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El culo del mundo

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Sirva este titular de resumen al artículo que ahora empiezo y que tiene como protagonistas a los ciudadanos de Tarragona y al resto de nuestro planeta. Porque una cosa es que esta provincia, Tarragona, se haya convertido en el vertedero donde las empresas deciden emplazar, con el permiso de los gobiernos de turno, todas aquellas instalaciones, infraestructuras, plantas de producción y fabricas que pueden ser peligrosas y que en otras partes de este país nadie quiere.

Y otra, muy diferente, es que tengamos que ser siempre los ciudadanos solidarios, por no llamarnos tontos, que dicen amén a todo y se comen todos los marrones. Históricamente ya hemos cumplido el cupo de solidaridad acogiendo cerca de nuestras casas tres centrales nucleares, el segundo mayor polígono petroquímico de Europa, refinerías, oleoductos y gaseoductos, plantas de incineración, extracciones petrolíferas, un puerto industrial de primer orden y otras muchas actividades que en algunos casos son nocivas para la salud.

Ha sido inevitable, aun teniendo parte de la población en contra y a entidades ecologistas como la que presido argumentando un NO rotundo, que nos hayan puesto delante de nuestras narices la porquería que otros no deseaban. Pero al final el territorio ha dicho BASTA. Quizás aplicando refrán que die “tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe”, esta vez la oposición ante otra posible imposición ya ha salido de aquí antes que movieran ficha allá, en Madrid o en Barcelona que es donde se limpian las manos para ensuciar la cara de los demás.

Ante la posibilidad que llegasen a Tarragona los residuos químicos procedentes de Siria, en forma de gas sarín y gas mostaza, todo el territorio se movilizó para poner punto y final a este sistema de abusos e imposiciones y decir NO a este nuevo episodio. Y antes que el gobierno de Madrid advirtiese que estos residuos no llegarían a Tarragona, por primera vez, ya sabían que jamás hubiésemos permitido su llegada. Mediterrània-CIE, entidad ecologista que presido junto a 70 entidades más, es la única representante de la sociedad civil que forma parte de la comisión de información de la empresa GRECAT, la que pidió información sobre el tratamiento de los residuos sirios. A ella le pedimos información y un posicionamiento claro: los residuos que se los queden en Siria o los envíen donde quieran pero que estén lejos de Tarragona.

El mensaje que os comentaba antes, el de rechazo de toda la sociedad civil y clase política local que se ha hecho llegar a Madrid, ha servido de momento para que sepan que no pueden hacer lo que les de la gana. Saben que todos estos años hemos ido asumiendo el rol de convertirnos en la cloaca de Catalunya o, como titulo este articulo, el culo del mundo. Se ha ido aceptando lo que decidían empresas y gobiernos y cada vez que se ha pedido alguna cosa se nos ha negado. Y así hemos llegado a nuestro estatus del presente donde vamos sobrados de instalaciones potencialmente peligrosas y huérfanos de buenas carreteras, una red ferroviaria decente y un recibo de la luz acorde con los esfuerzos realizados por producir un 70 por ciento de la energía generada en Catalunya. Aquí la generamos y aquí la pagamos tan cara como en cualquier otra parte del estado. Ni tan solo esta contraprestación tenemos.

Hay que empezar a actuar, desde nuestro propio territorio, para conseguir equilibrar esta balanza. Si tenemos que ser el culo del mundo que se nos dé a cambio aquello que pedimos para mejorar nuestro bienestar. Si soportamos los peligros a diario, que se nos escuche y se nos cuide. Y recordad… bona fides contraria est fraudi et dolo (la buena fe es contraria al fraude y al engaño).

Ángel Juárez Almendros

Presidente de Mare Terra Fundación Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra.

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El mundo empieza en Etiopia, en Tarragona, en la esquina

Imágenes del embalse de Wukro. El agua llegará a la población.

