de la misma familia en Sevilla por ingerir comida caducada nos ha calado muy hondo a todos los seres que vemos como se está sufriendo en nuestro país. Que un matrimonio y sus hijos tengan que alimentarse de productos en malas condiciones es vergonzoso, triste, humillante e indigno de un país como el nuestro. Estos días lloramos de dolor ante esta noticia pero también de rabia, indignación e impotencia.

¿Cómo hemos llegado a estos extremos? ¿Hasta cuándo aguantaremos esta situación que permite ciertas miserias inhumanas? Y sobre todo, ¿Dónde está la solución?

Ni la impotencia que citaba antes, en la que estamos sumergidos, traducida en protesta, nos es permitida. La gente que exige explicaciones a los políticos no puede manifestarse ante el Congreso por miedo a las multas y los más arriesgados, que también son los más indignados, solo tienen como alternativa enfrentarse a los cuerpos policiales que les reciben a golpes y bolazos de goma.

Nos han prohibido también el derecho al pataleo. Y lo han hecho unos personajes elegidos en las urnas pero que no tienen ya representatividad moral ni credibilidad alguna. Los políticos, miembros de una casta que han pasado a ser una secta de ricos y poderosos a la cual se debe perseguir hasta acabar con ella por el camino democrático, no tienen ni idea de qué es vivir con 400 euros al mes, sin trabajo o comiendo gracias a las aportaciones de entidades sociales o de tus propios vecinos.

Los políticos no pueden ponerse en esa piel que jamás podrían habitar porqué durarían dos segundos pero, especialmente, porque son incapaces de plantearse el ejercicio de probar. Su modus vivendi de alto standing les permite vivir por encima del bien y del mal. A final de mes les cae el macrosueldo calentito y que nadie les cuente milongas ni miserias. Salen a lamentarse públicamente, siempre de cara a la galería, criticando a los otros partidos pero sin aportar soluciones ni hacer propuestas coherentes para acabar con el caos social y moral que hunde a España en el fango.

Con el sueldo base de un diputado en el Congreso, 3.670 euros, sobreviven nueve familias que tengan la suerte de disponer de la ayuda de 400 euros. Y todavía se quejan de cobrar poco viviendo de espaldas a la realidad, tapándose las orejas para no oír la verdad y cerrando los ojos para evitar ver el cruel paisaje que han ayudado a generar y que ni tan solo intentan cambiar.

No se equivocaba Góngora escribiendo aquello de “Ándeme yo caliente y ríase la gente”. A nuestros políticos, como a los banqueros y a todos los empresarios que se enriquecen cada día a costa de pagar míseros sueldos, deberíamos verlos una temporada en el otro lado de la trinchera donde el hambre es el traje y vivir cada día es la moneda. Que muden la piel y habiten en otras para que recuerden que ellos, aunque no tengan memoria, también son mortales.

Ángel Juárez Almendros

Presidente de Mare Terra Fundación Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra.

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Previsión cero, insumisión lógica

Lejos de calmar los ánimos y aportar cierta tranquilidad, si es que se puede aportar en tiempos duros, el actual gobierno sigue ejerciendo el papel de malo ahogando, con medidas nada populares e inexplicables por más que se intente exponer motivos, a un pueblo mermado económica y moralmente.

La situación social de nuestro país es ruinosa. Hay incertidumbre entre las personas que aun conservan su trabajo, preocupación entre los que no tienen trabajo pero todavía conservan las ayudas, miedo por el futuro entre los que ya no perciben ni las ayudas… y enfado, tristeza y depresión entre aquellos que no tienen ni para comer, que sobreviven gracias a la familia o a las aportaciones de entidades benéficas que les abastecen de alimentos.

Quien les iba a decir a muchos de  los afectados que se tendrían que ver en esta situación mientras vemos aparecer cada día en la televisión la otra cara de la moneda que es la que genera todos los sentimientos que he comentado. Porqué el grado de incertidumbre, preocupación, enfado, tristeza o depresión va en función de lo que se vive pero también de lo que se ve.

Si ves que todo el entorno cercano y el general van acordes con tu situación personal todo es diferente que si ves que solo lo pasan mal algunos mientras otros siguen viviendo como reyes. Por eso, volviendo a lo que decía al principio de este articulo,  las medidas que se va aprobando por parte del gobierno no ayudan en nada a imaginar la luz o el final de un túnel que sigue a oscuras y da miedo.

Permitir que se aumente el recibo de electricidad y el del gas, que el precio de la gasolina esté en las nubes, que se tengan que seguir pagando peajes en ciertas autopistas, que se cobre por los medicamentos, que en los bancos no nos den ni los buenos días cuando antes nos daban de todo. Permitir estas situaciones se llama, clara y finamente, vivir de espaldas al pueblo.

Pedir dinero para rescatar a los bancos y dejar a la población en el pésimo estado en que se encuentra, acuciando su agonía con los copagos o retirando medicamentos a los jubilados, evidencia el desorden y desconcierto del gobierno. ¿Porqué, ya puestos, no han pedido más dinero para rescatar al pueblo además de a la banca? ¿Porqué los créditos son siempre para los que ya tienen y no dan? ¿Por qué se ayuda solo a unos cuantos y se margina a unos muchos otros que son lo que más lo necesitan?

El espectáculo de regalar dinero a quien más tiene y no pensar en quien realmente lo necesita es bochornoso y vergonzoso. Pero lo es más comprobar que es la misma población que malvive la que acabará pagando las deudas de la mala gestión de los bancos y sus rescates en lugar de saber que lo que se pide y lo que pagaran es para ellos y les beneficia.

La insumisión de los que no quieren pagar por los medicamentos o por circular por las autopistas, las protestas en las calles o los abucheos a los políticos tienen ahora, más que nunca, su lógica. Porqué la falta de previsión de los gerentes de las administraciones que han jugado con nuestro dinero nos ha puesto a nosotros en la calle y ellos se han salido de rositas.

Porqué ante esta previsión cero que ha reventado a la banca y al país entero es lógico que el pueblo se subleve y monte en cólera. Por eso hay que ser solidario con el que protesta y se gira de espaldas a ciertos métodos del sistema. La lógica se impone siempre y en este caso lo lógico es decir BASTA en lugar de acatar y ser sumiso. Lo lógico es pedir responsabilidades penales a los que han provocado la ruina, el cese a los que cobran cifras insultantes en los consejos de los bancos, la reducción de los sueldos de los que mandan y, ante todo, lo lógico es pedir un poco de dignidad para evitar que miles de personas sigan indignadas.

Insto desde este foro a los partidos que forman la oposición a pasar de las palabras, se lleve el viento, a los hechos. No sirve de nada criticar con la boca pequeña si no se soluciona nada, quejarse a medias sin tomar decisiones reales de presión. Si ellos no se mueven el pueblo seguirá de espaldas a ellos y la sociedad se encaminará aun más hacia la perdición. Que aquellos partidos que dicen estar en desacuerdo lo demuestren de verdad y dejen de salir a la palestra, de cara a la galería, para acabar callando sin ejercer el papel real que les toca y que no es otro que fiscalizar y denunciar la labor de quien en teoría dice gobernar.

O provocamos ya el cambio o todo cambiará para siempre y a este país no lo conocerá ni Dios. ¿Renovarse o morir? Existir dignamente.