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Ángel Juárez: ‘Albert Vilalta, la incineradora y un secreto’

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Dicen que todos tenemos nuestros secretos, y yo no soy una excepción. Hoy me voy a quitar la máscara y contaré uno. Es una historia que tuvo lugar hace muchos años y muy pocos conocen. Tenía previsto llevármela a la tumba conmigo, pero en los últimos meses han sucedido dos hechos que me han impulsado a explicarla: la muerte de Albert Vilalta y la venta de la planta de residuos especiales de Constantí (Tarragona), que se ha concretado de manera oficial esta misma semana.

Ya ha transcurrido más de un año desde la muerte de Albert Vilalta, una persona  trabajadora, profesional e independiente, que tuvo el honor de ser el primer conseller de Medi Ambient de la Generalitat. Pues bien, son muy pocos los que saben que en un momento determinado mi camino y el de Vilalta se cruzaron. En aquel momento, fuimos protagonistas de un episodio que acabó con la implantación de la incineradora de residuos (la única de este tipo que existe en España) en el municipio de Constantí.

Pongamos un poco de contexto en estas líneas. A finales de la década de los ochenta, bajo el mando del conseller Joaquim Molins, la Generalitat decidió que era necesario instalar una planta para acabar con los residuos tóxicos y peligrosos (antes no se utilizaban tanto eufemismos) del territorio, teniendo en cuenta que Tarragona albergaba uno de los complejos petroquímicos más importantes del sur de Europa. En un primer momento, el Govern escogió la pequeña población de Forès. La elección se llevó a cabo con un secretismo extremo, y prácticamente nadie era consciente de ello… excepto en el propio pueblo. Y entonces, la ‘bomba’ estalló. En un hecho impensable en ese momento (1990), el helicóptero que transportaba al President Pujol para visitar Forès fue apedreado por los vecinos.

El incidente fue muy sonado (en aquellos años, el President Pujol era mucho President) y a raíz de ello el plan del Govern se vino abajo como un castillo de naipes. Muchos alcaldes convergentes de la zona incluso rompieron su carnet y varios municipios se declararon independientes. En ese clima de tensión, un día recibí una llamada. En aquel momento, yo era el responsable de medio ambiente para todo el país de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Vivienda Social de Catalunya y estaba ultimando la puesta en marcha de Mediterrània. Quien preguntaba por mí al otro lado del teléfono era un responsable del recién creado Departament de Medi Ambient de la Generalitat. Y el mensaje que me transmitió fue muy simple: el conseller Vilalta quería reunirse conmigo para hablar sobre el problema de la incineradora.

Vilalta y yo mantuvimos una reunión (secreta y discreta) en Barcelona. El motivo fue muy simple: él (a diferencia de Molins) tenía muy claro que antes de empezar los contactos para ubicar la planta en un lugar determinado, debía tener garantizado el apoyo de las fuerzas vecinales. En ese sentido, como representante social, yo puse sobre la mesa una serie de condiciones indispensables e innegociables de carácter ambiental y social para que el proyecto pudiese fructificar. Entre ellas, la creación de una comisión de seguimiento, la instalación de una serie de tecnología de última generación para minimizar la emisión de contaminantes y la inclusión de contrapartidas sociales que beneficiarían de manera directa a los vecinos de la población que acogiese el recinto. Todo ello, además, debería ser refrendado antes de convertirse en realidad por asociaciones de vecinos y entidades.

Y así fue. Resumiéndolo mucho (la historia es muy larga y se extendió durante varios meses) la planta fue a parar a Constantí, pero previamente se llevaron a cabo muchas asambleas para que los vecinos sopesasen los pros y los contras. Finalmente, el proyecto contó con el apoyo social deseado y se acabó gestando. Y, lo más importante, todas las condiciones que puse sobre la mesa en la reunión con Vilalta se han cumplido de manera ejemplar durante todos estos años… hasta ahora.

Y es que 20 años después, el proceso de venta de la incineradora se ha realizado de forma opaca y con secretismo, como pasó en el caso de Forès. Y además, se ha   liberalizado la procedencia y el tonelaje de los residuos. La Conselleria de Medi Ambient ha vuelto a caer en la trampa, ha vuelto a tropezar con la misma piedra, decidiendo avanzar sin tener en cuenta la opinión de la ciudadanía. No se han dado cuenta de que los tiempos han cambiado, y que lo que hizo Vilalta (un político adelantado a su tiempo) es necesario para que los proyectos lleguen a buen puerto.

En esta cuestión soy tajante, porque me dejo guiar por mi experiencia: no hay que mover un dedo si no existe consenso social. Porque aunque algo sea legal, aunque sea algo que a todo el mundo parezca gustarle (como por ejemplo una fábrica de chocolate, por decir algo), sin el visto bueno del pueblo no funcionará. Seamos inteligentes, y no volvamos a caer en los mismos errores de siempre. Aunque sea bajo el amparo de la legalidad, o incluso bajo la excusa del chocolate.

Ángel Juárez Almendros. Presidente de Mare Terra Fundación Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra

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Se puede, podemos, no pueden

podemosSiempre hemos sabido que los cambios son posibles, que aquella parte de la sociedad disconforme con la forma de hacer política y desafectada de sus políticos tiene al final su voz y su espacio. El triunfo de la formación Podemos es un claro ejemplo del evidente cansancio de miles de personas con la situación actual marcada por los casos de corrupción, los altos sueldos que nadie entiende y la colección de enchufismos a los que nos someten todos los partidos con sus allegados pendientes de favores.

