Archivo de la etiqueta: twitter

Tertulias de café o debates de la red

Con el transcurso de los años, empujados por la vertiginosidad de los avances tecnológicos, hemos aprendido a convertir el concepto de sociabilidad, que antes tenía su esencia en tertulias de café y conversaciones a pie de calle, en la palabra lanzada a ese espacio exterior e inexplorado llamado red o Internet.

Las redes sociales como Facebook o Twitter, los correos electrónicos y los SMS de los móviles contienen en la actualidad las mismas palabras que hubiésemos pronunciado cara a cara en esos cafés o en las calles.  Y además con la capacidad de concretar y reducir el mensaje, obligados por los sistemas informáticos, haciendo llegar nuestras ideas, opiniones y pensamientos de la misma manera o similar.

Un ejemplo de todo lo que os digo lo encontramos cuando cumplimos años. Recibimos felicitaciones por todos los sistemas que antes os comentaba. Hace pocos días, en mi cumpleaños, recibí más de 600 correos, sms, y publicaciones en el muro del Facebook de todas aquellas personas que, en lenguaje facebookiano, se convierten en “amigos” con solo un clic del ratón.

Los sociólogos estarían encantados si pudiesen realizar un estudio a fondo de este fenómeno de masas. No hay que olvidar que hasta Dios, en su nombre el Vaticano, tiene Face. Y como todo Dios también lo tiene es ahí donde hay que mirar el porqué lo tienen y que uso le dan.

En Facebook hay de todo. Lo digo como persona que, sin ser sociólogo, se divierte viendo los movimientos que esta red social genera. Hay quien lo abre para buscar amigos de la escuela o del trabajo pero después están todos aquellos que son conscientes de las potencialidades de estar en esa red social para promocionar eventos o personas.

Un ejemplo claro lo tenemos en los políticos. Los partidos colocan a sus candidatos en estas redes, a muchos de ellos les ponen asesores que les escriben en su nombre, grupos de personas que comentan y alaban lo que estos publican y otros grupos que se encargan de buscar apoyos traducidos en más “amigos” o “contactos”. Si, querido lector, los políticos y los partidos crean capillitas y pequeñas sectas de seguidores dispuestos a todo.

Cuando hay elecciones el Facebook o el Twitter son un autentico carnaval de comentarios, semi-ataques camuflados a los rivales y propaganda de actos e inauguraciones. Nos inundan queramos o no dejándonos como única solución que pasemos de ellos o los eliminemos de nuestra lista de “amigos”.

Hay otros usuarios de las redes sociales que también quiero citar. Son los que se autoreprimen y jamás dicen su opinión sobre ningún tema de debate. Quizás por miedo a que les critiquen o quizás porqué no creen tener una opinión que genere debate. Son tímidos o a lo mejor cobardes. No soy quien para juzgarlos pero creo que hay que citarlos porqué, lo quieran o no, forman también parte de nuestra sociedad.

A todos ellos les dedico este artículo y les doy mis gracias más sinceras. A los que están porque quieren estar, a los que creen que deben estar, a los que les han dicho que estén, a los que están y no se les ve ni se les nota, a los que están demasiado y mucho. A todo ese ejercito de personas, ahora “amistades”, que cuando cumples años te dicen “felicidades” y creen en ellas o no.

Para acabar, y aquí me permitiréis que use un lenguaje cinematográfico recordando un par de películas, esto de las redes sociales tiene su función depende como se use. Porqué empieza bien y siendo como “La vida es bella” y puede acabar convirtiéndose en “Las amistades peligrosas”. Aunque si no queremos estar en las redes, y emulando a Humphrey Bogart en la eterna Casablanca: Siempre nos quedará… la tertulia de café y las palabras cara a cara.

Anuncios

Dios tiene Facebook

Recuerdo aquel anuncio donde una persona se preguntaba dónde ha ido el señor que nos servía la gasolina, el acomodador que nos guiaba por los oscuros pasillos del cine y tantos otros personajes del mundo laboral que, aun siendo reciente su desaparición, nos parecen elementos de un pasado muy lejano. Y tengo la respuesta. Los absorbió la red, esa que llamamos Internet y que ha pasado de ser un invento para unos pocos al modus vivendi de la gran mayoría.