Escribo este artículo desde Addis Abeba, capital de Etiopia y ciudad donde conviven más de 80 nacionalidades y lenguas. Cristianos, musulmanes y judíos comparten sus vidas en este espacio tan necesitado del continente africano donde la cooperación para el desarrollo es urgente y vital.

He llegado hasta aquí con la expedición organizada por el Centre d’Iniciatives Solidaries y su presidente, al amigo Ángel Pujol. La formamos muchas personas, de diferentes ámbitos, que tenemos en común la creencia en un mundo más justo, más sostenible y más solidario. La tarea realizada en Etiopia por la entidad que os comentaba es imprescindible. Actúa especialmente en la zona de Wukro en colaboración del misionero Ángel Olarán y ha realizado muchos proyectos que estos días estamos visitando.

Sin duda alguna el momento más importante de este viaje ha sido la inauguración del embalse que la Fundación Lleida Solidària ha construido en esta ciudad, Wukro, y que recogerá el agua de las lluvias torrenciales que asolan la región durante unos pocos meses al año y que se utilizarán para poder cultivar todo el año y también para el consumo de boca.

Más de mil personas han trabajado intensamente en la construcción de este embalse que ya está lleno de agua porqué a la que se ha transportado estas últimas semanas con camiones cisterna hay que sumarle la de la lluvia que estos días cae con frecuencia en estas tierras donde lo más normal es vivir con sequía.

Unas quinientas personas, sumando a los habitantes de la ciudad y a las autoridades locales o a los invitados llegados de otros países, como es mi caso, hemos vivido este gran momento. Es un paso muy importante para estas tierras que, de paso, permite abrir un pequeño debate sobre necesidades y coberturas.

Porqué es en este punto cuando se plantea de nuevo el porqué del desequilibrio económico y social que sufre nuestro planeta. Los países más ricos viven de espaldas a las realidades de los más pobres y eso que las necesidades de estos, los más necesitados, se colmarían con una ínfima parte de lo que gastan los estados más ricos. En una parte del planeta se desperdicia el agua de manera aberrante y en la otra parte la gente se muere porqué no tiene qué beber. Si, ya sé que suena a tópico y a frase repetitiva pero además es la pura realidad.

El desarrollo de unas tierras como las etíopes empieza con una acción tan sencilla como el uso de un bien escaso y primordial como el agua. Todo lo otro irá llegando pero sin agua no hay vida y se producen muchas enfermedades que se multiplican hasta llegar a ser epidemias enteras que azotan a poblaciones enteras.

Aquello que cito en ocasiones, que hay dos mundos separados por un mismo Dios, se transformar aquí en algo real y tangible. Pero lejos de ahondar más en el drama real de estas gentes debo romper una lanza a favor de esta entidad que, desde tierras leridanas, ayuda al tercer mundo. Las personas que hemos tenido el placer de trabajar en el campo de la cooperación, en mi caso en Latinoamérica, sabemos hasta qué punto es importante la existencia de las oenegés. Donde hay un latido del corazón debe haber una mano al lado, donde se necesita se debe estar.

No es por compromiso especial, es personal. No es por sentirse mejor con uno mismo, es por conseguir que el otro se siente mejor con tu ayuda. No se trata de convertirse en símbolo de nadie sino de buscar en cada persona a quien puedes ayudar tu propio símbolo y elemento de partida para seguir ayudando a otros muchos más.

Felicito desde aquí al padre Ángel Olarán, al amigo Ángel Pujol, a todos los que han hecho realidad el proyecto del embalse de Wukro u otras acciones sociales en la zona y a los que han colaborado sin otra intención que la de conseguir un mundo más justo y solidario.

Con la cabeza, con el corazón

No se trata de vivir, como decía Gil de Biedma, en las ruinas de nuestra inteligencia. Se trata de vivir con el corazón y ahora que se ha demostrado que el corazón piensa y tiene su cerebro entiendo más mi forma de ser y mis acciones que, por otra parte, he tenido siempre claras.