Podemos es la punta del iceberg de una masa solida formada por decenas de miles de españoles que han visto en la crisis su perdición y, lo que es más importante, han comprobado que en momentos de necesidad, donde quienes nos gobiernan tienen que dar la cara, todos les dan la espalda. Si te quitan el paraguas cuando llueve, cambias de paisaje. Si te giran la cara cuando tienen que darla, eres tu quien decide cambiar su rostro por otro.

El toque de atención es claro. Los cinco eurodiputados que ha conseguido Podemos, fruto del millón doscientos mil votos obtenidos en las últimas elecciones europeas, son solo el principio de un movimiento que, dejando a un lado su nombre y a sus líderes, tendrá continuidad. Ahora mismo, para los partidos de siempre es insalvable la debacle que se traducirá, ya en las próximas elecciones autonómicas y municipales, en un aumento de los votos a nuevas formaciones nacidas desde plataformas sociales.

¿Os habéis fijado en las propuestas electorales que realizan? Derogar las últimas reformas laborales, establecer un sueldo máximo, jornada laboral de 35 horas, jubilación a los 60 años, una Renta básica para todos los ciudadanos, menos subvenciones para los partidos y menos privilegios para los políticos, prohibir los copagos sanitarios, paralizar los desahucios o reconocer el derecho a decidir.

Es la lista de los deseos para hacer de nuestro país, de nuevo, un lugar agradable donde vivir y convivir con una mínima dignidad, dotar a las personas de los derechos fundamentales que tanto nos costó conseguir y tan poco han tardado en eliminar. No se trata de nada utópico aunque el trabajo que supondría cumplir ese programa es faraónico. Es, y que nadie lo dude, la culminación de aquellas esperanzas que aun tenemos todas las personas y especialmente las que peor lo pasan por la crisis. Ante la soledad, aire fresco. Ante el desamparo, ideas que aporten sonrisa y permitan que nadie más desfallezca por el camino. Debemos salvarnos, salvar nuestro entorno, nuestra sociedad más cercana. Hay que actuar desde el progreso, desde el ecologismo, en pro del planeta y especialmente de nuestras ciudades.

El disparo de salida para el cambio ya está hecho. Ahora debemos aprovechar el ejemplo de Podemos para generar otras sinergias sociales mediante las cuales sea posible cambiar las cosas. Lo principal, y que nadie lo pierde de vista, es demostrar a quienes nos gobiernan que somos nosotros, los ciudadanos, quienes debemos decidir mediante ellos a quienes elegimos en las urnas para que nos representen.

Cualquier plataforma cívica es ahora un elemento de lucha y trabajo para apoyar a las personas y marcar de cerca a la clase política. Quizás sea el momento de acabar con la casta pero evitando que lleguen caras nuevas y se conviertan en otra de nueva. Hay que lavar la imagen de nuestros estamentos políticos, desinfectar ciertos foros que se han contaminado por culpa de aquellos que quieren el poder eterno. Listas abiertas en las municipales, mandatos de ocho años para todos los cargos electos (incluidos senadores, diputados y consejeros), participación ciudadana y referéndums de consulta en aquellas decisiones importantes que afecten al conjunto, a la mayoría.

Estas son algunas de las propuestas que debemos trabajar ahora, desde el punto de inicio que se ha generando dotando de un cierto poder a un partido formado desde la propia sociedad. Empezamos a caminar en buena dirección. No perdamos el rumbo. Nosotros podemos hacerlos. Ellos no podrán con nosotros.

Ángel Juárez Almendros
Presidente de Mare Terra Fundación Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra.

 

Fracking: la factura de la fractura

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Hay anglicismos que se van poniendo de moda y que con el paso de los años adoptamos y entendemos aunque, dicho sea de paso, quisiéramos no conocer. El fracking es uno de estos conceptos que se nos han impuesto y que ya empezamos a relacionar con las malas acciones del hombre. Explicar su significado es fácil y entender sus repercusiones también aunque éstas sean vergonzosas.

El fracking. O fracturación hidráulica, es una técnica que se aplica para aprovechar aquellos yacimientos de gas llamados no convencionales que tienen grandes dificultades de extracción. Para facilitar el problema, se explota el gas acumulado en los poros y fisuras de ciertos tipos de rocas sedimentarias, generalmente son de pizarra o margas, y al tratarse de elementos rocosos permeables se les inyecta agua dulce acompañada de un cóctel químico y tóxico que disuelve las rocas y permite extraer el gas. Se han documentado hasta 260 sustancias químicas formando parte de ese cóctel y algunas de ellas son cancerígenas y mutagénicas. Como muchos de estos productos se quedan en el subsuelo, pueden entrar en contacto con acuíferos subterráneos y contaminarlo todo.