Jamás un invento llego tan rápidamente y con tanta fuerza como la red de los internautas. Hace unas décadas los más ricos del pueblo tenían los primeros aparatos de radio, los primeros televisores y los primeros coches. Eran tiempos donde realmente se diferenciaban las clases sociales, tres por aquel entonces ya que hoy en día solo existen dos, y donde todo iba más lento y con menos envidias. Con la llegada del Internet y su meteórica implantación a nivel mundial todo ha cambiado. Quien no sabe manejar estas nuevas tecnologías está condenado al desahucio social independientemente de su clase y riqueza.

A través de la red, compramos y vendemos lo nuevo, subastamos lo viejo, gestionamos nuestras cuentas bancarias, leemos la prensa de todo el mundo, escuchamos radios de ondas muy lejanas, nos auto-medicamos, culturizamos, hablamos, hacemos amigos, debatimos y opinamos, apoyamos campañas y ponemos contra las cuerdas, en algunos casos, a aquellos que gobiernan y quieren imponer su fuerza sin más.

Las redes sociales nos han encadenado de tal forma que somos incapaces de creernos todo aquello que no nos llegue a través de las autopistas de la información.  Si lo dice Internet, palabra del Señor. Porque, queramos o no, Internet es nuestro Dios actual. Convertido casi en pandemia social que afecta a ocho de cada diez habitantes del planeta, el invento que nos parecía hace tres décadas algo inalcanzable e indomable, es nuestro día a día, el carpe diem forzado por una sociedad que ya no camina, corre veloz y no se para, marginando a los que no sigan su ritmo.

Es la misma sociedad que quiere estar informada de lo más cercano sin dejar su ámbito global, la información del resto de mundo. Los numerosos medios aparecidos en la red, traducidos en diario digitales de información, han ampliado el espectro mediático aportando más y mejor información pero, sobre todo, han puesto contra las cuerdas a aquellos medios que se permitían el lujo de vetar a los que querían y sin dilación. Con más medios operativos y especialmente los de la red, se acabó el monopolio de los caciques de la información y todos tenemos nuestro espacio. Nos informamos donde queremos y transmitimos lo que deseamos gracias a la marabunta social que nos invade para lo malo pero también para lo bueno.

El control de las masas mediante redes como el Facebook y el Twiter es una autentica evidencia estos días en los que hemos comprobado que los pasquines sindicales de épocas antidemocráticas repartidos desde lo prohibido y con trágicas consecuencias si los autores eran delatados o pillados in fraganti, se han convertido en un grupo de personas que se suman a una causa convocada desde un grupo social virtual que puede acabar derrocando gobiernos dictatoriales y caciques de lo internacional. Se ha visto en los conflictos de los países árabes donde la gente era citada a cierto día, lugar y hora mediante una protesta online nacida de esas redes sociales.

No seré yo quien critique a fondo las formas ni el sistema utilizado pero debo decir que me preocupa las dimensiones que toma esta invasión social internauta porque, por la rapidez de sus avances y el crecimiento abismal de seguidores, se hace casi imposible de controlar aquello que se convoca justamente para controlar lo incontrolado. De la misma manera que se hace el llamamiento a salir a la calle para hacer caer a dictadores, quien nos dice que no se utilizará para fines nada benéficos ni pacíficos en un futuro.  Detrás de una cita social que moviliza a millones de personas hay, como cuando se convoca con el boca a boca en la calle, persones que controlan a otros miles de personas y que, queramos o no, las manipulan aunque sea para lo que creemos un bien.

Debemos separar los sentimientos de las emociones y situar cada elemento de convivencia en su lugar. Las redes sociales deben existir pero con un mayor control ejercido siempre desde la prudencia. Si somos capaces de reunir a ciudadanos para pedir justicia, también se les puede movilizar para causas de otra índole.

Una cosa está clara. Los profetas ya no viven entre el pueblo, lanzan sus mensajes desde una red invisible que nos ha capturado a todos dejándonos huérfanos de elementos del pasado y convirtiéndonos en seres más conformistas que antes. Los que ayer nos servían gasolina y alumbraban en el cine son los que hoy hemos agregado como amigos al face, sin saber a menudo su oficio ni su verdadera realidad.