Siempre ha aplicado el razonamiento para tomar decisiones, para vivir emociones y para intentar entender todas las opiniones y reacciones. Quizás por eso de pensar con el corazón, y por supuesto también con la cabeza, puedo estar contento de sentirme a gusto, y necesitarlo, rodeándome de un equipo humano que ahora, en tiempos donde los dineros no abundan y se demuestra el movimiento andando, toca aplicar imaginación y tirar del otro capital, el capital humano.

Ante la obligación de seguir haciendo llegar el mensaje de que otro mundo es posible, ese mismo que siempre he defendido y que trata de ser más justo y más solidario, saber explicar las ideas y los proyectos, y sobre todo transmitirlos, es mucho más útil y genera mejores resultados.

La cooperación, campo donde llevo trabajando muchos años, se basa precisamente en la proyección de necesidades que se solucionan contando con los que las sufren y los que las intentan remediar. La solidaridad es ese mismo concepto, alguien a quien le falta y otro alguien que puede y sabe dar.

Otro ejemplo claro lo encuentro en el medio ambiente. Se mantiene el planeta si hay ciudadanos preocupados y motivados que se unen para paliar, con unión y un solo enfoque, agravios y problemas. De ahí lo que comento que es importante pensar con la cabeza pero actuando con el corazón que es quien nos dicta nuestros movimientos y marca nuestra sinceridad.

Hace pocos días, en la clausura de las jornadas científicas de Mediterrània, pensaba en todo esto. Tras veinte años de trabajo intenso e incesante te das cuenta que el espíritu con el que nació esta actividad, con el simple objetivo de concienciar y formar, se ha mantenido. Comentaba en mi discurso ante el público que en estas dos décadas han pasado por las jornadas más de tres mil alumnos y más de cuatrocientos ponentes, y que hemos atendido a más de veinte mil alumnos en las actividades de educación ambiental. También recordé que han pasado muchos políticos y representantes de instituciones. Han cambiado las caras pero no la esencia ni el marco que no es otro que la propia semana dedicada a la concienciación que os comentaba.

Nos apoyamos en los otros y estos otros se apoyan en nosotros. Es el tándem o grupo humano el que lo impulsa todo pero para ello hay que creer con el corazón que lo que quieres lo consigues. ¡Qué grande y maravilloso saber que no estaba equivocado y que el corazón tiene su cerebro!

Os propongo a todos y todas ese sano ejercicio de escucharlo y actuar con él. Vamos a dar vida a quien nos la da a nosotros, a contar con sus razonamientos. Vamos a ser más humanos. Si todos lo intentamos seguro que se logra ese mundo mejor que siempre hemos necesitado y por el cual debemos luchar. Con la cabeza, con el corazón.

 

El Duque de Palma y el trabajo real de las oenegés

Siempre me he proclamado republicano. No creo en las monarquías ya que no son elegidas democráticamente por el pueblo. Pero a cada uno lo suyo. Al mismo tiempo he reconocido el gran papel que tuvo nuestro rey en el proceso post franquista y en la instauración de la democracia además de destacar su labor como embajador de nuestro país en el mundo entero.

Y cómo a cada uno le toca lo suyo corresponde hablar, a raíz del caso de Iñaki Urdangarin, del papel que realizamos las ong y las fundaciones en este país para evitar que se generalice y que, por culpa de unos, se manche la imagen de todos. La labor que realizamos estas entidades, casi siempre sin ánimo de lucro, es vital para ayudar a equilibrar este mundo tan descompensado social y económicamente.

Los proyectos en países pobres son realidad gracias a las ong que los impulsan, al trabajo de fundaciones y a la tarea de campo y presencia, siempre incansable, de los voluntarios y cooperantes. A menudo se corren riesgos y en algunos casos ayudar se traduce en perder la vida. La lista de cooperantes asesinados estos últimos años, por no hablar de la de secuestrados, es demasiado larga.