Por si esto fuera poco, hay más efectos adversos y muy peligrosos del fracking. Durante la perforación hay un alto riesgo de explosión, se puede generar con facilidad la contaminación del aire y pueden producirse terremotos demás de numerosos movimientos sísmicos. En la zona de Castellón, en la plataforma de Castor, ya saben de qué hablo y tienen claro que hay peligro. Los terremotos han sido su día a día desde que se iniciaron las perforaciones. Y sus voces, el llamamiento generalizado de los municipios afectados, han pasado casi desapercibidas por algunos medios de comunicación y no han sido ni escuchadas por los que han provocado el caos.

Sumémosle a todos los peligros que os comentaba ante el problema de la ocupación de los terrenos, porqué se perforan áreas de muchos kilómetros cuadrados, la siempre inadmisible especulación económica que provocan los lobbies energéticos que obtienen los permisos de los gobiernos de turno y que comercializan todo el gas posible pensando solo en sus beneficios y los de sus accionistas e inversores.

La lectura en este caso es doble ya que se condena a la tierra y se explota a la gran mayoría de sus habitantes en nombre de unos cuantos que solo saben ganar dinero y obtener mayor poder. A nuestro planeta se le somete a un desgaste que acabaremos pagando muy caro. La tierra nos pasará factura.

Pero aun más allá del precio que paguemos por nuestros abusos, existe la realidad de los millones de personas sometidas a la pobreza energética, incapaces de poder afrontar el pago del recibo de electricidad que las multinacionales que tienen el monopolio del sistema energético les imponen en connivencia del estado. Unos cuantos se quedan con la producción mundial de las energías sin tener en cuenta a todos los ciudadanos que se quedan sin suministro ni ayuda alguna para poder afrontar su día a día.

Siempre perdemos los mismos y ganan los de siempre. Los ciudadanos pagamos la factura que nos imponen y las multinacionales de la energía se enriquecen a nuestra costa sabiendo, porque eso lo tienen claro, que les basta con repartir cargos en sus consejos de administración a cambio de obtener los permisos solicitados. De nuevo el hombre es un lobo para el hombre. Otra vez más, somos los propios seres humanos los que nos condenamos con estupidez y jamás pensando en el futuro ni el planeta. La fractura pasará su factura y quizás sea demasiado tarde.

Ángel Juárez Almendros

Presidente de Mare Terra Fundació Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra.

 

Horizonte de futuro de los residuos industriales

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Hace más de dos décadas, cuando el medio ambiente y todos los términos que lo rodean, eran prácticamente desconocidos, algunos creímos en él y nos decidimos a trabajar duro desde ese concepto. El medio ambiente, nuestro entorno, lo más cercano y local para la mejora de lo general y global, se nos planteaba como un reto pero asumible.

Los años han pasado y nos han dado la razón. Hoy en día el medio ambiente es primordial, vital en todas partes. El reciclaje, las tecnologías limpias y, sobre todo, la concienciación de la sociedad a quien hay que educar constantemente, forman parte de todos los programas de los gobiernos y las diferentes administraciones. Y por supuesto, son el reto diario de nuestro trabajo. Explico todo esto tras haber recibido las conclusiones de la jornada que bajo el título “Los residuos industriales en el horizonte 2020” organizó hace unos meses la Asociación Catalana de Instalaciones de Tratamiento de Residuos Especiales ACITRE.

Asistí invitado a este evento que permitió generar un debate muy intenso, interesante y útil, sobre el tratamiento de los residuos industriales. Había también profesionales del sector de tratamiento de residuos, administraciones públicas, agentes sociales y económicos, sector industrial productivo, ámbito académico y entidades de defensa del medio ambiente. Entre todos enriquecimos el debate que os comentaba y del cual nacieron muchas propuestas.

Hicimos la reflexion sobre el sector dentro de un contexto marcado ineludiblemente por la crisis económica así como por una mayor integración en el espacio europeo y una mayor concienciación ambiental para conseguir la implicación de todos los que interviene en el proceso de recogida, gestión, tratamiento y valorización de los residuos industriales. Y al final concluimos que debe existir una armonización normativa para evitar que no se produzcan en el futuro disfunciones legislativas ni entre los estados miembros de la Unión Europea, ni dentro de los territorios de los estados, por lo que urge una unificación de criterios referentes al tratamiento de los residuos.

Creo que hay una segunda evidencia ya que hay que tener en cuenta la consideración del residuo como un recurso, como un componente más, y con valor propio, dentro del proceso productivo. También hay que evitar que se produzca una ruptura entre el interés económico y el interés ambiental. Y debo citar una última conclusión vinculada con la importancia de reclamar un régimen sancionador más rígido tanto con las malas praxis, como con la competencia desleal, una demanda que hace años que reivindico.

A nuestra sociedad, para mantener este mundo más limpio y sostenible, le conviene un cambio de modelo y otro cambio de valores. Porqué por un lado está la responsabilidad del productor y por la parte está el residuo que es responsabilidad del productor hasta que llega a un gestor. Ahora mismo los productores no tienen una formación suficiente ni sobre las características de los residuos que están tratando ni como lo han de abordar. Por ello estoy convencido que en un futuro no muy lejano será necesario entrar a fondo en todo lo que es educación medio ambiental. Educación para el productor, para el gestor y para toda la sociedad y estrechamente ligada con la ética.

