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Los jóvenes, juguete político y fracaso real

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Leyendo los buenos propósitos realizados estos días por Pascal Lamy, miembro del Consejo para el Futuro de Europa, y que pasan por exigir políticas que permitan rebajar el paro juvenil en los próximos cinco años, se debe hacer una profunda reflexión.

Para empezar, hacer esta propuesta en positivo debería ir acompañada de un paquete de soluciones que, de momento, Lamy ha obviado. Porque para ponerle el cascabel al gato hay que tener gato aunque muchos de nuestros representantes sean especialistas en esconderse en sus trincheras cuando hay problemas, cual ratón en su agujero para que no lo cacen.

Las políticas para rebajar el paro, y no solo entre los más jóvenes, deben ir centradas en la mejora de los contratos actuales para abandonar la precariedad en la que se ha embarcado el sistema de contratación. Los pocos que consiguen el acceso al mundo laboral deben conformarse con jornadas inacabables con nominas vergonzosas, sin cobrar las horas extras y con el miedo a perder su puesto a la mínima queja ante sus superiores. Tragan con lo que les echen conscientes que para su plaza laboral precaria hay cola.

Ahora mismo, acabar una carrera es síntoma de seguir en el paro y las garantías de conseguir una plaza en algo relacionado con aquello que se ha estudiado durante tres, cinco o más años son irrisorias. Algunos optan por marcharse fuera de España. Los jóvenes de España tienen tres salidas laborales: por tierra, por mar y por aire. Esta frase era un chiste y ahora, una realidad. España es el país de fuga de cerebros y la nación con más paro de toda Europa.

Luego están los otros jóvenes que no se marchan ni quieren estar tirados todo el día en casa por falta de trabajo. Hablo de los que optan por desarrollar sus ideas y proyectos montando sus propias empresas. Si el dinero se lo prestan familiares les puede ser viable empezar su andadura como emprendedores autónomos pero en caso contrario, que son la mayoría, también lo tienen crudo gracias al papel que protagonizan desde hace tiempo los bancos y a las políticas del actual gobierno. Las entidades bancarias se han cerrado en banda cobrando las ayudas que les da el Estado, y no olvidemos que somos todos, que luego se quedan y no reparten en forma de créditos para nuevas empresas. Y el PP ha decidido, justamente ahora que la economía del país está ahogada y al límite, aumentar las cuotas mensuales de los autónomos de manera vergonzosa. De esta manera se cargan de un plumazo las pocas posibilidades de la gente joven que podría empezar con un pequeño negocio e ir prosperando.

En mayo hay elecciones europeas, unos comicios que servirán para escoger a los elefantes políticos que tienen pendientes favores de sus partidos. Ser eurodiputado es, en la mayoría de casos, un caramelo para disfrutar de un alto sueldo, coche privado y dietas para comidas, alojamiento y desplazamiento durante cuatro años. Porqué en Bruselas no se acaba decidiendo ninguna política común, aunque el mercado en el que estamos lo sea, que saque del pozo a los países más desfavorecidos.

Al final, Europa cierra sus puertas a los jóvenes. Y España también. La crisis laboral en este sector de la población ha perjudicado mucho a una generación entera que no se emancipa, ni compra vivienda. Tampoco forman una familia, no tienen hijos, no consumen, no participan en el sistema productivo que genera riqueza. Ese ciclo vicioso que de momento no tiene solución es nuestra realidad.

Como lo es la desafección política de los jóvenes que no ven a nadie que les represente ni defienda, a ningún partido de izquierdas o progresista, sea de los tradicionales o de nuevas hornadas democráticas, que les haga de espejo ante sus dudas. Porque en nuestro país los cargos electos a cortes viven en sus madrigueras y no son capaces de encerrarse en el parlamento para reclamar soluciones inmediatas y para sacarnos de la miseria donde nos han metido la mayoría. Le ven las orejas al lobo y pudiendo cazar su piel huyen de él.

Para hacer propuestas, como las de Pascal Lemy que han servido para articular este argumento, se necesita también llevar medidas a desarrollar. El hablar por hablar no da de comer ni nos saca de la crisis. Presiento, tristemente, que los jóvenes seguirán siendo pobres y que los que hablan de ellos vanamente mantendrán su estatus de poder y económico pase lo que pase. Volvemos a aquella frase que comenté en otros artículos: vivimos en dos mundos separados por un mismo Dios.

Ángel Juárez Almendros

Presidente de la Red Internacional de Escritores por la Tierra y de Mare Terra Fundación Mediterrània.

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La piel que no se habita

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Nos hemos acostumbrado a leer las desgracias ajenas en los periódicos o a verlas por televisión. Ejercemos de analistas de la actualidad debatiendo sobre situaciones vitales de otras personas y creemos ponernos en su piel. Pero esa piel, la del vecino a quien creemos conocer, no la habitamos. Nuestro entorno más cercano es nuestra propia vida que, ahora en plena crisis, es todo un mundo entero.