Mucho precio se paga por la voluntad de ser humano y trabajar para los demás para acabar siendo moneda de cambio político entre los que secuestran para negociar con los gobiernos. Es injusto pero es así y se asume tal y como funciona el sistema. Lo que no se puede admitir es que personas como Iñaki Urdangarin manchen la imagen del trabajo hecho para enriquecerse en nombre propio gracias a ayudas que muchas de las ong y fundaciones desearíamos para aprovechar en proyectos solidarios.

Tener acceso directo a estas subvenciones cuando uno tiene el nombre adecuado y el contacto ideal para conseguir mayores ayudas forma parte del sistema, totalmente alterado, al cual estamos sometidos. Mueven dinero que no llega a ningún lugar o, mejor dicho, llega a sus paraísos fiscales para acabar siendo malgastado.

Dejando el presunto delito cometido, y sus efectos a la justicia que ha hablará en su momento, debo decir que esto no ayuda en nada a seguir trabajando. Muchos han tirado la toalla al no poder llevar a cabo la labor de su ong. Otros hemos estado a punto de tirarla y aguantamos haciendo malabarismos para llegar al siguiente año en condiciones pero nos quemamos aun más al ver que no podemos competir con ciertos mercenarios que trafican con dinero destinado a los sentimientos de personas que lo pasan mal y necesitan ayuda.

En nombre de los miles de cooperantes y voluntarios, de las personas que trabajamos en silencio para mejorar una situación compleja, gracias por hacer posible vuestra labor y no os desaniméis y colguéis la toalla. A los que confiáis en la labor de las ong y de las fundaciones os hago otro llamamiento muy importante: que no se estigmatice a nadie y que se siga dando apoyo cómo se ha hecho hasta ahora. Hay que ser inteligentes pero sobretodo humanos y conscientes que la labor que hacemos es necesaria. No paguemos todos en nombre de unos pocos o, como dice la frase y os la dedico personalmente, que el árbol no te impida ver el bosque. Hay mucho por hacer, demasiado para abandonar.

Un discurso sincero y real

Permitidme que os acerque el discurso que pronuncié el pasado viernes en la entrega de los Premios Ones Mediterrània. Fueron unas palabras sinceras y alejadas del típico mensaje donde se promulga todo como bonito y se arrinconan realidades menos agradables. Fue, en resumen, un discurso sincero. Espero que os guste.

Autoridades presentes, amigos y amigas, gracias por estar hoy aquí.

Esta edición de los Premis Ones me sirve para hacer balance de este acontecimiento anual que iniciamos hace ahora diecisiete años y que hemos mantenido al margen de buenos o malos momentos a nivel económico o social. Hablando en cifras, los Reconocimientos Ones han premiado hasta hoy a más de 250 personas, entidades y colectivos. Su tarea en pro del medio ambiente, la cooperación y la solidaridad ha sido aplaudida por las más de 5.000 personas que han congregado las diferentes ediciones de este acto que tiene como costumbre reunir a la sociedad civil y política.

Mañana se constituyen los nuevos ayuntamientos y se forman los nuevos gobiernos para los próximos cuatro años. A algunos de los políticos aquí presentes les podemos ya dar la enhorabuena por su continuidad en sus cargos. Si de una cosa estoy seguro es que durante estos diecisiete años es que hemos visto pasar muchos gobiernos de todos los colores, nuevos alcaldes y equipo de gestión con los cuales siempre nos hemos llevado bien. Pasan los cargos pero quedan las personas y mantenemos la amistad que es lo más importante.

Hoy os podría hablar de muchos temas de impacto mundial pero no lo pienso hacer. Podría hablaros del desastre ecológico del Japón por los terremotos de los últimos meses, de la tragedia que aún se vive en las centrales nucleares de ese país, de otro país devastado por los terremotos y que sigue hundido en la miseria, Haití.

Podría hablar de la crisis, de los valores que se pierden y que hacen que este mundo sea cada vez más frio y menos humano, de la crisis de esos valores y del valor de estar en crisis económica para comprobar cómo todo vuelve a su lugar tras años de una vida de ciencia ficción.