Hago la lectura con satisfacción personal al comprobar que desde Mediterrània-CIE, entidad que fundé hace dos décadas, apostamos desde el primer día por ese concepto que ahora aun se reclama en algunos ámbitos, el de la educación ambiental. Nuestra sociedad no nace enseñada, hay que hacer pedagogía de cohesión para caminar juntos en un mismo sentido. Tratándose del medio ambiente ese camino debe ser lo más transparente posible, por parte de las administraciones y los gobiernos, y los más entendedor por parte de quienes lo hacemos que, en el fondo, somos todos.

Ángel Juárez Almendros, Presidente de Mare Terra Fundación Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra.

Mi reino por una manta

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El artículo que vais a leer a continuación es cien por cien real aunque contenga algunas dosis que puedan parecer surrealistas o inventadas. Que la sanidad pública está agonizando es una realidad teniendo en cuenta los tijeretazos que ha sufrido por parte de un gobierno que se ha dedicado a recortar derechos mermando la calidad de vida de la población.

Plantas enteras cerradas en los hospitales, falta de camas para atender a la población que tiene que ingresar, los servicios de urgencias al borde a la quiebra moral del personal y los boxes de recuperación y los pasillos repletos de camillas de ciudadanos esperando su turno para ser atendidos con la atención y la privacidad que se merecen. Estas imágenes son, lamentablemente, las del día a día de nuestro sistema sanitario público que siempre ha destacado, y sigue haciéndolo, por la calidad y profesionalidad del personal que se deja la piel, y muchas horas, en cada uno de sus centros sanitarios.

Porque lo que ha fallado realmente es el sistema del contenido pero no el del continente. Los médicos, enfermeros y enfermeras, auxiliares y celadores siguen estando al pie del cañón aguantando las quejas de los usuarios que pierden la paciencia y, a menudo, no atienden a las explicaciones que les da el personal. Y siguen manteniéndose en su puesto y demostrando su eficacia con menos medios y recursos.

Cuento todo esto a raíz de un problema que me ha afectado directamente y que me llevo, hace unos días, hasta los servicios de urgencias de varios centros sanitarios. Tras encontrarme mal en mi oficina, donde un dolor agudo me oprimía todo el cuerpo y me tenía como aprisionado, me acompañaron hasta el Centro de Asistencia Primaria más cercano. Allí empezó mi calvario ante la espera que tuve que soportar aun contando mi dolencia. Una vez cogido el número tuve que esperar a que me tocaré el turno aunque antes que éste me llegara tuve la suerte de encontrarme con una enfermera a quien conozco hace años y, viendo la urgencia, me hizo pasar hacia el servicio de urgencias de inmediato. En ese momento lo único que les pedía es me quitasen el dolor que seguía oprimiéndome por dentro y no me dejaba respirar. Un vasodilatador inyectado al momento me calmó bastante y en ese momento se me trasladó en ambulancia hasta el hospital Joan XXIII de Tarragona.

Una vez aquí, el viacrucis de la espera en pleno pasillo. Aquel espacio por donde la gente debería caminar estaba del todo intransitable, atestado de camillas formando colas y llenas de personas con diferentes patologías y dolencias. No podían pasar a nadie a los boxes porque estaban todos llenos y el personal de urgencias iba atendiendo como podía a cada uno de los pacientes. La criba se hacía pero era casi una quimera ante la imposibilidad de poder derivar a cada enfermo al lugar donde le correspondía. Cinco horas de espera. Cinco largas horas estuve en el pasillo hasta que se me pasó a un box para hacerme las pruebas. Y tras ellas, me pude ir a casa.

Suerte tuve que mi afectación no requería el uso de la Unidad de Hemodinámica de Tarragona la cual, por recortes presupuestarios, solo funciona a ciertas horas del día y si te pilla cuando no funciona te tienen que trasladar a Barcelona a contrarreloj.

Pero mi procesión no acaba aquí. Al cabo de pocos días, tras una fuerte recaída, fui a parar de nuevo a urgencias donde llegué con un poco menos de dolor tras suministrarme yo mismo, por la experiencia de la otra vez, el vasodilatador. Me trasladaron en ambulancia y una vez en el hospital, vuelta a empezar con el suplicio. Tumbado en una camilla a la espera que el caos disminuyese, aunque esto no pasó, y pelado de frio gracias a esta manía que tienen los hospitales de crear un clima de bajas temperaturas que acaba helando a los enfermos que ya entran destemplados de la calle. A eso lo llamo yo, rizar el rizo.

Todo el tiempo de espera me lo pasé, como el resto de enfermos, pudiéndome cubrir únicamente con esa sabana tan delgada que utilizan los hospitales y que no sirve de nada. Suerte de la chaqueta de mi compañera que me sirvió para templarme un poco hasta que al final, tras muchos intentos por conseguir una manta, una persona que conozco y estaba aquel día de guardia me consiguió una pero la trajo a escondidas.

El espectáculo me pareció lamentable y deleznable por parte de un sistema que tiene contra las cuerdas a sus usuarios y mantiene en un estado de estrés insufrible a todo el personal que asume el mando en los servicios de urgencia de los hospitales. Mi caso se puede contar ahora con cierto sarcasmo aunque no dejó atrás la indignación que he sentido al ver como se han cargado todo el trabajo realizado durante años para tener una sanidad pública de primer nivel en todos los sentidos.

