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El pozo sin agua

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En este pozo en el que nos han metido algunos políticos y la mayoría de los bancos no hay agua para todos. Ellos, desde arriba, han esperado sin prisas a que una buena parte de los españoles se ahogasen o se hundiesen mientras el resto iban escalando por la pared para llegar a la superficie y poder respirar un poco tranquilos.

Y como nadie lograba salir del pozo, ha tocado cada día buscarse la vida y saciar la sed con lo que uno encuentra para beber en aquel momento. Reinventarse a diario es ya un proceso natural para la clase baja que es la única que ha quedado viva tras el destrozo social realizado que se ha llevado por delante a la clase media y ha hecho aún más rica a la clase alta.

Los ricos son más ricos y los pobres son multitud. La burbuja inmobiliaria provocó un agujero inmenso en los bancos que habían asumido el riesgo de financiar la construcción de casas regalando las hipotecas, coches y cualquier lujo que tuvieran las personas. Y como la banca hacía aguas, el estado salió a su rescate sin preguntarnos a ninguno de nosotros pero usando nuestro dinero. Porque el gobierno ha dado a todos estos bancos derrochadores y nada previsores la vergonzosa cantidad de 219.000 millones de euros que, en forma de crédito, avalo subvenciones o participaciones, hemos pagado todos los ciudadanos sin saberlo. Y ahora que conocemos la cifra estamos todavía más indignados: cada español mayor de 18 años ha prestado a los bancos 5.500 euros para tapar su pufo mientras los bancos, al mismo tiempo, han desahuciado a más de 400.000 familias en todo el país.

Los 59.000 millones inyectados a Bankia, los 12.000 prestados a Catalunya Caixa o los 9.000 otorgados a Nova Caixa Galicia, son tres claros ejemplos de nuestra supuesta solidaridad que ha ejercido el estado sin consultarnos y a la cual, en caso de consulta previa, nos hubiésemos negado todos. Porque ese dinero que jamás tuvimos aunque nos perteneciese y que sirvió para alimentar al sector bancario, nos ha dejado a nosotros en la ruina y les ha permitido a ellos especular y tener mayores ganancias.

Los cinco grandes bancos españoles – Santander, BBVA, Caixabank, Popular y Sabadell- obtuvieron el año pasado más de 7.600 millones de euros de beneficios. La misma banca que nos cerró el grifo a todos los ciudadanos y negó préstamos y créditos a las pequeñas empresas y autónomos se sigue enriqueciendo a nuestra costa con el permiso del gobierno que les apoya. Los ministros del PP, Montoro o De Guindos, y otros personajes de este partido como Maria Dolores de Cospedal, se llenan la boca con sus supuestos logros para acabar con la recesión mientras se defienden de los escándalos que rodean a su formación. Para llevar a España a la situación de desamparo actual no se puede ser malo. Todo lo contrario. Esta gente es buena, muy buena porque saben por dónde golpearnos para intentar hundirnos y como salvar sus muebles y quedarse a flote solo ellos.

El problema lo han tenido al pensar que todos estábamos ciegos y se podían reír de una nación entera e irse de rositas. No lo conseguirán. Mientras quedemos todas aquellas personas que trabajamos a diario defendiendo los intereses comunes de asociaciones y colectivos, que nos levantamos cada mañana para conseguir obtener un mundo mejor y más justo o que tenemos un espacio de opinión y libertad para ejercerla, mientras existamos ellos no tienen nada ganado.

Si hoy saciamos nuestra sed, la saciaremos mañana y al día siguiente. Y cuando logremos salir del pozo y ayudemos a los demás a salir de él, que se preparen los que han arruinado España y la vida de miles de personas. Cada uno recoge lo que siembra.

Ángel Juárez Almendros

Presidente de Mare Terra Fundación Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra.

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Gamonal: punto de inicio de nuevas formas de participación

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Burgos es estos días la verdadera capital de España, epicentro de los movimientos sociales y sede de los ciudadanos valientes que no permiten que sus representantes políticos, que ellos mismos han elegido, les ninguneen y les impongan. El conflicto del barrio de Gamonal, sin duda el más popular ahora mismo en este país, marca un antes y un después en la lucha ciudadana contra un sistema que se cree todopoderoso y pisa los derechos más elementales sacrificando a todo aquel que se le pone delante.

La decisión valiente de los vecinos de este barrio burgalés, hartos de pagar impuestos y de no recibir según qué servicios – que el gobierno municipal sí pretendía prestarles haciéndoles pagar por la construcción de un aparcamiento subterráneo, ha puesto de manifiesto ciertas necesidades urgentes. La primera, y principal, la de recordarles a todos los cargos electos en las diferentes administraciones que ocupan su escaño y asiento gracias al amable gesto de los españoles que les han elegido en las urnas en lugar de quedarse en casa – hecho que se merecerían – demostrando que realmente se pasa de ellos porque no se cree ni en su voluntad ni en sus gestos.