Y aun así, somos solidarios y notamos el dolor de los otros. La muerte de tres personas de la misma familia en Sevilla por ingerir comida caducada nos ha calado muy hondo a todos los seres que vemos como se está sufriendo en nuestro país. Que un matrimonio y sus hijos tengan que alimentarse de productos en malas condiciones es vergonzoso, triste, humillante e indigno de un país como el nuestro. Estos días lloramos de dolor ante esta noticia pero también de rabia, indignación e impotencia.

¿Cómo hemos llegado a estos extremos? ¿Hasta cuándo aguantaremos esta situación que permite ciertas miserias inhumanas? Y sobre todo, ¿Dónde está la solución?

Ni la impotencia que citaba antes, en la que estamos sumergidos, traducida en protesta, nos es permitida. La gente que exige explicaciones a los políticos no puede manifestarse ante el Congreso por miedo a las multas y los más arriesgados, que también son los más indignados, solo tienen como alternativa enfrentarse a los cuerpos policiales que les reciben a golpes y bolazos de goma.

Nos han prohibido también el derecho al pataleo. Y lo han hecho unos personajes elegidos en las urnas pero que no tienen ya representatividad moral ni credibilidad alguna. Los políticos, miembros de una casta que han pasado a ser una secta de ricos y poderosos a la cual se debe perseguir hasta acabar con ella por el camino democrático, no tienen ni idea de qué es vivir con 400 euros al mes, sin trabajo o comiendo gracias a las aportaciones de entidades sociales o de tus propios vecinos.

Los políticos no pueden ponerse en esa piel que jamás podrían habitar porqué durarían dos segundos pero, especialmente, porque son incapaces de plantearse el ejercicio de probar. Su modus vivendi de alto standing les permite vivir por encima del bien y del mal. A final de mes les cae el macrosueldo calentito y que nadie les cuente milongas ni miserias. Salen a lamentarse públicamente, siempre de cara a la galería, criticando a los otros partidos pero sin aportar soluciones ni hacer propuestas coherentes para acabar con el caos social y moral que hunde a España en el fango.

Con el sueldo base de un diputado en el Congreso, 3.670 euros, sobreviven nueve familias que tengan la suerte de disponer de la ayuda de 400 euros. Y todavía se quejan de cobrar poco viviendo de espaldas a la realidad, tapándose las orejas para no oír la verdad y cerrando los ojos para evitar ver el cruel paisaje que han ayudado a generar y que ni tan solo intentan cambiar.

No se equivocaba Góngora escribiendo aquello de “Ándeme yo caliente y ríase la gente”. A nuestros políticos, como a los banqueros y a todos los empresarios que se enriquecen cada día a costa de pagar míseros sueldos, deberíamos verlos una temporada en el otro lado de la trinchera donde el hambre es el traje y vivir cada día es la moneda. Que muden la piel y habiten en otras para que recuerden que ellos, aunque no tengan memoria, también son mortales.

Ángel Juárez Almendros

Presidente de Mare Terra Fundación Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra.

Con derecho al pataleo, obligados al rebote

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No intento en este artículo hacer apología de nada pero me creo en el deber de seguir denunciando lo que considero un acto cercano al terrorismo de estado. Uno se amedrenta ante los problemas que nos tocan vivir a todos por la condenada crisis que unos crearon, los mismos que la acabaran cuando consideren, y que nos tiene a todos ahogados, ninguneados y al borde del abismo.

En nuestro país salen cada día a luz pública casos de corrupción política pero jamás conocemos ningún nombre de un corrupto que sea juzgado y encarcelado por sus fraudes, por el derroche del dinero público al que estamos sometidos de manera constante. En nuestro país hay quienes choricean a su libre albedrio y después estamos los otros que tenemos dos opciones: callar o seguir quejándonos.

Pero tengo la amarga sensación que aún quejándonos, la clase política se chotea de nosotros y pasa de nuestras protestas. Se creen generosos dejándonos salir a la calle por nuestro derecho al pataleo pero violan constantemente los otros derechos que tenemos y deberían ser fundamentales. Si la gente no tiene trabajo o pierde la casa les importa bien poco porqué ellos a final de mes se reparten el pastel con sueldos insultantes y mantienen la cara bien alta.

Algunos colectivos, como el de sanidad, han cambiado la forma de protestar llevando a la calle su realidad aplicando el humor o el folklore. Y ni así, llamando más la atención, han conseguido que nada haya cambiado. Llegas a pensar que no les importan las formas en que el pueblo se movilice puesto que ellos viven realmente aislados de la realidad de los ciudadanos. Salir a la calle haciéndonos ver con danzas es simple poesía que no resuelve esta novela negra que están escribiendo nuestros representantes políticos y en la que nos ha tocado el papel de cadáver.

Y lentamente se va incrementando la crispación social y se calientan los ánimos de las miles de personas y familias que sufren la nefastas consecuencias de la gestión de unas personas que a final de mes se lo llevan calentito y viven sin problemas, que tienen dinero para dietas y alojamientos, que cobran del estado, del dinero que es del pueblo, diez o veinte veces más que lo que perciben las personas que aun tienen la suerte de tener la ayuda de los 400 euros.

