Archivo de la etiqueta: sanidad pública

Justicia e investigación para las residencias

Ángel Juárez agradece todas las muestras de cariño recibidas tras el fallecimiento de su madre por coronavirus. Desde el inicio de la pandemia, Mare Terra Fundación Mediterrània viene canalizando donaciones de material sanitario destinado a hospitales de Catalunya y Madrid, y otros de carácter tecnológico, como tablets, para que los mayores de varias residencias puedan comunicarse con sus familiares.

El presidente de Mare Terra, de la CET y de la RIET, pide que se abran investigaciones por el impacto que la COVID-19 está teniendo en las residencias de ancianos y se depuren responsabilidades penales por el incumplimiento de protocolos.

Después del confinamiento, toca cambio

El confinamiento provocado por la pandemia del coronavirus está destapando nuestra sociedad. Se están poniendo capas de héroes a nuevas personas, y quitando las mascaretas a otras.

Desde casa, es un orgullo ver la respuesta del pueblo, la respuesta más solidaria posible. Un pueblo, una sociedad, sin organización e incluso un poco anárquica, que está dando todo lo que tiene y dedica todos sus esfuerzos a salvar vidas, ni más ni menos. Desde el personal sanitario y las plantillas de los sectores primarios, hasta la gente que está confinada en casa ejerciendo tareas de voluntariado, ayudando a los más necesitados, fabricando el material, o ayudando a hacer el encierro más ameno. Una sociedad que todos los días a las 20h demuestra que está unida, y que es fuerte. Personas que desde sus balcones o ventanas no aplauden sin más, aplauden con conciencia.

Pero si miramos hacia otros sectores no podemos decir lo mismo. Menuda decepción. Fijémonos en la política en primer lugar. Partidos que en campaña electoral presumen de su red de afiliados, que hacen referencia a menudo a una militancia comprometida socialmente. Ahora nos preguntamos, ¿dónde está? ¿Cómo puede ser que estas redes de militantes no se pongan en marcha? Los partidos no han iniciado ninguna campaña solidaria, ya sea de donaciones de dinero o haciendo acciones voluntarias.

Y no sólo eso. Echo de menos a todos los cargos públicos vinculados a la política, que cada mes reciben un sueldo por y para trabajar para el pueblo. Ni yo ni nadie sabemos nada de ellos. Están encerrados en sus casas sin decir nada, y lo que es peor, sin hacer nada.

Estas son las mascaretas que están cayendo. Ahora, podemos darnos cuenta que los partidos políticos simplemente son maquinarias electorales, cuyo único objetivo es conseguir votos. Esto va para todos los partidos. Porqué todos se llenan la boca de amor hacia su gente y su tierra. Y yo les digo que no queremos palabras, queremos hechos. Actuar ahora si que es hacer país.

Los sistemas actuales han quedado obsoletos e inefectivos.Por ejemplo, ¿para qué sirve el Senado y cuánto nos cuesta? Pregúntense, ¿lo necesitamos? O planteémonos nuestro sistema electoral. Basta ya de listas electorales cerradas que esconden a personas no preparadas o “inútiles”. El coronavirus nos ha dejado claro que nuestro sistema debe cambiar.

Y no podemos dejar de hablar del sistema sanitario. Cuando superemos la pandemia, porqué lo haremos, debemos reivindicar una sanidad pública y de calidad 100×100. Basta ya de privatizaciones y de recortes, los cuales se habían olvidado pero el coronavirus nos ha recordado. Cuando salgamos a la calle, debemos seguir aplaudiendo. Aplaudiendo, gritando y luchando por la sanidad pública que merecemos. Porqué no hay otra opción que una sanidad pública y de calidad.

Otro gran ejemplo es la iglesia. En primer lugar, quiero aplaudir el trabajo solidario tan importante de Cáritas y entidades religiosas. Pero no puedo decidir lo mismo de la institución. Una institución que se llena la boca de solidaridad pero que destina más dinero a financiar una televisión privada con la objetividad en duda (más de 10 millones para Trece TV), y que solo da 6 millones para la caridad y los trabajos asistenciales, los cuales lleva a cabo Caritas. Sus valores y su discurso pierden toda credibilidad.

Y me reitero en la felicitación a Cáritas por su trabajo, como a todas las entidades religiosas y laicas que están llevando a cabo estas labores. Unas labores que corresponden al Estado, el cual una vez más demuestra que se ha quedado obsoleto. Un Estado que ha regulado, tarde y mal, el trabajo de los temporeros. Les está pidiendo que nos ayuden, pero luego los quiere dejar a la calle.

¿Es esto lo que queremos? ¿Son estas las instituciones y los representantes que merecemos? Yo lo tengo claro, NO. Después del confinamiento, toca cambio. No tenemos alternativa, no queremos seguir así. Basta de recortes, corrupción y aprovechamiento.

Cuando todo esto termine, no podemos olvidar, debemos recordar y reivindicar. Exigir cambios hacia una sociedad igualitaria, justa y digna, con una riqueza repartida equitativamente. Los partidos ya no importan, ahora importan las vidas.

Mejoremos el sistema. Humanicemos la sociedad.

Y recordad, que nadie ni nada OS QUITE VUESTRA SONRISA.

Ángel Juárez Almendros

Presidente de Mare Terra Fundació Mediterrània, de la Coordinadora de Entidades de Tarragona, y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra.

