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La pobreza como estatus social

Ya sabemos que la crisis se traduce en recortes. Los gobiernos, empezando por el de Madrid y siguiendo por los autonómicos, no han tardado en recordárnoslo sacando las tijeras que nos han reducido servicios que se consideran básicos para la sociedad.

No hace falta recordar los recortes realizados por qué en este artículo me propongo hablar de otra reducción económica de la cual no se habla y que es muy importante para aquellos que con la crisis han mantenido su estatus que no es otro que el de la pobreza.

Las administraciones, muy especialmente los ayuntamientos, han tomado una drástica decisión destinando las partidas de sus presupuestos que antes de la crisis se destinaban a proyectos de cooperación para países con dificultades a otras áreas. Se entiende que las instituciones públicas y las propias administraciones deben ser las primeras en apretarse el cinturón pero jamás en detrimento de la ayuda que se debe prestar a los más necesitados.

Como presidente de una ONG que desarrolla hace dos décadas múltiples proyectos de cooperación me siento directamente afectado por estas decisiones que comento y lamento profundamente que tengamos que hacer malabarismos para dar cobertura a unas necesidades básicas en unas zonas mientras en otras muchas sobre de todo. Quizás este mundo en el que vivimos se va deformando o quizás no lo acabo de entender pero, pase lo que pase, no tiene lógica ni argumento posible perjudicar al perjudicado.

Porqué al pobre no hay que hablarle de crisis teniendo en cuenta su estatus diario de pobreza y, a menudo, de exclusión social y marginalidad. No sirve de nada argumentar que el dinero que antes se destinaba a otros países debe quedarse ahora en casa cuando vemos que otro dinero que ya se malgastaba aquí sigue dilapidándose igual.

Los ajustes deben venir por otro lado, en otras áreas y conceptos para evitar lo que conseguiremos si dejamos de dar a quien no tiene, deshumanizar aun más este mundo que ya vive con ciertas injusticias. El historiador Jules Michelet decía que “el que sabe ser pobre lo sabe todo”. Y creo que es verdad pero también creo que hay que formular la pregunta al revés: ¿Aquel que no es pobre sabe de todo? No. Es mi respuesta. La pobreza se entiende únicamente desde la misma pobreza o desde aquellos colectivos que intentan, intentamos erradicarla.

Hay muchas partes del mundo donde se obvia y se desconoce, porqué no se quiere mirar hacia ciertos lados, que otras partes del mismo planeta donde vivimos malviven mientras las que si se ven y se disfrutan gozan de una inmejorable salud económica.

Es aquello de, y permitidme que acabe con una frase que cité en otras ocasiones, tener dos mundos separados por un mismo Dios.

Y antes de cerrar esta página, una petición, una demanda, una exigencia. A todos los gobiernos de todas las ciudades, de todos los países, a todos los que controlan nuestro dinero: Recuerden a la Madre Teresa de Calcuta cuando decía: A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota.

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Obesidad mental

crisis

El otro día, comiendo con mi gran amigo Jordi Frisach, pensaba en lo que os dije en mi último post, cuando hablaba del concepto que tengo de la amistad. Jordi es de aquellas personas fieles a sus ideales y, sobretodo, entregadas a aquellas personas con las que comparte sus ratos de ocio, de amistad. Por eso, porque a mí me pasa igual, somos tan amigos. Volviendo a la comida del otro día, tuvimos la ocasión de compartir muchos temas de conversación normales, sin tapujos. Hablamos de la sociedad actual, de la crisis, de los valores que se pierden y los que se conservan.

Jordi Frisach es un gran profesor, economista, y lleva toda la vida ejerciendo de consejero asesor, como auditor de grandes empresas. Jordi es un pozo de ciencia y por eso aprovecho nuestros encuentros para intentar disipar algunas de mis dudas o hacerle preguntas de temas que él conoce más en profundidad como aquellos relacionados con la economía. Le pregunte cuando cree que va a durar este momento de crisis que estamos viviendo. Lo hice en parte porque, como responsable de una ONG como Mediterrània, la hemos notado con el descenso de ayudas y patrocinios de la misma manera que las grandes empresas lo notan cuando ven que no se les renuevan sus pólizas de crédito y no pueden afrontar sus pagos con la tranquilidad que lo hacían antes.

Por eso le pregunte a Jordi, con la humildad de un alumno que quiere escuchar al profesor, hasta cuando aguantaremos esta situación. La respuesta fue de cátedra. Según Jordi, cuando un problema lo tienen 30 millones de españoles deja de ser un problema. Cuando ves que los bancos bloquean las pólizas a todos, que los juzgados están colapsados de casos de morosidad o impagos (unas causas que se juzgaran en muchos casos y por la lentitud de la propia justicia cuando la crisis ya este superada) te das cuenta que no estamos viviendo realmente un problema. En esta crisis no se verá la luz al final del túnel porque esa luz solo se ve, dicen, cuando te mueres. En esta crisis se demuestra que estamos entrando en una nueva sociedad donde los más cautos aguantaran la embestida, los que más gastan tendrán muchos problemas y todos aquellos que hemos actuado siempre con sencillez y rigor económico no tendremos demasiados problemas.

No se trata de apretarse el cinturón ahora que el toro se nos ha echado encima. Se trataba de tener contención y cabeza antes que la crisis llegase. Cuando compras cosas que ya tienes, cuando apuestas por el vicio consumista, ejerces lo que el amigo Jordi llama obesidad mental. Lo que está claro es que hay que aprovechar esta nueva sociedad para cambiar y ajustarnos a nuestras posibilidades para evitar que también la desvirtuemos hasta el punto de tener que empezar el ciclo y meternos dentro de otra nueva sociedad dentro de pocos años.

 Jordi, una vez más gracias por tus consejos. Te aseguro que nos aplicaremos la lección, maestro!.