Si esto no para pronto preveo una revolución social sin precedentes y usando formas nada ortodoxas para conseguir el cambio. Si a las buenas no se les ha hecho entender a nuestros políticos que estamos hartos, ¿Cómo quieren que el pueblo les saque la venda de los ojos para que vean la realidad y pongan solución a este caos?

Si ellos no nos respetan, ¿por qué hay que respetarlos a ellos o temerles? ¿Por qué debemos aguantar más esta opresión a las que nos sometemos de manera voluntaria como sociedad? Hay que demostrar nuestro rebote sea como sea pero me temo que al final se perderán las formas y entraremos en un ciclo que no nos conviene aunque también creo que sea necesario.

Seguiré pensando que hay que cambiar, dar un giro al modo de protestar siempre desde el máximo respeto pero con el mensaje bien claro. Lo que también sé es que la paciencia tiene un límite y la cara dura de algunos no tiene fronteras. Por lo que más queremos, apliquemos la inteligencia y unámonos todos para derrocar a los que abusan del sistema. Somos humanos, que no nos vejen más!.

Ángel Juárez Almendros

Presidente de Mare Terra Fundación Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra.

Oxigenar el mundo y a los que lo gobiernan

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Viendo la redifusión de uno de los mejores programas que se emiten ahora mismo por televisión, se debe uno replantear ciertas cosas y exigir ciertos cambios. “Salvados”, espacio que presenta Jordi Évole, nos ha permitido descubrir ciertas vergüenzas que están  ahí hace tiempo pero que gracias al popular “follonero” salen a luz pública.

Como persona comprometida con el planeta tierra siempre he defendido las causas que tratan de salvarlo denunciando aquellas que lo ponen en peligro. No en vano, desde Mare Terra Fundación Mediterrània, entidad que presido, hemos interpuesto multitud de denuncias por capítulos de contaminación, agresiones al medio ambiente y por toda aquella acción que haya puesto en peligro nuestro entorno más inmediato. Siempre he creído que la lucha por conseguir algo se basa en la suma de esfuerzos y que para llegar a lo global se debe empezar actuando desde el ámbito actual.

El caso es que la suma proporcione el cambio que debemos dar todos para oxigenar el planeta tierra en el que, y lo recuerdo una vez más, estamos solo de paso. Hay que limpiar el ambiente de la polución que lo consume, la contaminación que lo ahoga, la deforestación que lo extingue y no agrandar más el famoso agujero de la capa de ozono que tan olvidado tenemos. Cuidar los mares y océanos, evitar que se perfore la corteza terrestre y los fondos marinos, luchar contra el deshielo y tantas otras cosas están también en la lista de las personas que deseamos oxigenar el mundo.

Y de la misma manera, hay que oxigenar a los que nos están gobernando. Empezando por los grandes mandatarios que permiten que se quebranten las leyes y acabando, ahora que tenemos en tres cuartas partes del mundo la crisis económica que también es social y es de valores, con la casta política que nos representa a todos. Si, es cierto que los votamos. Pero eso no significa que puedan hacer lo que desean a su antojo olvidando que son nuestros gestores y se deben a nosotros que somos quienes los pusimos en el sillón que ocupan.

Volviendo al programa “Salvados” y aquí vais a encontrar la relación con la oxigenación, lo del recorrido de Jordi Évole por el Senado y el Congreso no tuvo desperdicio.  Primero porqué Xosé Manuel Pérez Bouza, senador del BNG, tuvo la desfachatez de afirmar que los 5.000 euros que se ganan en su cargo no son suficientes y los senadores deben cobrar más.

Haciendo el recorrido por esta cámara, cuya eficacia ponen en duda muchos españoles y también muchos de los propios senadores que cobran de ella,  vimos que entre la lista de los propios senadores hay hasta siete expresidentes de comunidades autónomas. Vamos que, como siempre se ha dicho, el Senado es un “cementerio de elefantes”.

Y luego, Évole se fue al Congreso de los Diputados. La segunda parte de la sorpresa del programa fue escuchar a todo un veterano en la política, el democratacristiano Josep Antoni Duran Lleida, recordando todas sus etapas políticas como diputado en Madrid, eurodiputado en Bruselas, conceller en Catalunya y otros tantos cargos que le han permitido vivir de este oficio las tres últimas décadas.

Aquí, justo en este punto, es cuando uno debe preguntarse hasta qué punto permiten que la política se oxigene, dando paso a cambios y relevos en los propios partidos, los que mandan en ellos. Porqué los que ahora ocupan los cargos directivos y de dirección son los primeros en aferrarse al puesto y no quieren que haya savia nueva. Para ellos las juventudes de su partido son lo que pegan los carteles en las campañas y los que ascienden un poco más no pasan de ser concejales con la mejor de las suertes.