Hay también otra necesidad urgente que pasa por conseguir que las entidades vecinales, cívicas, sociales, culturales o de otra índole estén representadas en todos los órganos de decisión municipal donde se decide y define el futuro del municipio en cuanto a obras e infraestructuras, acciones y programas, campañas y creación de cualquier elemento que implique una acción sobre la población. Los representantes de plataformas cívicas y sociales deben integrarse en aquellos organismos decisivos y consultivos, sin remuneración alguna y con el compromiso de la imparcialidad, para ser el elemento que ahora falta en la toma de decisiones. Los Consejos de Participación existentes hace unos años, y ahora desmantelados, deben renacer y se debe dar otra utilidad, más real y menos de escaparate, a instrumentos que todos tenemos cerca en los que faltan representantes del mundo vecinal o asociativo y se echan de menos acuerdos útiles.

Las reglas del juego deben cambiar de una vez por todas. Es urgente que sean los propios vecinos los que tengan voz y voto en todas estas tomas de decisiones para evitar que sin ellos se lleven a cabo proyectos faraónicos que no tienen utilidad y provocan un mayor endeudamiento de los consistorios, que se malgasten los recursos económicos que son de todos los que pagamos impuestos y que, como sucede en muchos casos, se concedan obras y proyectos a amigos y familiares.

Nuestros políticos deben entender cuanto antes que ellos no son los amos del mundo y que hay que escuchar al pueblo para saber cuáles son sus necesidades reales y como se debe invertir el dinero que depositan ellos mismos en las arcas municipales con el pago de sus impuestos. El ejercicio de transparencia, auténticamente nulo en España, pasa precisamente por mostrar cuánto dinero hay y en que se gasta. Lo contrario, que es lo que ahora sucede, se llama, llana y sencillamente, especular con una mala gestión y con la posibilidad de acabar choriceando sin más.

Apunto una tercera necesidad que es el fruto de comprobar que muchas de las personas que votan cuando hay elecciones apostarían por cambiar a los elegidos al cabo de cuatro días quizás porqué no les convencen o tal vez, y así es en muchos casos, porqué ya intuían que les fallarían como finalmente les han fallado. Es urgente cambiar el sistema y poder votar con el sistema de listas abiertas como ya se hace en algunos países. De esta manera los partidos no impondrían las listas que imponen repletas de amigos a los que se les deben favores y se podría escuchar a cada uno de los candidatos explicando su programa personal, su proyecto más próximo y no el de partido que siempre acaba siendo una pura utopía llena de promesas que no se cumplen y, sobre todo, mucho humo. Si pudiésemos escogerlos uno a uno, estoy convencido que la actual desafección política que reina en nuestra sociedad bajaría mucho.

No es casualidad que el caso del barrio de Gamonal de Burgos haya sido la bandera de lucha social en toda España estos días. Ha sido el punto de partida de muchas otras protestas que se producirán a partir de ahora, cada vez que los vecinos de un municipio vean que les quieren tomar el pelo, en cada ocasión donde uno se huela que hay gato encerrado y le quieren timar o sangrar con más impuestos.

Este nuevo movimiento de protesta no lo han parado ni los antidisturbios ni la posterior rectificación del gobierno local de Burgos que ha paralizado el proyecto del aparcamiento. Esa obra, con más o menos violencia y porrazos de la policía, no se hubiese llevado a cabo porque la gente ya está harta de aguantar esta humillación constante, abuso de poder, de unos cuantos que piensan que todo es posible con la vara de mando que ocupan temporalmente.

Ahora, gracias a Gamonal, ya sabemos quién debe mandar en este país: nosotros los ciudadanos.

Ángel Juárez Almendros Presidente de Mare Terra Fundación Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra.

La piel que no se habita

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Nos hemos acostumbrado a leer las desgracias ajenas en los periódicos o a verlas por televisión. Ejercemos de analistas de la actualidad debatiendo sobre situaciones vitales de otras personas y creemos ponernos en su piel. Pero esa piel, la del vecino a quien creemos conocer, no la habitamos. Nuestro entorno más cercano es nuestra propia vida que, ahora en plena crisis, es todo un mundo entero.

Y aun así, somos solidarios y notamos el dolor de los otros. La muerte de tres personas de la misma familia en Sevilla por ingerir comida caducada nos ha calado muy hondo a todos los seres que vemos como se está sufriendo en nuestro país. Que un matrimonio y sus hijos tengan que alimentarse de productos en malas condiciones es vergonzoso, triste, humillante e indigno de un país como el nuestro. Estos días lloramos de dolor ante esta noticia pero también de rabia, indignación e impotencia.