Podría también centrar mi discurso hablando de la vejación a la que sometemos a diario a este planeta que, lo digo una vez más, no es nuestro. La tierra no es de nadie!

Creo que debo hablaros, de forma breve y concisa, del cambio que necesita nuestra sociedad para afrontar el futuro con cierta esperanza. Si seguimos así acabaremos con todo en pocas décadas y seremos incapaces de dejar a nuestros jóvenes una tierra en condiciones. Las políticas actuales ya han provocado que estén condenados a envejecer con sus padres ante la incapacidad de encontrar trabajo y, por consiguiente, tener el sustento económico suficiente para emanciparse e iniciar una vida propia.

Los estamos condenando al fracaso por culpa de nuestra ineptitud como seres humanos, por haber generado dos mundos donde, o se vive en plena riqueza, o se mastica el amargo sabor de la pobreza y la escasez de los más básico y elemental. No hay que matar la esperanza porque cuando uno no tiene alicientes para seguir adelante, acaba siendo condenado, enterrado, en vida.

Hay tiempo para hacer el giro necesario pero hay que hacerlo ya. Hay que buscar los procesos que nos permitan conseguir los equilibrios necesarios, menos para unos cuantos y más para todos, equidad para erradicar las desventajas. Hay motivos para considerarse indignados pero también es cierto que la clase política no será la solución a nuestras demandas como tampoco ha sido la única culpable del momento actual. La salida en masa de gente protestando por las calles, dejando aparte las formas y centrándonos en el contenido, es una bocanada de aire fresco, una evidencia que nuestra sociedad no ha muerto.

Apostemos por ese giro, por el cambio, por la sencillez y por un futuro abierto a todos los que habitamos el planeta tierra y en nombre de los que lo habitaran en generaciones venideras.

La tierra no es de nadie

Con este artículo no quiero dar una lluvia de cifras relacionadas con las muertes que produce el hambre, la sed y todas las enfermedades. Tampoco pretendo ahondar demasiado en el cambio climático, el calentamiento global o la contaminación pero sí que quiero recordar que al paso que vamos, nos vamos a cargar el planeta en cuatro días.
La tierra no es de nadie, nosotros somos parte de ella. Algunos no lo saben y por eso suceden desastres como el del Golfo de México donde la multinacional BP ha perforado las entrañas de nuestro planeta ante la pasividad de aquellos, llamémosles golfos, que mueven los hilos a sus antojos y conveniencias.
Por culpa de las aberraciones a las que sometemos a este planeta, el nos paga con la misma moneda. Nos suprime primaveras y nos regala terremotos, maremotos y huracanes, como el Agatha que tanto ha afectado a Guatemala, Honduras y otros países. Estos desastres no vienen solos. Son frutos de nuestro mal trato.
El concepto de solidaridad, aplicado a la sociedad, debe ser ahora nuestro trabajo diario. Creo recordar que España es el cuarto país más solidario de Europa y uno de los primeros en todo el mundo. Eso nos debe hacer sentir satisfechos pero también reflexionar del “porque hay que ayudar tanto a otros países?”. No podemos seguir gastando tantas energías y dinero en proyectos sin denunciar del porqué tenemos que hacerlos. La mayoría de las veces ayudamos y colaboramos simplemente porque las malas artes de algunos llevan a esas situaciones donde la buena conciencia de los otros es necesaria.
Tenemos la obligación de denunciar y exigir que los proyectos futuros y aquellas actividades solidarias que nos afecten directamente se desarrollen sin acciones corruptas y fomenten la democratización de las zonas beneficiadas donde los ciudadanos receptores deben ver que las ayudas son realmente para ellos.
En muchos países, cuando se ven indicios de desarrollo o avances, llegan los gobernantes de turno que siempre suelen ocupar el poder no solo para enriquecerse y agrandar más su fortuna sino que además, y eso es lo más grave, consiguen que sus países no prosperen ni se democraticen. Muchos de ellos siguen inmersos en la corrupción y la misma corrupción se ha convertido en algo cotidiano y cultural, como si se tratase de un buen ejemplo.
En otras partes del mundo no se respetan ni los derechos humanos ni las ayudas internacionales. Las imágenes de Gaza y los resultados del bombardeo a los barcos de ayuda nos han hecho llorar a todos. No es posible admitir un mundo en estas condiciones, hay que cambiar las reglas del juego. La justicia debe triunfar para desenmascarar a los opresores, a los dictadores que gobiernan en dictadura y a otros que también son dictadores desde los gobiernos llamados democráticos.
Se debe imponer la fuerza de la palabra antes que la de las armas, los movimientos de presión y las decisiones que oprimen al pueblo para beneficiar al mandatario. He empezado y acabo hablando de la tierra. Todo lo que hagamos, hagámoslo pensando en ella, con la intención de cuidarla para evitar su fin que no es otro que el nuestro porque ella seguirá su curso. Ojalá llegue un día en que no haga falta hablar de ecologismo y cooperación como elementos necesarios para el equilibrio del planeta porque significaría que estamos en un mundo realmente equilibrado. Ojalá sea así aunque de momento esa palabra “ojalá” sea solo pura utopía.