Con una mayor oxigenación, o sea relevos en los partidos, el Congreso de los Diputados funcionaría de otra manera y el Senado podría adquirir otro peso como institución que el que ahora tiene y es de risa. Con los cambios, si hubiese democracia real y un funcionamiento asambleario, los bancos no gozarían de los silencios de ciertas administraciones y de sus ayudas, algunos empresarios no se creerían los dueños de todo lo que les rodea y la cadena de favores que tienen montada algunos se rompería para dar paso a otros tiempos.

Justamente lo que necesitamos, nuevos tiempos. Hay que decir basta al sistema que permite la corrupción, basta a los que apoyan a los bancos que desahucian, basta a los que cogen dinero de la caja de todos para no hacer nada aprovechando de un cargo que no ejercen, basta a los abusos. Demos aire a nuestro entorno más próximo en todos los ámbitos, no dejemos jamás que se nos contamine ni por tierra, ni por mar, ni por aire pero tampoco a través del sistema político que tenemos.

Evitemos el cambio climático y aboguemos por un cambio de la raza política. ¡Vivamos y luchemos por ello!

Artículo de Ángel Juárez Almendros. Presidente de la Red Internacional de Escritores por la Tierra y de Mare Terra Fundación Mediterrània.

 

Desahucios: la vejación de la dignidad humana

A una persona le pueden quitar muchas cosas pero jamás se debiera permitir que le robaran la dignidad. Los casos de personas que se han quedado sin trabajo, ni prestaciones del desempleo, ni ayudas y sin la posibilidad de comprar los productos básicos para comer se cuentan a miles. Pero luego están todas aquellas personas que, tras haberlo perdido casi todo, se han quedado ya sin nada cuando el banco les ha embargado su vivienda dejándoles sin techo y con la deuda para el resto de su vida.

Me viene a la mente esa frase de un personaje de Madariaga que dijo: en mi hambre mando yo. Porqué a todos estos ciudadanos que se han quedado sin nada se les ha negado hasta eso: mandar en su hambre. Se les ha vejado moral y socialmente hasta el punto de no tener un rincón donde comer los alimentos que les daban entidades humanitarias como el Banco de Alimentos o sus propios familiares.

Y esa vejación moral que comento ha comportado que algunas de estas personas hayan decidido quitarse la vida. Asqueados, ninguneados y en un autentico caos personal que les ha llevado a la más profunda de las depresiones, han tomado la decisión de poner punto y final a sus vidas. ¿A quién debemos culpar de estas muertes injustas? ¿Quién les ha inducido a llegar a estos límites y que responsabilidades debemos aplicar sobre ellos?

La única defensa de las personas que se quedan sin trabajo, sin recursos y sin casa son aquellas plataformas que se han ido creando, ya desde el año 2007, con el objetivo de frenar los más de 500 desahucios que se producen cada día en España. STOP Desahucios impulsó un método de presión social tan efectivo como ocupar el piso que se va a embargar y no permitir ese embargo o retrasar su ejecución. Otras muchas plataformas e iniciativas, como la que hemos creado recientemente desde la Coordinadora de Entidades de las Comarcas de Tarragona que presido, nos hemos ido sumando al considerar que aportando cada uno su granito de arena se conseguiría mucho más que silenciando el tema o cruzando los brazos.

En muchos casos se ha conseguido el objetivo de parar embargos de viviendas y en otros se ha intentado pero lo cierto es que con el paso del tiempo, todos hemos visto que la respuesta no la tenían los ejecutores de los embargos, los bancos, sino la propia sociedad. Somos nosotros mismos, los que pagamos hipotecas y escogemos a los representantes políticos, los que debemos decidir qué se debe hacer. Lo primero es conseguir el mayor consenso social y lo segundo decir a nuestros dirigentes como deben actuar y qué deben hacer puesto que son nuestros representantes electos y están obligados a escucharnos.

Hasta ahora no lo han hecho y aquellos que han mostrado un tímido interés en hacerlo no han conseguido nada en concreto. Hay que reformular el debate sobre la necesidad de vehicular nuestros problemas hacia el Congreso y el Senado para conseguir que sea el gobierno quien plante cara al problema conociéndolo a la perfección sus orígenes y consecuencias.

Y el mismo gobierno debe marcar las pautas a los bancos y, con la ayuda de los representantes de la justicia que ya se han posicionado a favor del tema, conseguir que la dación en pago sea una realidad y que se acaben los desahucios de la manera que ahora se llevan a cabo.

No puede ser que los bancos, corresponsables y coautores de esta crisis que nos está destrozando, sean los mismos que reciban dinero del estado, nos lo nieguen a nosotros y enriquezcan su patrimonio quedándose con nuestras casas.

Ahora es el momento de las verdades y de los acuerdos firmes. Se han recogido miles y miles de firmas que no han servido para dar el vuelco al problema. Los principales partidos del país han intentado, tímidamente, atajar el conflicto. Y ahora nos dicen que la banca paralizará durante dos años los desahucios de las familias más vulnerables pero no dan opción a replica porqué saben que ese es solo un parche y no el remedio real que pasaría por acabar con todos los desahucios y permitir la dación en pago en todos los casos.