¿Cómo hemos llegado a estos extremos? ¿Hasta cuándo aguantaremos esta situación que permite ciertas miserias inhumanas? Y sobre todo, ¿Dónde está la solución?

Ni la impotencia que citaba antes, en la que estamos sumergidos, traducida en protesta, nos es permitida. La gente que exige explicaciones a los políticos no puede manifestarse ante el Congreso por miedo a las multas y los más arriesgados, que también son los más indignados, solo tienen como alternativa enfrentarse a los cuerpos policiales que les reciben a golpes y bolazos de goma.

Nos han prohibido también el derecho al pataleo. Y lo han hecho unos personajes elegidos en las urnas pero que no tienen ya representatividad moral ni credibilidad alguna. Los políticos, miembros de una casta que han pasado a ser una secta de ricos y poderosos a la cual se debe perseguir hasta acabar con ella por el camino democrático, no tienen ni idea de qué es vivir con 400 euros al mes, sin trabajo o comiendo gracias a las aportaciones de entidades sociales o de tus propios vecinos.

Los políticos no pueden ponerse en esa piel que jamás podrían habitar porqué durarían dos segundos pero, especialmente, porque son incapaces de plantearse el ejercicio de probar. Su modus vivendi de alto standing les permite vivir por encima del bien y del mal. A final de mes les cae el macrosueldo calentito y que nadie les cuente milongas ni miserias. Salen a lamentarse públicamente, siempre de cara a la galería, criticando a los otros partidos pero sin aportar soluciones ni hacer propuestas coherentes para acabar con el caos social y moral que hunde a España en el fango.

Con el sueldo base de un diputado en el Congreso, 3.670 euros, sobreviven nueve familias que tengan la suerte de disponer de la ayuda de 400 euros. Y todavía se quejan de cobrar poco viviendo de espaldas a la realidad, tapándose las orejas para no oír la verdad y cerrando los ojos para evitar ver el cruel paisaje que han ayudado a generar y que ni tan solo intentan cambiar.

No se equivocaba Góngora escribiendo aquello de “Ándeme yo caliente y ríase la gente”. A nuestros políticos, como a los banqueros y a todos los empresarios que se enriquecen cada día a costa de pagar míseros sueldos, deberíamos verlos una temporada en el otro lado de la trinchera donde el hambre es el traje y vivir cada día es la moneda. Que muden la piel y habiten en otras para que recuerden que ellos, aunque no tengan memoria, también son mortales.

Ángel Juárez Almendros

Presidente de Mare Terra Fundación Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra.

Ruido o silencio en Catalunya

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Tras la celebración de la cadena humana del pasado miércoles en Catalunya se han abierto diversas dudas y demasiadas opiniones. Porque en este país todo el mundo dice la suya y a menudo se habla gratuitamente y con mala intención, sin conocimiento de causa o no habiendo analizado los dos lados del tema a debatir antes de entregarse a las tertulias.

Queda claro que hay una parte muy importante de Catalunya que participa del proceso que ha iniciado el gobierno de Artur Mas para llevar a cabo un referéndum de consulta que se presenta como polémico desde su planteamiento inicial. Primera divergencia:  el gobierno de Madrid dice que el referéndum no es constitucional y que por lo tanto no se puede realizar mientras en Barcelona invitan al PP a un pulso manteniendo que, pase lo que pase, antes que acabe este año se marcará la fecha para la celebración de esta consulta.

Luego están los efectos de la cadena humana del 11 de septiembre. Sobre todo los derivados de la visión de los medios de comunicación del país y algunos de internacionales. Los medios extranjeros hablan de la unión de las manos de los catalanes en el trayecto de 400 kilómetros marcado como la demostración evidente que Catalunya quiere la independencia. Los del país, exceptuando los que se publican en territorio catalán y que comparten opinión con la prensa internacional, tratan a la cadena humana como un elemento de rotura de la cohesión nacional pero a la mayoría no se les escapa que, vista la altísima participación, el planteamiento de la independencia va muy en serio. Los más derechistas, por llamarlos finamente, siguen demonizando a Catalunya y a los catalanes por lo que consideran una provocación jamás vista.

Y llega el turno del análisis político. Y hay más divergencias. Los representantes catalanes que apoyaron siempre el proceso de independencia y abogan por la realización del referéndum muestran su satisfacción por la movilización de tantos ciudadanos. Los que se quedaron al margen, absteniéndose, no saben si lamentar su decisión ni si ésta les dará rendimiento electoral.