NO con mi tiempo

 

politica faceLos partidos políticos apuestan por las nuevas tecnologías de la información. Se dijo que Obama consiguió grandes apoyos y recaudaciones a través de las redes sociales y especialmente de la más popular, el Facebook. No eran inventos ni solo el simple marketing, se trataba de la realidad. Los políticos saben que estas redes mueven a millones de personas y deben formar parte de ellas.

En estos momentos, cada dirigente político, cada militante importante, cada simpatizante, tiene su espacio en el Facebook, Hi5, Twitter, MySpace o su blog personal. Para ellos es un nuevo espacio para darse conocer a toda la sociedad aunque no sea obligado pertenecer a estas redes. Los grandes partidos ejercen presión y control sobre los principales medios de comunicación del país y ahora intentan extender sus redes, como tentáculos, a estos nuevos espacios.

Pero estos intentos pueden convertirse en un arma de doble filo porque en el Facebook tú eres el dueño de tu tiempo y lo que empezó en broma, accediendo a este portal para conversar con las amistades y recuperar otras que hacía años que no veías, se ha convertido en tu propio espacio donde entra solo aquel que tú decides. Ellos, los políticos, intentan invadir nuestro espacio con sus blocs, videos con mensaje político en el Youtube y ahora con su presencia en el Facebook.

Se hacen amigos de todo el mundo, de todo lo que se mueve. Discuten entre ellos ante tu mirada atónita e intentan convertir un espacio privado como este en una autentica tribuna electoral. Hoy me decía una muy buena amiga mía que ha enviado un mensaje a todos ellos recordándoles que les puede tener como amigos y personas pero los puede rechazar en cualquier momento si aprovechan para enfrentarse políticamente.

Te etiquetan en cualquier imagen sin pedirte permiso dando la sensación que acabas perteneciendo a todos los partidos y votas a todos los políticos. Creen salir victoriosos en una lucha que acaban perdiendo porque hay algo que no saben: la herramienta de las nuevas tecnologías está en nuestras manos y somos nosotros quienes escogemos a con quien queremos compartir nuestro tiempo.

Con el Facebook y las redes sociales nos hemos convertido en los dueños de lo que deseemos. Por primera vez, los ciudadanos podemos dominar a los políticos. No dudo que estén buscando otros sistemas para controlar la red pero de momento son intentos fallidos. Algunos medios de comunicación participan en su juego publicando que tal político supera el millar de amigos en el Facebook o supera las 10.000 visitas en su blog particular.

Lo que no cuentan es que la gran mayoría de políticos no han creado su propio perfil de la red social, ni han invitado a los que aparecen como amigos. Estas tareas las realizan sus ayudantes del gabinete de comunicación, sus periodistas a sueldo, personas que trabajan desde la sombra para conseguir que brillen sus líderes que son incapaces, cuando llega el momento, de hablar de temas sencillos como un cumpleaños, noticias cotidianas, temas humanos y personales. Es aquí cuando se comprueba que realmente no están allí y ceden su nombre a los ayudantes.

Puedo decir con orgullo que conozco personalmente a más del 80 por ciento de los más de 1.300 amigos que tengo en Facebook. Reto a cualquiera de los políticos que están en esta red a demostrarme que conocen tan solo a la mitad de los que tienen sumados en su perfil de amistades. Muchos de ellos, de los que están en Facebook, son mis amigos y por eso mismo, por amistad, les pido que se ciñan a un contenido donde la política sea algo lejano y lo humano sea más próximo.

Aparecer públicamente, de cara a la galería, utilizando las nuevas tecnologías como altavoz para hablar de política y enzarzarse en peleas con los adversarios es fácil pero aun lo es más dejar a estos políticos en la sombra,  rechazarlos como aquello que demuestran no ser, amigos sin ningún interés oculto. Con mi tiempo NO van a jugar. Con mi tiempo NO conseguirán hacer campaña gratuita. Con mi tiempo NO.