En este punto hay que incidir en dos sentidos. El primero para recordar que la dación no debería servir en casos donde existe picaresca y el segundo para conseguir que no se cobren sobreintereses o cuotas especiales a esas personas beneficiadas cuando hayan pasado los dos años. Que no sea en ningún momento una arma de doble filo.

Digamos BASTA a las vejaciones actuales. Digamos ESCUCHAD a los políticos que viven de espalda a nosotros. Gritemos DEMOCRACIA y consigamos de una vez que ésta sea real y para todos. Que cada uno mande en su hambre y nadie tenga que sufrir más de esta manera.

Ángel Juárez Almendros. Presidente de la Red Internacional de Escritores por la Tierra (RIET)

Tertulias de café o debates de la red

Con el transcurso de los años, empujados por la vertiginosidad de los avances tecnológicos, hemos aprendido a convertir el concepto de sociabilidad, que antes tenía su esencia en tertulias de café y conversaciones a pie de calle, en la palabra lanzada a ese espacio exterior e inexplorado llamado red o Internet.

Las redes sociales como Facebook o Twitter, los correos electrónicos y los SMS de los móviles contienen en la actualidad las mismas palabras que hubiésemos pronunciado cara a cara en esos cafés o en las calles.  Y además con la capacidad de concretar y reducir el mensaje, obligados por los sistemas informáticos, haciendo llegar nuestras ideas, opiniones y pensamientos de la misma manera o similar.

Un ejemplo de todo lo que os digo lo encontramos cuando cumplimos años. Recibimos felicitaciones por todos los sistemas que antes os comentaba. Hace pocos días, en mi cumpleaños, recibí más de 600 correos, sms, y publicaciones en el muro del Facebook de todas aquellas personas que, en lenguaje facebookiano, se convierten en “amigos” con solo un clic del ratón.

Los sociólogos estarían encantados si pudiesen realizar un estudio a fondo de este fenómeno de masas. No hay que olvidar que hasta Dios, en su nombre el Vaticano, tiene Face. Y como todo Dios también lo tiene es ahí donde hay que mirar el porqué lo tienen y que uso le dan.

En Facebook hay de todo. Lo digo como persona que, sin ser sociólogo, se divierte viendo los movimientos que esta red social genera. Hay quien lo abre para buscar amigos de la escuela o del trabajo pero después están todos aquellos que son conscientes de las potencialidades de estar en esa red social para promocionar eventos o personas.

Un ejemplo claro lo tenemos en los políticos. Los partidos colocan a sus candidatos en estas redes, a muchos de ellos les ponen asesores que les escriben en su nombre, grupos de personas que comentan y alaban lo que estos publican y otros grupos que se encargan de buscar apoyos traducidos en más “amigos” o “contactos”. Si, querido lector, los políticos y los partidos crean capillitas y pequeñas sectas de seguidores dispuestos a todo.

Cuando hay elecciones el Facebook o el Twitter son un autentico carnaval de comentarios, semi-ataques camuflados a los rivales y propaganda de actos e inauguraciones. Nos inundan queramos o no dejándonos como única solución que pasemos de ellos o los eliminemos de nuestra lista de “amigos”.

Hay otros usuarios de las redes sociales que también quiero citar. Son los que se autoreprimen y jamás dicen su opinión sobre ningún tema de debate. Quizás por miedo a que les critiquen o quizás porqué no creen tener una opinión que genere debate. Son tímidos o a lo mejor cobardes. No soy quien para juzgarlos pero creo que hay que citarlos porqué, lo quieran o no, forman también parte de nuestra sociedad.

A todos ellos les dedico este artículo y les doy mis gracias más sinceras. A los que están porque quieren estar, a los que creen que deben estar, a los que les han dicho que estén, a los que están y no se les ve ni se les nota, a los que están demasiado y mucho. A todo ese ejercito de personas, ahora “amistades”, que cuando cumples años te dicen “felicidades” y creen en ellas o no.

Para acabar, y aquí me permitiréis que use un lenguaje cinematográfico recordando un par de películas, esto de las redes sociales tiene su función depende como se use. Porqué empieza bien y siendo como “La vida es bella” y puede acabar convirtiéndose en “Las amistades peligrosas”. Aunque si no queremos estar en las redes, y emulando a Humphrey Bogart en la eterna Casablanca: Siempre nos quedará… la tertulia de café y las palabras cara a cara.

Previsión cero, insumisión lógica

Lejos de calmar los ánimos y aportar cierta tranquilidad, si es que se puede aportar en tiempos duros, el actual gobierno sigue ejerciendo el papel de malo ahogando, con medidas nada populares e inexplicables por más que se intente exponer motivos, a un pueblo mermado económica y moralmente.

La situación social de nuestro país es ruinosa. Hay incertidumbre entre las personas que aun conservan su trabajo, preocupación entre los que no tienen trabajo pero todavía conservan las ayudas, miedo por el futuro entre los que ya no perciben ni las ayudas… y enfado, tristeza y depresión entre aquellos que no tienen ni para comer, que sobreviven gracias a la familia o a las aportaciones de entidades benéficas que les abastecen de alimentos.