Pero en Madrid – otra casta política – se difiere y hay quien habla de los otros catalanes, los que no salieron a la calle el miércoles, calificándolos como “la mayoría silenciosa”. Saben, y lo saben todos sin excepción, que lo del pasado miércoles marca un antes y un después en las relaciones entre Catalunya-España que se verán más afectadas cuando se haga el referéndum que quiere Barcelona y prohíbe Madrid.

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Con todo lo escrito hasta ahora, lo escuchado estas últimas jornadas, leído en la prensa y observado en silencio, me atrevo a decir que la raíz del problema sigue estando bajo tierra, sin un alcance social real. Porque, y mirad si es sencillo el tema, nadie habla de la posibilidad que evitaría el pulso entre los gobiernos de Mas y Rajoy. Nadie explica que los procesos democráticos que sirven para generar opinión desde el respeto deben formar parte de nuestra democracia en todos los sentidos. Es tan sencillo como permitir que se realice el referéndum que se pide en una parte de Catalunya y después, dependiendo de sus resultados, se negocie lo que se deba negociar.

Y quiero dejar bien claro que estoy a favor que se haga el referéndum y aprovecho estas líneas para reivindicar otros muchos referéndums que jamás se han hecho y deberían haberse realizado tanto en las comunidades autónomas como a nivel estatal. La gente debería poder participar en la elección del sistema educativo, el modelo sanitario o la gestión de nuestros propios recursos que ahora hemos visto que muchos de nuestros representantes han malgastado. Los ciudadanos debemos ser y sentirnos más útiles pudiendo decidir cómo queremos nuestro presente y como dibujamos nuestro futuro.

Por eso mantengo que la postura radical de negar ciertos procesos de participación en un estado democrático no tiene demasiada razón de ser cuando son tantos miles y miles de personas las que quieren ejercer el derecho a voto que sí contempla la Constitución. Si Madrid deja que Catalunya se expresa en la consulta quizás las relaciones mejoran, se abre una etapa de diálogo desconocida aún y se puede empezar un proceso que beneficie a ambas partes. Todos deberían asumir las reglas de juego. El Estado dando permiso y legitimidad al referéndum y la Generalitat asumiendo el resultado final teniendo en cuenta que en Catalunya vivimos siete millones y medio de personas y la cadena humana la formaron uno de cada cinco.

Ángel Juárez Almendros

Presidente de Mare Terra Fundación Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra. 

La Infanta, la “casta” y el pueblo que dice basta

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No se llama Alicia ni esto es el país de las Maravillas. Se llama Cristina y formaparte del país de la pandereta. Lo que sucede en España parece de cuento, de ciencia ficción, algo que no te acabas de creer cuando diariamente tienes que oír por televisión y leer por internet los casos de corrupción y desfalco que nos acechan por culpa de unos pocos y afectan a todos.

La imputación de la Infanta Cristina en el caso Nóos podría ser el colofón final de un fraude tan real como “Real” que nos tendría que haber descolocado a todos pero que sin embargo, y ahí radica la vergüenza que nos hacen pasar al pueblo nuestros representantes, nos ha parecido algo casi natural. Y seguramente que, lejos de ser el colofón final, será la puntita del iceberg y el juez Castro ampliará el listado de presuntos mangantes y chorizos.

Poco nos podíamos pensar que se imputaría a Doña Cristina de Borbón. Sobre todo teniendo en cuenta que en nuestro país la Casa Real parece ser intocable. Algo curioso también si partimos de la base que nadie nos preguntó jamás si deseábamos una monarquía parlamentaria como la que tenemos o preferíamos, por ejemplo, otra república. Nadie votó a los Borbones quienes además de manejar cifras ingentes de dinero, en no sabemos qué, están blindados. Y nadie puede saber cuánto dinero nos cuestan a todos los españoles porqué ellos, que son los que tienen acceso a cualquier información sobre nuestras vidas y que son la máxima representación jerárquica del país, no están obligados a dar ninguna explicación.

¿Cómo nos debemos sentir si aquellos que deben velar para que tengamos nuestros derechos y nadie nos robe son los primeros en estar imputados por presunta corrupción?  A esta pregunta se le suman tantas otras que al final uno se pierde ante esta colección de incomprensiones. En España ya tenemos a más de 3.000 representantes de la clase política imputados por corrupción en casos escandalosos que lo único que consiguen es separar más a esta clase de la sociedad. Ya no se confía en ellos. ¡No se puede confiar! ¡No nos dan motivos!

