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El saqueo social: Life is hard

El tsunami de pillajes, asaltos, violencia, vejaciones morales, enfrentamientos policiales, incendios y muertes que ha protagonizado estos últimos días la ciudad de Londres y otros muchos puntos de la geografía inglesa ponen en evidencia el colapso moral que sufre este país. La misma sociedad que preconiza por todo el mundo sus buenas maneras, su elegancia e intelectualidad, la misma que se otorga el mérito de liderar Europa ha mostrado al resto del continente, y por ende a todo el planeta, como se desmoronaba y retrocedía en el tiempo.

Algunos desde sus viejas mansiones victorianas desde donde se van carcomiendo inconscientes del paso del tiempo con su porte demodé, y otros, los postmodernos que manipulan la Bolsa de Londres o que ejercen de tecnócratas europeístas y vanguardistas con sueldos de escándalo y escandalosamente jóvenes para percibirlos, han visto como se paralizaba su entorno más inmediato y les invadía el pasado que les retornaba a ese trágico abril del 1980.

Entonces, una redada policial en un bar del corazón de Bristol hizo estallar las tensiones entre la comunidad negra, completamente marginada y en la miseria, y las fuerzas de seguridad. Durante casi dos días la violencia en las calles acabó con más de un centenar de detenidos, una veintena de policías heridos y decenas de vehículos y edificios calcinados. Un año más tarde un caos casi idéntico tuvo su epicentro en Brixton y los dos años siguientes tuvieron sus replicas en Birmingham i Tottenham.  

Ahora, dos décadas después, las mismas ciudades han sido sede de esa ruptura social tan evidente que comenzaba, de golpe y sin aviso previo evidente por parte de las autoridades británicas, más dedicadas a las políticas europeas que a las sociales, en la misma capital del imperio, Londres.

La muerte de un joven de 29 años, Mark Duggan, victima y héroe al mismo tiempo en este conflicto, daba inicio a la ruptura entre sociedad y el sistema establecido desde el número 10 de Downing Street y apoyado, fruto del desconocimiento de la realidad  del país, por los que habitan en el Buckingham Palace.

Los problemas sociales endémicos en el imperio de Isabel II y en los dominios temporales de David Cameron les han pasado factura dejándoles en cuotas mínimas de popularidad y con pocos apoyos en las cámaras gubernamentales. Londres debe dar un giro radical y revisar sus políticas sociales para volver a ofrecer una buena educación entre los jóvenes, reestructurar las familias en aquellas zonas donde se pierde ese propio concepto y acabar con los problemas más graves: niños y adolescentes sin autoridad paterna, una acuciante falta de disciplina en las escuelas y la existencia y constante creación de comunidades descontroladas que generan pandillas callejeras regidas por su propia ley.

A los británicos hibernados y a los más caniculares, citados al principio de este artículo, y corresponsables de esa ruptura, hay que recordarles que en Londres, como en el resto de ciudades británicas, hay otra sociedad formada por todas aquellas personas que quieren trabajar dignamente y vivir en harmonía. Y son estos ciudadanos los que ayudan a levantar el país mientras otros se disputan títulos, cargos, carteras, sillones, pelucas políticas y judiciales, honores y condecoraciones que no se corresponden con la realidad ni los valores de la mayoría.

A ellos, asesores que cortejan a Cameron y cortesanos de la de Reina impertérrita, hay que pedirles explicaciones ante las imágenes de estas últimas jornadas donde se saqueaban comercios de ciudadanos inocentes, llegados hace décadas de otros países e integrados a la perfección. No tiene lógica ver a una niña de once años ejerciendo el pillaje ni se puede admitir que sean los delincuentes encarcelados en los disturbios de los ochenta los que ahora pidan mayores castigos contra los desvalijadores argumentando que el pillaje de ahora nada tiene que ver con el que ejercieron ellos.

La perdida de los valores, la desestructuración o la marginación han creado esa generación de jóvenes ingleses que viajan por el mundo dando mala fama a su país, destrozando hoteles y mobiliario en Lloret de Mar o haciendo del abuso del alcohol, las drogas y el sexo una nueva forma de vida en el polémico Salou Fest que acoge cada año la capital de la Costa Dorada. 

SI se les pregunta siempre saben que responder: Life is hard, la vida es dura. Y lo dicen sin problema, conocedores de su realidad, victimas del saqueo social provocado por los gobiernos de Thatcher, Blair, Brown y Cameron. La Dama de Hierro abrió el grifo de la aguas que dividieron a la sociedad y sus predecesores las han ido separando, cual Moisés egoísta imponiendo sus poderes, para dejar a todos el país en ese océano de la incomprensión donde todos navegan sin rumbo. Ya lo dijo Lord Chesterfield: La profundidad de los políticos rara vez pasa de la superficie.

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Mudando la piel

Estamos sometidos a cambios constantes. El mundo gira y nosotros con él. Se trata de cambios personales, vitales, previsibles o esperados, corregibles o símbolo del fracaso. Uno debe ser consciente de esos cambios y amoldarse a la sociedad en la que convive como se adaptan las especies animales a sus medios.