Quien les iba a decir a muchos de  los afectados que se tendrían que ver en esta situación mientras vemos aparecer cada día en la televisión la otra cara de la moneda que es la que genera todos los sentimientos que he comentado. Porqué el grado de incertidumbre, preocupación, enfado, tristeza o depresión va en función de lo que se vive pero también de lo que se ve.

Si ves que todo el entorno cercano y el general van acordes con tu situación personal todo es diferente que si ves que solo lo pasan mal algunos mientras otros siguen viviendo como reyes. Por eso, volviendo a lo que decía al principio de este articulo,  las medidas que se va aprobando por parte del gobierno no ayudan en nada a imaginar la luz o el final de un túnel que sigue a oscuras y da miedo.

Permitir que se aumente el recibo de electricidad y el del gas, que el precio de la gasolina esté en las nubes, que se tengan que seguir pagando peajes en ciertas autopistas, que se cobre por los medicamentos, que en los bancos no nos den ni los buenos días cuando antes nos daban de todo. Permitir estas situaciones se llama, clara y finamente, vivir de espaldas al pueblo.

Pedir dinero para rescatar a los bancos y dejar a la población en el pésimo estado en que se encuentra, acuciando su agonía con los copagos o retirando medicamentos a los jubilados, evidencia el desorden y desconcierto del gobierno. ¿Porqué, ya puestos, no han pedido más dinero para rescatar al pueblo además de a la banca? ¿Porqué los créditos son siempre para los que ya tienen y no dan? ¿Por qué se ayuda solo a unos cuantos y se margina a unos muchos otros que son lo que más lo necesitan?

El espectáculo de regalar dinero a quien más tiene y no pensar en quien realmente lo necesita es bochornoso y vergonzoso. Pero lo es más comprobar que es la misma población que malvive la que acabará pagando las deudas de la mala gestión de los bancos y sus rescates en lugar de saber que lo que se pide y lo que pagaran es para ellos y les beneficia.

La insumisión de los que no quieren pagar por los medicamentos o por circular por las autopistas, las protestas en las calles o los abucheos a los políticos tienen ahora, más que nunca, su lógica. Porqué la falta de previsión de los gerentes de las administraciones que han jugado con nuestro dinero nos ha puesto a nosotros en la calle y ellos se han salido de rositas.

Porqué ante esta previsión cero que ha reventado a la banca y al país entero es lógico que el pueblo se subleve y monte en cólera. Por eso hay que ser solidario con el que protesta y se gira de espaldas a ciertos métodos del sistema. La lógica se impone siempre y en este caso lo lógico es decir BASTA en lugar de acatar y ser sumiso. Lo lógico es pedir responsabilidades penales a los que han provocado la ruina, el cese a los que cobran cifras insultantes en los consejos de los bancos, la reducción de los sueldos de los que mandan y, ante todo, lo lógico es pedir un poco de dignidad para evitar que miles de personas sigan indignadas.

Insto desde este foro a los partidos que forman la oposición a pasar de las palabras, se lleve el viento, a los hechos. No sirve de nada criticar con la boca pequeña si no se soluciona nada, quejarse a medias sin tomar decisiones reales de presión. Si ellos no se mueven el pueblo seguirá de espaldas a ellos y la sociedad se encaminará aun más hacia la perdición. Que aquellos partidos que dicen estar en desacuerdo lo demuestren de verdad y dejen de salir a la palestra, de cara a la galería, para acabar callando sin ejercer el papel real que les toca y que no es otro que fiscalizar y denunciar la labor de quien en teoría dice gobernar.

O provocamos ya el cambio o todo cambiará para siempre y a este país no lo conocerá ni Dios. ¿Renovarse o morir? Existir dignamente.

¿Con quién pasamos cuentas y a quién exigimos responsabilidades?

No siempre se muestra todo. Siempre se esconde algo.

Las administraciones están completamente ahogadas económicamente, el país al borde de la quiebra, millones de personas en paro, decenas de miles de familias no tienen ya ayudas, los bancos siguen siendo ricos, más ricos, y los valores más sencillos, caso de la solidaridad y la cooperación, han vuelto impuestos a la fuerza en nuestro día a día ante la reacción que nos provocan ciertas imágenes que ya no llegan a través de la televisión pues las vemos a nuestro lado.

Es una cruda radiografía de este enfermo llamado España que, lejos de necesitar únicamente una transfusión, agoniza ante la urgencia de un cambio de cerebro y esqueleto. Pero lejos de salvarle la vida se golpea al paciente de manera individual y egoísta. Cada autonomía actúa autónomamente, cada ayuntamiento mira por lo suyo, las diputaciones aguantan pese al debate sobre su utilidad y otros órganos creados a medida de los gobiernos de turno se mantienen para ejercer su función de cementerio de elefantes.