Nuestros políticos ya no tienen capacidad para cambiar nada porque desconocen las realidades de los problemas de la mayoría. No luchan al lado de los desahuciados, quizás por miedo a lo que les sucedería si asistiesen, ni tampoco intentan solucionar el problema desde sus escaños. Y esa pasividad, más las corrupciones, son motivos suficientes para exigir, gritar, forzar, obligar a toda esta casta de vividores a una regeneración autentica.

Ya nos tienen contra las cuerdas, débiles y hastiados, rebotados e indignados, en pie de guerra. Que acaben de saquear lo que tenían previsto, de robar lo que quieran, y nos dejen levantar cabeza de una vez. Y cuando hayan acabado de jugar sucio y menospreciarnos, y como dice en su último artículo el publicista Risto Mejide, que se larguen porqué sobran, que se callen y dejen de contaminar, que no desanimen más a los ciudadanos. Y si les queda algo de dignidad, que lo devuelvan todo, hasta el último céntimo, y que pidan perdón. Y tras hacerlo, si son capaces, que se vayan sin dejar rastro y para siempre. No los queremos más ni a nuestro lado ni en nuestro país.

Observo, tras cinco años escribiendo artículos vinculados a la crisis, que me resultará muy complicado mi deseo de recoger parte de lo dicho y transformarlo en un libro. Especialmente porque, estando las cosas como están, no acabaremos de protestar en años y seguiré escribiendo sobre el mismo tema en muchas más ocasiones. Lo que más me decepciona no es el retraso que pueda sufrir mi deseo de hacer el libro sino que la culpa la tengan ciertos personajes públicos que se creen los dueños de un país que ni los quiere ni los desea.

Como dice Risto a todos ellos, y lo suscribo: Seguid creyendo que no pasará nada porque así quedará menos para que pase.

Ángel Juárez Almendros

Presidente de Mare Terra Fundación Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra.

No calléis vuestras palabras

Hay que dar a la mente nuevos espacios para abrirno al mundo.

Hay que dar a la mente nuevos espacios para abrirnos al mundo.

Los gurús de los números se atrevieron a aventurar la crisis económica pero jamás adivinaron la otra crisis, que nos acecha y es peor aún que la primera, que nos lleva a la deriva moralmente: la crisis de valores.

Ésta no llega sola. Con el cambio de ciclo que se está produciendo en toda la sociedad y que ha reubicado a las personas en sus clases sociales, agrandando la brecha entre la clase baja y la alta para despedazar a la media, vemos escenas jamás pensadas hace tan solo cuatro o cinco años.

Las zonas de restaurantes siempre concurridas antes de la crisis están ahora vacías mientras los mercadillos ambulantes donde se vende ropa y comida, y que antes parecían lugar de encuentro para gente de bajo poder adquisitivo, son ahora las plazas más concurridas por la gran mayoría de la población. En el centro de las ciudades los comercios tradicionales mantienen a parte de sus plantillas de trabajadores que atienden, todos a la vez y con la máxima simpatía, a los clientes que cruzan la puerta dispuestos a gastarse la mitad de la mitad de lo que antes era normal.

Y estas situaciones, vividas tanto por quien vende como para quien compra, porqué ambos sufren la crisis, me lleva a recordar la palabras de Jaime Gil de Biedma en su poema “De vita beata” que empieza hablando de un país ineficiente y acaba anhelando vivir como un noble arruinado entre las ruinas de su inteligencia.

Transportadas las palabras del poeta al contexto actual todo está muy claro bajo mi punto de vista. Debemos enriquecer nuestra mente y nutrir nuestro espíritu ante la pobreza de lo material que no nos debe ahogar como personas. Y por eso es necesario crear, alimentarnos leyendo e intentar ahuyentar las malas sensaciones escribiendo como terapia, escuchando música, paseando por la naturaleza y viviéndola, desconectando de muchas formas. Yo lo hago desde hace mucho tiempo y me funciona, me sirve y me alivia en muchos momentos.

El ejercicio de soltarse, desnudarse y compartir no es fácil pero os garantizo que da muchas satisfacciones. Las primeras a nivel personal porqué compruebas tus capacidades de reflexión. Y después porqué te das cuenta que tus palabras y tu valentía de compartirlas se traducen en un mensaje que otras muchas personas que te leen acaban compartiendo al coincidir con él. Sé que en nuestra actual sociedad, cada vez más insolidaria, es cada vez más difícil que las personas mostremos por fuera aquello que sentimos por dentro pero soy de los que piensa que hay que darse más libertades personales antes de autocensurarnos. No me sirven las excusas de las persones que no quieren escribir porqué creen que lo hacen mal o por el miedo a que otros se rían de ellos. Quiero que volvamos todos a aquellos tiempos de adolescencia donde llenábamos nuestros diarios personales pero que ahora compartamos lo que pensamos desde la madurez de los años.

