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Un discurso sincero y real

Permitidme que os acerque el discurso que pronuncié el pasado viernes en la entrega de los Premios Ones Mediterrània. Fueron unas palabras sinceras y alejadas del típico mensaje donde se promulga todo como bonito y se arrinconan realidades menos agradables. Fue, en resumen, un discurso sincero. Espero que os guste.

Autoridades presentes, amigos y amigas, gracias por estar hoy aquí.

Esta edición de los Premis Ones me sirve para hacer balance de este acontecimiento anual que iniciamos hace ahora diecisiete años y que hemos mantenido al margen de buenos o malos momentos a nivel económico o social. Hablando en cifras, los Reconocimientos Ones han premiado hasta hoy a más de 250 personas, entidades y colectivos. Su tarea en pro del medio ambiente, la cooperación y la solidaridad ha sido aplaudida por las más de 5.000 personas que han congregado las diferentes ediciones de este acto que tiene como costumbre reunir a la sociedad civil y política.

Mañana se constituyen los nuevos ayuntamientos y se forman los nuevos gobiernos para los próximos cuatro años. A algunos de los políticos aquí presentes les podemos ya dar la enhorabuena por su continuidad en sus cargos. Si de una cosa estoy seguro es que durante estos diecisiete años es que hemos visto pasar muchos gobiernos de todos los colores, nuevos alcaldes y equipo de gestión con los cuales siempre nos hemos llevado bien. Pasan los cargos pero quedan las personas y mantenemos la amistad que es lo más importante.

Hoy os podría hablar de muchos temas de impacto mundial pero no lo pienso hacer. Podría hablaros del desastre ecológico del Japón por los terremotos de los últimos meses, de la tragedia que aún se vive en las centrales nucleares de ese país, de otro país devastado por los terremotos y que sigue hundido en la miseria, Haití.

Podría hablar de la crisis, de los valores que se pierden y que hacen que este mundo sea cada vez más frio y menos humano, de la crisis de esos valores y del valor de estar en crisis económica para comprobar cómo todo vuelve a su lugar tras años de una vida de ciencia ficción.

Podría también centrar mi discurso hablando de la vejación a la que sometemos a diario a este planeta que, lo digo una vez más, no es nuestro. La tierra no es de nadie!

Creo que debo hablaros, de forma breve y concisa, del cambio que necesita nuestra sociedad para afrontar el futuro con cierta esperanza. Si seguimos así acabaremos con todo en pocas décadas y seremos incapaces de dejar a nuestros jóvenes una tierra en condiciones. Las políticas actuales ya han provocado que estén condenados a envejecer con sus padres ante la incapacidad de encontrar trabajo y, por consiguiente, tener el sustento económico suficiente para emanciparse e iniciar una vida propia.

Los estamos condenando al fracaso por culpa de nuestra ineptitud como seres humanos, por haber generado dos mundos donde, o se vive en plena riqueza, o se mastica el amargo sabor de la pobreza y la escasez de los más básico y elemental. No hay que matar la esperanza porque cuando uno no tiene alicientes para seguir adelante, acaba siendo condenado, enterrado, en vida.

Hay tiempo para hacer el giro necesario pero hay que hacerlo ya. Hay que buscar los procesos que nos permitan conseguir los equilibrios necesarios, menos para unos cuantos y más para todos, equidad para erradicar las desventajas. Hay motivos para considerarse indignados pero también es cierto que la clase política no será la solución a nuestras demandas como tampoco ha sido la única culpable del momento actual. La salida en masa de gente protestando por las calles, dejando aparte las formas y centrándonos en el contenido, es una bocanada de aire fresco, una evidencia que nuestra sociedad no ha muerto.

Apostemos por ese giro, por el cambio, por la sencillez y por un futuro abierto a todos los que habitamos el planeta tierra y en nombre de los que lo habitaran en generaciones venideras.

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Encuentro o fiesta, todo es diversión.

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A esto se le llama podes de convocatoria

Ahora que todavía tengo los músculos del cuerpo resentidos, tras las trece horas que duró el primer encuentro latino que organizamos en Salou, quiero compartir las emociones vividas el sábado con vosotros. Es una mezcla de sentimientos que nace por la mañana, con los nervios por lo que teníamos por delante, sigue al mediodía con la adrenalina a tope sabiendo la importancia del reto que nos habíamos planteado y acaba por la noche, con las ganas de llorar de alegría pero también por haber resistido las emociones anteriores. Lo conseguimos!

Nos habíamos planteado llenar la Plaza de las Comunidades de Salou con 10.000 persones y superamos de calle esa cifra. Habíamos dejado atrás los fantasmas, las dudas, los hechos invisibles que solo vives en primera persona y que nadie nota aunque recorran tu piel vertiginosamente.

Uno sabe y tiene asumido que, con tanta gente, es fácil que alguien pueda poner en peligro una celebración de este tipo. A veces sucede, que alguien bebe un poca más de la cuenta y pone el fin a a una buena jornada. Pero esto no nos sucedió. Todo el mundo tuvo un comportamiento ejemplar, de primera.

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La plaza se llenó de gente de buena mañana y reventó por la noche. El encuentro latino unió a gentes de todos los países latinoamericanos que se hermanaron con los turistas residentes en Salou, procedentes de toda Europa y media España, y con nosotros, los catalanes.  

Yo me siento catalán. Tengo aquí mi familia, casi toda mi vida y muchas emociones vividas, demasiadas para negar, ni quiero hacerlo, esta evidencia. Los que llegan aquí, parte de estas personas latinas, también son de aquí, son lo que llamamos “nous catalans”, son aquellos que deben aprender las costumbres y tradiciones de nuestra tierra pero manteniendo sus raíces, sus identidades. Nosotros también tenemos que nutrirnos de ellos. Debemos absorber parte de su cultura para enriquecernos como personas. La realidad es esta y se llama globalización multicultural.

El sábado saboreé por primera vez el agua de panela con limón y tomé de postres un cholado y un raspado. A quien me lo ofreció le recomendé que pruebe productos de nuestra tierra como los calçots, la botifarra o la coca en recapte. Creo que este intercambio enriquece mucho y si encima se produce en la cocina, qué os voy a decir. Aprender y enseñar, mejorar y crecer personalmente. No hay segundas lecturas.

Los políticos deben ser los primeros en tomar ejemplo de los que os comento. Tienen que conocer a las persones que llegan a sus ciudades y están obligados a ser los embajadores de sus municipios para lograr la tan esperada integración. La ayuda de los ayuntamientos no debe limitarse únicamente a aportar infraestructuras y cosas materiales. Hace falta el factor humano como primer síntoma de apoyo.

Ya somos muchos los que lo tenemos claro. Somos muchos los que no nos tiramos atrás, los que implicamos cada vez a más gente en nuestros proyectos, gente de todos los países, de todos los rincones del mundo. La del sábado era la primera actividad de masas que organizábamos desde la Coordinadora d’Entitats del Camp de Tarragona. Demostramos a la sociedad que con la suma de esfuerzos todo es posible. Y de paso entendimos que estamos preparados para seguir organizando mas actos. Preparados y al mismo tiempo obligados a seguir. Nuestra sociedad se lo merece, ellos lo necesitan y nosotros lo deseamos.