La solución no está en una manta, aunque vaya bien, ni que alguien te encuentre y te la traiga haciéndote un favor. Lo que realmente duele, más que la propia enfermedad que uno sufre, es ver como en cuatro días se han derrumbado las conquistas de cuatro décadas de trabajo y lucha por hacer de esta, nuestra sociedad, algo mejor. Mi reino por una manta y mi vida por la recuperación de los derechos perdidos.

Ángel Juárez

Presidente de Mare Terra Fundación Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra

 

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Los jóvenes, juguete político y fracaso real

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Leyendo los buenos propósitos realizados estos días por Pascal Lamy, miembro del Consejo para el Futuro de Europa, y que pasan por exigir políticas que permitan rebajar el paro juvenil en los próximos cinco años, se debe hacer una profunda reflexión.

Para empezar, hacer esta propuesta en positivo debería ir acompañada de un paquete de soluciones que, de momento, Lamy ha obviado. Porque para ponerle el cascabel al gato hay que tener gato aunque muchos de nuestros representantes sean especialistas en esconderse en sus trincheras cuando hay problemas, cual ratón en su agujero para que no lo cacen.

Las políticas para rebajar el paro, y no solo entre los más jóvenes, deben ir centradas en la mejora de los contratos actuales para abandonar la precariedad en la que se ha embarcado el sistema de contratación. Los pocos que consiguen el acceso al mundo laboral deben conformarse con jornadas inacabables con nominas vergonzosas, sin cobrar las horas extras y con el miedo a perder su puesto a la mínima queja ante sus superiores. Tragan con lo que les echen conscientes que para su plaza laboral precaria hay cola.

Ahora mismo, acabar una carrera es síntoma de seguir en el paro y las garantías de conseguir una plaza en algo relacionado con aquello que se ha estudiado durante tres, cinco o más años son irrisorias. Algunos optan por marcharse fuera de España. Los jóvenes de España tienen tres salidas laborales: por tierra, por mar y por aire. Esta frase era un chiste y ahora, una realidad. España es el país de fuga de cerebros y la nación con más paro de toda Europa.

Luego están los otros jóvenes que no se marchan ni quieren estar tirados todo el día en casa por falta de trabajo. Hablo de los que optan por desarrollar sus ideas y proyectos montando sus propias empresas. Si el dinero se lo prestan familiares les puede ser viable empezar su andadura como emprendedores autónomos pero en caso contrario, que son la mayoría, también lo tienen crudo gracias al papel que protagonizan desde hace tiempo los bancos y a las políticas del actual gobierno. Las entidades bancarias se han cerrado en banda cobrando las ayudas que les da el Estado, y no olvidemos que somos todos, que luego se quedan y no reparten en forma de créditos para nuevas empresas. Y el PP ha decidido, justamente ahora que la economía del país está ahogada y al límite, aumentar las cuotas mensuales de los autónomos de manera vergonzosa. De esta manera se cargan de un plumazo las pocas posibilidades de la gente joven que podría empezar con un pequeño negocio e ir prosperando.

En mayo hay elecciones europeas, unos comicios que servirán para escoger a los elefantes políticos que tienen pendientes favores de sus partidos. Ser eurodiputado es, en la mayoría de casos, un caramelo para disfrutar de un alto sueldo, coche privado y dietas para comidas, alojamiento y desplazamiento durante cuatro años. Porqué en Bruselas no se acaba decidiendo ninguna política común, aunque el mercado en el que estamos lo sea, que saque del pozo a los países más desfavorecidos.

Al final, Europa cierra sus puertas a los jóvenes. Y España también. La crisis laboral en este sector de la población ha perjudicado mucho a una generación entera que no se emancipa, ni compra vivienda. Tampoco forman una familia, no tienen hijos, no consumen, no participan en el sistema productivo que genera riqueza. Ese ciclo vicioso que de momento no tiene solución es nuestra realidad.

Como lo es la desafección política de los jóvenes que no ven a nadie que les represente ni defienda, a ningún partido de izquierdas o progresista, sea de los tradicionales o de nuevas hornadas democráticas, que les haga de espejo ante sus dudas. Porque en nuestro país los cargos electos a cortes viven en sus madrigueras y no son capaces de encerrarse en el parlamento para reclamar soluciones inmediatas y para sacarnos de la miseria donde nos han metido la mayoría. Le ven las orejas al lobo y pudiendo cazar su piel huyen de él.

Para hacer propuestas, como las de Pascal Lemy que han servido para articular este argumento, se necesita también llevar medidas a desarrollar. El hablar por hablar no da de comer ni nos saca de la crisis. Presiento, tristemente, que los jóvenes seguirán siendo pobres y que los que hablan de ellos vanamente mantendrán su estatus de poder y económico pase lo que pase. Volvemos a aquella frase que comenté en otros artículos: vivimos en dos mundos separados por un mismo Dios.

Ángel Juárez Almendros

Presidente de la Red Internacional de Escritores por la Tierra y de Mare Terra Fundación Mediterrània.

Gamonal: punto de inicio de nuevas formas de participación

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Burgos es estos días la verdadera capital de España, epicentro de los movimientos sociales y sede de los ciudadanos valientes que no permiten que sus representantes políticos, que ellos mismos han elegido, les ninguneen y les impongan. El conflicto del barrio de Gamonal, sin duda el más popular ahora mismo en este país, marca un antes y un después en la lucha ciudadana contra un sistema que se cree todopoderoso y pisa los derechos más elementales sacrificando a todo aquel que se le pone delante.