Hay que ser siempre valientes y atrevernos a decir las cosas como nos salgan. No importa si riman o no, si el lenguaje es el menos adecuado, siempre que nuestras palabras salgan del corazón. Estos días he visto como algunas personas cercanas me mostraban sus poemas que hasta ahora guardaban con mucho secretismo y no compartían con nadie. Y sus palabras me han llegado, me han conmovido por su sinceridad, provocando que les haya reclamado en voz alta que compartan sus pensamientos con el mundo.

Sí. Es cierto como decía antes que uno se desnuda cuando escribe pero no debe temer a nada ante la posibilidad de compartirlo por qué os aseguro que muchas personas que leerán lo que escriben, acabaran compartiéndolo. Escribid todos lo que tenéis dentro, haced esa terapia personal tan urgente y necesaria, dejad a un lado las debilidades y los miedos, las vergüenzas y el pánico al miedo escénico. Aplicad la coherencia moral con vosotros mismos y lanzaos a ese vacío que se acabará llenando de palabras e ideas compartidas. Como dijo el gran Cela en su momento: para escribir sólo hay que tener algo que decir.

¿Os vais a quedar callados?

Ángel Juárez Almendros

Presidente de la Red Internacional de Escritores por la Tierra y de Mare Terra Fundación Mediterrània.

Integración SI… ¿pero cómo?

inmerSiempre he tenido claro que hay que apostar por la integración social, cultural y lingüística de todas aquellas personas que llegan a Catalunya para empezar una nueva etapa en su vida, dejando atrás en muchos casos sus países y a sus familias, por la necesidad de buscar nuevas oportunidades.

A las personas que llegan y desconocen nuestra lengua, nuestra cultura y tradiciones hay que echarles una mano siempre y entender sus necesidades para conseguir adaptarnos a ellas de la misma manera que les exigiremos en su momento que ellas se adapten a nuestro día a día. Como persona que lleva toda la vida dedicada al mundo de las entidades vecinales y sociales, comprometida activamente en el ámbito de la cooperación, y siempre de manera altruista, entiendo las sensaciones de estas personas recién llegadas que en Catalunya se pasaron a llamar hace no muchos años “nous catalans” o sea, nuevos catalanes.

Cuando fundamos la Coordinadora de Entidades de las Comarcas de Tarragona que tengo el privilegio de presidir, empezamos a dar cabida a todos los colectivos que creían, y siguen creyendo, en nuestros objetivos que pasan por la igualdad social en todos sus aspectos. Y esta plataforma no ha parado de crecer, sumando ahora casi a setenta entidades, y atendiendo a muchos colectivos de inmigrantes que han encontrado en esta coordinadora su casa y su espacio de lucha por los derechos de las personas, los mismos nuevos catalanes que decía antes, a las que representan.

La paradoja llega, en este caso concreto que os hablo, cuando haces el esfuerzo de ir más allá en bien de la comunidad y solicitas realizar clases de catalán  para estas personas que necesitan integrarse. Realizas las llamadas correspondientes para llevar a cabo los cursos, haces el seguimiento del tema, asistes a reuniones a las que te convocan y finalmente recibes el SI, el visto bueno para hacer los cursos. Y la sorpresa llega cuando te dan los detalles del proyecto.

Un curso de 120 horas por alumno de las cuales la mitad servirán para que aprenda catalán y la otra mitad para prácticas de voluntariado. Un sueldo de 2.500 euros para el profesor que cobrará en dos partes, la mitad cuando empieza el curso y la otra cuando se acabe. Y todas las gestiones: la búsqueda de alumnos y la de profesor o la realización de una extensa y costosa memoria van a cargo de quien pide acoger los cursos, en este caso nosotros, que además tienen que poner el local para las clases, el mobiliario, la luz y alguien de personal si cabe.

Lejos de facilitarte las gestiones para que ayudes a integrarse a las personas, te sumergen en un túnel de papeleos y gestiones caótico donde llegas a la conclusión que, si esto es facilitar la integración, que baje Dios y lo vea.

Si cada colectivo o entidad que tiende su mano para ayudar a la sociedad tiene que ser sometido a estas trabas burocráticas y papeleos y pérdidas de tiempo a cambio de nada, ¿Cómo quieren incrementar el proceso de integración? ¿Cómo esperan que la sociedad que quiere trabajar en estos procesos ayude si todo son problemas? ¿Por qué no intentan poner más de su parte y sumar en lugar de restar?

Sigo sin entenderlo. Parece que no quieran ciertos procesos de integración. Da la sensación que el catalán no llegue a más personas porque las mismas administraciones que deberían potenciar su uso son las primeras en desacelerar un proceso que pide a gritos la aceleración, la potenciación, un futuro mucho más claro.