Palabra de Ángel (6): La Plataforma por la sanidad pública de calidad

Mi reino por una manta

colapso

El artículo que vais a leer a continuación es cien por cien real aunque contenga algunas dosis que puedan parecer surrealistas o inventadas. Que la sanidad pública está agonizando es una realidad teniendo en cuenta los tijeretazos que ha sufrido por parte de un gobierno que se ha dedicado a recortar derechos mermando la calidad de vida de la población.

Plantas enteras cerradas en los hospitales, falta de camas para atender a la población que tiene que ingresar, los servicios de urgencias al borde a la quiebra moral del personal y los boxes de recuperación y los pasillos repletos de camillas de ciudadanos esperando su turno para ser atendidos con la atención y la privacidad que se merecen. Estas imágenes son, lamentablemente, las del día a día de nuestro sistema sanitario público que siempre ha destacado, y sigue haciéndolo, por la calidad y profesionalidad del personal que se deja la piel, y muchas horas, en cada uno de sus centros sanitarios.

Porque lo que ha fallado realmente es el sistema del contenido pero no el del continente. Los médicos, enfermeros y enfermeras, auxiliares y celadores siguen estando al pie del cañón aguantando las quejas de los usuarios que pierden la paciencia y, a menudo, no atienden a las explicaciones que les da el personal. Y siguen manteniéndose en su puesto y demostrando su eficacia con menos medios y recursos.

Cuento todo esto a raíz de un problema que me ha afectado directamente y que me llevo, hace unos días, hasta los servicios de urgencias de varios centros sanitarios. Tras encontrarme mal en mi oficina, donde un dolor agudo me oprimía todo el cuerpo y me tenía como aprisionado, me acompañaron hasta el Centro de Asistencia Primaria más cercano. Allí empezó mi calvario ante la espera que tuve que soportar aun contando mi dolencia. Una vez cogido el número tuve que esperar a que me tocaré el turno aunque antes que éste me llegara tuve la suerte de encontrarme con una enfermera a quien conozco hace años y, viendo la urgencia, me hizo pasar hacia el servicio de urgencias de inmediato. En ese momento lo único que les pedía es me quitasen el dolor que seguía oprimiéndome por dentro y no me dejaba respirar. Un vasodilatador inyectado al momento me calmó bastante y en ese momento se me trasladó en ambulancia hasta el hospital Joan XXIII de Tarragona.

Una vez aquí, el viacrucis de la espera en pleno pasillo. Aquel espacio por donde la gente debería caminar estaba del todo intransitable, atestado de camillas formando colas y llenas de personas con diferentes patologías y dolencias. No podían pasar a nadie a los boxes porque estaban todos llenos y el personal de urgencias iba atendiendo como podía a cada uno de los pacientes. La criba se hacía pero era casi una quimera ante la imposibilidad de poder derivar a cada enfermo al lugar donde le correspondía. Cinco horas de espera. Cinco largas horas estuve en el pasillo hasta que se me pasó a un box para hacerme las pruebas. Y tras ellas, me pude ir a casa.

Suerte tuve que mi afectación no requería el uso de la Unidad de Hemodinámica de Tarragona la cual, por recortes presupuestarios, solo funciona a ciertas horas del día y si te pilla cuando no funciona te tienen que trasladar a Barcelona a contrarreloj.

Pero mi procesión no acaba aquí. Al cabo de pocos días, tras una fuerte recaída, fui a parar de nuevo a urgencias donde llegué con un poco menos de dolor tras suministrarme yo mismo, por la experiencia de la otra vez, el vasodilatador. Me trasladaron en ambulancia y una vez en el hospital, vuelta a empezar con el suplicio. Tumbado en una camilla a la espera que el caos disminuyese, aunque esto no pasó, y pelado de frio gracias a esta manía que tienen los hospitales de crear un clima de bajas temperaturas que acaba helando a los enfermos que ya entran destemplados de la calle. A eso lo llamo yo, rizar el rizo.

Todo el tiempo de espera me lo pasé, como el resto de enfermos, pudiéndome cubrir únicamente con esa sabana tan delgada que utilizan los hospitales y que no sirve de nada. Suerte de la chaqueta de mi compañera que me sirvió para templarme un poco hasta que al final, tras muchos intentos por conseguir una manta, una persona que conozco y estaba aquel día de guardia me consiguió una pero la trajo a escondidas.

El espectáculo me pareció lamentable y deleznable por parte de un sistema que tiene contra las cuerdas a sus usuarios y mantiene en un estado de estrés insufrible a todo el personal que asume el mando en los servicios de urgencia de los hospitales. Mi caso se puede contar ahora con cierto sarcasmo aunque no dejó atrás la indignación que he sentido al ver como se han cargado todo el trabajo realizado durante años para tener una sanidad pública de primer nivel en todos los sentidos.

La solución no está en una manta, aunque vaya bien, ni que alguien te encuentre y te la traiga haciéndote un favor. Lo que realmente duele, más que la propia enfermedad que uno sufre, es ver como en cuatro días se han derrumbado las conquistas de cuatro décadas de trabajo y lucha por hacer de esta, nuestra sociedad, algo mejor. Mi reino por una manta y mi vida por la recuperación de los derechos perdidos.

Ángel Juárez

Presidente de Mare Terra Fundación Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra

 

Normal
0

21

false
false
false

ES
X-NONE
X-NONE

MicrosoftInternetExplorer4