A cada cambio de gobierno se rechazan los acuerdos del que antes gobernaba desestabilizando el progreso del país. Unos aprueban unas inversiones que otros hacen tambalear para crear otras de nuevas en aquellas zonas que les dan más rendimiento político. Las balanzas fiscales se mantienen con parcialidad pidiendo más unas zonas un dinero que se entregará a otras zonas a las que no se les exige de igual manera. Y es ese equilibrio mal aplicado en este ámbito el que genera debates que son estériles para algunos y devastadores para otros.

Pongo cómo ejemplo la zona donde hábito, el área de Tarragona, al tratarse de un ejemplo claro de esas decisiones cambiantes en función de quien gobierna. El proyecto del Corredor del Mediterráneo, infraestructura necesaria para la industria química o la autoridad portuaria, se ha vuelto a modificar y aquello que aprobó el PSOE y que agradó a los agentes empresariales tarraconenses es pasado tras la decisión del PP de cambiar el trazado de esta obra. Es un único caso al que podríamos sumar otros.

Otras preguntas generales para cualquier punto del estado son estas: ¿Por qué se han vuelto a parar ciertas obras que estaban paralizadas antes de las elecciones generales y en las que se trabajó mientras duró la campaña? ¿Por qué las administraciones hacen caso omiso de las reivindicaciones de ciertos colectivos que reclaman obras importantes desde hace meses o años? ¿Qué criterio siguen los técnicos que programan los calendarios de obras y las prioridades de inversión sin conocerse los territorios afectados o beneficiados? ¿Por qué las grandes inversiones van siempre a parar a las capitales de las comunidades y los otros municipios se tienen que conformar con las migajas?

La respuesta a todas ellas tiene un denominador en común y no es otro que los perjuicios que supone al ciudadano la gestión de sus propios recursos en manos de otros que son aquellos que manejan de forma interesada y conceden en función de unos criterios no compartidos por la mayoría.

Indefensos y asustados. Así pasamos los días viendo cómo los medios nos dibujan el negro panorama que acecha el país donde la gente pierde sus viviendas pero mantienen las deudas hipotecarias,  donde los empresarios ya no tiene líneas de descuento ni créditos para afrontar sus pagos, donde las colas de personas que acuden a buscar alimentos aumentan sin parar y los jóvenes emancipados que ya eran minoría tienen que regresar con sus padres. ¿A quién le pedimos cuentas? ¿Quién nos justificará el malbaratamiento de nuestro dinero? ¿Quién asumirá que nos están vilipendiando situándonos en cotas mínimas de lo que uno entiende cómo dignidad humana?

Algo hay que concluir y no tengo dudas. En política los vicios les vienen como pasajeros, les visitan como huéspedes y se quedan en su carrera como amos.

¿Hay vida después de la Roja?

Estos no son tiempos de definirse políticamente, de críticas gratuitas o de falsos discursos. Ahora toca sensibilizarnos con los más débiles de nuestra sociedad y al mismo tiempo recordar que se han debilitado, en muchas ocasiones, por pésimas políticas de los gobernantes de turno. Esta maldita crisis que estamos sufriendo la amplia mayoría, formada por trabajadores, desempleados y personas sin prestación, nos ha dibujado un perfil de ciudadano que asusta. Los jubilados viven peor que nunca con una pensión congelada, los parados tienen cada vez menos oportunidades de conseguir nuevos empleos y aquellos que ya no tienen ni el derecho a paro, deben vivir del aire porque no se pueden acoger a ninguna prestación social.

Todo ello gracias a un gobierno de izquierdas que, en teoría, lucha por las políticas sociales. Y como dije al principio del artículo que no hay que definirse políticamente, golpeo también a las derechas recordándoles que, en caso de gobernar, no conseguirían mejorar mucho una situación agravada durante de años por culpa de todos los partidos. Ellos han hablado alto y claro de épocas de bonanza para comentar, en voz baja y con la boca pequeña, que había crisis. Nos han hecho inflado el globo de la felicidad y después nos lo han pinchado dejándonos, como si fuésemos niños, llorando en una esquina sin saber el porqué.

Gracias a Dios que existe la Roja, nuestra selección española, que permite acabar con la crisis. Fijaos bien. Mientras España esté viva en el Mundial de Suráfrica no habrá problemas económicos para llegar a final de mes o para pagar la hipoteca. Todo será perfecto. Zapatero tiene suerte hasta en esto, en el hecho que si hay futbol la gente no piensa y la roja le está echando un buen cable al presidente.

Los mileuristas, los que no llegan a esa cifra o aquellos que la multiplican por cuatro, seis o diez, han hecho una pausa en sus vidas gracias a los jugadores de la selección que, en caso de ganar el Mundial, serán premiados con una cifra vergonzosa, 14 millones de euros, que no se destinaran, por ejemplo, a los parados sin subsidio. No hay dinero para lo que no se quiere y sobra para algunas causas más banales. 