 Ángel Juárez Almendros

Presidente de la Coordinadora de Entidades de las Comarcas de Tarragona y de Mare Terra Fundación Mediterrània.

En breve se presentará el libro “La vía de la izquierda” donde he tenido el placer de colaborar

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Ante la crisis actual y con el objetivo de analizarla a fondo, teniendo como punto de partida la evolución sociopolítica y económica de España en la época de transición y democracia, y buscando alternativas, Aconcagua Libros ha publicado “La vía de la izquierda”, una obra que recoge opiniones y análisis de siete personas que tenemos en común el hecho de trabajar en el terreno de la igualdad, la política o la sociedad.

He tenido el placer de ser uno de los invitados a dar su opinión sobre un tema que, como ya sabéis aquellos que seguís mis artículos de opinión y conocéis mis inquietudes, me preocupa enormemente. El estatus social de muchas personas se ha perdido completamente y la pobreza se adueña cada día de muchas familias. Tras cada uno de los problemas y desastres hay culpables y no son otros que ciertas entidades bancarias y todos aquellos representantes políticos que no hacen nada para aportar soluciones y, en otros casos, abusan del cargo para ser corruptos.

Los invitados a este libro hemos analizado en nuestros escritos los elementos que rodean la crisis y hemos tratado de dar salida al momento actual aportando nuestro pequeño grano de arena. Quizás no es suficiente para cambiar nada pero si es lo mínimo que podemos hacer las personas comprometidas con este planeta y sus pueblos para acabar con las desigualdades sociales, económicas y en otros muchos ámbitos.

Este libro, coordinado por Josu Gómez Barrutia, ha contado también con las aportaciones de los compañeros Juan José Téllez, Odón Elorza, Juan Antonio Molina, Luís Salvador, Amanda Acedo Suberbiola y Joaquín Dobladez. Es un autentico placer poder compartir con ellos la oportunidad de decir las cosas tal como son y de la manera que las pensamos, con la libertad como bandera y la palabra como única arma.

El libro se presentará en diferentes ciudades españolas y pretende ser una obra de reflexión y consulta para el lector pero también se intenta que haga reflexionar a los estamentos de poder del país y que se apliquen algunas de las muchas formulas que se plantean para acabar con la crisis. Os mantendré informados.

 

Con derecho al pataleo, obligados al rebote

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No intento en este artículo hacer apología de nada pero me creo en el deber de seguir denunciando lo que considero un acto cercano al terrorismo de estado. Uno se amedrenta ante los problemas que nos tocan vivir a todos por la condenada crisis que unos crearon, los mismos que la acabaran cuando consideren, y que nos tiene a todos ahogados, ninguneados y al borde del abismo.

En nuestro país salen cada día a luz pública casos de corrupción política pero jamás conocemos ningún nombre de un corrupto que sea juzgado y encarcelado por sus fraudes, por el derroche del dinero público al que estamos sometidos de manera constante. En nuestro país hay quienes choricean a su libre albedrio y después estamos los otros que tenemos dos opciones: callar o seguir quejándonos.

Pero tengo la amarga sensación que aún quejándonos, la clase política se chotea de nosotros y pasa de nuestras protestas. Se creen generosos dejándonos salir a la calle por nuestro derecho al pataleo pero violan constantemente los otros derechos que tenemos y deberían ser fundamentales. Si la gente no tiene trabajo o pierde la casa les importa bien poco porqué ellos a final de mes se reparten el pastel con sueldos insultantes y mantienen la cara bien alta.

Algunos colectivos, como el de sanidad, han cambiado la forma de protestar llevando a la calle su realidad aplicando el humor o el folklore. Y ni así, llamando más la atención, han conseguido que nada haya cambiado. Llegas a pensar que no les importan las formas en que el pueblo se movilice puesto que ellos viven realmente aislados de la realidad de los ciudadanos. Salir a la calle haciéndonos ver con danzas es simple poesía que no resuelve esta novela negra que están escribiendo nuestros representantes políticos y en la que nos ha tocado el papel de cadáver.

Y lentamente se va incrementando la crispación social y se calientan los ánimos de las miles de personas y familias que sufren la nefastas consecuencias de la gestión de unas personas que a final de mes se lo llevan calentito y viven sin problemas, que tienen dinero para dietas y alojamientos, que cobran del estado, del dinero que es del pueblo, diez o veinte veces más que lo que perciben las personas que aun tienen la suerte de tener la ayuda de los 400 euros.

Si esto no para pronto preveo una revolución social sin precedentes y usando formas nada ortodoxas para conseguir el cambio. Si a las buenas no se les ha hecho entender a nuestros políticos que estamos hartos, ¿Cómo quieren que el pueblo les saque la venda de los ojos para que vean la realidad y pongan solución a este caos?