La decisión valiente de los vecinos de este barrio burgalés, hartos de pagar impuestos y de no recibir según qué servicios – que el gobierno municipal sí pretendía prestarles haciéndoles pagar por la construcción de un aparcamiento subterráneo, ha puesto de manifiesto ciertas necesidades urgentes. La primera, y principal, la de recordarles a todos los cargos electos en las diferentes administraciones que ocupan su escaño y asiento gracias al amable gesto de los españoles que les han elegido en las urnas en lugar de quedarse en casa – hecho que se merecerían – demostrando que realmente se pasa de ellos porque no se cree ni en su voluntad ni en sus gestos.

Hay también otra necesidad urgente que pasa por conseguir que las entidades vecinales, cívicas, sociales, culturales o de otra índole estén representadas en todos los órganos de decisión municipal donde se decide y define el futuro del municipio en cuanto a obras e infraestructuras, acciones y programas, campañas y creación de cualquier elemento que implique una acción sobre la población. Los representantes de plataformas cívicas y sociales deben integrarse en aquellos organismos decisivos y consultivos, sin remuneración alguna y con el compromiso de la imparcialidad, para ser el elemento que ahora falta en la toma de decisiones. Los Consejos de Participación existentes hace unos años, y ahora desmantelados, deben renacer y se debe dar otra utilidad, más real y menos de escaparate, a instrumentos que todos tenemos cerca en los que faltan representantes del mundo vecinal o asociativo y se echan de menos acuerdos útiles.

Las reglas del juego deben cambiar de una vez por todas. Es urgente que sean los propios vecinos los que tengan voz y voto en todas estas tomas de decisiones para evitar que sin ellos se lleven a cabo proyectos faraónicos que no tienen utilidad y provocan un mayor endeudamiento de los consistorios, que se malgasten los recursos económicos que son de todos los que pagamos impuestos y que, como sucede en muchos casos, se concedan obras y proyectos a amigos y familiares.

Nuestros políticos deben entender cuanto antes que ellos no son los amos del mundo y que hay que escuchar al pueblo para saber cuáles son sus necesidades reales y como se debe invertir el dinero que depositan ellos mismos en las arcas municipales con el pago de sus impuestos. El ejercicio de transparencia, auténticamente nulo en España, pasa precisamente por mostrar cuánto dinero hay y en que se gasta. Lo contrario, que es lo que ahora sucede, se llama, llana y sencillamente, especular con una mala gestión y con la posibilidad de acabar choriceando sin más.

Apunto una tercera necesidad que es el fruto de comprobar que muchas de las personas que votan cuando hay elecciones apostarían por cambiar a los elegidos al cabo de cuatro días quizás porqué no les convencen o tal vez, y así es en muchos casos, porqué ya intuían que les fallarían como finalmente les han fallado. Es urgente cambiar el sistema y poder votar con el sistema de listas abiertas como ya se hace en algunos países. De esta manera los partidos no impondrían las listas que imponen repletas de amigos a los que se les deben favores y se podría escuchar a cada uno de los candidatos explicando su programa personal, su proyecto más próximo y no el de partido que siempre acaba siendo una pura utopía llena de promesas que no se cumplen y, sobre todo, mucho humo. Si pudiésemos escogerlos uno a uno, estoy convencido que la actual desafección política que reina en nuestra sociedad bajaría mucho.

No es casualidad que el caso del barrio de Gamonal de Burgos haya sido la bandera de lucha social en toda España estos días. Ha sido el punto de partida de muchas otras protestas que se producirán a partir de ahora, cada vez que los vecinos de un municipio vean que les quieren tomar el pelo, en cada ocasión donde uno se huela que hay gato encerrado y le quieren timar o sangrar con más impuestos.

Este nuevo movimiento de protesta no lo han parado ni los antidisturbios ni la posterior rectificación del gobierno local de Burgos que ha paralizado el proyecto del aparcamiento. Esa obra, con más o menos violencia y porrazos de la policía, no se hubiese llevado a cabo porque la gente ya está harta de aguantar esta humillación constante, abuso de poder, de unos cuantos que piensan que todo es posible con la vara de mando que ocupan temporalmente.

Ahora, gracias a Gamonal, ya sabemos quién debe mandar en este país: nosotros los ciudadanos.

Ángel Juárez Almendros Presidente de Mare Terra Fundación Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra.

El culo del mundo

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Sirva este titular de resumen al artículo que ahora empiezo y que tiene como protagonistas a los ciudadanos de Tarragona y al resto de nuestro planeta. Porque una cosa es que esta provincia, Tarragona, se haya convertido en el vertedero donde las empresas deciden emplazar, con el permiso de los gobiernos de turno, todas aquellas instalaciones, infraestructuras, plantas de producción y fabricas que pueden ser peligrosas y que en otras partes de este país nadie quiere.

Y otra, muy diferente, es que tengamos que ser siempre los ciudadanos solidarios, por no llamarnos tontos, que dicen amén a todo y se comen todos los marrones. Históricamente ya hemos cumplido el cupo de solidaridad acogiendo cerca de nuestras casas tres centrales nucleares, el segundo mayor polígono petroquímico de Europa, refinerías, oleoductos y gaseoductos, plantas de incineración, extracciones petrolíferas, un puerto industrial de primer orden y otras muchas actividades que en algunos casos son nocivas para la salud.