Vicente i Martí, hasta siempre

Martí, con su mujer

Martí, con su mujer

Estos últimos días han sido tristes para mí. Nos han dejado dos grandes personas que han dedicado su vida a ayudar a los demás a cambio de nada. La primera perdida es la del humanista Vicente Ferrer quien ha pasado gran parte de su vida en la India trabajando para los más necesitados a través de su Fundación y con todas aquellas ayudas que esta generaba. Ferrer era un personaje excepcional, una persona incansable aun estando enfermo estos últimos años. No notaremos más su presencia física pero seguirá con nosotros su obra.  Su labor no ha sido en vano. Su esfuerzo se ha traducido en la mejora de las condiciones de vida de miles de habitantes de la India, los mismos que le han acompañado en su última despedida.

Este adiós de masas hacia la figura de Vicente Ferrer contrasta radicalmente con la soledad de la despedida de otro gran hombre, mi amigo Martí, que nos dejó hace muy pocos días. Asistí al Tanatorio Municipal de Tarragona con la cabeza llena de recuerdos de todo lo vivido con él y  me encontré únicamente son su familia. Como Vicente Ferrer, Martí dedicaba su tiempo en ayudar a los demás en aquellas causas donde siempre falta gente. Colaboró muy estrechamente conmigo en Mediterrània cuando celebrábamos la Trobada de Medi Ambient, lo podías ver en fiestas de barrio, en actos populares, colaborando con las colles castelleres o con otros colectivos donde siempre van bien un par de manos más. Martí se ha marchado tras una larga enfermedad y siendo aun muy joven. En nuestro mundo hacen falta muchos como el pero también es cierto que la sociedad no acaba de agradecer esta labor desinteresada cuando llega el momento. Martí vivió rodeado de gente de todas partes y esa misma gente no ha ido a darle el último adiós.  A veces me da la sensación que nuestra sociedad olvida demasiado rápido, tiene poca memoria cuando mas hay que tener y no premia los esfuerzos de personas que caminan por nuestro lado en silencio y haciendo el bien a todos aquellos que lo necesitan.

La vida pasa pero quedan los hechos y siempre recordaré a Martí por su amistad y entrega hacia aquellas actividades en las que colaboramos juntos. Gracias a él y a gente como Vicente Ferrer se demuestra que no existe mejor prueba del progreso de una civilización que la del progreso de la cooperación.

Me siguen gustando los caracoles

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Hace tiempo que sé que debo actualizar este blog.  Me lo pido a mí mismo y me lo recuerdan, otros me los exigen con amabilidad, mis amigos. No es por falta de ganas o interés. Es, sencillamente, culpa del tiempo. Mi día a día me limita cada vez más y escribir mis vivencias y experiencias en este espacio personal y compartido se me hace muy difícil.