Si ellos no nos respetan, ¿por qué hay que respetarlos a ellos o temerles? ¿Por qué debemos aguantar más esta opresión a las que nos sometemos de manera voluntaria como sociedad? Hay que demostrar nuestro rebote sea como sea pero me temo que al final se perderán las formas y entraremos en un ciclo que no nos conviene aunque también creo que sea necesario.

Seguiré pensando que hay que cambiar, dar un giro al modo de protestar siempre desde el máximo respeto pero con el mensaje bien claro. Lo que también sé es que la paciencia tiene un límite y la cara dura de algunos no tiene fronteras. Por lo que más queremos, apliquemos la inteligencia y unámonos todos para derrocar a los que abusan del sistema. Somos humanos, que no nos vejen más!.

Ángel Juárez Almendros

Presidente de Mare Terra Fundación Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra.

Oriente y Occidente

Llevo muchos días pensando con mucha preocupación en el conflicto de los países de Oriente porqué veo que tiene una solución que a simple vista es sencilla pero que realmente se vuelve compleja tras analizarlo todo con detenimiento.

El gobierno de turno de Israel monta una guerra que, dependiendo del momento, toca directamente Palestina, al Líbano o aquel otro país que se tercie por uno u otro motivo. Las imágenes que nos llegan, independientemente del país con quien se pelea Israel, se nos repiten y son de puro drama y tragedia. La población civil, y entre ellos miles de niños, perecen ante la mirada de las cámaras que nos muestran sus cuerpos sin vida a diario.

El espectáculo es dantesco pero lamentablemente tan cotidiano que nuestros ojos se han habituado a él aunque nuestra mente y nuestra alma no permitan, por más que se repitan las escenas, que veamos más sangre y dolor.

Y a lo dantesco su une la realidad que causa estas tragedias y que tiene un nombre para pronunciar alto y claro: intereses. Porqué detrás de cada guerra hay intereses económicos, estratégicos y armamentísticos. Solo en Estados Unidos, país que conoce bien los conflictos de Oriente Medio por haber participado en ellos, el 70 por ciento del presupuesto militar se gasta en armas de guerra porqué la industria armamentística es la primera interesada en que no cesen los conflictos donde se matan personas inocentes con los productos que esta industria fabrica.

Y donde no se mata también hacen falta militares equipados. En el terreno de la protección y la seguridad, en aquellas zonas donde se envían cascos azules u otros soldados para proteger a la población, se destinan más tropas de las que serian necesarias. Cuantos más tropas destinadas, más material hay que comprar y más ganan las industrias de las armas y los gobiernos. En muchos países los gobiernos contratan a empresas privadas de seguridad y a través de ellas se puede alimentar el negocio de muchas industrias multinacionales en un sector que, en muchos casos los mismos gobiernos, pretenden privatizar.

La población civil que perece en los conflictos no les importa en absoluto. Para ellos no son seres humanos, son parte del trato que alimenta a quienes reciben los contratos y a los que lo conceden. Todo queda en casa y los muertos son moneda de cambio que se ofrece ante una sociedad, la nuestra, que desconoce en gran parte el problema y no puede hacer nada para acabar con él.

No se condena a los gobernantes que permiten, dando las ordenes de atacar y masacrar, ni a los que trafican con las armas de manera ilegal o las sirve con contratos en regla, documentos comisionados firmados con sangre de inocentes.

El mundo que habitamos es tan cruel que debemos conformarnos con las crónicas de corresponsales de guerra,  sesgadas por la complicación que tienen en conseguirlas o prohibidas por muchos gobiernos, mientras las naciones de Oriente navegan sin rumbo al futuro y retroceden gracias a las ayudas de un Occidente que sabe sus necesidades y las alimenta.

Las bombas caídas y las balas disparadas en Oriente tiene sello de fábrica de Occidente. Es la fragmentación de estos dos mundos separados por un mismo Dios que he comentado en diversas ocasiones. Ese mundo que no quiero para los que tengo cerca de mi cada día y que me imponen por intereses donde la muerte huele a dinero y las manos de muchos empresarios y mandatarios se han enrojecido sin parar.

Hay que poner rumbo a la paz acabando sin violencia con las armas que unos pagan y otros usan. No me pidáis que os dé la solución, no la tengo. Pero si sé que seguiré denunciando este grave problema porque amo la vida y amo mi entorno. No denunciarlo es no demostrar amor por ella, vivir muriendo o girar la vista ante unas muertes que podemos evitar.

Ángel Juárez Almendros

Presidente de la Red Internacional de Escritores por la Tierra