Atrincherarse en una posición cómoda para ver cómo pasan los días y son los otros los que se derrumban ante nosotros, se antoja ahora mismo como un error que nos condenará para siempre. Porque es ahora cuando debemos entender el momento que nos toca vivir y caminar con la consciencia necesaria para evitar hundirnos.

La crisis nos ha marcado de por vida y nos ha enseñado muchas cosas y traído muchos valores adormecidos en nuestro interior. Si sabemos entender la lección que nos ha dado, y nos da aun hoy, tenemos posibilidades de no naufragar. Si no somos capaces de ver esto, estamos condenados al fracaso.

Hace tres años pasamos de la bonanza al caos económico, se rompió la burbuja y con ella caímos todos pasando del mundo de fantasía donde habíamos sido felices hasta la más pura realidad. El siguiente año fue el de asimilación de la situación, el de los lamentos y las tristezas. Y ahora estamos en el tercero, el que nos obliga a la auto superación, a renovarse en todos los sentidos o morir.

Los bancos son ahora las principales inmobiliarias del país, miles de personas se han quedado sin hogar, sin empleo y sin un futuro esperanzador. Nos creíamos Dioses intocables y la crisis nos ha demostrado que somos, y ya lo éramos en aquel entonces, simples mortales. En España hay ahora más indigentes que nunca y las listas de personas que acuden a comedores sociales y a las entidades y colectivos que reparten comida no paran de crecer.

Hemos tenido que frenar de golpe y dar un giro a nuestras vidas como si fuésemos el Doctor Jekyll y Mister Hyde. Lo hemos hecho algunos porque hemos visto a tiempo que nuestro entorno cambiaba y debíamos cambiar a su lado, porque hemos sabido que los buenos tiempos de bonanza ya no volverán y, sobretodo, porque hemos entendido que sembrando se recoge y más en épocas malas donde las recompensas, como los castigos, son mayores.

Los ricos son menos ricos pero los pobres se mueren y dejan de serlo. También hemos entendido esta nueva escala sociojerárquica que nos ha recordado que somos mortales, que podemos estar enfermos, que podemos caer en la más absoluta pobreza, que podríamos depender de las ayudas de otros, que igual un día, sin quererlo, nos encontramos completamente solos.

Dice un amigo mío en una de sus poesías, que vamos tejiendo día a día nuestro propio tapiz de felicidad pero que este es tan débil que, con el mínimo roce, se deshilacha y es en ese momento cuando no sabemos cómo coser los años con los daños.

Quizás si supiésemos vivir mejor y con menos lujos, dando más sentido a la vida presente que a lo que nos tocará vivir, seriamos menos débiles cuando la marea crece para intentar ahogarnos a todos salvo a aquellos que ya nos habíamos puesto a resguardo a tiempo. Como diría el gran Plutarco, El cerebro no es un vaso por llenar, sino una lámpara por encender.

Verdades sobre el clima

El clima, las temperaturas elevadas, el deshielo de los polos o la contaminación son los elementos que nos indican que nuestro maltrecho planeta está cada vez sometido a la incorregible acción del hombre. Y para aumentar más el problema también la crisis económica está siendo un catalizador que incide negativamente en nuestro medio ambiente.

Los planes que hasta hace poco se barajaban como la solución al cambio climático, han quedado olvidados o subyugados a una economía que se resiente debido a las especulaciones que benefician a unos pocos, aunque su beneficio solamente es económico y digo solamente ya que incluso esas personas que han sacado partido a la crisis también viven en este mundo y en consecuencia también padecerán ellos y sus familias los desastres provocados por el olvido de las leyes de la naturaleza que mantienen el equilibrio sistemático.

Las soluciones planteadas anteriormente ahora se olvidan, como son la generación limpia de energía o la extracción sostenible de recursos. La energía nuclear se postula falsamente como la solución al cambio climático, y los responsables políticos se llenan la boca de mentiras al decir que es la energía más barata, olvidando por completo que esta energía crea una serie de consecuencias ambientales de las cuales no nos podremos librar en miles de años, con costes muy altos que no se tienen en cuenta.

La prorroga de funcionamiento de las centrales nucleares, que un principio estaban planteadas para funcionar durante veinticinco años, ahora se extiende hasta los cuarenta, provocando a su vez una gran carga de riesgo, de generación de residuos radiactivos y de olvido de las energías que limpias. Un ejemplo es la política desarrollada por el actual gobierno en el que por un lado se llena la boca de apoyo a las energías renovables y por otro lo único que hace es poner palos a las ruedas en su desarrollo. Ya no vale pensar que las energías renovables no pueden generar toda electricidad que necesitamos, ya que el día 6 de enero del presente año generaron el 75% de la electricidad en España.

Tenemos un país donde las posibilidades de generación limpia es mucho más factible que en otras zonas de planeta y sin embargo no aprovechamos el potencial que nos ha sido regalado. Es posible que nos encontremos ante una situación en la que no hay retorno y la temperatura de la tierra subirá algunos grados más debido a lo que ya hemos emitido, pero no es el final ya que todavía podemos controlar aumentos mucho más problemáticos, pero para ello tenemos que conseguir cambiar el modelos de desarrollo y energético, ahora que podemos es el momento.

Podéis leer este actículo en Ecoticias y en mi blog de la Agencia Efe Verde donde colaboro como artículista.