Ha sido inevitable, aun teniendo parte de la población en contra y a entidades ecologistas como la que presido argumentando un NO rotundo, que nos hayan puesto delante de nuestras narices la porquería que otros no deseaban. Pero al final el territorio ha dicho BASTA. Quizás aplicando refrán que die “tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe”, esta vez la oposición ante otra posible imposición ya ha salido de aquí antes que movieran ficha allá, en Madrid o en Barcelona que es donde se limpian las manos para ensuciar la cara de los demás.

Ante la posibilidad que llegasen a Tarragona los residuos químicos procedentes de Siria, en forma de gas sarín y gas mostaza, todo el territorio se movilizó para poner punto y final a este sistema de abusos e imposiciones y decir NO a este nuevo episodio. Y antes que el gobierno de Madrid advirtiese que estos residuos no llegarían a Tarragona, por primera vez, ya sabían que jamás hubiésemos permitido su llegada. Mediterrània-CIE, entidad ecologista que presido junto a 70 entidades más, es la única representante de la sociedad civil que forma parte de la comisión de información de la empresa GRECAT, la que pidió información sobre el tratamiento de los residuos sirios. A ella le pedimos información y un posicionamiento claro: los residuos que se los queden en Siria o los envíen donde quieran pero que estén lejos de Tarragona.

El mensaje que os comentaba antes, el de rechazo de toda la sociedad civil y clase política local que se ha hecho llegar a Madrid, ha servido de momento para que sepan que no pueden hacer lo que les de la gana. Saben que todos estos años hemos ido asumiendo el rol de convertirnos en la cloaca de Catalunya o, como titulo este articulo, el culo del mundo. Se ha ido aceptando lo que decidían empresas y gobiernos y cada vez que se ha pedido alguna cosa se nos ha negado. Y así hemos llegado a nuestro estatus del presente donde vamos sobrados de instalaciones potencialmente peligrosas y huérfanos de buenas carreteras, una red ferroviaria decente y un recibo de la luz acorde con los esfuerzos realizados por producir un 70 por ciento de la energía generada en Catalunya. Aquí la generamos y aquí la pagamos tan cara como en cualquier otra parte del estado. Ni tan solo esta contraprestación tenemos.

Hay que empezar a actuar, desde nuestro propio territorio, para conseguir equilibrar esta balanza. Si tenemos que ser el culo del mundo que se nos dé a cambio aquello que pedimos para mejorar nuestro bienestar. Si soportamos los peligros a diario, que se nos escuche y se nos cuide. Y recordad… bona fides contraria est fraudi et dolo (la buena fe es contraria al fraude y al engaño).

Ángel Juárez Almendros

Presidente de Mare Terra Fundación Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra.

Decir la verdad o callar para siempre

Atrapado el poder, mueren las masas

Atrapado el poder, mueren las masas

Cada vez que Mariano Rajoy sale en la televisión y abre la boca sube el pan de precio. Pero hace tiempo que no hay pan y el circo que lidera el presidente del gobierno se ha quedado sin domador. La última aparición mediática de Rajoy anunciando que el 2014 será un año de recuperación es, sencillamente, un insulto hacia todos los españoles que viven en el umbral de la pobreza, los que ya lo han traspasado y están desahuciados, los que no tienen trabajo ni perspectivas de conseguirlo, no gozan de prestaciones ni ayudas, se mantienen con una miserable pensión de jubilación, malviven con el sueldo mínimo pagando alquileres o hipotecas que son mayores a ese sueldo… y al resto de ciudadanos que, exceptuando a la clase política, a los banqueros y altos cargos, saben perfectamente qué es la crisis, la notan y saben que les acompañará aun durante mucho tiempo.

Parece ser que el presidente, su consejo de ministros y su corte de asesores viven aislados de la realidad, de espaldas al día a día de la gran mayoría de ciudadanos que se reinventan constantemente para no caer en el agujero negro donde otros muchos ya malviven sin divisar el futuro a corto plazo. Rajoy va dando golpes a ciegas con sus declaraciones sin tener en cuenta a los grandes expertos en economía que avecinan más tormenta para este tifón llamado crisis que se nos ha llevado casas, coches, sueldos, valores fundamentales y la noción esencial de lo que significa ser un ser humano con derechos mínimos.

El Presidente saber perfectamente que el próximo año no se recuperará nuestra economía ni se crearan los miles de puestos de trabajo que pretende hacernos creer. Mariano Rajoy ha optado por generar una ilusión óptica que, como los espejismos, provocará finalmente una gran decepción a quien se haya creído sus palabras. No, Don Mariano. No hay agua a la vista para los muertos de sed. Ni comida que llevarse a la boca o un trabajo que devuelva la dignidad a los que lo perdieron y se han decepcionado a sí mismos al ver que fallaban a sus seres más cercanos.