Es preocupante ver como las parejas se separan a diario, cada día en mayor numero, porque se acaba la felicidad cuando realmente lo que causa las roturas sentimentales es la propia crisis que pone contra las cuerdas a aquellos que sabían vivir gastando y no saben sobrevivir sin el poderoso caballero, don dinero. El amor y la pobreza están reñidos.

Algunos también seguimos preocupados por el recorte que el Tribunal Constitucional ha hecho al Estatut de Catalunya pero mientras se pide que la gente cuelgue en los balcones la Senyera en señal de protesta, los vemos todos repletos de banderas españolas apoyando a la selección. No estoy mezclando temas, ni confundiendo churras con merinas. Hablo de sentimientos que se notan y son normales para aquellos, como es mi caso, que aun habiendo nacido fuera de Catalunya nos consideramos catalanes y no entendemos ni el sentimiento radical de independencia de algunos ni la radicalidad anti catalanista de otros, los miembros del Constitucional que han desmenuzado el documento votado en su día en el Parlament para instaurar, aun mas en todo el estado, el miedo hacia Catalalunya.

Para algunos somos el monstruo a combatir. Somos aquellos que no quieren rendir las actuales cuentas al estado porque somos conscientes que lo que damos, en concepto solidario hacia otras autonomías, no se corresponde con los que recibimos. Y esta evidencia tan real la califican como “insolidaridad” masacrándonos sin tregua. Hace falta aplicar mucho más el sentido común y la tolerancia para conseguir que la Justicia Social impere y triunfe pero nos será muy difícil extender este discurso de momento. Tendremos que esperar al final del Mundial para despertarnos de este falso sueño que nos devolverá a las catacumbas económicas en las que estamos inmersos. Si, señores, después de la Roja hay vida aunque esa vida sea triste y complicada en muchos aspectos.

Camaleones y fantasmas

Los camaleones son famosos por su habilidad de cambiar de color según las circunstancias. De ahí viene la definición de político camaleónico que incluye a aquellos gobernantes que, dependiendo del interés particular por asistir a según qué acto o encuentro, se dejan ver o se esconden y se hacen invisibles, como los fantasmas. Hace poco hemos comprobado a alguno de estos políticos en Copenhague, haciendo cola para entrar a reuniones donde no estaban invitados y donde querían colarse para aparecer en la foto final. El caso del vicepresidente del gobierno catalán, ansioso por entrar en la Cumbre danesa donde no se le había invitado, dio la vuelta al mundo.

Hace pocos días que recibí una carta muy importante. Era una invitación a la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra que se llevará a cabo a finales de abril en la ciudad de Cochabamba, en Bolivia. La invitación me la envió en persona el Presidente de este estado, Evo Morales. Esta reunión tratará temas muy importantes como la deuda climática, la reducción de emisiones, la transferencia de la tecnología o el futuro de los pueblos indígenas. Sus conclusiones serán clave para nuestro futuro, como las que se extrajeron de Copenhague.

El problema es que en Bolivia no veremos las colas de espera de los líderes políticos ansiosos por comparecer para aparecer, salir en la foto. Estoy convencido que los gobernantes asistentes a Cochabamba se podrán contar con los dedos de las manos. Muchos jefes de estado, consultores y gran parte del personal que se mueve alrededor del medio ambiente harán novillos al considerar que lo que se propone en Bolivia es de segunda categoría.

El impacto mediático será menor y la presencia institucional, relativa a este impacto. La otra cara, la de la verdad que nadie cuenta, es más cruel. En Copenhague todos los asistentes cobraban dietas y tenían pagada su estancia mientras que en Bolivia ya se ha anunciado que el presupuesto no da para estos gastos y que quien viaje a la Conferencia Mundial de los Pueblos deberá rascarse, todo sea por el cambio climático, su propio bolsillo.

Ay! Qué bonito es luchar por un mundo mejor cuando la foto es gratis y que gran esfuerzo supone cuando te tocan la cartera. Menos mal que en Bolivia SÍ veremos a los ciudadanos antiglobalización, esa especie humana comprendida en los foros de discusiones reales y maltratadas y apaleadas por las fuerzas de seguridad en las reuniones fotográficas de gran calibre mundial. En una parte del planeta son ángeles y en la otra mitad, demonios. Es lo que tiene el medio ambiente, en boca de todos y en manos de unos pocos.

El encuentro de Bolivia lo recomiendo personalmente porque creo que va a resultar muy interesante. En primer lugar por la asistencia de aquellas personas que realmente están preocupadas por el futuro de nuestro planeta y en segundo lugar por la ausencia de todos aquellos elementos políticos distorsionadores que no acaban decidiendo nada tras días y semanas vividas con un lujo que no se merece nuestra amada tierra.

Lo que más lamento es que son ellos, estos personajes camaleónicos que ahora se harán invisibles, los que en realidad tienen las soluciones al problema. Ya se sabe, unos hablamos y queremos mejorar nuestro entorno y los que lo pueden mejorar aparecen y desaparecen a su libre albedrio, como los fantasmas y los camaleones.

Podéis leer este artículo en el diario online Ecoticias donde colaboro como articulista de opinión. Mirad este enlace.