Desde mi último escrito han pasado ya más de dos meses. Han sido dos meses muy intensos, llenos de retos y con mucha actividad. Hace pocos días entregábamos los Premis Ones Mediterrània en su decimoquinta edición. Este año nos enfrentábamos a muchos cambios como el de la ubicación del acto de entrega que, por primera vez, hemos realizado fuera de la ciudad de Tarragona. La Cantina de México de Port Aventura fue el escenario escogido para esta ocasión. La crisis también nos afectó de lleno. Este año no hemos podido dotar económicamente los premios pero estamos satisfechos de la respuesta de todos nuestros amigos que, representando a empresas, instituciones o administraciones, nos han acompañado. Éramos más de 300 personas y esto representa un nuevo éxito. También estoy muy satisfecho de la organización del acto en el que han colaborado nuevos miembros de nuestro equipo que han respondido sin problemas.

En esta edición de los Premis Ones hemos reconocido un año más la labor de aquellas personas y colectivos que trabajan por el medio ambiente, la cooperación o la solidaridad. Tener entre los reconocidos a amigos como Carlos Sanz y José Luis Gallego o reconocer el trabajo de Luís Miguel Domínguez, otro gran amigo, ha sido un placer. También quiero destacar el reconocimiento Premis Ones a Congo Lassané por su proyecto de colaboración con el Futbol Club Barcelona con el que consigue la integración social y formativa  de los niños más desfavorecidos.

Su presencia en la entrega de premios ha reforzado aún más la relación que teníamos Congo y la gente de Mediterrània. Es por eso que espero viajar antes que acabe el año a Burkina Faso para conocer de cerca el proyecto de Congo y ampliar nuestras relaciones.

Entrega del Premi Ones a Congo Lassané

Entrega del Premi Ones a Congo Lassané

A parte de los Premis Ones, estos dos meses de ausencia en este blog me han servido para continuar con la labor de la Coordinadora d’Entitats del Camp de Tarragona, entidad que presido y que crece constantemente. Ya forman parte de ella casi treinta entidades y eso la convierte en la plataforma asociativa más activa y con más repercusión del Camp de Tarragona. Nuestra labor es también de integración como lo demuestra la gran presencia de asociaciones de inmigrantes a quienes recibimos con los brazos abiertos. Sabemos que la existencia de la Coordinadora puede molestar a algunos partidos políticos pero como creemos en nuestra utilidad y en los objetivos que nos marcamos en su momento, seguiremos existiendo. El vacio que nos hacen algunos medios de comunicación tampoco nos preocupa en ningún momento. Todo llegará porque el tiempo pone a cada uno en su lugar y nuestra transparencia y trabajo constante nos aportan tranquilidad para cumplir los futuros retos.

Escribo este post recién llegado de Marruecos donde hemos ayudado a una entidad llamada Entreayuda con una donación de ropa valorada en más de 30.000 euros. Mi presencia en el país vecino me ha servido para constatar la amabilidad y hospitalidad del pueblo marroquí. Estos días había elecciones locales y he comprobado como la implicación de las mujeres en estos comicios es cada vez mayor. Algo está cambiando en Marruecos. Se nota, se palpa y sé que pronto este cambio irá a más.

Foto con la candidata en las elecciones locales

Foto con la candidata en las elecciones locales

He regresado de Marruecos con ganas de explicaros todo lo dicho hasta ahora. Espero que los dos meses de ausencia en este blog no se repitan porque deseo escribir más a menudo aunque mantener una constancia me sea complicado. La foto que acompaña el post está hecha hace un par de días en Marruecos. Allí me he reencontrado con las buenas sensaciones de aquel lugar que tanto aprecio y donde puedo comer el mejor cuscús, degustar el inmejorable Tajin y comprobar que, pase lo que pase, me siguen gustando los caracoles.