Puede usted inventar mil discursos más como los de ahora, parodiar la realidad haciendo creer que la economía reflota cada vez que llegan las épocas de contratación en el sector servicios, alentando a los más perjudicados con palabras lanzadas al viento, vendiendo únicamente humo. Pero no podrá evitar que nuestro país siga su curso que, de momento y siendo realistas, sigue sin rumbo ni nadie que comande la nave. Gay de Liébana, Abadía, Niño Becerra y otros muchos economistas que no esconden las evidencias mantienen en sus discursos siempre realistas aquello que usted niega y esconde.

Se nos amontonan los problemas, Europa nos cruje con el permiso de la Angela Merkel y el mundo entero ve como la nación española pierde peso, potencia y calidad en todos los sentidos. Una economía de abismo, una educación para clases, una cultura en desahucio y los principales servicios privatizados son la herencia que nos dejará el actual gobierno con el beneplácito del anterior que fue quien prendió mecha a este incendio que ahora no se ha extinguido. No saldremos de esta situación si antes de devolver la deuda externa contraída con el Banco Central Europeo y el Banco Mundial, generada a base de pedir aceptando intereses aberrantes y repartiendo parte de lo dejado a la banca española, no nos dedicamos a solucionar nuestros problemas reales de país. Limpiemos primero nuestra casa y pidamos la condonación de parte de la deuda injusta para respirar dignamente un poco.

España se quema como lo hizo Roma dos mil años atrás. Pero ahora no es tiempo de Dioses ni emperadores. Nuestro país vapulea sus orígenes, marcados siempre por la supervivencia, y vilipendia nuestra identidad. Y los que gobiernan, alabados solamente por la banca, aún se creen capaces de mentir y salir vencedores en sus falacias.

España, Don Mariano, no merece más engaños. Miéntase a usted mismo pero hágalo en casa, en la intimidad. Y permítanos saber hasta cuando seremos lo que somos para volver a lo que fuimos y queremos ser de nuevo.

Ángel Juárez Almendros

Presidente de Mare Terra Fundación Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra.

 

La piel que no se habita

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Nos hemos acostumbrado a leer las desgracias ajenas en los periódicos o a verlas por televisión. Ejercemos de analistas de la actualidad debatiendo sobre situaciones vitales de otras personas y creemos ponernos en su piel. Pero esa piel, la del vecino a quien creemos conocer, no la habitamos. Nuestro entorno más cercano es nuestra propia vida que, ahora en plena crisis, es todo un mundo entero.

Y aun así, somos solidarios y notamos el dolor de los otros. La muerte de tres personas de la misma familia en Sevilla por ingerir comida caducada nos ha calado muy hondo a todos los seres que vemos como se está sufriendo en nuestro país. Que un matrimonio y sus hijos tengan que alimentarse de productos en malas condiciones es vergonzoso, triste, humillante e indigno de un país como el nuestro. Estos días lloramos de dolor ante esta noticia pero también de rabia, indignación e impotencia.

¿Cómo hemos llegado a estos extremos? ¿Hasta cuándo aguantaremos esta situación que permite ciertas miserias inhumanas? Y sobre todo, ¿Dónde está la solución?

Ni la impotencia que citaba antes, en la que estamos sumergidos, traducida en protesta, nos es permitida. La gente que exige explicaciones a los políticos no puede manifestarse ante el Congreso por miedo a las multas y los más arriesgados, que también son los más indignados, solo tienen como alternativa enfrentarse a los cuerpos policiales que les reciben a golpes y bolazos de goma.

Nos han prohibido también el derecho al pataleo. Y lo han hecho unos personajes elegidos en las urnas pero que no tienen ya representatividad moral ni credibilidad alguna. Los políticos, miembros de una casta que han pasado a ser una secta de ricos y poderosos a la cual se debe perseguir hasta acabar con ella por el camino democrático, no tienen ni idea de qué es vivir con 400 euros al mes, sin trabajo o comiendo gracias a las aportaciones de entidades sociales o de tus propios vecinos.

Los políticos no pueden ponerse en esa piel que jamás podrían habitar porqué durarían dos segundos pero, especialmente, porque son incapaces de plantearse el ejercicio de probar. Su modus vivendi de alto standing les permite vivir por encima del bien y del mal. A final de mes les cae el macrosueldo calentito y que nadie les cuente milongas ni miserias. Salen a lamentarse públicamente, siempre de cara a la galería, criticando a los otros partidos pero sin aportar soluciones ni hacer propuestas coherentes para acabar con el caos social y moral que hunde a España en el fango.

Con el sueldo base de un diputado en el Congreso, 3.670 euros, sobreviven nueve familias que tengan la suerte de disponer de la ayuda de 400 euros. Y todavía se quejan de cobrar poco viviendo de espaldas a la realidad, tapándose las orejas para no oír la verdad y cerrando los ojos para evitar ver el cruel paisaje que han ayudado a generar y que ni tan solo intentan cambiar.

No se equivocaba Góngora escribiendo aquello de “Ándeme yo caliente y ríase la gente”. A nuestros políticos, como a los banqueros y a todos los empresarios que se enriquecen cada día a costa de pagar míseros sueldos, deberíamos verlos una temporada en el otro lado de la trinchera donde el hambre es el traje y vivir cada día es la moneda. Que muden la piel y habiten en otras para que recuerden que ellos, aunque no tengan memoria, también son mortales.

Ángel Juárez Almendros

Presidente de Mare Terra Fundación Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra.