La frustración es no intentarlo

mundo

Un padre cincuentón se enfurece al toparse con su ocioso hijo espatarrado en el sofá, sin hacer nada de provecho, y le recrimina: “Yo, a tu edad, estaba pensando en cambiar el mundo”. Éste, sin cambiar ni un ápice su sosegada actitud, le responde: “Yo, a tu edad, tendré una frustración menos”. Viene a mi mente este chiste (y la potente reflexión que contiene) porque últimamente no dejan de llegarme inputs negativos por todos lados, como si alguien hubiese adoptado como afición lanzarme cuchillos afilados.

Entiendo al hijo del chiste. Para qué intentar cambiar este mundo, que a cada día que pasa da más pena. El terrorismo está cada vez más presente en nuestras vidas, la corrupción política está alcanzando hitos históricos, el planeta se nos muere y nuestros líderes mundiales prefieren rendirse ante las grandes corporaciones antes que intentar salvarlo, la sociedad pierde sus derechos pero no mueve ni un dedo para recuperarlos, y así podría seguir hasta cansarme. Os aseguro que si algo no soy en esta vida es ingenuo, así que reconozco que esta negatividad es comprensible. Para qué esforzarnos si todo va a seguir igual… Y sin embargo, yo me identifico con el padre. Es verdad que después de toda una vida luchando he coleccionado más frustraciones que medallas, pero si yo fuese el protagonista de este chiste, le respondería  a mi primogénito: “Sí, quizás te ahorres esta frustración. Pero crearás otra mucho más grande: la de no haberlo ni siquiera intentado”.

Escribo estas líneas acompañado por el libro ‘Premis Ones Mediterrània. 21 años de emociones’, que acaba de salir del horno. Es nuestra última creación y la miro, y no exagero, con los ojos tiernos con la que los padres observan a sus retoños. En la obra aparecen 21 textos de 21 escritores diferentes, uno por cada año de los galardones. Se trata de personas que han hecho méritos sobrados en la defensa y mejora del medio ambiente, la solidaridad, la cultura, los derechos humanos y el desarrollo social como para ser reconocidos. En otras palabras, los autores de los textos son como el padre del chiste. Ellos no se quedaron tirados en el sofá pensando que los problemas no tenían solución. Trabajaron duro y, al final, consiguieron su recompensa. Demostraron que quizás no todo puede arreglarse, pero como mínimo sí puede intentarse. Dejaron patente que vivimos en un mundo de mierda, pero al fin y al cabo es el único que tenemos, así que merece la pena batallar por mejorarlo.

Os explico esto, fieles lectores, porque estoy extenuado ante tanta negatividad a mi alrededor. No caigo en la trampa del positivismo radical, que es muy peligroso porque jamás hay que perder la visión crítica de lo que nos rodea. Por todo ello, soy un ferviente seguidor de la máxima aristotélica “en la medianía está la virtud”. No nos pasemos de optimistas, porque no hay motivos para ello, pero tampoco andemos deprimidos ad eternum. La vida no está teñida de color de rosa, pero tampoco de negro. Las cosas podrían ser mucho mejores de lo que son, pero cierto es que la evolución humana en las últimas décadas es remarcable. Lo importante no siempre es si el vaso está medio lleno o medio vacío, sino qué es lo que hay dentro.

Llevamos semanas trabajando en la organización de los XXII Premis Ones Mediterrània, que se celebrarán el próximo 3 de junio en el Teatre Metropol de Tarragona. Gracias a ello, hemos estudiado muchísimos proyectos, que nos han permitido conocer a personas y entidades cuya labor es admirable. Un año más, me asombra que existan tantas personas promoviendo acciones tan positivas para nuestra tierra y nuestra sociedad. Por eso odio el negativismo: pone sombras donde hay luz. Hay muchos guerrilleros que no se resignan a quedarse prostrados en el sillón. El problema es que a veces están ocultos, porque no los conocemos, y de ahí la importancia de los Premis Ones y su función social.

En definitiva, abogo por erradicar el pensamiento negativo extremista y animo a todos a estar convencidos de que realmente podemos ir a mejor. Dicen que el optimista siempre tiene un proyecto, mientras que el pesimista siempre tiene una excusa. Basta ya de lamentos. No seamos como el hijo del chiste: levantemos el culo del sofá y pongámonos manos a la obra, que hay trabajo de sobra para todos.

Ángel Juárez Almendros. Presidente de Mare Terra Fundación Mediterrània y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra

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